Hablando de nada
Ahora que estoy al otro lado, ahora que he recorrido largos kilómetros, se ve más pequeño. Ya no es el muro que antes me coartaba mi vida. Ya no es el obstáculo que por mucho que me obcecara, no podía superar. Ahora, desde la lejanía, se ve pequeño. Casi me olvido hasta de lo que me costó alzarme sobre él. Pero ya estoy aquí, en el lado en el que siempre he querido estar. En el lado donde yo soy yo. Mi vida es mi verdadera vida. Donde nada me detiene, donde nada me hace sentir vacío. Ya no tengo miedo a nada.
Bueno, algo sí me da miedo aún. Me da miedo esa larga sombra que proyecta. Esa sombra que parece crecer cada día más. Anduve muchos kilómetros (320 km), pero ella sigue amenazándome, pisándome los talones, avisándome de que esa distancia puede volver a desaparecer y que, de repente, puedo volver a encontrarme en el otro lado del muro. No quiero pensar en ello, pero siento que los años se acaban (ya estoy casi en el ecuador) Y después, ¿qué será de mí? ¿dónde acabaré? ¿volveré al otro lado del muro?
Soy un idiota por pensar que tú estarás ahí. Que, pese a todo, tú me acabarás queriendo. Que tú guiarás mi camino, porque yo te seguiré a ti. ¡Qué idiota soy! Lo sé. Pero ¿qué quieres? No puedo olvidarte. Más aún, no quiero olvidarte. Sé que no eres el chico más guapo. Compartimos pocas aficiones. A veces, eres algo distante. Apenas puedo sentir el sabor de tus besos ¿Pero qué puedo hacer? Te quiero. Eso es lo único que sé.
Sé que no debo esperarte. Sé que tú acabarás tomando un camino distinto al mío, y que tú terminarás siendo un recuerdo imborrable. Un recuerdo del que nunca me podré desprender.
Y entonces yo quedaré solo, con esa sombra amenazante engulléndome poco a poco. Y si escapo, ¿en dónde acabaré? Quizá en un lugar mejor. Pero un lugar sin ti. Un lugar vacío. ¿No viviré entonces mejor al otro lado del muro?
Ahora ya lo he entendido todo: el muro, si no estás a mi lado, es superfluo. No separa dos territorios distintos. Si no estás en ese lado, seré infeliz. Y si no estás en éste, también.
Llámalo estupidez. Me da igual. Yo sé lo que siento. Y esto no es algo que cure el tiempo. Al menos, no muy pronto.
Bueno, algo sí me da miedo aún. Me da miedo esa larga sombra que proyecta. Esa sombra que parece crecer cada día más. Anduve muchos kilómetros (320 km), pero ella sigue amenazándome, pisándome los talones, avisándome de que esa distancia puede volver a desaparecer y que, de repente, puedo volver a encontrarme en el otro lado del muro. No quiero pensar en ello, pero siento que los años se acaban (ya estoy casi en el ecuador) Y después, ¿qué será de mí? ¿dónde acabaré? ¿volveré al otro lado del muro?
Soy un idiota por pensar que tú estarás ahí. Que, pese a todo, tú me acabarás queriendo. Que tú guiarás mi camino, porque yo te seguiré a ti. ¡Qué idiota soy! Lo sé. Pero ¿qué quieres? No puedo olvidarte. Más aún, no quiero olvidarte. Sé que no eres el chico más guapo. Compartimos pocas aficiones. A veces, eres algo distante. Apenas puedo sentir el sabor de tus besos ¿Pero qué puedo hacer? Te quiero. Eso es lo único que sé.
Sé que no debo esperarte. Sé que tú acabarás tomando un camino distinto al mío, y que tú terminarás siendo un recuerdo imborrable. Un recuerdo del que nunca me podré desprender.
Y entonces yo quedaré solo, con esa sombra amenazante engulléndome poco a poco. Y si escapo, ¿en dónde acabaré? Quizá en un lugar mejor. Pero un lugar sin ti. Un lugar vacío. ¿No viviré entonces mejor al otro lado del muro?
Ahora ya lo he entendido todo: el muro, si no estás a mi lado, es superfluo. No separa dos territorios distintos. Si no estás en ese lado, seré infeliz. Y si no estás en éste, también.
Llámalo estupidez. Me da igual. Yo sé lo que siento. Y esto no es algo que cure el tiempo. Al menos, no muy pronto.
De Marlon Brando a Brad Pitt

El sábado por la noche, La 2 emitió "Un tranvía llamado deseo", una película de Elia Kazan protagonizada por quien creo, en mi modestísima opinión (aunque de chicos entiendo un rato) que ha sido el actor más guapo de la historia del cine y, por qué no decirlo, uno de los hombres más guapos que han existido. Se llamaba Marlon Brando.
Brando sufrió los sabores dulces y amargos de la vida. Fue rebelde (le expulsaron de varios colegios y envió a la ceremonia de los Oscar cuando le fue otorgado su segundo Oscar por "El padrino" a una actriz estadounidense de origen indio, que se manifestó en contra del tratamiento que recibía su pueblo en las películas de Hollywood) y actuó siempre desde la lógica de lo ilógico. Brando logró anclarse en lo más alto de Hollywood, pero acabó sus días endeudado, convertido en un paria y sumido en una profunda depresión.
Ganó dos Oscar, pero también hubo de soportar las duras críticas que recibió por trabajos de dudosa calidad.
Ha quedado inmortalizado en la historia del cine como el varonil Stanley Kowalski de "Un tranvía llamado deseo" y, por supuesto, el capo de la mafia más temido de la historia en "El Padrino" de Francis Ford Coppola.
Brando personificó la más absoluta decadencia en sus últimos años de vida, pero si algo ha conseguido es que su recuerdo se mantenga vivo de forma eterna. Y no sólo por su indudable belleza física, sino también por ser un gran actor.
Hoy en día, la máquina de Hollywood nos presenta a guap@s que, faltos de cualquier capacidad interpretativa, se ponen delante de una cámara sólo por eso, porque son guapos. No importa si valen para hacer un papel. Su presencia física propicia un aumento considerable de interés por la película y la traducción económica de este aspecto: mayor recaudación.
Brando atraía la atención e, incluso, llegaba a eclipsar a la película en sí. Su magnetismo era tan fuerte que muy pocos, en sus años brillantes, podían hacerle sombra. Pero, además, tenía una madera de actor inexcusable. Era talento puro, aunque algunas algunas interpretaciones suyas posteriores pudieran ponerlo en duda.
Marlon Brando era la estrella indiscutible de Hollywood en los años 50. Hoy, en el inicio del siglo XXI, muchos son los que se reparten este honor. Uno de ellos podría ser Brad Pitt.
El éxito de este actor se debió gracias a su breve pero intensa (y caliente) aparición en la road movie "Thelma y Louise". Recuerdo que a mis trece años de edad, cuando vi la película por vez primera, no pude olvidar en meses su torso desnudo. Fue quizá, parte de mi terapia de reafirmación de mi orientación sexual. Brad Pitt quedó, tras esta participación, quedó equivocadamente etiquetado como una nueva estrella de Hollywood. Sin duda, lo es. Pero habría que distinguir estrellas y estrellas. Brad Pitt podría ser lo que fue en su día Marlon Brando, con menor protagonismo. Pese a hacer algunas películas que es mejor olvidar, el actor siempre ha buscado papeles que lo desvincularan de su protótipo de guaperas sin talento. Incluso en su incipiente fama, pidió a los responsables de la revista "Rolling Stone" que en la foto de portada no saliera su torso desnudo, tan famoso tras "Thelma & Louise". Al final, le engañaron y acabaron sacándolo en portada desnudo hasta la cintura.
Su último estreno será "Babel", la tercera parte que cierra la trilogía del director mexicano Alejandro González Iñárritu, tras "Amores perros" y "21 gramos" (dos películas que hay que ver sí o sí). Aunque no tiene un gran protagonismo dado el carácter coral de la película (atención porque también sale Gael García Bernal, al que no puedo quitarme de la cabeza), su participación en esta película implica un grado de madurez necesaria para un actor que en un principio parece que depende sólo de su aspecto físico.
La belleza de Brando se marchitó, pero ahí está "El padrino" para comprobar su gran talento. A Brad Pitt puede pasarle lo mismo.
Siento este post tan cinéfilo (y gay) que me ha salido, pero es que el sábado me derrtí contemplando a ese Marlon Brando joven que llamaba a gritos a Stella. Me creó una perturbación sólo semejante a la que sufrí a los trece años, cuando vi "Thelma & Louise".
Aunque salvando las distancias. Marlon Brando será inigualable.
Etiquetas: l
Lo intentaré
Respiraré fuerte. Ahogaré mis deseos. Encandenaré mis manos. No me moveré. Dejaré que él se tienda sobre mí y me abrace. Pero yo no responderé. Y si lo hago, sólo será para abrazarle también. Intentaré no sentir su calor, ni la presión de su cuerpo sobre el mío. Mantendré la sangre fría. No me dejaré perderme otra vez por mis instintos. Nos quedaremos quietos. Nada se moverá ni se escuchará. El silencio será testigo de mi hazaña. Intentaré no hacer caso al latido agitado de su corazón sobre mi pecho. Esta vez no, esta vez no.
Sé que le quiero (querer de amar). Y yo sé que él me quiere (querer de amigo). Dejarme llevar fue un juego en el que no dudé en participar hasta que mis sentimientos cambiaron. Desde entonces, el juego se ha convertido en un fuego que me quema la piel y el corazón. He caído entre las llamas varias veces. Él consiguió muchas veces convertir el infierno en el más puro paraíso. Pero sólo eran ensoñaciones circunstanciales, pues el fuego me seguía quemando sin darme cuenta.
Ahora quiero dejar la partida. Ya lo intenté una vez, pero no pude. Mi voluntad volvió a doblegarse ante el deseo y el amor. Pero esta vez no. Esta vez, no.
Aunque no tocar su cuerpo, aunque no besarle sean mi mayor anhelo en el futuro y, aún más, las mayores tentaciones que puedan echar por tierra todas mis iniciativas, esta vez sacaré fuerzas de donde queden para decir "no". Me sentiré solo, me sentiré perdido, me sentiré desterrado de ese paraíso al que tú me has invitado a entrar con frecuencia. Sé que lo voy a pasar mal, pero sé que aún lo pasaré peor si sigo contigo. Porque esto sigue siendo un simple juego para ti. Para mí, eso dejó de serlo hace mucho tiempo.
Te haré caso, amigo invisible :P Esta vez, no. Esta vez, no.
Sé que le quiero (querer de amar). Y yo sé que él me quiere (querer de amigo). Dejarme llevar fue un juego en el que no dudé en participar hasta que mis sentimientos cambiaron. Desde entonces, el juego se ha convertido en un fuego que me quema la piel y el corazón. He caído entre las llamas varias veces. Él consiguió muchas veces convertir el infierno en el más puro paraíso. Pero sólo eran ensoñaciones circunstanciales, pues el fuego me seguía quemando sin darme cuenta.
Ahora quiero dejar la partida. Ya lo intenté una vez, pero no pude. Mi voluntad volvió a doblegarse ante el deseo y el amor. Pero esta vez no. Esta vez, no.
Aunque no tocar su cuerpo, aunque no besarle sean mi mayor anhelo en el futuro y, aún más, las mayores tentaciones que puedan echar por tierra todas mis iniciativas, esta vez sacaré fuerzas de donde queden para decir "no". Me sentiré solo, me sentiré perdido, me sentiré desterrado de ese paraíso al que tú me has invitado a entrar con frecuencia. Sé que lo voy a pasar mal, pero sé que aún lo pasaré peor si sigo contigo. Porque esto sigue siendo un simple juego para ti. Para mí, eso dejó de serlo hace mucho tiempo.
Te haré caso, amigo invisible :P Esta vez, no. Esta vez, no.
Es que eran "maricones"
Sí, de acuerdo. En Madrid tenemos Chueca, que es el paraíso gay. Los homosexuales pueden ir de la mano por calles céntricas. Se respira un ambiente de libertad absolutamente embriagador. Pero, ¿es real todo eso? Y si lo es, ¿hasta qué cierto puento?
Cuando este verano dos gays fueron agredidos en una piscina de Moratalaz, me hacía similares preguntas. ¿No es Chueca el "ghetto" que hemos creado para poder actuar con plena libertad? ¿Es la concesión que nosotros mismos hemos aceptado?
Desde hace poco, he contactado con un chico que es de un pueblo de Pamplona. Él es gay, pero no se lo ha dicho a nadie. Teme la respuesta de sus familiares y de sus amigos. Y también las habladurías propias de un pueblo pequeño. Es ajeno a un mundo que es el suyo, pero en el que no puede entrar. Quiere empezar a relacionarse con chicos, pero teme mucho dar un mal paso. Se siente condenado en una cárcel edificada por la historia pasada y presente. Madrid y Barcelona son grandes ciudades. En teoría, los gays y las lesbianas podemos actuar con absoluta libertad. Pero entonces, nos sorprenden noticias como la que pública hoy la web de "El País" Dos hombres fueron golpeados en la boca de metro de Príncipe Pío (una zona céntrica para los que no conocen Madrid) cuando uno de ellos, por problemas en su talón, se agarró a su pareja para bajar las escaleras. "Aparecieron tres jóvenes, que al grito de 'maricones, bujarras y payasos' nos atacaron", relata. Esto no era en Israel (donde hace unos días se prohibió una manifestación gay), ni en un pequeño pueblo de la Península. Era Madrid. Sí, la ciudad abierta de la que nos enorgullecemos. Y si esto ocurre en Madrid, ¿qué puede pasar en otros lugares "con menor libertad"? Pues pasa que a dos homosexuales por darse un simple beso se les echó de mala manera de una terraza de un bar en Sevilla.
Se han ampliado nuestros derechos, de acuerdo. Hasta podemos casarnos. Sin embargo, por muy estúpido que pueda sonar este ejemplo, a los de la RAE eso se las trae floja y no han modificado el significado de la palabra "matrimonio".
A veces, siento que nuestra libertad se cierra a un sólo barrio y a unos pequeños bares. Ahora ya no nos matan, (en España, me refiero, porque en 8 países la homosexualidad sigue siendo castigada con pena de muerte) ni somos "vagos y maleantes".Ya no padecemos una enfermedad.
De verdad que no es querer ser victimista. Ni mucho menos. Hay grupos (los propios inmigrantes en nuestro país hoy en día) que lo pasan mucho peor. Pero yo soy gay, y me da mucha rabia no poder demostrarlo públicamente si esa es mi voluntad. No poder besar a un chico, no poder abrazarme a él sino es en lugares determinados. Todo por temor a una agresión. Porque eran maricones. Porque soy maricón
Cuando este verano dos gays fueron agredidos en una piscina de Moratalaz, me hacía similares preguntas. ¿No es Chueca el "ghetto" que hemos creado para poder actuar con plena libertad? ¿Es la concesión que nosotros mismos hemos aceptado?
Desde hace poco, he contactado con un chico que es de un pueblo de Pamplona. Él es gay, pero no se lo ha dicho a nadie. Teme la respuesta de sus familiares y de sus amigos. Y también las habladurías propias de un pueblo pequeño. Es ajeno a un mundo que es el suyo, pero en el que no puede entrar. Quiere empezar a relacionarse con chicos, pero teme mucho dar un mal paso. Se siente condenado en una cárcel edificada por la historia pasada y presente. Madrid y Barcelona son grandes ciudades. En teoría, los gays y las lesbianas podemos actuar con absoluta libertad. Pero entonces, nos sorprenden noticias como la que pública hoy la web de "El País" Dos hombres fueron golpeados en la boca de metro de Príncipe Pío (una zona céntrica para los que no conocen Madrid) cuando uno de ellos, por problemas en su talón, se agarró a su pareja para bajar las escaleras. "Aparecieron tres jóvenes, que al grito de 'maricones, bujarras y payasos' nos atacaron", relata. Esto no era en Israel (donde hace unos días se prohibió una manifestación gay), ni en un pequeño pueblo de la Península. Era Madrid. Sí, la ciudad abierta de la que nos enorgullecemos. Y si esto ocurre en Madrid, ¿qué puede pasar en otros lugares "con menor libertad"? Pues pasa que a dos homosexuales por darse un simple beso se les echó de mala manera de una terraza de un bar en Sevilla.
Se han ampliado nuestros derechos, de acuerdo. Hasta podemos casarnos. Sin embargo, por muy estúpido que pueda sonar este ejemplo, a los de la RAE eso se las trae floja y no han modificado el significado de la palabra "matrimonio".
A veces, siento que nuestra libertad se cierra a un sólo barrio y a unos pequeños bares. Ahora ya no nos matan, (en España, me refiero, porque en 8 países la homosexualidad sigue siendo castigada con pena de muerte) ni somos "vagos y maleantes".Ya no padecemos una enfermedad.
De verdad que no es querer ser victimista. Ni mucho menos. Hay grupos (los propios inmigrantes en nuestro país hoy en día) que lo pasan mucho peor. Pero yo soy gay, y me da mucha rabia no poder demostrarlo públicamente si esa es mi voluntad. No poder besar a un chico, no poder abrazarme a él sino es en lugares determinados. Todo por temor a una agresión. Porque eran maricones. Porque soy maricón
Los amigos invisibles
Son como voces sin timbre. Rostros sin cabeza. Son personas que no conozco, pero sin embargo, parecen amigos de siempre.
Amigos que aconsejan,que te aportan cariño, que te dan el beso que anhelas, el abrazo que necesitas sentir. Ellos se reducen a ser sólo palabras sobre una pantalla, pero para mí son algo mucho más. Son mis confidentes, mis "sabios viejos" que me dan consejos, colegas con los que compartir charlas amistosas.
Uno vive en Pamplona, otro en Yecla, otro en Valencia... Mi último amigo (y me siento muy orgulloso de considerarlo así) vive en Alcoy y se llama Rubén.
Los amigos invisibles podrían ser amigos temporales. De hecho, con uno de ellos ya tengo muy poco contacto. Supongo que esta moderna forma de interrelación está aquejada de las mismas dolencias que las de una amistad común: la distancia acaba por romper las amistades más fuertes. Y cuando esa distancia ya es muy considerable desde un inicio, puede parecer descabellado pensar en la posibilidad de una amistad perpetua... ¿o tal vez no?
Sí me gustaría llegar a conocerles algún día, y poder charlar. Esta vez no a través del messenger, sino en directo, alrededor de una taza de café. Sé que es muy difícil, pero sí pienso que las verdaderas amistades que proporciona Internet tienen que desembocar en ese encuentro. Porque sólo en el contacto físico, uno puede llegar a neutralizar sus más vivos deseos de una gran amistad. Pero mientras, seguiré navegando y comunicándome con ellos a lo Titanic, con fuegos artificiales (espero que no sean de auxilio), para ver si encuentro respuesta. De momento, que este barco en el que navego por el mar de Internet, no se me hunda. Que sigo esperando la llegada de otro barco perdido en este mar.
Amigos que aconsejan,que te aportan cariño, que te dan el beso que anhelas, el abrazo que necesitas sentir. Ellos se reducen a ser sólo palabras sobre una pantalla, pero para mí son algo mucho más. Son mis confidentes, mis "sabios viejos" que me dan consejos, colegas con los que compartir charlas amistosas.
Uno vive en Pamplona, otro en Yecla, otro en Valencia... Mi último amigo (y me siento muy orgulloso de considerarlo así) vive en Alcoy y se llama Rubén.
Los amigos invisibles podrían ser amigos temporales. De hecho, con uno de ellos ya tengo muy poco contacto. Supongo que esta moderna forma de interrelación está aquejada de las mismas dolencias que las de una amistad común: la distancia acaba por romper las amistades más fuertes. Y cuando esa distancia ya es muy considerable desde un inicio, puede parecer descabellado pensar en la posibilidad de una amistad perpetua... ¿o tal vez no?
Sí me gustaría llegar a conocerles algún día, y poder charlar. Esta vez no a través del messenger, sino en directo, alrededor de una taza de café. Sé que es muy difícil, pero sí pienso que las verdaderas amistades que proporciona Internet tienen que desembocar en ese encuentro. Porque sólo en el contacto físico, uno puede llegar a neutralizar sus más vivos deseos de una gran amistad. Pero mientras, seguiré navegando y comunicándome con ellos a lo Titanic, con fuegos artificiales (espero que no sean de auxilio), para ver si encuentro respuesta. De momento, que este barco en el que navego por el mar de Internet, no se me hunda. Que sigo esperando la llegada de otro barco perdido en este mar.
Ya decía yo que esto no estaba bien...
Estoy enfermo. No sé si es fiebre. Tengo frío. Creo que me estoy mareando.
Estoy en plena clase,discutiendosobre si el lenguaje es machista o no. Claro, las culpas siempre son de otros...
Rodeado de absurdos debates y espeso aburrimiento, me dedico a pensar en muchas cosas. O en muchas personas.
Pienso en Ayesha, una mujer enferma por los libros, que toma el bookcrossing como si fuera el sentido de su vida. ¿Que qué es el bookcrossing? No, no es una derivación del cruising. Es gente que deja libros en la calle para que otros los cojan y se inicie así un préstamo libre. Además, gracias a la web de la actividad y de un código que lleva el libro, uno puede saber en qué lugar se encuentra el libro. Eso siempre que el nuevo dueño temporal se moleste en registrar su hallazgo en la web. Entrevistándola el pasado miércoles, Ayesha nos decía, resignada,que sólo recibe noticias del 10% aproximadamente de los libros que "libera".
Los libros se pierden. Y con él, un trocito de ella. Aunque eso era más bien antes, porque nos acabó confesando que llega a comprar libros sólo para dejarlos en la calle.
La esperanza de buenas nuevas enturbia sus sueños cada noche...
Pienso que esos libros son sólo el grito de auxilio de una chica que se ha dejado devorar por su afición a la lectura. Ha tomado la literatura como medio para fantasear sobre destinos de libros que son los destinos de su vida. Son botellas con un mensaje deauxilio dentro oculto que se pierden en el océano de Madrid.
Y yo creo que todos hacemos lo mismo. Todos, de un modo u otro, arrojamos en cada una de nuestras acciones, una botella en busca de un receptor, un mensaje en busca de un lector que nos salve del naufragio personal.
Puede que sea así, o todo sea fruto de esta fiebre tan alta que calienta mi frente...
Estoy en plena clase,discutiendosobre si el lenguaje es machista o no. Claro, las culpas siempre son de otros...
Rodeado de absurdos debates y espeso aburrimiento, me dedico a pensar en muchas cosas. O en muchas personas.
Pienso en Ayesha, una mujer enferma por los libros, que toma el bookcrossing como si fuera el sentido de su vida. ¿Que qué es el bookcrossing? No, no es una derivación del cruising. Es gente que deja libros en la calle para que otros los cojan y se inicie así un préstamo libre. Además, gracias a la web de la actividad y de un código que lleva el libro, uno puede saber en qué lugar se encuentra el libro. Eso siempre que el nuevo dueño temporal se moleste en registrar su hallazgo en la web. Entrevistándola el pasado miércoles, Ayesha nos decía, resignada,que sólo recibe noticias del 10% aproximadamente de los libros que "libera".
Los libros se pierden. Y con él, un trocito de ella. Aunque eso era más bien antes, porque nos acabó confesando que llega a comprar libros sólo para dejarlos en la calle.
La esperanza de buenas nuevas enturbia sus sueños cada noche...
Pienso que esos libros son sólo el grito de auxilio de una chica que se ha dejado devorar por su afición a la lectura. Ha tomado la literatura como medio para fantasear sobre destinos de libros que son los destinos de su vida. Son botellas con un mensaje deauxilio dentro oculto que se pierden en el océano de Madrid.
Y yo creo que todos hacemos lo mismo. Todos, de un modo u otro, arrojamos en cada una de nuestras acciones, una botella en busca de un receptor, un mensaje en busca de un lector que nos salve del naufragio personal.
Puede que sea así, o todo sea fruto de esta fiebre tan alta que calienta mi frente...
Los caminos de Dios
Dios es la causa más nombrada para establecer un terrorismo legal. Cuando un Estado y su pueblo se dejan llevar por el fanatismo religioso, las consecuencias que se derivan de él permanecen muy ajenas a lo establecido en los libros sagrados.
El islam es la religión que hoy en día todo el mundo teme. De ello, se han encargado de conseguir el señor Bush y su supuesta cruzada contra el terrorismo islámico. Por casualidad, un día, cayó en mis manos un libro de un autor llamado Bauman que explicaba muy bien cuál es el mejor modo de doblegar a una sociedad y a un mundo entero. Y eso, solo se consigue a través del miedo. Difundiendo entre la sociedad que vivimos en un mundo inseguro, donde la amenaza enemiga es muy latente.
El señor Bush ha logrado mantenerse en el poder estos seis años (aunque su poder se haya desvanecido actualmente en buena medida tras las elecciones legislativas el pasado martes, que han dado la victoria a los democrátas en el Congreso y en el Senado) difundiendo entre su pueblo mensajes de alerta, advirtiendo que el terrorismo islamista es una realidad fehaciente que en cualquier momento puede volver a golpear a la nación. La política de Bush se ha asentado siempre en la seguridad que su política parecía ofrecer al ciudadano, y ha logrado materializar gracias a ella las invasiones en Afganistán e Irak.
El islamista se ha convertido en el malo de una película, nuestro propio mundo, que desconoce cuáles son y dónde se encuentran esos otros personajes que merecerían también el mismo grado de atención.
El estado de Israel, amparado en su vocación religiosa y en la defensa sin fisuras de EEUU, ha cometido desde julio de este año, auténticas matanzas sobre el pueblo palestino. Hace tan sólo dos días, el ejército israelí mataba a 18 personas de un mismo clan familiar. No hay día en Palestina que no haya muertos. Y todo debido a las acciones del pueblo israelí.
Pero nadie dice nada. El terrorismo de Estado que ejerce Israel apenas levanta polvareda en los organismos internacionales, porque está bien secundado por la poderosa americana.
No hay que echar toda la culpa al pueblo israelí, porque los propios palestinos también imploran la lucha armada, y la victoria de Hamás en las elecciones de enero son una clara muestra de esa opinión.
En el siglo anterior, el mundo entero contempló la caída del Muro de Berlín (el "muro de la vergüenza", como muchos lo llamaban). Hoy, en el siglo XXI, Israel construye un muro para aislar a los palestinos, argumentando motivos de defensa, cuando su verdadera política es hacer de Palestina una cárcel. Mientras, EEUU levanta otro muro en su frontera mexicana, para impedir el paso de inmigrantes. ¿No son estos también muros de la vergüenza?
Hoy, al mediodía, la noticia que procedía de Israel desalentaba aún más. Una manifestación del Orgullo gay había acabado siendo reprimida por la policía y muchos de los manifestantes han sido detenidos. La manifestación había sido prohibida días antes por el gobierno israelí, y sólo se consideró legal la celebración de un festival gay en el estadio universitario de Guivat Ram.
Evidentemente, si la marcha no había sido legalizada, la Policía tiene total competencia para actuar. Pero está claro cuáles fueron los motivos que desembocaron en esta decisión. Y no es otra cosa que la homofobia latente de un país que se escuda en Dios, cuando es ese propio Estado el que comete las mayores injerencias en su libro sagrado.
Dios y la religión han pasado a convertirse en un arma político y electoral. El motivo fehaciente de unas acciones irracionales.
Y lo más penoso es que algunos sólo deseamos vivir tal como la naturaleza en sí (creada por Dios o no) nos ha hecho. ¿Tiene algo de malo eso?
El islam es la religión que hoy en día todo el mundo teme. De ello, se han encargado de conseguir el señor Bush y su supuesta cruzada contra el terrorismo islámico. Por casualidad, un día, cayó en mis manos un libro de un autor llamado Bauman que explicaba muy bien cuál es el mejor modo de doblegar a una sociedad y a un mundo entero. Y eso, solo se consigue a través del miedo. Difundiendo entre la sociedad que vivimos en un mundo inseguro, donde la amenaza enemiga es muy latente.
El señor Bush ha logrado mantenerse en el poder estos seis años (aunque su poder se haya desvanecido actualmente en buena medida tras las elecciones legislativas el pasado martes, que han dado la victoria a los democrátas en el Congreso y en el Senado) difundiendo entre su pueblo mensajes de alerta, advirtiendo que el terrorismo islamista es una realidad fehaciente que en cualquier momento puede volver a golpear a la nación. La política de Bush se ha asentado siempre en la seguridad que su política parecía ofrecer al ciudadano, y ha logrado materializar gracias a ella las invasiones en Afganistán e Irak.
El islamista se ha convertido en el malo de una película, nuestro propio mundo, que desconoce cuáles son y dónde se encuentran esos otros personajes que merecerían también el mismo grado de atención.
El estado de Israel, amparado en su vocación religiosa y en la defensa sin fisuras de EEUU, ha cometido desde julio de este año, auténticas matanzas sobre el pueblo palestino. Hace tan sólo dos días, el ejército israelí mataba a 18 personas de un mismo clan familiar. No hay día en Palestina que no haya muertos. Y todo debido a las acciones del pueblo israelí.
Pero nadie dice nada. El terrorismo de Estado que ejerce Israel apenas levanta polvareda en los organismos internacionales, porque está bien secundado por la poderosa americana.
No hay que echar toda la culpa al pueblo israelí, porque los propios palestinos también imploran la lucha armada, y la victoria de Hamás en las elecciones de enero son una clara muestra de esa opinión.
En el siglo anterior, el mundo entero contempló la caída del Muro de Berlín (el "muro de la vergüenza", como muchos lo llamaban). Hoy, en el siglo XXI, Israel construye un muro para aislar a los palestinos, argumentando motivos de defensa, cuando su verdadera política es hacer de Palestina una cárcel. Mientras, EEUU levanta otro muro en su frontera mexicana, para impedir el paso de inmigrantes. ¿No son estos también muros de la vergüenza?
Hoy, al mediodía, la noticia que procedía de Israel desalentaba aún más. Una manifestación del Orgullo gay había acabado siendo reprimida por la policía y muchos de los manifestantes han sido detenidos. La manifestación había sido prohibida días antes por el gobierno israelí, y sólo se consideró legal la celebración de un festival gay en el estadio universitario de Guivat Ram.
Evidentemente, si la marcha no había sido legalizada, la Policía tiene total competencia para actuar. Pero está claro cuáles fueron los motivos que desembocaron en esta decisión. Y no es otra cosa que la homofobia latente de un país que se escuda en Dios, cuando es ese propio Estado el que comete las mayores injerencias en su libro sagrado.
Dios y la religión han pasado a convertirse en un arma político y electoral. El motivo fehaciente de unas acciones irracionales.
Y lo más penoso es que algunos sólo deseamos vivir tal como la naturaleza en sí (creada por Dios o no) nos ha hecho. ¿Tiene algo de malo eso?