Un gay en Madrid
Mi vida en Madrid
Acerca de
Me considero una persona atenta, simpática, alegre y viva. Me gusta el placer de la compañía, pero valoro también la soledad no desmesurada. Me encanta el cine. Amo el cine. Y también el amor. Me encanta escribir y conjugar todo lo que quiero en unas palabras. Ansío la libertad y la igualdad y mi mayor temor es perder aquello que uno más desea. Porque me dan miedo el tiempo y los sueños. Y me da miedo una vida vacía. "Odio el silencio que deja tu ausencia..."
Sindicación
 
Romperé el silencio de tu abrazo...
Y entonces, me abrazaste. Lo hiciste de forma sutil, casi imperceptible. No era un abrazo de verdad. No era como aquellos que me regalabas en aquellos primeros días de relación, esos que me hacían temblar, aquellos que me protegían del mundo, que me hacían sentir refugiado en la fortaleza más impenetrable del mundo...
Aquellos abrazos que me transmitían cariño, amor, pasión... El tacto de tus brazos sobre mi espalda, acariciándome con tus dedos...
No. Este era un abrazo fingido. Un abrazo vacío. Un abrazo para hacerme callar. Para debilitarme. Para regalarme de forma artificial una vez más todo ese cariño que habías dejado de sentir por mí. Para disimular lo que en realidad estaba pasando.
"Tú sigues siendo mi niño" - me dijiste.
Aquello era una despedida. Sólo entonces fue cuando me di cuenta de que todo había terminado.
Y así fue. Derrotado, dejé sentir ese abrazo vacío. Sentí, entonces, una última vez ese calor que rezumaba tu cuerpo, esa seguridad que ahora me hacía sentir desprotegido. Te separaste de mí, besaste mi mejilla, cogiste tu maleta... y te fuiste.
Todo quedó en silencio.
Como un estúpido, aguardé tu regreso, consciente de que nunca volverías.
De eso hace ya mucho tiempo...
Pero aquí sigo. Esperando, dentro de este silencio que dejó tu abrazo. Quiero romperlo, y gritar de furia, odiarte hasta dejar de amarte...
Pero ahora sé que el amor es aquello que alguien inventó para que muchos suframos el resto de nuestra vida...
 
Te siento y pienso...
Pienso en todo lo que hemos vivido, todas las cosas que juntos hemos compartido. Todos aquellos momentos que ahora parecen expirar en la realidad, que parecen ahora sólo preservarse en mi memoria, que rehuyen el presente para acomodarse en un pasado que rezuma melancolía.
Ahora me siento solo, como aquel barco que navega en el horizonte, pareciendo que en cualquier momento va a hundirse en él, va a desaparecer, para posarse en la profundidad del mar y, allí, contemplar como el que era su mundo deja de serlo, y como todo se transforma, todo cambia; pero él seguirá ahí, y seguirá por siempre, porque nadie le sacará del olvido.
Te siento y pienso, como decía una canción, que como tú no habrá nadie. Y aquí, te esperaré, con todos los recuerdos de una vida, recordando uno a uno todos aquellos instantes que permanecimos juntos, donde la felicidad palpitaba en mi interior, y todo lo que necesitaba para vivir se concentraba en ti.
Ahora solo puedo ver el reflejo del sol sobre el mar. Es como si la felicidad ya no pudiera alcanzarla, y sólo la pudiera sentir de forma externa, lejana, incluso fría. Es como si pensara que ya no volveré a sentirla, que ya nunca podré alzar los ojos hacie el cielo...
Sé que tú me habrás olvidado. Hará mucho tiempo de eso. Y me siento inferior, débil, impotente por ello. Yo sigo sufriendo tu ausencia y mi nombre, seguro, ya es solo para ti una sucesión de letras que evocan un pasado del que huiste, del que te alejaste, que quisiste abandonar para no volver a él.
Y yo me quedé aquí, agonizando en una larga espera que acabará en nada, porque sé que nunca volverás, que nunca te volveré a ver, que nunca sentiré la ayuda de tu mano para salir a la superficie, para huir del olvido que me ha dejado en esta profundidad.
Y me odio, porque sé que lo único que da sentido a mi vida, es volver a tenerte. O, al menos, volver a sentir el calor que tu cuerpo expiraba, el peso de tu cuerpo encima del mío, la sonrisa que nunca se desdibujaba en tu rostro, los abrazos que me hacían sentir protegido...
Volver al pasado.
 
Canciones tristes para un día melancólico
Seguro que vosotros habéis tenido un día así. Un día triste, aciago, lento, apagado. Un día en el que solo te apetece permanecer acostado en la cama con los ojos perdidos en una oscuridad imperceptible para el resto.
Un día donde el silencio se adueña del aire, donde todo permanece inalterable.
Un día en el que tienes deseos ambivalentes. Quieres levantarte, pero te quedas acostado. Quieres que alguien te llame, te saque de ese mundo oscuro por el que transitas, pero también quieres permanecer en esa soledad que tanto te mata, pero que tanto necesitas.
Tu cabeza piensa, piensa mucho. Damos vuelta a una misma circunstancia, a un mismo hecho, hasta que éste deja de ser una cosa para convertirse en otra, y luego otra... y al final, diferentes realidades imaginarias se cruzan en tu cabeza sólo para atormentarte aún más. Pero las has creado tú. No puedes luchar contra ellas.
Tienes ganas de llorar. Pero, muchas veces, no lo haces. Las lágrimas son el desenlace definitivo a una pena que te oprime por dentro, una debilidad ostensible que permanece encerrada dentro de tus ojos, que empuja por salir, pero que nosotros mismos forzamos para que permanezca secreto en nuestro interior.
Todo es tan diferente esos días...
Desde que te fuiste, todos mis días son así... Tan apagados. Tan tristes. Tan oscuros...
 
Mi vida en 65 palabras
El jueves volví al cine, ese paraíso que me encanta frecuentar con asuidad. La elección no pudo ser mejor: "Tu vida en 65 minutos".
La película, para mí una de las mejores de este año, es una cómica visión sobre la muerte y sobre el efecto que en nosotros produce el miedo (o el olvido) de que la muerte existe. El guionista es Albert Espinosa, el mismo que escribió la exitosa "Planta 4ª". Una persona que conoce, y muy de cerca, a la muerte.
Salí del cine muy contento porque la película tiene detalles magníficos, como la fábula de la lavadora o la historia del mordisqueo de los lápices. Pero también me dejó una extraña sensación de vacío y de reflexión.
El vacío me llegó por la extraña sensación de estar desperdiciando mi vida (mi juventud, una etapa que nunca regresará) y que el tiempo pasa. Esa misma sensación me produjo otra película brillante, mi favorita, "Mi vida sin mí", de Isabel Coixet. Y tengo miedo a, en el futuro, recordar estos días que vivo ahora como días vacíos, desaprovechados, perdidos...
La sensación de reflexión vino encaminada por el nuevo enfoque que la película me habia dado sobre la muerte. Yo soy de aquellos (como todos, creo yo) que temen a la muerte, a ese momento en el que todo caerá en la oscuridad inifinita. Me da miedo morir, pero esa visión ácida sobre la muerte me provocó una sensación ambivalente. Me gustaba, porque era reírse de lo que, quizá, sea lo más serio de este mundo. Pero también un resabio amargo, porque sentía como si a la muerte se le había herido en su alma, pues ella simboliza el miedo, la oscuridad y el dolor; algo que, en ningún momento, aparece en el film, que versa en todo momento sobre la muerte desde una perspectiva irónica.
Entendí, al final, que a un enemigo imbatible e invencible como es la muerte, no hay que tenerle respeto. Hay que reírse de ella y, por qué no, olvidarla. Al fin y al cabo, ella acabará tomándose la revancha...
 
El amigo desconocido
Ayer hablé por vez primera con él por teléfono. Se llama Izan, y desde marzo, desde que lo conocí a través de un chat, se ha convertido en un gran amigo, en un gran confidente.
Jamás lo he visto en persona, no sé cómo es. Pero él sabe todo de mí, y yo de él.
Sé lo mal que lo pasó tras romper con su novio, todas las cosas que ese chico le hizo y todo lo vacío y triste que se sentía. Me lo contó a mí. Algo que a nadie más puede contar. Confió en mí para desahogarse y sentirse mejor.
Y fui yo. ¡Qué extraña sensación! Entender a alguien a través de la impresión de unas palabras en una pantalla. A alguien a quien nunca has visto. Pero que pareces conocer tanto...
Y yo confié en él. Le conté mi relación con Javi, él fue de los primeros en saber que perdí la virginidad, también estuvo presente cuando "se nos acabó el amor" y, en fin, siempre ha estado ahí conmigo desde hace ya medio año.
Dice que algún día vendrá a Madrid. Y que nos conoceremos. Yo ya estoy nervioso solo de pensar en esa cita. Será como realizar un ciclo inverso. Ya hemos intimado, ya hemos confiado nuestros secretos... Ahora solo nos queda vernos y darnos ese abrazo que tantas ganas tengo de darle.
Él es esa persona, de la cual nada sé, pero a quien confío todo. Y, por eso, ayer fue precioso escuchar su voz. Sentirle más cerca. No me imaginaba su voz así. La creía más grave. Pero tiene una voz bonita, tranquila y dulce.
Él también estaba impaciente por escuchar mi voz. No sé si le gustó o no. Espero que sí.
¡Qué complicado soy! Ayer anduve feliz todo el día. Porque escuché su voz. La voz de un amigo. La de mi amigo Izan.
Etiquetas: