Quiero escribir
Quiero escribir. Lo necesito. Mi vida siempre ha estado impresa en una hoja. Cada vez que me siento mal, apagado o desorientado, recurro a la letra para quizá tomarla como mecanismo para identificarme conmigo mismo, para ver con claridad aquello que está turbio, para intentar vislumbrar una razón a la sinrazón.
No sé qué me pasa, pero estoy triste. Triste porque no sé a qué juego, no sé a dónde quiero ir, no sé a quién hago feliz o desdichado. No sé por quién late mi corazón. Ni siquiera sé si late...
No estoy hecho para ser amado. Los náufragos que alcanzan mi vida lo hacen durante unas horas/días. Están conmigo, me colman de ilusiones... y luego desaparecen. El ángel de los ojos de color miel sigue ahí, pero sé que pronto agitará sus alas de nuevo para marcharse lejos de mí. Y no lo volveré a ver. Y no me volverá a besar.
A veces, ese fatal destino lo tomo como algo ya casi normal. Las experiencias pasadas parece que me han hecho fuerte. Pero tampoco pretendo engañarme: me duele mucho pensar que soy como algo irreutilizable. Algo de usar y tirar. Algo sin valor, del que te puedes despojar con suma facilidad.
Tampoco sé si estoy hecho para amar. Busco de forma incesante al ángel que me cuide, pero no sé por qué siempre tiendo a pensar que todo acabará. Normalmente, así es. No me equivoco, pero quizá por ese pensamiento (auto - defensivo) no logro arrojarme a los brazos de alguien para que me cuide.
Sí, tú me cuidas. Sí, tú me besas. Y durante un tiempo tú fuiste todo aquello que deseaba. Quiero quererte, pero ya no puedo. Tú mismo me quitaste esa idea de la cabeza. Y por mucho que quiera retomar ese sentimiento, éste se borró de mis adentros. Temo hacerte daño, porque tú eres la persona más importante de mi vida. No quiero perderte. No quiero verte llorar.
Mi destino es seguir deambulando por esta ciudad, quedando con náufragos a los que le gustaré, pero que pronto se olvidarán de mí. Pongo mi esperanza en ti. Sé que me fallarás, pero te voy a dar esta última oportunidad. Te doy hasta el miércoles. Si no me dices nada, si no quedas conmigo, Túnez será suficiente para olvidarte. Aunque hayas agujereado mi corazón. Aunque hayas vuelto a abrir una herida que nunca ha dejado de sangrar.
PD: Una vez acabada la época Oscars, volveré a escribir con más frecuencia en este blog. Gracias por seguir ahí.
No sé qué me pasa, pero estoy triste. Triste porque no sé a qué juego, no sé a dónde quiero ir, no sé a quién hago feliz o desdichado. No sé por quién late mi corazón. Ni siquiera sé si late...
No estoy hecho para ser amado. Los náufragos que alcanzan mi vida lo hacen durante unas horas/días. Están conmigo, me colman de ilusiones... y luego desaparecen. El ángel de los ojos de color miel sigue ahí, pero sé que pronto agitará sus alas de nuevo para marcharse lejos de mí. Y no lo volveré a ver. Y no me volverá a besar.
A veces, ese fatal destino lo tomo como algo ya casi normal. Las experiencias pasadas parece que me han hecho fuerte. Pero tampoco pretendo engañarme: me duele mucho pensar que soy como algo irreutilizable. Algo de usar y tirar. Algo sin valor, del que te puedes despojar con suma facilidad.
Tampoco sé si estoy hecho para amar. Busco de forma incesante al ángel que me cuide, pero no sé por qué siempre tiendo a pensar que todo acabará. Normalmente, así es. No me equivoco, pero quizá por ese pensamiento (auto - defensivo) no logro arrojarme a los brazos de alguien para que me cuide.
Sí, tú me cuidas. Sí, tú me besas. Y durante un tiempo tú fuiste todo aquello que deseaba. Quiero quererte, pero ya no puedo. Tú mismo me quitaste esa idea de la cabeza. Y por mucho que quiera retomar ese sentimiento, éste se borró de mis adentros. Temo hacerte daño, porque tú eres la persona más importante de mi vida. No quiero perderte. No quiero verte llorar.
Mi destino es seguir deambulando por esta ciudad, quedando con náufragos a los que le gustaré, pero que pronto se olvidarán de mí. Pongo mi esperanza en ti. Sé que me fallarás, pero te voy a dar esta última oportunidad. Te doy hasta el miércoles. Si no me dices nada, si no quedas conmigo, Túnez será suficiente para olvidarte. Aunque hayas agujereado mi corazón. Aunque hayas vuelto a abrir una herida que nunca ha dejado de sangrar.
PD: Una vez acabada la época Oscars, volveré a escribir con más frecuencia en este blog. Gracias por seguir ahí.
Comentario:
Necesito escribir.
Y me gusta escribir. Es una pasión que he aparcado durante muchos años, y que hace más o menos uno, he recuperado.
Y últimamente escribo mucho. Escribo en muchos blogs, y escribo para mí.
¿Qué busco? No lo sé. Creo que simplemente es placer por escribir. O vaciar mi alma, como no lo suelo hacer. O decir cosas que, dichas en voz alta, sonarían de otra forma. Un amigo me suele decir a veces que, habría cosas que me diría, pero que prefiere decírmelas en su blog, o escribiéndome algo.
O simplemente compartir lo que me sugiere lo que escriben los autores de los blogs. Intento captar una fotografía distinta a la que tienen en su mente esas personas.
Porque muchas veces, las fotografías que tenemos nosotros de nosotros mismos, están trucadas. Photoshop a tope. Tenemos el objetivo deformado para retratarnos a nosotros mismos. Nos vemos más feos, más insensibles, más toscos, nos vemos incapaces de amar y de ser amados.
Y muchas veces esa visión de nosotros es absolutamente falsa. Está condicionado por nuestras experiencias anteriores, por nuestras decepciones, por aquellos que, queriendo o sin pretenderlo, nos hicieron sufrir en el pasado. Y eso nos hace una costra. Una coraza.
No somos conscientes de ello. Pero cada vez que se acerca alguien, sean cuales sean las intenciones de alguno de los dos, nos ponemos a la defensiva. Y a veces, da igual que el acercamiento sea para ser un amigo, o para ser algo más. Aunque más que un amigo, pocas cosas hay. Siempre pensamos, unas veces más conscientemente y otras menos, que ese nuevo amigo, o ese proyecto desaparecerá como lo hicieron los demás. Y generalmente, sin darnos cuenta, le vamos echando de nuestro lado.
Es simplemente un mecanismo de defensa. Hacernos a la idea de que nos va a dejar... lo cual se suele convertir en realidad, porque nosotros nos encargamos de irle echando. Y esto produce el efecto retroalimentación. Pensamos que, la realidad nos da la razón a nuestros peores temores. Cuando hemos ido construyendo esa realidad nosotros mismos.
Y nos vamos quedando solos. Y no queremos estar solos, pero nos hemos convencido de que no servimos para relacionarnos, para amar, para ser amados. No me refiero a conocidos, colegas o compañeros de trabajo-estudios. Me refiero a amigos, confidentes, compañeros de viaje. Cercanos o lejanos.
Quizás aquí se imponga el... dejarnos llevar un poco. No pensar tanto en lo que pasará dentro de no se cuanto tiempo, y centrarnos en disfrutar de lo que nos vamos encontrando. Y posiblemente, sin esos agobios que nos procuramos nosotros mismos, es más posible que encontramos amigos que nos quieran, y amigos que nos amen. Y conseguiremos amar.
Y esa gente la encontramos donde menos esperamos. En los blogs (yo he encontrado muchos) en la calle, en el trabajo... o en el metro.
No tengo yo la imagen de ti que te pintas. Creo que, encontrarás a muchos amigos que quieran compartir contigo vivencias y experiencias. Que quieran acompañarte. Y gente con la que tu te sientas feliz. Porque tienes muchas cosas que ofrecer. Y eso que aquí, nos las enseñas a cuenta gotas. El día que nos las descubras todas, caeremos rendidos a tus pies.
Un Beso.
Y me gusta escribir. Es una pasión que he aparcado durante muchos años, y que hace más o menos uno, he recuperado.
Y últimamente escribo mucho. Escribo en muchos blogs, y escribo para mí.
¿Qué busco? No lo sé. Creo que simplemente es placer por escribir. O vaciar mi alma, como no lo suelo hacer. O decir cosas que, dichas en voz alta, sonarían de otra forma. Un amigo me suele decir a veces que, habría cosas que me diría, pero que prefiere decírmelas en su blog, o escribiéndome algo.
O simplemente compartir lo que me sugiere lo que escriben los autores de los blogs. Intento captar una fotografía distinta a la que tienen en su mente esas personas.
Porque muchas veces, las fotografías que tenemos nosotros de nosotros mismos, están trucadas. Photoshop a tope. Tenemos el objetivo deformado para retratarnos a nosotros mismos. Nos vemos más feos, más insensibles, más toscos, nos vemos incapaces de amar y de ser amados.
Y muchas veces esa visión de nosotros es absolutamente falsa. Está condicionado por nuestras experiencias anteriores, por nuestras decepciones, por aquellos que, queriendo o sin pretenderlo, nos hicieron sufrir en el pasado. Y eso nos hace una costra. Una coraza.
No somos conscientes de ello. Pero cada vez que se acerca alguien, sean cuales sean las intenciones de alguno de los dos, nos ponemos a la defensiva. Y a veces, da igual que el acercamiento sea para ser un amigo, o para ser algo más. Aunque más que un amigo, pocas cosas hay. Siempre pensamos, unas veces más conscientemente y otras menos, que ese nuevo amigo, o ese proyecto desaparecerá como lo hicieron los demás. Y generalmente, sin darnos cuenta, le vamos echando de nuestro lado.
Es simplemente un mecanismo de defensa. Hacernos a la idea de que nos va a dejar... lo cual se suele convertir en realidad, porque nosotros nos encargamos de irle echando. Y esto produce el efecto retroalimentación. Pensamos que, la realidad nos da la razón a nuestros peores temores. Cuando hemos ido construyendo esa realidad nosotros mismos.
Y nos vamos quedando solos. Y no queremos estar solos, pero nos hemos convencido de que no servimos para relacionarnos, para amar, para ser amados. No me refiero a conocidos, colegas o compañeros de trabajo-estudios. Me refiero a amigos, confidentes, compañeros de viaje. Cercanos o lejanos.
Quizás aquí se imponga el... dejarnos llevar un poco. No pensar tanto en lo que pasará dentro de no se cuanto tiempo, y centrarnos en disfrutar de lo que nos vamos encontrando. Y posiblemente, sin esos agobios que nos procuramos nosotros mismos, es más posible que encontramos amigos que nos quieran, y amigos que nos amen. Y conseguiremos amar.
Y esa gente la encontramos donde menos esperamos. En los blogs (yo he encontrado muchos) en la calle, en el trabajo... o en el metro.
No tengo yo la imagen de ti que te pintas. Creo que, encontrarás a muchos amigos que quieran compartir contigo vivencias y experiencias. Que quieran acompañarte. Y gente con la que tu te sientas feliz. Porque tienes muchas cosas que ofrecer. Y eso que aquí, nos las enseñas a cuenta gotas. El día que nos las descubras todas, caeremos rendidos a tus pies.
Un Beso.
Comentario:
Algún día llegará alguien para quedarse. O quizá no. Hay que prepararse para todo. ¿Y si nos queremos más? Algo me dice que es la solución, pero no sé cómo hacerlo. Un abrazo.