LO INTENTO
Estoy tratando de salir de esta oscuridad pero me está costando desprenderme de la autocompasión y la culpa, un traje que se ha pegado como una segunda piel.
NUEVAMENTE A LA DERIVA
Mis propósitos no son tan firmes como me estaba creyendo. Me siento derrotado, ya conocéis mi vena dramática...
Miro a mi alredor y sólo veo lo que hago mal, tampoco consigo ver lo positivo del fracaso, ya no me engaño. El paso del tiempo no hace sino consolidar mi derrota. Me he resistido a escribir, pero finalmente me he decidido a sacarlo a la luz. Estoy hundido en el fango de la incompetencia personal, no hay manera de emerger, de salir ... no puedo y ... no me lo permito a mí mismo, lo sé. Soy el ojo que me ve veinticuatro horas al día, que sabe lo que hago y lo que dejo de hacer, que sabe lo que pienso, lo que siento, el que me devuelve la imagen del espejo, no va a dejarme nunca, va a estar ahí siempre, esperando para regodearse con mis errores, con mis fallos, recordandome constantemente quién soy en realidad, culpandome de lo que ocurre a mi alrededor, de lo que podía hacer y no hago, de lo que podía decir y no digo, de lo que podía sentir y no siento...
La desolación va apoderandose de mí, por dentro, lo cubre todo, y se lo estoy permitiendo, incluso le ayudo a invadirme, ya no me resisto, no me revelo, más bien me doblego sumiso y me pisoteo ... no valgo nada porque me he defraudado a mí mismo y no me lo perdono, no, para eso soy implacable. Por eso no escribo, porque no lo merezco, ¿para qué? no os engañéis, de este fango no voy a salir, me he atrapado y no me voy a dejar salir, ahí voy a quedarme... quieto, inmóvil, esperando un rayo de luz que me indique algún camino. Véis por qué no podré salir? porque al fango no llega la luz.
Miro a mi alredor y sólo veo lo que hago mal, tampoco consigo ver lo positivo del fracaso, ya no me engaño. El paso del tiempo no hace sino consolidar mi derrota. Me he resistido a escribir, pero finalmente me he decidido a sacarlo a la luz. Estoy hundido en el fango de la incompetencia personal, no hay manera de emerger, de salir ... no puedo y ... no me lo permito a mí mismo, lo sé. Soy el ojo que me ve veinticuatro horas al día, que sabe lo que hago y lo que dejo de hacer, que sabe lo que pienso, lo que siento, el que me devuelve la imagen del espejo, no va a dejarme nunca, va a estar ahí siempre, esperando para regodearse con mis errores, con mis fallos, recordandome constantemente quién soy en realidad, culpandome de lo que ocurre a mi alrededor, de lo que podía hacer y no hago, de lo que podía decir y no digo, de lo que podía sentir y no siento...
La desolación va apoderandose de mí, por dentro, lo cubre todo, y se lo estoy permitiendo, incluso le ayudo a invadirme, ya no me resisto, no me revelo, más bien me doblego sumiso y me pisoteo ... no valgo nada porque me he defraudado a mí mismo y no me lo perdono, no, para eso soy implacable. Por eso no escribo, porque no lo merezco, ¿para qué? no os engañéis, de este fango no voy a salir, me he atrapado y no me voy a dejar salir, ahí voy a quedarme... quieto, inmóvil, esperando un rayo de luz que me indique algún camino. Véis por qué no podré salir? porque al fango no llega la luz.
SIETE DE MAYO
Hoy cumplo 44 años ... de despiste
EN TIERRA FIRME
Firme propósito de seguir adelante, de caminar, aunque con frecuencia no sepa hacia dónde camino...