Todos estamos un poco C.R.A.Z.Y.
Digamos que soy un fantasioso, un loco incomprendido asemejado al personaje de Björk en la fantástica película de Lars Von Trier "Bailar en la oscuridad". Para quien no la haya visto, podemos decir que la historia versa sobre una mujer llamada Selma que está perdiendo la vista a causa de una enfermedad que su hijo también padece, ya que es hereditaria. Trabaja a destajo para sacar los pocos ahorros que puede para llevar a cabo la operación que puede salvar de la enfermedad a su hijo dada su temprana edad. Viven en un remolque en un jardín de la aparentemente típica familia acomodada americana y sufren por sobrevivir en ese mundo que no está diseñado a sus necesidades. Pero Selma tiene un reducto de felicidad dentro de tanto dolor. Cuando las cosas se ponen mal, ella sueña que se encuentra dentro de un musical, porque "en los musicales, nunca ocurre nada malo".
Cada vez que cierro algo con alguien, mi mente se pone a recordar los momentos más maravillosos que he vivido con esa persona. Y además, lo acompaño con la canción que desde entonces va a quedar atada en mi recuerda a esa persona. De mi primer (y único) novio, guardo los recuerdos ligados a la canción "I belong to you" que cantan juntos Anastacia y Eros Ramazzotti, que escuché junto a él la primera noche en que nos vimos. Era su favorita, y desde entonces no puedo escucharla sin recordarle. Y con esto no digo que le eche de menos o que le añore. Ni mucho menos. Simplemente, que él forma parte de mi recuerdo (sea éste bueno o malo) y lo asocio a una canción que para mí tiene un significado distinto al del resto de los mortales.
Ayer me despedí del ángel de los ojos de color miel. Me he cansado de esperar una respuesta que sabía que nunca iba a llegar. Así que le dije que adiós, que me había encantado conocerle y que ojalá algún día volviéramos a vernos, pero sólo si el azar pretendía reencontrarnos presumiblemente en algún local de Chueca. La verdad es que la idea del reencuentro con personas que fueron especiales en tu vida tiempo atrás siempre me ha atraído, porque siempre he tenido miedo de desligarme del pasado, que lo vivido atrás sólo permaneciera en mi recuerdo. Con el regreso al presente de aquel espectro que habitaba en nuestra memoria, uno quizá vuelve a sentir todo aquello que confeccionó nuestra experiencia pasada. No sé si lo volveré a ver, ni siquiera sé si quiero. Todo lo debo dejar al servicio del guionista de mi musical. La canción que le ata a su recuerdo es "Dulce locura" de La Oreja de Van Gogh, porque es la canción que sonaba cuando le llamaba al móvil y una de las canciones que bailamos aquella gran noche que disfrutamos juntos.
Ayer volví a ver en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la película de temática gay canadiense "C.R.A.Z.Y.". El protagonista de la película se mueve entre la intolerancia de su padre hacia su sexualidad y su propia represión con canciones de David Bowie, Pink Floyd, Rolling Stone o Patsy Cline.
Todos vivimos al fin y al cabo dentro de un musical, y todos estamos algo locos, buscando en un mundo imaginario aquello que carecemos en el real.
Cada vez que cierro algo con alguien, mi mente se pone a recordar los momentos más maravillosos que he vivido con esa persona. Y además, lo acompaño con la canción que desde entonces va a quedar atada en mi recuerda a esa persona. De mi primer (y único) novio, guardo los recuerdos ligados a la canción "I belong to you" que cantan juntos Anastacia y Eros Ramazzotti, que escuché junto a él la primera noche en que nos vimos. Era su favorita, y desde entonces no puedo escucharla sin recordarle. Y con esto no digo que le eche de menos o que le añore. Ni mucho menos. Simplemente, que él forma parte de mi recuerdo (sea éste bueno o malo) y lo asocio a una canción que para mí tiene un significado distinto al del resto de los mortales.
Ayer me despedí del ángel de los ojos de color miel. Me he cansado de esperar una respuesta que sabía que nunca iba a llegar. Así que le dije que adiós, que me había encantado conocerle y que ojalá algún día volviéramos a vernos, pero sólo si el azar pretendía reencontrarnos presumiblemente en algún local de Chueca. La verdad es que la idea del reencuentro con personas que fueron especiales en tu vida tiempo atrás siempre me ha atraído, porque siempre he tenido miedo de desligarme del pasado, que lo vivido atrás sólo permaneciera en mi recuerdo. Con el regreso al presente de aquel espectro que habitaba en nuestra memoria, uno quizá vuelve a sentir todo aquello que confeccionó nuestra experiencia pasada. No sé si lo volveré a ver, ni siquiera sé si quiero. Todo lo debo dejar al servicio del guionista de mi musical. La canción que le ata a su recuerdo es "Dulce locura" de La Oreja de Van Gogh, porque es la canción que sonaba cuando le llamaba al móvil y una de las canciones que bailamos aquella gran noche que disfrutamos juntos.
Ayer volví a ver en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la película de temática gay canadiense "C.R.A.Z.Y.". El protagonista de la película se mueve entre la intolerancia de su padre hacia su sexualidad y su propia represión con canciones de David Bowie, Pink Floyd, Rolling Stone o Patsy Cline.
Todos vivimos al fin y al cabo dentro de un musical, y todos estamos algo locos, buscando en un mundo imaginario aquello que carecemos en el real.