El gran día
Son las siete de la mañana cuando suena el teléfono. Le advertí que no me gusta hablar por teléfono, simplemente porque no me gusta mi voz. a lo cuál me respondió:
Me has despertado la curiosidad con lo de tu voz, aunque no me creo nada; despues de lo de normalito, feo, las orejas, ojos, etc ... Creo que en cuanto me descuido aparece ese lado autonegativo que borra esa sonrisa que intento encender.
Lo primero que me dice es que mi voz no tiene nada de malo, es suave y le gusta. Me dice que también está nervioso pero con muchas ganas de conocerme. Me explica dónde trabaja y resulta que su trabajo está a cinco minutos del mío, así que quedamos que paso a recogerle a las 14:30.
Durante la comida le relato (resumidamente) algo similar a lo que he hecho en este blog. Eso sí, alguna anécdota que no había comentado antes ... y como es de suponer lo hago ahora mismo,,,,
como cuando se me rompió la llave del coche: Fui a la playa nudista y después de pasar un buen rato con un tío estupendo regresé al coche para volvar al trabajo, ya que había utilizado el tiempo de comer en otras actividades. Desde que me pasó lo del robo, procuraba dejar en el maletero del coche todo lo de valor, incluido mi nuevo móvil. Cuando llegué al coche, introduje la llave (el coche no tenía mando a distancia, bastante que andaba...) y plaf, se partió de la misma, sin previo aviso. JODER! no tenía ni móvil, ni dinero, ni nada. Así que tuve que volver a la playa y le pedí al tipo estupendo que me dejara hacer una llamada desde su móvil (le expliqué el pequeño accidente y la situación) y claro, llamé a mi mujer para que viniera a rescatarme con otra llave. Tuve que improvisar una versión convincente de los hechos y todo quedó en un incidente sin importancia.
o me dejé las llaves dentro del coche en el área de servicio, la que estaba a 80 kilómetros. Aquello fue más comprometido, ya que estaba a las siete de la tarde a 80 km de casa cuando se suponía que estaba en la oficina. Gracias a un camionero habilidoso que me ayudó desmontando un cristal, pude llegar a tiempo al taller, repararme el cristal y pasar a recoger a los niños antes de que llegara mi mujer de trabajar, todo en tiempo record.
o cuando me pincharon las cuatro ruedas... cosas que pasan que peor podría haber sido porque tuve la suerte de que no se me deshincharon todas a la vez.... primero fueron dos y luego las otras dos. Aquello quedó como una gamberrada de mal gusto, aunque en realidad creo que fue un tipo con el que no me apeteció "intimar" y rechacé por estar con otro, porque sólo en el tiempo que estuve "ocupado" estuve fuera del coche.
Pero voy a dejar las anécdotas para otro momento.
El momento de vernos fue divertido. Nos habíamos mandado foto, pero de la foto a la realidad siempre hay diferencias. La primera impresión fue positiva, aunque me lo había imaginado de otro modo, ni mejor ni peor.
El nerviosismo pasó enseguida y me sentía a gusto y cómodo. Lo primero que reconocimos fue que eramos un par de impulsivos, incluso él fue más allá, dijo que nos comportabamos como dos esquizos sin medicar. Él decía que teníamos mucho en común en cuanto a modo de ser y que le parecía que podíamos congeniar.
La comida transcurrió entre confidencias y dar respuesta a diferentes curiosidades. En un momento dado, mientras comíamos el segundo plato, sentí su rodilla contra la mía y por un momento me sentí incómodo, pues como él había insistido tanto en ser amigos y nada más que amigos, no quería que interpretara mal el roce que estabamos teniendo, pero al mismo tiempo era indudable que el roce era puramente casual y que darle alguna importancia sería estúpido por mi parte. Pero así todo pasé un rato acalorado. Después de comer paseamos hasta las 16:30, ya que yo tenía que volver a esa hora a casa, a tiempo para recoger a mi hija del colegio.
Fueron unas horas especiales y quedamos en vernos el miércoles, ya que yo esa tarde trabajaba y podía quedar con él hasta las 20:30.
Cuando estuve de reposo, instalé el portátil en el salón de casa y todavía no lo había vuelto a colocar en el despacho, donde tenía la instación fija de internet, con lo que aprovechaba cualquier momento para entrar fugazmente en messenger para ver si se había conectado o tenía algún mensaje. Mientras los niños se lavaban los dientes yo me conecté y allí estaba él que había hecho lo mismo que yo, conectarse clandestinamente. Un breve ¿qué tal? te ha gustado lo que has visto? y un "creo que seremos buenos amigos". Realmente estaba ansioso y tuve que esforzarme en controlarme.
Yo llevaba ya unos días dándole vueltas al asunto y pensé que en esta ocasión quería que esta amistad que empezaba fuera real y que este amigo estuviera presente en mi vida y no fuera una relación clandestina.
Hacía apenas unos días, hablando con otro ciberamigo, casado como yo, con una hija, decíamos que estaría bien tener un amigo que a la vez formara parte de nuestra vida, alguien que estuviera eternamente en el anonimato. A ambos nos pesaba estar constantemente ocultando aspectos de nuestra vida por miedo a ser descubiertos, así que decidí que él formaría parte de mi vida.
Dio la casualidad de que él es un gran aficionado del patinaje desde hace unos años y eso me dio la idea de que yo podía aficionarme. En ocasiones había comentado con mi mujer que me gustaría aprender a patinar, sobre todo cuando los niños patinaban, así que le dije que había contactado con un patinador por internet y que se había ofrecido a enseñarme, lo cuál era del todo cierto. Aquello me dejó tranquilo, ya que por una vez en años vivía una situación que no era clandestina... no al 100%, ya que ambos guardabamos un secreto común.
En su caso era diferente, porque su pareja era un chico, pero ambos buscabamos una amistad muy especial y sobre todo complicidad.
As´´i y todo, yo no quería dar demasiada importancia a esta amistad, que en mi caso era muy novedoso, ya que yo fuera de la familia y el trabajo, no tenía amigos. Pero sí dije en casa que aquél miércoles iba a empezar a patinar, lo cuál sorprendió también a mis hijos, quienes quisieron saber con natural curiosidad quién me iba a enseñar, así que hice una descripción del individuo en cuestión con sus datos reales.
Pero aquel lunes, mientras los niños se lavaban los dientes, hablaba furtivamente y me sentía ilusionado. Después, cuando mi mujer y yo veíamos la tele, yo estaba en una página de jardinería, que es otra de mis aficiones y aproveché para enviarle un mensaje explicándole la situación de la pierna y me emocioné cuando recibí la respuesta.
… si esto llega a ser algo más que amistad,
prométeme que será eso, precisamente más,
no algo que la sustituya, sino que la supere ...Aquel día me costó conciliar el sueño, porque como en otras ocasiones (no me avergüenza decirlo) mi imaginación volaba a su libre albedrío y ya imaginaba que llegaríamos a ser grandes amigos, compartiendo aficiones y vivencias. Estaba impaciente por volver a verle y pensaba que esperar hasta el miércoles era mucho tiempo...
Me dieron cerca de las tres soñando y al seis de la mañana me despertó el sonido del despiadado despertador, perop aquél día salté literalmente de la cama con una sonrisa en los labios.
Me has despertado la curiosidad con lo de tu voz, aunque no me creo nada; despues de lo de normalito, feo, las orejas, ojos, etc ... Creo que en cuanto me descuido aparece ese lado autonegativo que borra esa sonrisa que intento encender.
Lo primero que me dice es que mi voz no tiene nada de malo, es suave y le gusta. Me dice que también está nervioso pero con muchas ganas de conocerme. Me explica dónde trabaja y resulta que su trabajo está a cinco minutos del mío, así que quedamos que paso a recogerle a las 14:30.
Durante la comida le relato (resumidamente) algo similar a lo que he hecho en este blog. Eso sí, alguna anécdota que no había comentado antes ... y como es de suponer lo hago ahora mismo,,,,
como cuando se me rompió la llave del coche: Fui a la playa nudista y después de pasar un buen rato con un tío estupendo regresé al coche para volvar al trabajo, ya que había utilizado el tiempo de comer en otras actividades. Desde que me pasó lo del robo, procuraba dejar en el maletero del coche todo lo de valor, incluido mi nuevo móvil. Cuando llegué al coche, introduje la llave (el coche no tenía mando a distancia, bastante que andaba...) y plaf, se partió de la misma, sin previo aviso. JODER! no tenía ni móvil, ni dinero, ni nada. Así que tuve que volver a la playa y le pedí al tipo estupendo que me dejara hacer una llamada desde su móvil (le expliqué el pequeño accidente y la situación) y claro, llamé a mi mujer para que viniera a rescatarme con otra llave. Tuve que improvisar una versión convincente de los hechos y todo quedó en un incidente sin importancia.
o me dejé las llaves dentro del coche en el área de servicio, la que estaba a 80 kilómetros. Aquello fue más comprometido, ya que estaba a las siete de la tarde a 80 km de casa cuando se suponía que estaba en la oficina. Gracias a un camionero habilidoso que me ayudó desmontando un cristal, pude llegar a tiempo al taller, repararme el cristal y pasar a recoger a los niños antes de que llegara mi mujer de trabajar, todo en tiempo record.
o cuando me pincharon las cuatro ruedas... cosas que pasan que peor podría haber sido porque tuve la suerte de que no se me deshincharon todas a la vez.... primero fueron dos y luego las otras dos. Aquello quedó como una gamberrada de mal gusto, aunque en realidad creo que fue un tipo con el que no me apeteció "intimar" y rechacé por estar con otro, porque sólo en el tiempo que estuve "ocupado" estuve fuera del coche.
Pero voy a dejar las anécdotas para otro momento.
El momento de vernos fue divertido. Nos habíamos mandado foto, pero de la foto a la realidad siempre hay diferencias. La primera impresión fue positiva, aunque me lo había imaginado de otro modo, ni mejor ni peor.
El nerviosismo pasó enseguida y me sentía a gusto y cómodo. Lo primero que reconocimos fue que eramos un par de impulsivos, incluso él fue más allá, dijo que nos comportabamos como dos esquizos sin medicar. Él decía que teníamos mucho en común en cuanto a modo de ser y que le parecía que podíamos congeniar.
La comida transcurrió entre confidencias y dar respuesta a diferentes curiosidades. En un momento dado, mientras comíamos el segundo plato, sentí su rodilla contra la mía y por un momento me sentí incómodo, pues como él había insistido tanto en ser amigos y nada más que amigos, no quería que interpretara mal el roce que estabamos teniendo, pero al mismo tiempo era indudable que el roce era puramente casual y que darle alguna importancia sería estúpido por mi parte. Pero así todo pasé un rato acalorado. Después de comer paseamos hasta las 16:30, ya que yo tenía que volver a esa hora a casa, a tiempo para recoger a mi hija del colegio.
Fueron unas horas especiales y quedamos en vernos el miércoles, ya que yo esa tarde trabajaba y podía quedar con él hasta las 20:30.
Cuando estuve de reposo, instalé el portátil en el salón de casa y todavía no lo había vuelto a colocar en el despacho, donde tenía la instación fija de internet, con lo que aprovechaba cualquier momento para entrar fugazmente en messenger para ver si se había conectado o tenía algún mensaje. Mientras los niños se lavaban los dientes yo me conecté y allí estaba él que había hecho lo mismo que yo, conectarse clandestinamente. Un breve ¿qué tal? te ha gustado lo que has visto? y un "creo que seremos buenos amigos". Realmente estaba ansioso y tuve que esforzarme en controlarme.
Yo llevaba ya unos días dándole vueltas al asunto y pensé que en esta ocasión quería que esta amistad que empezaba fuera real y que este amigo estuviera presente en mi vida y no fuera una relación clandestina.
Hacía apenas unos días, hablando con otro ciberamigo, casado como yo, con una hija, decíamos que estaría bien tener un amigo que a la vez formara parte de nuestra vida, alguien que estuviera eternamente en el anonimato. A ambos nos pesaba estar constantemente ocultando aspectos de nuestra vida por miedo a ser descubiertos, así que decidí que él formaría parte de mi vida.
Dio la casualidad de que él es un gran aficionado del patinaje desde hace unos años y eso me dio la idea de que yo podía aficionarme. En ocasiones había comentado con mi mujer que me gustaría aprender a patinar, sobre todo cuando los niños patinaban, así que le dije que había contactado con un patinador por internet y que se había ofrecido a enseñarme, lo cuál era del todo cierto. Aquello me dejó tranquilo, ya que por una vez en años vivía una situación que no era clandestina... no al 100%, ya que ambos guardabamos un secreto común.
En su caso era diferente, porque su pareja era un chico, pero ambos buscabamos una amistad muy especial y sobre todo complicidad.
As´´i y todo, yo no quería dar demasiada importancia a esta amistad, que en mi caso era muy novedoso, ya que yo fuera de la familia y el trabajo, no tenía amigos. Pero sí dije en casa que aquél miércoles iba a empezar a patinar, lo cuál sorprendió también a mis hijos, quienes quisieron saber con natural curiosidad quién me iba a enseñar, así que hice una descripción del individuo en cuestión con sus datos reales.
Pero aquel lunes, mientras los niños se lavaban los dientes, hablaba furtivamente y me sentía ilusionado. Después, cuando mi mujer y yo veíamos la tele, yo estaba en una página de jardinería, que es otra de mis aficiones y aproveché para enviarle un mensaje explicándole la situación de la pierna y me emocioné cuando recibí la respuesta.
… si esto llega a ser algo más que amistad,
prométeme que será eso, precisamente más,
no algo que la sustituya, sino que la supere ...Aquel día me costó conciliar el sueño, porque como en otras ocasiones (no me avergüenza decirlo) mi imaginación volaba a su libre albedrío y ya imaginaba que llegaríamos a ser grandes amigos, compartiendo aficiones y vivencias. Estaba impaciente por volver a verle y pensaba que esperar hasta el miércoles era mucho tiempo...
Me dieron cerca de las tres soñando y al seis de la mañana me despertó el sonido del despiadado despertador, perop aquél día salté literalmente de la cama con una sonrisa en los labios.