everything but temptation
curiosidades personales y buen rollo
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... y pasaba por Madrid. Los placeres y las tentaciones que la pantalla del ordenador nos ofrece a diario, os dejo un resumen de lo que me ha hecho abrir la boca, y en ocasiones, babear.
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Despedida y cierre, hace semanas que me he trasladado. Nos vemos en:

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Relato: el móvil y el sexo

Era festivo y casi la hora de comer, el día acompañaba y a pesar de estar en las postrimerías del verano aún el sol calentaba en el cogote, y a esas alturas del calendario eso estaba muuuuuy bien. Lo primero que dijo nada más sentarnos es que yo estaba muy guapo… cómo iba a poder salir algo mal un día que comenzaba así.

La rutina se había perdido hoy en descubrirle un nuevo sitio para comer o, tal vez, sólo ese detalle en la carta, no lo recuerdo pero al otro lado de mis ojos sólo encontraba sosiego y felicidad. El sitio del café también lo sugerí yo, un local de moda de la zona. El postre y la copita lo reservamos para casa, y de camino se repitieron las paradas y trasbordos, también nuevas confidencias.

Hacía semanas que decidiera desplazar la cama de mi rutina sexual y extenderlo a otros ámbitos domésticos, para empezar el comedor estaría bien… Corrieron los hielos y el vodka, y también las cortinas. Se deslizaron la ropa y el combinado por nuestra garganta. Era perfecto, el moreno de nuestros cuerpos identificaba hasta dónde habíamos dejado correr el sol este verano, y conformaba una curiosa foto de tostados y blancos.

Su móvil interrumpió la escena, el (poli)tono era el de una canción del verano que, por supuesto, desconocía. Se puso a bailar al ritmo, y descubrió para mí toda su esencia, esa que me hacía repetir cada fin de semana, el perfecto retrato de lo que buscaba y que había encontrado.

La segunda parte continuó ya en mi cama, había decidido desplazarla pero no desterrarla! Al recostarme me reencontré mi lugar favorito y placentero, el de las siestas. Y más pronto que tarde llegó el relax, el regusto de lo bien hecho que se mezcla con las palabras en la intimidad.

En algún momento todo cambió. De repente comenzaron los reproches por algo en lo que sin duda me equivocaba, corrió la ropa por sus extremidades y la sombra por detrás de la puerta, imposible ya de alcanzar. Los pensamientos se apelotonaron pero poco había ya que dialogar.

Mi llamada de móvil no estimularía esta vez de la misma manera a la persona que acababa de desear, cómo decirle que para mí el sexo no importaba que lo que de verdad valoraba era su persona y esa intimidad de después, bajo las sábanas…

 
Peinar canas

Vale, que tenga unas prominentes entradas, vale que al verme en el espejo cada día uno no quiera fijarse ahí arriba, vale que tenga que soportar chistes del tipo hasta dónde se lavan la cara los calvos, pero lo de la cana en la ceja de esta misma mañana no tiene nombre!!!

Todos hemos tenido esa canita en el cabello que alguien procuraba dar el típico tironcillo para deshacerse de ella (a algunos incluso les gustaba). El placer de tirar cesó con eso de los mitos urbanos, lo de que si te quitan una cana salen otras tres, o seis, o qué sé yo cuántas.



Aunque yo me quedo con eso de echar una canita al aire pero si para tener sexo tengo que empezar a peinar mis propias canas y verlas aparecer justamente sobre mis ojos pues que paren el mundo que yo me bajo.

A ver es que he estado buscando en Google sin éxito algún dicho popular para que mida mi fortuna con esto de la cejita blanca, a lo mejor me esperan siete años de… o me crecerá unos cuantos centímetros (más).

Una solución… quiero. Sólo veo aquí dos posibles finales ‘tironcito’ a ver si me acaba dando gustirrinín o dejarla ahí como primer paso para ser el sucesor de George Clooney…

 
La felicidad y quién la tiene más larga
Hay días en que surfeas la Red y no encuentras más que tonterias, hay otros como hoy en que he hallado esto:

En una encuesta realizada a unos estudiantes de Harvard se les preguntó si preferían ganar 50.000 dólares al año y los demás 25.000 o bien ganar 100.000 y los demás 250.000. La mayoría eligió la primera opción.

Lo primero que me viene a la cabeza es que a los chicos a los que se preguntó esto se les considera listos, así pues puede que ganar un cerito más a la derecha implique más carga de trabajo, estrés, escaso ocio o que incluso no se te levante ni por la mañana ni por la noche. Al parecer la respuesta científica a dicha pregunta no va por ahí y tiene que ver con algo llamado ‘felicidad’ (?) que es eso que todos buscan y unos pocos sienten apenas unos instantes.



Dice el estudio que la pega a lo anterior viene cuando el dinero puede emplearse en comparar, no en comprar, en cuyo caso podemos caer en un círculo de infelicidad. A mí es que es todo con ejemplillos me resulta más fácil. Vamos a ver, esto es lo de tenerla (un pelín) más larga que el vecino, que puede que seas feo y desgarbado pero ese centímetro de más te da un subidón que pa´qué. En la sociedad actual tenemos ejemplos claros, quiero decir mitos, de que cuanto más mejor.

Sin embargo, los expertos aseguran que la puñeta a todo esto es que incluso un coche de lujo proporciona una felicidad pasajera: en el momento en el que nuestro vecino adquiere un automóvil similar al nuestro la felicidad obtenida se anula, es decir, el círculo ese de infelicidad. Hay que joderse! Y es que encima es así!!

No tengo una conclusión clara para este estudio pero me quedaré con lo que siempre me han dicho en casa: el dinero no da la felicidad, pero ayuda…

 
Día D (más uno)
La mañana tras mi regreso de las vacaciones me sucedió algo increíble me desperté en la cama de siempre, en la habitación de siempre y junto con una extraña sensación en mi cabeza no supe dónde me encontraba. Sabía que era un lugar familiar pero mi cerebro no alcanzaba a responder a pesar de que es donde duermo toda mi vida!!!



Esto claramente nos conduce a dos opciones o estoy como una regadera o he dormido en demasiadas camas y mi despertador biológico trataba de decir basta.

Tirando de memoria es cierto, en algún momento me he detenido a pensar que mi vida encontraría fácil resumen en las camas por las que he pasado, no necesariamente entendido en un contexto sexual que también. Pero desde mi ciudad natal he pasado mis estudios, becas y trabajos en distintas ciudades. Son muchas las habitaciones de alquiler las que resumen quién soy yo. Ahora salvo las vacaciones y algún ligoteo mi cama es la misma, la que yo elegí y pagué. En total suman más de cien.

(…) El despertador volvió a sonar. Acerté a poner a calentar café en esa casa extraña, la ducha terminó por aclarar mis ideas. Era el día D más uno, tocaba ir a la oficina.