Estabilidad emocional
Soy una persona extraña.
La dieta me ha dado una estabilidad emocional que jamás pensé. Se ve que como he estado más tiempo a dieta que sin ella, estoy acostumbrado y, por extensión, me siento más cómodo.
Lo horrible es la envidia y el hambre.
Es cierto que no es una dieta súper estricta, más que nada porque si en periodo de oposiciones me pongo a dieta saldría loco y por las noches bajaría al portal de mi casa y bailaría break dance sin saber.
Con respecto al "chico que no quiero que me guste" todo va bien ya. "Bien" para un single perpetuo quiere decir que no estoy pendiente a cada segundo y que mis pensamientos, para nada, se centran en él.
No puedo pasar de él simplemente porque esta historia me la he creado yo. Es casi amigo mío y él no tiene la culpa.
Así que nada, a otra cosa mariposa.
Besos para todos!
Mierda!
Hola, soy Dorian y... estoy a dieta.
He pensado que la mejor manera de contarlo era así en plan "terapia de grupo".
Es horrible, jodidamente horrible, pero la báscula ha gritado el temido "suban de uno en uno". Casi me da un infarto al ver el peso, hacía más de un año que no me pesaba.
No es nada alarmante, pero es que toooda mi vida he sido un niño "rellenito".
Mi madre, la cuál merece no uno, si no varios millones de monumentos, me puso a dieta muchas veces. Muchas más de lo que un niño amante del buen comer y las "chuches" hubiera querido.
Yo siempre perdía algo de peso en esos múltiples intentos, hasta que una vez mi madre me dijo "hazlo por mi".
Esas palabras penetraron en mi mente e hice la dieta de la forma más estricta que jamás el mundo ha podido imaginar, hasta que el hambre absoluto se apoderó de mi y... (no lo conteis por ahí) empecé a comerme las pipas del hamster. No os podeis imaginar qué rencor me cogió el bicho...
En fin, que antes de que se me agrie el carácter y me ponga mustio e irascible, he decidido contarlo todo en este artículo, más que nada por si no vuelvo por aquí.
Ay...
Esperando a París
El petulante casado tenía razón. La soledad me ha engullido.
No por propia voluntad, hay ocasiones en la vida en las que te aíslas y, por consiguiente, la vida se aísla de ti.
Preparar unas oposiciones quita mucho tiempo y más si te entregas de lleno a ellas.
Además, que tu mejor amigo, el único con el que salías de fiesta, se enrollase con el que fue tu "rollo"... pues tampoco ayuda mucho.
Cuando me enteré decidí romper cualquier tipo de relación con ambos. Más que nada porque odio sentirme engañado, me hace sentirme débil para con los demás y detesto esa sensación.
Ahora sólo quiero que llegue septiembre e irme a París. Lo necesito. Y necesito irme con mi amiga desequilibrada.
Desgraciadamente... se está equilibrando tirando para el amor, cosa muy horrible en ella. Se pone insoportable... :(
Quiero, una vez allí, dar paseos bohemios y echar muchas fotos. Sentarme en el suelo y ver a los parisinos pasar.
Besos para todos :)
Estupideces y demás gilipolleces mentales
Soy todo un experto en quedar "raro" con la gente.
Hace unos años me propuse una máxima para realizar cosas que no me atrevía. La máxima era la siguiente: "me voy a morir igual", es un poco radical, pero funcionó y ahora, una vez interiorizada, hago las cosas sin pensar qué pueden pensar los demás de mí.
Lo malo es cuando me da por "reflexionar" sobre lo ocurrido.
Estoy leyendo un libro que me encanta. No es una gran obra, ni mucho menos, pero la historia, la trama tiene un no sé qué que me apasiona. Además, es desgarrador, plasma de forma genial lo que se siente en determinados instantes.
Bien, pues uno de esos "instantes" que llenan el libro es la revelación de la muerte del marido de la protagonista de una forma totalmente inesperada. Me impactó mucho. (Además es que soy muy empático, y me agobié).
En medio de ese agobio, a las tres y algo de la madrugada, me dio por enviarle un sms al "chico que no quiero que me guste". No era nada del otro mundo: "Estoy leyendo un libro, el marido de la protagonista resulta que está muerto. Si me vuelvo a poner triste por cosas estúpidas, por favor, pégame con una pala".
No he recibido contestación alguna. A lo que he sacado dos conclusiones:
A. Está claro que él no piensa en mí del mismo modo en el que yo lo hago sobre él.
B. Debo cesar de hacer el estúpido. O de una forma más lunni, debo empezar a estarme quietecito.
En fin...
Besos!
Por los pelos
No me gusta ir a la peluquería. Aunque, si he de ser sincero, creo que todo reside en que no me gusta dejar en manos de alguien mi "aspecto".
Hoy necesitaba especialmente quedarme, por lo menos, convencido o ligeramente resignado con el resultado. Por supuesto, no ha sido así. Qué horror...
No sé si es que tengo la capacidad de cambiar de idioma cuando hablo con el peluquero y le explico lo que quiero. O es que en realidad, es un hombre ruso al que raptaron y pusieron ahí y el pobre no entiende ni papa.
Todo indicaba que iba a ir mal. Me he deprimido sin causa aparente esta mañana (genial) y para colmo, quince minutos en el lavacabezas me han dejado con la sensación de que, tanto mi cabeza como el chisme, eran una misma cosa.
Me he levantado como las mujeres esas que se ponen tantísimos collares y cuyos hombros bajan y se quedan como jirafas.
El resto de la historia no hace falta que la cuente. Un horror-movie en toda regla.
Al menos no fue como en la ocasión en la que me cortaron el pelo tantísimo que un conocido me preguntó "¿tu de salud estás bien?" Sin comentarios...
Lo más horrible de todo es que no sé por qué no puedo cambiar de peluquero. A él me une un extraño vínculo. Magia negra, seguro...