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curiosidades personales y buen rollo
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... y pasaba por Madrid. Los placeres y las tentaciones que la pantalla del ordenador nos ofrece a diario, os dejo un resumen de lo que me ha hecho abrir la boca, y en ocasiones, babear.
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Relato: rubor
Como en anteriores relatos, activa la música para poner un poco de ambiente.



Lo había leído recientemente en alguna parte, creo recordar que fue en la Red, el blog de algún desconocido que perdía el tiempo en estampar algo así como ‘Cosas que hacer antes de los treinta’. Con los míos recién cumplidos comenzaba una nueva vida, lejos de casa, por segunda vez.

Lejos de compartir piso había optado por alquilar un bajo interior, o lo que es lo mismo lo que permitía mi economía familiar con mi primer empleo fijo en Madrid. Un lugar frío por los pocos grados que alcanzaba en invierno la casa a pesar de la estufilla. Frío porque no pude andar descalzo ya, ni tan siquiera en verano. Frío porque no veía nunca el sol, y sólo de noche alguna estrella si alargaba el cuello y hacía el esfuerzo por saber cómo había quedado la noche, asomado a una reja también fría. Frío en sus paredes desconchadas donde sólo había un gris y retazos de cemento cada vez que pasé la mano el día en que firmé el contrato, con la anilla de las llaves colgando de mis dedos, esperando encontrar alguna sensación positiva ante la idea de ocupar mi primera casa. En ese primer instante sólo estábamos mi imaginación y yo dando luz al lugar, a pesar de que me forcé a cerrar los ojos para ver mejor las posibilidades de un apartamentillo de poco más de cuarenta metros conde figuré fotos, pósters e incluso libros. Vislumbré luces, bombillas de colores y velas.

Sí, es verdad había disfrutado de cierta independencia en el pasado, lo del segundo ciclo y licenciarme en una capital de provincia, un par de años atrás, me permitieron soltar la melena. Pero yo era tímido y no salí mucho más allá del círculo de mis compañeros de piso que estudiaban en mi misma facultad. Allí llegamos a ser hasta cinco en un piso de tres habitaciones dependiendo de las parejas más o menos estables de mis otros dos compañeros de piso que se apalancaron durante semanas y semanas, ya no sé si por interés en no molestarse en regresar a sus también cutre-pisos compartidos de estudiantas o porque las hormonas les impedían llegar más allá del cajón donde guardaban las cajas de condones.

Era muy tímido y no llegué más allá de lo que el alcohol me desinhibió los fines de semana. Los viernes y sábados, por la noche, me liberaba, era mi rutina que yo disfrazaba de camaredería y compadreo con mis compis de piso. Pasar por el súper, comprar los bricks de calimocho, el ‘gran duque’ que era el más barato aunque tenía sustitutivos, la cola-cola no podía suplantarse por ninguna marca blanca, ni de otro color. Y la botellita de agua, claro para hacer la mezcla, que era lo primero que vaciábamos nada más salir del supermercado, entre risas pues habían osado pedirnos el carnet, derramando agua por la acera para no perder tiempo en llegar a la calle del botellón a dos manzanas.

Pero eran otros tiempos, ahora comenzaba la rutina del despertador y del compromiso, había que levantarse a la misma hora para estar en la oficina a la misma hora de lunes a viernes, horario flexible, comentaban entre risas, sabes cuándo entras pero no cuándo vas a salir... Ya no valía escaquearse ni que alguien te pudiera pasar los apuntes del día anterior, ahora había que calentar la silla y aporrear el teclado del ordenador simulando que aportabas.

Tras una semana ya estaba agotado. La corbata se volvió a convertir en mi primera pesadilla esa y todas las mañanas. El flamante nudo que había traído hecho desde casa, a 380 kilómetros, había desaparecido por tirar más de la cuenta de una punta, y ahora qué. Me puse frente al espejo con ansia pero el hilar de mis manos nerviosas dieron por resultado un nudo sí, pero de los que sirven para cerrar la bolsa de la basura, no un Windsor precisamente. Tiré pa´lante con lo que salió a la tercera, medio ahogado por las prisas y la presión del nudo a mi manera. El mismo día, el mismo calor en la silla bajo mis posaderas. Las mismas colas en el trasbordo del metro, todo me agobiaba.

De regreso a casa, sólo pensaba en que mi reto era adaptarme, ese maldito verbo que conjugan en las escuelas de finanzas. Había que buscar esas oportunidades para salir de la rutina. Es lo que pensaba dando vueltas por la casa, descamisado, liberado, al fin, de la corbata. Y allí, al otro lado de la reja, estaba la puerta de salvación, como caído del cielo. No me había fijado antes pero entre las cuerdas de tender la ropa había algo enredado, algo llamativo que resaltaba por su color pero delicado al mismo tiempo, un tanga.

Con toda seguridad se le habría caído a algún vecin@. Lo tomé con mis manos como un cuerpo extraño, con suma delicadeza. Lo observé, palpé, miré y remiré, efectivamente se trataba de un tanga y en ese instante enrojecí, como nunca en mi vida. Yo, que mi madre había comprado la ropa interior toda mi existencia. Yo, en el que mi perenne regalo de cumpleaños había sido otro slip blanco más. Con toda la sangre que había subido a la cabeza, mi timidez no estaba preparada para algo así, mi primer pasaporte social para relacionarme con el vecin@ era esa pieza.

En ese momento, llamaron a la puerta, absorbido por el momento abrí sin miramientos. La foto como sigue, una mano en el picaporte, la otra con el tanga y toda una cara ruborizada coronada por dos enormes rosetones en cada mejilla – ¡quién es! - , alcancé a decir.

 
Comentario:
Pinta bien la historia, deberías continuar. Queremos saber!!!
 
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En un principio no tenía pensado continuarlo, pero hay un par de ideas que no cesan de dar vueltas por mi cabeza, tal vez en unos días tengas repuesta... En todo caso, confío que te gustara.
 
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Llevo media hora buscando la continuación. ¿No hay? :)
 
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Lo bueno de tener una cierta rutina, marcada por trabajo, corbata y las cosas diarias, es que de pronto aparece un tanga y ....¡a ver cómo te cambia la vida! En cualquier caso....con timidez pocos pasos daremos....
 
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Confiemos en que haya una continuación pronto...
No