Un gay en Madrid
Mi vida en Madrid
Acerca de
Me considero una persona atenta, simpática, alegre y viva. Me gusta el placer de la compañía, pero valoro también la soledad no desmesurada. Me encanta el cine. Amo el cine. Y también el amor. Me encanta escribir y conjugar todo lo que quiero en unas palabras. Ansío la libertad y la igualdad y mi mayor temor es perder aquello que uno más desea. Porque me dan miedo el tiempo y los sueños. Y me da miedo una vida vacía. "Odio el silencio que deja tu ausencia..."
Sindicación
 
20 años no son nada...
De repente, me levanto una mañana y me siento con más fuerzas. La cabeza ha dejado de pesarme y mis piernas responden a mis impulsos. Al final va a resultar que los 20 no son tan malos...
Sí, amigos. Ya estoy en la tercera década de mi vida. Y esto empieza a ponerse en serio. Cuando acabe esta recién inaugurada década de mi vida... ¿dónde estaré? ¿en Madrid? ¿en Zaragoza? ¿en otro punto de España? ¿en algún lugar del mundo?... ¿Qué gente habré conocido y habrán dejado huella en mí? ¿Qué gente que ahora conozco ya no formará parte de mi vida entonces? ¿Seguirá gobernando el centro-izquierda en España? ¿Se habrá inventado la cura definitiva para el Sida? ¿Habrá ganado España el Mundial del 2010? ¿Y el del 2014, por si acaso? ¿Será cierto eso de que en el 2017 la fiebre del mundo será mucho más alta? ¿Lloverá o viviremos desertizados? ¿Trabajaré en algo relacionado con el periodismo o tendré que ganarme los euros (si sigue habiendo euros) en algún trabajo mal pagado del sector servicios? ¿Seguirá sonando el reggaeton en las discotecas? ¿Alguien se acordará de la Guerra de Irak? ¿Seguirán intoxicándonos con la "teoría de la conspiración"? ¿Tendrán los niños infancia? ¿Y los viejos vejez? ¿En qué mundo andaré perdido yo? ¿Tendré a algún ángel cada noche a mi lado en mi cama arropándome? ¿Dejaré de soñar para vivir en la realidad? ¿Qué pasará con mi madre? ¿Me llevaré bien con mis hermanos o les habré dejado de ver definitivamente allá por el 2010 para siempre? ¿Seguirá viva mi ilusión? ¿Habré terminado por fin alguna novela? ¿Habré viajado a París? ¿Seguirás a mi lado, aunque sea sin compartir piso? ¿Qué será de Paloma? ¿Será la redactora jefe que me putee en "El País"? Porque espero que en la Cope no, ¿eh? Bueno, no soñemos tan alto, que Polanco no nos va a regalar nada...
Que sea lo que sea.

 
Y así pasan los días...
y yo voy desesperando...



(Esperando una respuesta...)
 
Todos estamos un poco C.R.A.Z.Y.
Digamos que soy un fantasioso, un loco incomprendido asemejado al personaje de Björk en la fantástica película de Lars Von Trier "Bailar en la oscuridad". Para quien no la haya visto, podemos decir que la historia versa sobre una mujer llamada Selma que está perdiendo la vista a causa de una enfermedad que su hijo también padece, ya que es hereditaria. Trabaja a destajo para sacar los pocos ahorros que puede para llevar a cabo la operación que puede salvar de la enfermedad a su hijo dada su temprana edad. Viven en un remolque en un jardín de la aparentemente típica familia acomodada americana y sufren por sobrevivir en ese mundo que no está diseñado a sus necesidades. Pero Selma tiene un reducto de felicidad dentro de tanto dolor. Cuando las cosas se ponen mal, ella sueña que se encuentra dentro de un musical, porque "en los musicales, nunca ocurre nada malo".
Cada vez que cierro algo con alguien, mi mente se pone a recordar los momentos más maravillosos que he vivido con esa persona. Y además, lo acompaño con la canción que desde entonces va a quedar atada en mi recuerda a esa persona. De mi primer (y único) novio, guardo los recuerdos ligados a la canción "I belong to you" que cantan juntos Anastacia y Eros Ramazzotti, que escuché junto a él la primera noche en que nos vimos. Era su favorita, y desde entonces no puedo escucharla sin recordarle. Y con esto no digo que le eche de menos o que le añore. Ni mucho menos. Simplemente, que él forma parte de mi recuerdo (sea éste bueno o malo) y lo asocio a una canción que para mí tiene un significado distinto al del resto de los mortales.
Ayer me despedí del ángel de los ojos de color miel. Me he cansado de esperar una respuesta que sabía que nunca iba a llegar. Así que le dije que adiós, que me había encantado conocerle y que ojalá algún día volviéramos a vernos, pero sólo si el azar pretendía reencontrarnos presumiblemente en algún local de Chueca. La verdad es que la idea del reencuentro con personas que fueron especiales en tu vida tiempo atrás siempre me ha atraído, porque siempre he tenido miedo de desligarme del pasado, que lo vivido atrás sólo permaneciera en mi recuerdo. Con el regreso al presente de aquel espectro que habitaba en nuestra memoria, uno quizá vuelve a sentir todo aquello que confeccionó nuestra experiencia pasada. No sé si lo volveré a ver, ni siquiera sé si quiero. Todo lo debo dejar al servicio del guionista de mi musical. La canción que le ata a su recuerdo es "Dulce locura" de La Oreja de Van Gogh, porque es la canción que sonaba cuando le llamaba al móvil y una de las canciones que bailamos aquella gran noche que disfrutamos juntos.
Ayer volví a ver en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la película de temática gay canadiense "C.R.A.Z.Y.". El protagonista de la película se mueve entre la intolerancia de su padre hacia su sexualidad y su propia represión con canciones de David Bowie, Pink Floyd, Rolling Stone o Patsy Cline.
Todos vivimos al fin y al cabo dentro de un musical, y todos estamos algo locos, buscando en un mundo imaginario aquello que carecemos en el real.


 
Cosas que dejé olvidadas
Sufro un jet-lag cerebral. Deben ser cosas de hacer mi primer viaje fuera de España, del letargo que supuso para mí coger por vez primera un avión. La verdad es que como cobarde por antonomasia que soy, tenía mucho miedo a volar. Y era algo que me resultaba paradójico, porque yo soy de esas criaturas extrañas e inclasficables que sueñan demasiado con cosas demasiado hermosas demasiado imposibles. Pero ahora "volar" cargaba con el significado más preciso de la palabra, lejana de forma absoluta de cualquier recurso literario. Volar de verdad. Volar viendo las nubes desde arriba, sintiendo como el mundo mengua a tus ojos, pensando en la reflexión absoluta del nacimiento de todo aquello que nos engendró después.
Vale, he de decir que yo pensaba que ese cacharro se iba a caer. Estando dentro del avión, atrapado en ese cinturón de seguridad, me agarré a la mano de mi amiga Paloma y dije: "Quiero volar". Y entonces perdí todo miedo que podía albergar. Me liberé de cualquier temor y como si estuviera soñando, dejé liberar mi mente, pero esta vez con los ojos abiertos. Y pronto sentí como levitábamos, como la tierra poco a poco se iba alejando y lo maravilloso que era ver todo desde arriba. Recuerdo como tiempo después pude observar como el mar parecía de un papel ondulado que se arrugaba levemente. La isla de Ibiza parecía una pequeña piedra en medio de una inmensidad. Mi destino era Túnez, de la cual quizá hable el próximo día. Pero estando allí, a tantos metros de altura, cerré luego los ojos y me dije de nuevo: "Quiero volar. Quiero volar contigo".
Él ya no es el ángel de los ojos de color miel. Tal como esperaba, éste ya agitó sus alas en busca de un nuevo destino. De quien hablo ahora es de un ángel latino de 21 años al que he extrañado mucho esta semana en Túnez. Dados los antecedentes que cargo a mis espaldas, temo, temo mucho, que no estuviera a mi vuelta. Que el sueño de mi fin de semana se hubiera terminado al mismo tiempo que se inició el sueño en el despegue del avión. Y cuando he vuelto... no está. Está en Valencia y me dice que se queda allí una semana más. Me tranquilizó que me contestara al mensaje y espero verle pronto ya en Madrid. Ya he dicho, y así creo que ya lo he demostrado, que soy un soñador. Pero este soñador ya no sueña tan alto como antes. Ya no sueño con pareja o amor eterno. He llegado a la conclusión de que, aparte de imposible, es estúpido. Quiero que mi ángel latino esté de vuelta porque quiero verle y quiero estar con él. No pienso en él como futura pareja, aunque claro que me gustaría. Supongo que será porque sé que me acabará dejando o por otras mil cosas que yo no puedo imaginar. Pero ya me empieza a dar igual. Soñaba con besarle, y lo conseguí. Y, sinceramente, los sueños que se pueden alcanzar son los más reconfortantes. ¿Seré un soñador cansado? Puede ser, pero aún quedan dentro de mí residuos de aquel soñador loco que quería amar... y aún no ha amado. Pero que quería volar... y voló.
 
La añoranza de los tiempos pasados... que tampoco fueron mejores
Me he dado cuenta de que la mayoría de mis post son tristes y desesperanzados. Supongo que la razón lógica es porque siempre expreso mejor sentimientos como la tristeza, la desilusión o el miedo. Dicen que los escritores expresan más aquellas emociones que ellos mismos han sentido.
Ahora que conmemoramos el 80 cumpleaños del célebre Gabriel García Márquez, torna a mi mente el recuerdo del personaje protagonista de su "El amor en los tiempos del cólera", que ya se está adaptando para una película que protagonizará Javier Bardem. El protagonista se llama Florentino Ariza, que vive enamorado de una mujer que quiso desde niño, pero que después se casó con otro. Durante años, huyó de su recuerdo, se acostó con diversas mujeres intentando encontrar el cariño imaginado de una mujer que nunca poseyó entre sus brazos. La historia se inicia en el momento en el que Fermina Daza, la mujer, enviuda. Es, ese momento, cuando Florentino Ariza aparece en el funeral, después de tantos años y se produce un crispado reencuentro. El momento más bello para mí de la obra es cuando Fermina Daza se da cuenta, acostada en el vacío de una cama de matrimonio para uno, que no piensa en su marido recién fallecido, sino que se mantiene en vela por el recuerdo incesante de aquel extraño hombre que no la había olvidado.
No cuento el final, porque esto es solo el principio de una apasionante historia que devoré en las playas del mediterráneo.
Me siento identificado con ese Florentino Ariza. Hambriento del amor deseado, busca en la árida zona de la desilusión los remiendos a un amor fraguado. Yo no me meto en las camas de nadie. Y no beso a personas que no quiera. Claro que no. No soy así. Tampoco intento olvidar a alguien, porque de eso precisamente va mi vida. Que aún no he encontrado a la persona perfecta a la que querer y que me quiera. No busco el amor de mi vida, porque sé que no existe. Pero sí alguien a quien querer, y al que poder regalar todo el amor que sigo guardando en mis adentros intacto.
Como le dije a un chico el otro día, al que no conozco... de momento, que ya me he cansado de buscar por el océano de náufragos que se abrazan a sus tablas de salvación de perfiles, foros y chats en los cuales por más que agitamos los brazos nos acabamos hundiendo sin posibilidad de salvación. Pero no quiero ser derrotista. Ya lo he dicho: no quiero escribir un post triste. Voy a pensar en lo positivo, y pienso en Álvaro, un chico majísimo que cazé en el mar madrileño y que se ha convertido en uno de mis mejores amigos. Que tiemble Chueca este viernes que vamos los dos para allá... jaja. Y, bueno, no me cierro a seguir conociendo a gente, porque me gusta, y aunque lo empiece a tomar como una rutina, hay un no sé qué que siempre altera mi corazón en las horas previas a una cita. QUIERO AMIGOS. QUIERO GENTE CON LA QUE HABLAR. QUIERO SENTIRME MÁS LLENO DE LO QUE ESTOY. No quiero ser un Florentino Ariza castigado por la soledad.

BESOS

PD: Felicidades, Gabriel García Márquez.
 
Quiero escribir
Quiero escribir. Lo necesito. Mi vida siempre ha estado impresa en una hoja. Cada vez que me siento mal, apagado o desorientado, recurro a la letra para quizá tomarla como mecanismo para identificarme conmigo mismo, para ver con claridad aquello que está turbio, para intentar vislumbrar una razón a la sinrazón.
No sé qué me pasa, pero estoy triste. Triste porque no sé a qué juego, no sé a dónde quiero ir, no sé a quién hago feliz o desdichado. No sé por quién late mi corazón. Ni siquiera sé si late...
No estoy hecho para ser amado. Los náufragos que alcanzan mi vida lo hacen durante unas horas/días. Están conmigo, me colman de ilusiones... y luego desaparecen. El ángel de los ojos de color miel sigue ahí, pero sé que pronto agitará sus alas de nuevo para marcharse lejos de mí. Y no lo volveré a ver. Y no me volverá a besar.
A veces, ese fatal destino lo tomo como algo ya casi normal. Las experiencias pasadas parece que me han hecho fuerte. Pero tampoco pretendo engañarme: me duele mucho pensar que soy como algo irreutilizable. Algo de usar y tirar. Algo sin valor, del que te puedes despojar con suma facilidad.
Tampoco sé si estoy hecho para amar. Busco de forma incesante al ángel que me cuide, pero no sé por qué siempre tiendo a pensar que todo acabará. Normalmente, así es. No me equivoco, pero quizá por ese pensamiento (auto - defensivo) no logro arrojarme a los brazos de alguien para que me cuide.
Sí, tú me cuidas. Sí, tú me besas. Y durante un tiempo tú fuiste todo aquello que deseaba. Quiero quererte, pero ya no puedo. Tú mismo me quitaste esa idea de la cabeza. Y por mucho que quiera retomar ese sentimiento, éste se borró de mis adentros. Temo hacerte daño, porque tú eres la persona más importante de mi vida. No quiero perderte. No quiero verte llorar.
Mi destino es seguir deambulando por esta ciudad, quedando con náufragos a los que le gustaré, pero que pronto se olvidarán de mí. Pongo mi esperanza en ti. Sé que me fallarás, pero te voy a dar esta última oportunidad. Te doy hasta el miércoles. Si no me dices nada, si no quedas conmigo, Túnez será suficiente para olvidarte. Aunque hayas agujereado mi corazón. Aunque hayas vuelto a abrir una herida que nunca ha dejado de sangrar.

PD: Una vez acabada la época Oscars, volveré a escribir con más frecuencia en este blog. Gracias por seguir ahí.