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EXPERIENCIA EN SEVILLA
Antes de nada quiero aclarar que me considero un tipo de lo mas normal (teniendo en cuenta que segun mi propia teoria lo mas normal es que a la inmensa mayoria de los tios le gustaria liarse alguna vez con otro tio) Así que yo estoy dentro de ese alto porcentaje de chavales que mantienen una vida completamente heterosexual, que incluso tienen cierta fama de ligones con las tias (estoy saliendo con una chavala bastante guapa), pero que en lo mas intimo de sus pensamientos y deseos esta el montarselo con algun tio de vez en cuando.

El problema es que entre que la vida heterosexual exige unos comportamientos y que las oportunidades de llevar a la practica las fantasias con otro tio brillan por su ausencia un servidor tiene que matarse a pajas cuando se decide a pensar en un amigo en vez de una tia.

Yo no es que pueda decir que no tengo experiencias de cama con otro chaval pues mentiria, pero lo cierto es que puedo contar esas experiencias con los dedos de una mano y me sobran 2 dedos.

La primera vez con un tio fue terminando el instituto, con mi mejor amigo, de esos amigos que lo son desde chiquititos, y despues se hacen inseparables. Los 2 estudiabamos muchas veces juntos los examenes, pues a parte de aydarnos mutuamente en algunas asignaturas nos resultaba mas agradable. La verdad es que este chico esta buenisimo y a mi me encantaba verlo en calzoncillos o en pelotas en el vestuario del colegio cuando haciamos gimnasia. Alguna vez nos habiamos masturbado juntos viendo una peli porno (heterosexual) pero cada uno con su rabo, y ademas habia otros chicos. Bueno el caso es que era de madrugada, estabamos solos en mi casa, era sabado y hacia calor, mis padres y demas se habian ido a la playa a pasar el fin de semana. Estudiabamos los examenes de selectividad y andabamos cansados. Dejamos de estudiar a eso de las 3 de la mañana y nos pusimos a beber cubatas y escuchar musica.La verdad es que estabamos un poco bebidos pero sabiamos muy bien lo que haciamos. Nos pusimos a jugar al poker y al rato a el se le ocurrio que podiamos apostarnos ropa en vez de garbanzos (que era lo que estabamos utilizando). A mi me parecio bien teniendo en cuanta que estaba mas caliente que el palo de un churrero, y que mi amigo me gustaba, asi que me encantaria verlo ligerito de ropa.
Bueno todo transcurrio normalmente (y la temperatura de mi cuerpo cada vez mas alta). Era una situacion muy morbosa eso de ir perdiendo ropa y que el otro tambien fuese desprendiendose de la camiseta, los calcetines, etc. Yo estaba un poco preocupado pues temia que mi amigo comprendiese que a mi me gustaban tambien los tios si me veia el bulto que aparecia en mi entrepierna (pues estaba empalmado y la tenia dura como una piedra). Pero me tranquilice al darme cuenta de que el estaba igual. Mi amigo Javi perdio el pantalon y tuvo que quedarse en calzoncillos. Por mucho cuidado que tuvo no pudo impedir que bajo la tela de su calzoncillo se notase que estaba con la polla tiesa, y eso solo podia significar que a el tambien le iba el rollo.

No se muy bien como nos atrevimos a proponernos a hacernos una paja el uno al otro, y eso hicimos. Fue la primera vez que le cogia la polla a un tio y ese tio era mi mejor amigo y ademas me gustaba un monton (despues Javi me confeso que yo a el tambien).

La segunda vez fue tambien con mi amigo. Tampoco fue premeditado (aunque los dos hicieramos lo posible porque ocurriese).
Esta vez nos trevimos a ahcer mas cosas, pues queriamos comprobar hasta que punto nos gustaba todo esto, y deseabamos experimentar la mayoria de nuestras fantasias (los dos teniamos imaginacion y dese hacia tiempo manteniamos ciertas fantasias sobre que hacer con otro tio).
Pasamos toda lo noche juntos, nos besamos en la boca (fue muy excitante), nos chupamos mutuamente la polla, hicimos nuestro primer 69 -por mi parte el unico con un tio-, nos abrazamos, nos chupamos los huevos, el culo, etc ¡en fin! cro que hicimos de todo excepto la penetracion.
Con mi amigo disfrute tanto o mas que cuando lo hacia con mi novia. Mi amigo tambien tenia novia y no le iba nada mal con ella.

Despues del verano Javi se fue a vivir con su familia a Bilbao (somos de Sevilla) tal como tenian planeado, asi que no pude seguir viendole como hasta entonces, aunque mantenemos el contacto claro.
Actualmente esta en la misma situacion que yo, es decir le encantan las tias pero tambien los chicos.

La tercera experiencia (tercera y ultima hasta el momento) fue en una playa de Rota (Cadiz). A mi me encanta pasear por la playa, a menudo solo, y en Rota hay una playa preciosa, sin urbanizar, enorme con unos grandisimos pinares que solo estan separados de la arena y el mar por una gran duna movil, similar a las que hay en Doñana. Bueno pues era por la tarde y se me ocurrio subir a las dunas y bajar hasta los pinos. Eso hice, y al cabo del rato como se estaba alli de maravilla me tumbe en la arena bajo un pino.
Al rato de estar alli aparecio un chaval de unos 20 ó 21 años, guapisimo que me pidio fuego, yo no tenia asi que el chaval se disculpo y se fue, pero se tumbo bajo otro pino a unos diez o quince metros frente a mi. En aquel inmenso pinar no parecia haber nadie mas, y las dunas atenuavan el ruido de las olas o delos coches de la carretera cercana.
Como podeis imaginar mis ojos no quitaban ni un instante de vista al achaval, y mi mente calenturienta empezaba a imaginar montones de cosas.
El chaval tambien se fijaba en mi, pero ninguno de los dos hacia nada mas.
Al rato se levanto y vino hacia mi a preguntarme la hora. Como yo no tenia volvio a irse. Yo creo que el chaval estaba tan cortado o mas que yo. Volvio a pedirme perdon por molestarme y se fue a su pino.
Paso otro buen rato y de repente el tio empezo a sobarse el bañador por la parte de su polla y sus huevos.Parecia que lo hacia distraidamente, y no me miraba a mi, pero estaba clarisimo que comenzaba a masturbarse, y que lo que pretendia era excitarme a mi. Y lo habia conseguido, porque mi polla empezo a crecer bajo la ropa y mi bañador empezo a quedarse pequeño. Yo tamnien me estaba sobando el paquete y asi continuamos hasta que el saco su rabo al aire y ya estaba claro que se estaba haciendo una paja de campeonato.
Bueno yo hice lo mismo y asi otro buen rato super excitante, hasta que el de nuevo tomo la iniciativa y se vino hacia donde yo estaba y me propuso que nos hicieramos esa paja el uno al otro. ¡Por supuesto que acepte! Hacia calor, asi que terminamos desnudos completamente escondidos tras unas matas por si aparecia alguien. Me la chupo pero yo no me anime a chuparsela a el (tonto de mi) me dio algo de palo, pero nos lo pasamos muy bien y la corrida fue bestial.
Fue una buena y excitante experiencia, y la ultima hasta hoy. no es que este buscando desesperadamente tener mas pero confieso que no me importaria repetir.

Me considero un bisexual que mantiene mas relaciones heterosexuales que homosexuales sobre todopor exigencias sociales (digo yo) al menos de momento paso que los mios sepan nada de estos gustos.

Tal vez este verano con Javi pueda pasar algo aunque sospecho que no tendremos mucha ocasion ya que estaran las chicas por aqui, pero la verdad me encantaria, tampoco nos dio mucho tiempo a experimentar una vez que nos descubrimos el secretillo, ya veremos, sin presionar a ver si le insinuo algo si el no lo hace antes, lo que no quiero es rayarle y perder la amistad.

Bueno saludos.

Antonio
 
Mis compañeros de residencia
Era mi tercer año en la universidad, pero el primero en aquella residencia. La habitación estaba bien. Era espaciosa, estaba muy bien equipada y el campus era agradable. Me quedaba muy cerca de la universidad y también del centro, así que no era un mal negocio a pesar del precio.

En la habitación había una pequeña cocina y un fregadero, pero el cuarto de baño lo compartía con los dos chicos de las dos habitaciones de al lado: cada habitación tenía una puerta que daba sobre el baño completo. Aunque estaba bien equipado, no había toda la intimidad que se hubiese podido desear, pero a mis dos compañeros y a mi tampoco nos importaba demasiado.

Mateo es pequeño, delgado y no especialmente musculoso. Tiene unos ojos verdes preciosos y muy especiales, así como turquesa oscuro. Siempre viste muy a la moda (algo pijo si que es) y nadie puede negarme que es muy guapo. Era su primer año en la universidad; estudiaba matemáticas y apenas tenia 17 años.

William es un estudiante inglés. Llevaba un año en la universidad y había decidido quedarse. Tiene una cara un tanto especial. Muchos dirían que es feo: tiene los dientes separados entre si, las orejas de soplillo, es pelirrojo y pecoso. Sin embargo su cara siempre me ha producido un morbo especial. Recuerdo que a veces bromeábamos diciendo que podía presentarse a un casting en las compañías esas que buscan modelos feos. El estaba en cuarto año de Relaciones Internacionales o algo así.

Fue en William en quien me fijé primero. Yo soy bisexual pero nunca me había atrevido a nada con un chico, me había limitado a mis fantasías. No obstante William me producía un morbo terrible y a veces hasta me quedaba un poco como atontado mirandole.

Rápidamente entablamos confianza. Los dos eran muy majos y enseguida hicimos buenas migas. A los diez días de conocernos hicimos la que seria la primera de un gran número de cenas los tres solos aquel año. La hicimos en la habitación de William, que estaba del otro lado del baño frente a mi puerta (la de Mateo daba al baño por uno de los lados).

Mateo se encargó de la comida (bromeamos diciéndole a William que los ingleses no sabían cocinar, aunque luego resultó ser un excelente cocinero). No fue un banquete de boda, pero estaba bueno y lo importante no era la comida sino el ambiente. Nos lo pasamos muy bien los tres juntos y a partir de entonces fuimos casi inseparables.

La rutina de la universidad se instaló rápidamente. Yo tenia cada vez mas cosas que hacer y menos tiempo para hacerlas, pero seguía saliendo con mis amigos, con los colegas de la universidad y con mis dos compañeros de la residencia. Solíamos cenar en la habitación de uno de los tres y luego salir por ahí.

Una noche de finales de octubre hacia mucho frío y decidimos quedarnos en la habitación después de cenar. Bebimos mucho, demasiado. Acabamos los tres diciéndonos lo mucho que nos queríamos tumbados sobre la alfombra de la habitación de Mateo.

Al cabo de un rato Mateo cayó rendido en su cama. Yo era el que estaba en mejor estado –dentro de lo que cabe- y acabé convenciendo a Will para que se fuera a su habitación. Le acompañé y entre risas seguimos hablando un rato. El se había tumbado en su cama, yo estaba tumbado a los pies de ésta, apoyado contra la pared. Al cabo de un rato me di cuenta de que Will se había quedado dormido oyéndome hablar.

Le mandé a la mierda y decidí irme a mi cuarto. Cuando me estaba levantando Will se movió, patoso, y me dio una patada sin querer. Me di cuenta de que llevaba las botas puestas y decidí quitárselos, para que estuviese más cómodo. No fue nada fácil, los cierres eran muy difíciles de abrir (y yo no estaba como para andar descubriendo nuevas formas de desatar zapatos). Ya que estaba, decidí quitarle la camisa para meterle en la cama. Para mi sorpresa, Will no tenía ni un pelo en el pecho. Era más bien blandengue, pero no tenía ni un gramo de grasa de más. Le quité los vaqueros (toda una hazaña en aquellas condiciones).

Hasta entonces había actuado sin malicia. Sin embargo me di cuenta de repente que lo tenia delante de mi casi desnudo e inconsciente. La situación me excitó mucho, pero me volví a mi habitación a regañadientes. Dudé tanto que cuando estaba a punto de echarme en mi cama, cambié de opinión. Volví al cuarto de Will, que estaba iluminado solo con la lámpara de su mesilla de noche. Parecía completamente rendido. Aparté las sabanas, que de todas formas apenas le cubrían y observé su cuerpo delgado y su cara dormida que tanto morbo daba.

Me fijé en sus feos gallumbos rojos. Eran unos bóxer gastados de los que se veían salir algunos pelos rubios y pelirrojos. Solo de estar en esa posición mirando a mi amigo me estaba poniendo bastante caliente, y empecé a notar que se me ponía morcillona. Envalentonado por el calentón y la borrachera me puse de rodillas junto a la cama (para tambalearme lo menos posible) e intenté desabrocharle el bóxer.

Era realmente raro, una especie de pantalón corto demasiado largo. Tenia botones desde arriba del todo hasta abajo, lo que hacia que se abriese como un verdadero pantalón. Comencé a desabotonar el bóxer intentando que lo notara lo menos posible. Al cabo del tercer botón empecé a ver la base de su pene envuelto en abundante pelo. A medida que seguía bajando y desabrochando los botones me daba cuenta de algo que me dejo de piedra: el tamaño de su pene.

Estaba completamente en reposo y aun así era muy ancho y largo. Acabe por desabrocharle todos los botones y aun así no conseguía verle la punta de la polla. Es la mayor polla que haya visto nunca. Deseando verla entera, me decidí a sacársela de los gallumbos. Entonces entendí por qué esa prenda era tan larga: era la única forma de cubrir semejante herramienta. Al sentir el contacto con mi mano su verga reaccionó y se puso morcillona. Le aparte un poco la piel y se la meneé apenas. Se puso completamente recta, apuntando al techo. La verdad es que erecta tenía un tamaño apenas superior a su estado de reposo; la diferencia es que ahora estaba muy dura. Intenté abarcarla con la mano y no lo conseguí.

Yo no podía más de la excitación, pero no me atrevía a hacerle nada más por temor a que se despertase. Me abrí los pantalones y me bajé los calzoncillos. El simple hecho de tener aquel espectáculo delante de mi hacia que aquella fuese la mejor paja que me había hecho hasta entonces. Su polla estaba a apenas unos centímetros de mi cara, brillante, palpitante, aromática, jugosa. No pude resistirlo y sin dejar de masturbarme acerqué mi boca a aquella gominola maravillosa. Apenas la toqué con mi golosa lengua y Will resopló y cambio de postura. Mi corazón dio un vuelco.

No se había despertado pero yo tenía el corazón desbocado. Además ahora me daba la espalda, así que solo veía su culo rosado. Acabé por irme a mi habitación para acabar con la paja que había empezado y para tranquilizarme un poco. Estaba tan excitado que me la casqué dos veces antes de que se me pasara realmente el calentón.

Para entonces mi borrachera ya se había pasado y yo decidí volver a su habitación: tenia que tapar la prueba del delito. Con sumo cuidado, conseguí que volviese a tumbarse sobre la espalda. Su "soldado" había perdido fuerza pero como reaccionaba cada vez que lo tocaba, me costo bastante meterlo de nuevo en su "garita". Por fin cerré el último botón.

Lo miré una vez más, tumbado tranquilamente en su cama, como un feliz duende gigante. Apagué la luz. Y esta vez si, me fui a acostar a mi habitación.


Mis compañeros de residencia (2)

No olvidaré nunca la noche en que vi desnudo a Will en su habitación. Después de ese día hasta me costaba guardar la compostura y no dejaba de sorprenderme a mi mismo mirándole el paquete a mi amigo.

Pero la vida seguía adelante, como pasa siempre. Los días se hacían mas cortos, los catarros más frecuentes y la gente se había acostumbrado a la rutina. Ese otoño estaba siendo realmente agotador y soso, tanto para mí como para Mateo, mi otro compañero de la residencia. Mateo empezaba a estar un poco deprimido. Llevaba 15 días estando algo raro y silencioso. Aunque teníamos bastante confianza, a mi me costaba preguntarle qué le preocupaba y él no parecía estar por la labor de darme ninguna pista. La primera semana de diciembre organizaron en la residencia una fiesta con la excusa de decorar el árbol de Navidad de la sala común. Esas fiestas nunca me han gustado demasiado, pero me pareció interesante invitar a Mateo, para intentar sacarle de su habitación y animarle.

El se negó desde el principio. Y yo insistí desde el principio. La víspera de la fiesta yo volvía de clase por la tarde cuando me lo encontré en el cuarto de baño, afeitándose.

Buenas… -saludé-

Hola –me miro a través de mi reflejo en el espejo y me lanzo una tímida sonrisa-.

¿Qué? Poniéndote guapo para la fiesta de mañana –aproveché la situación-.

Ya te he dicho que no voy a ir… -resoplo, impaciente-

Chico, ven aunque solo sea por un rato. Los franceses van a preparar vino caliente. Nunca lo he probado, ¿tu si? –su rictus inmutable significaba que no- ¿Y no te apetece descubrir como sabe?

El sacudió la navaja de afeitar para aclararla.

No, ya lo haré en otra ocasión.

Venga, si yo tampoco pienso quedarme mucho tiempo. Lo justo para ir allá, probar el vino ese, estar un rato y volver. De todas formas al día siguiente tengo clase.

Pues que te acompañe Will –miraba al lavabo quitando pelos-

Iba a responder cuando Will entro en el cuarto de baño, sonriente como siempre.

¿Qué decís de mi?

Nada, le decía a éste –contesto Mateo señalándome con la cabeza- que si quería ir con alguien a lo del árbol, que fuese contigo.

Lo siente, chicos…

Siento –corrigió Mateo, que se pasaba el día corrigiendo a Will, de mutuo acuerdo entre ellos-

Eso mismo –acepto Will-. Lo siento pero no iré mañana. -Me giré hacia él en guisa de pregunta-. ¡He conseguido ligar con Fernanda, la portuguesa de la que os hablo!

Hablé –corrigió Mateo-

Eso –reconoció Will-

¡Enhorabuena! –le di una palmada en el hombro pensando en la suerte que tenia la tal Fernanda-

Vamos a cenar mañana.

Entonces tienes que venir conmigo –repliqué a Mateo-.

¡Qué pesado eres! ¡Si ya ves que no va a ir nadie! –me respondió-

Pues razón de más para venir conmigo… Sino solo van a estar los pijos y los italianos hablando entre ellos y va a ser un tostón.

No piensas dejarme en paz, ¿verdad? –se giró para mirarme directamente. En su cara triste sus ojos casi turquesa brillaban un poco. De pié, desnudo de cintura para arriba, con los pelos revueltos, Mateo estaba guapísimo.

No –sonreí de oreja a oreja-

Entonces iré contigo –se resigno mientras volvía a mirarse en el espejo-. Pero solo un rato.

¡Así me gusta!


Al día siguiente fuimos los dos al salón hacia las 21h30. Acababa de empezar la música y el árbol llevaba listo desde las 6 de la tarde, como suele pasar en esas reuniones. No estaba nadie de con los que nos hablábamos, así que nos serví un poco del vino caliente –dulzon pero muy bueno- y nos sentamos en un sofá.

Mateo no se había arreglado mucho pero estaba guapísimo. Vestido muy "casual", como dicen los ingleses, parecía un modelo. Al principio casi no hablamos, pero acabamos entablando la conversación que a mi tanto me intrigaba:

¿Vas a decirme por qué estás tan mustio?

No preguntes, no podrías entenderlo…

¿Por qué?

Esperó un rato para contestar, como dudando de si quería hablar de eso o no. Levanto sus preciosos ojos de niño bueno y triste y me miro directamente a los míos.

Tu eres guapo… -empezó a decirme-, listo, simpático, te llevas bien con todo el mundo…

¡Pero que dices! –le interrumpí-.

Siempre estás hablando con alguien, tienes buenos amigos, nunca estás solo.

Yo no sabía qué decir.

¿Te sientes solo? –le pregunté-.

Pues si –dirigió su mirada al fondo de su vaso de plástico, en el que quedaba un cacho de naranja-. Nunca he salido con nadie. Me he mudado tanto que los pocos amigos que he conservado, apenas los veo de vez en cuando. Y estas navidades volveré a pasarlas con mis tíos –los padres de Mateo murieron en un accidente de trafico hace años-. Serán como todas las demás, deprimentes.

No sabía qué contestar a eso. Me acerqué y le toqué el cuello y los hombros con una mano. El volvió a mirarme.

Todo el mundo se siente así de vez en cuando –dije-.

Me lo imagino. Pero no entiendo en qué fallo: hay algo que hace que nadie se fije en mí.

No digas tonterías, estás guapísimo –le afirmé, sincero. El volvió a mirar el cadáver descuartizado de la naranja-.

Pero eso da igual. No le caigo bien a nadie. Nunca nadie se ha enamorado de mí.

No estoy de acuerdo. Siempre estas bromeando y sabes un montón de cosas. Hablar contigo es descubrir un montón de cosas. Lo que pasa es que el amor es difícil de encontrar –Hice una pausa-. No sé como puedes buscarlo, pero debes ser tú mismo y el resto llegara.

Estoy cansado de esperar…

Lo entiendo.

… y creo que ya me gusta alguien.

Ah, ¿si? ¿Quien? –dije sonriendo y dándole una palmada en el hombro-.

No te lo puedo decir. Pero esa persona se interesa por otro, no tengo posibilidad alguna.

¿Sale ya con él?

No, no.

Pues entonces, lánzate! Tienes que encontrar la forma de enamorar a esa persona.


Nos sonreímos. Al cabo de 20 minutos volvimos a nuestras habitaciones. Me eché en la cama pensando en lo encantador que era Mateo. Y me dormí.


Al día siguiente la mañana fue soleada y fría. Mi habitación daba al este, así que me despertó el amanecer. Tenía clase pero seria bastante tarde, así que no tenía prisa. Al principio lo miré sin verlo. Luego me di cuenta de que lo que estaba encima del escritorio no era mío: de pié, apoyado contra la pared, había un cuaderno. En la portada había una foto de una tormenta en el paseo marítimo de la ciudad en la que estudio (me encanta el mar).

Me levanté sin entender, fui descalzo hasta el escritorio, cogi el cuaderno y volví a la cama. Lo abrí por la primera página. La letra era bonita, escrita con pluma. Decía:


No sabes quien soy. Solo puedo decirte que me he fijado en ti pero apenas te conozco y me gustaría conocerte mejor. Como no me atrevo a hablar contigo, y aunque esto te parecerá una locura, me gustaría que me contestases a lo que te estoy escribiendo. Si lo haces, deja el diario en la taquilla 22 de la estación de autobuses (la llave está pegada detrás. Guárdatela, yo tengo otra).

Un abrazo.


Yo estaba alucinado, claro. Cualquiera había podido entrar en mi habitación (tengo la mala costumbre de no cerrar la puerta con llave) pero estaba claro que la persona podía entrar en la residencia… o que conocía a alguien que podía.

Por curiosidad, yo respondí tal y como la persona desconocida había dicho (poca gente puede decir que hable con sus admiradores secretos, al fin y al cabo). Así mantuvimos el contacto por el diario durante dos semanas. Todas las mañanas yo dejaba el diario en la estación, y todas las noches lo recuperaba. Siempre habían escrito algo. Hablábamos de banalidades, en realidad, nada importante. Cada uno divagaba de las impresiones o pensamientos que se había hecho a lo largo del día, de una forma muy platónica.

Dudé durante mucho tiempo, pero tenía la sensación de que era un tío el que escribía. ¿Will? No, porque no había faltas. Al aparecer el diario después de hablar con Mateo, se me ocurrió que fuese él, pero no reconocí su letra. Podía se cualquier otra persona de la residencia. Yo empecé a obsesionarme. Me encantaba aquella relación, pero me inquietaba al mismo tiempo. A raíz de mi paranoia creciente, el día antes de las vacaciones de Navidad escribí en el diario:


Quiero verte, quiero conocerte. Eso no significa que me gustes, pero estoy harto de preguntarme quien eres. Miro a todo el mundo como si fueras tú. Debemos vernos. Quedamos esta tarde a las 6 donde la foto de la portada. Si no vienes, no volveré a escribir.

Hasta esta tarde.


Ese día fui a clase pero estaba tan nervioso que no aguanté más y acabé volviendo a casa. Will estaba preparando la maleta para irse a Inglaterra durante las vacaciones. Mateo estaba en la universidad. Estaba tan nervioso que hablé de lo del diario con Will. El alucinaba y se reía sin parar. Pasamos dos horas imaginando quien podía ser.

Al fin llegaron las cinco y media. Bajé de la habitación y cogi el tranvía. Casi llego tarde. Busqué el banco que aparecía en la portada del diario y me senté. El mar estaba un poco revuelto y todo se parecía mucho a la imagen del diario. Yo sentía como si la sangre no me llagase a la cabeza. Pensé en irme, pero no podía, tenia que acabar con aquello.

Se hacia tarde y no venia nadie. Pensé que había metido miedo a la otra persona. Pensé que no tenía que haber escrito aquello en el diario. Pensé en todas las posibilidades para que esa persona no hubiese venido. Al cabo de un rato me cansé de pensar; me levanté. Lo mejor seria volver a casa.

En el paseo marítimo no había prácticamente nadie debido al mal tiempo. Pero salió de una bocacalle alguien corriendo. Llevaba capucha y bufanda, prácticamente no podía verle. Me miro furtivamente hasta llegar a mi altura. Se paro delante de mí sin aliento. Levanto la cabeza y reconocí sus ojos.


Abracé a Mateo, que respiraba agitadamente en mis brazos. El me devolvió el abrazo.

Las 6, era demasiado pronto, apenas me ha dado tiempo a venir –se disculpo-.

No te preocupes, no te preocupes –le quité la bufanda y la capucha. Estaba tan guapo como siempre-. Así quedaba todo mas peliculero –bromeé-. ¿Por qué has hecho todo esto?

No sabía como decírtelo.

Pero tenemos mucha confianza… podías habérmelo dicho directamente.

Pero no creía que yo pudiera gustarte. Se te caía tanto la baba con Will…

Me puse rojo.

¿Tanto se me notaba?

Mas de lo que se le puede notar a nadie. –Tomo aire-. ¿Le quieres? ¿Sabes si le gustas?

Le animé a andar por el paseo.

No creo que le guste, y él solo me atrae físicamente.

¿Físicamente? Pues guapo tampoco es…

Jeje, no, ya… Pero en cualquier caso no estoy enamorado de él, si es lo que quieres saber.

Sus ojos estaban al borde de las lágrimas. Es tan guapo… le besé. Fue un beso muy corto pero muy bonito. El se puso a llorar con una sonrisa enorme y me volvió a abrazar.

Nunca me habían besado –yo no sabia qué decir o hacer. Le acaricié el pelo. Un alud de preguntas llenaba mi cabeza. Todo era tan repentino!-.

¿Quien escribía en el diario?

Tú y yo –me miraba sin entender mi pregunta-.

Pero no reconocí tu letra

El se rió.

Cuando era pequeño me aburría en clase así que aprendí a escribir con las dos manos. Y no tengo la misma letra con las dos –me miraba con cara de niño pillo que confiesa una trastada-.

Paseamos toda la tarde y la noche, hasta casi las dos de la mañana. Hablamos de todo, de nosotros, de nuestras vidas, como si no nos conociésemos. Hacia muchísimo frió pero apenas lo notábamos. Anduvimos agarrados como si alguien nos fuera a separar y sin vergüenza pese a no estar fuera del armario ninguno de los dos. Cuando volvimos a la residencia, Will no estaba y había dejado una nota diciendo que iba a coger el avión y deseándonos unas "Feliz navidades".

Como a los dos nos encanta el chocolate, cogimos una tableta de turrón, nos tumbamos en mi cama y comimos, siempre sin dejar de hablar. El ya no parecia deprimido, y estaba tal y como a mi me gustaba. Su sonrisa iluminaba mi cara.

Me gustaría dormir contigo –me dijo, tímido-. No tenemos por qué hacer nada. –Me abrazo-, solo quiero tenerte conmigo antes de que te vayas mañana.

Me daba miedo ya que él parecía muy pillado por mi. Le besé y pasamos un rato saboreando el chocolate a medias. Me beso tiernamente bajo la oreja derecha, y a mi me dio un escalofrío. Yo hice lo mismo; aquello se convirtió en nuestro saludo personal.

Noté algo duro en su entrepierna y eso me excito.

Parece que a tu soldadito le gusta el chocolate.

El tuyo tampoco parece inmune.

Muy lentamente nos frotamos el uno al otro, besándonos. Le metí la mano bajo la camiseta. Su torso estaba duro, solo de palparlo me excité al máximo. Mi pene pedía libertad, pero yo no quería romper el momento. El sintió algo y sonriéndome desabrocho el pantalón y lo bajo un poco. Metió su mano en mis bóxer con dificultad. Me acaricio y aprovecho para bajarme los calzoncillos un poco. Yo hice lo propio. Apenas empezamos a rozarnos y a besarnos y ambos nos habíamos corrido sin preocuparnos de nada, entre besos.

Nos desnudamos y nos metimos en mi cama, porque hacia algo de frío. Seguíamos igual de empalmados que al principio. Su polla era perfecta, de tamaño y grosor normales, un color muy apetecible, recta… En general no es una parte del cuerpo que yo considere especialmente bonita, pero la suya es preciosa. Y su torso es tan perfecto como su ingle. Tenia pelo en el torso pero era tan rubio y corto que apenas se notaba.

- Eres perfecto –le dije-

- Lo dices porque no has visto mis piernas ni mis pies –sonrió-. Y tú tampoco estas mal –me beso de nuevo-.

Las caricias no me bastaban. Besé de nuevo junto a su oreja, y luego bajé por el cuello, el torso, el abdomen, hasta rozar los pocos pelos de si ingle. Le miré al tiempo que le masturbaba lentamente y le besé la punta. Sabia magnifico y ya estaba más que húmedo. Su cara de placer me animaba a abarcar aquel delicioso Chupa-Chups. Subía y bajaba por el tronco de su polla entreteniéndome en la punta, al tiempo que le acariciaba los huevos. No me entretuve en su ano pero le toqué los pelos a la base de su escroto y el se estremeció. Sus gemidos se habían convertido en una especie de ronquido grave y periódico que iba in crescendo. Yo chupaba y tragaba líquido preseminal en cantidades similares a los de alguna corrida mientras le acariciaba.

Al cabo de unos minutos se puso tenso y abrió los ojos. Nos miramos profundamente a los ojos mientras él agitaba instintivamente las caderas para impulsar su verga en mi boca. Me inundo de una corrida impresionante, y a la que debí acostumbrarme mas tarde.

Cuando todo acabo, volví a ponerme junto a él y nos besamos por enésima vez. El estaba agotado.

- Gracias –me dijo-.

Yo sonreí. Nos quedamos abrazados. Yo jugaba con su pelo. Hablamos de las relaciones que habíamos tenido o imaginado antes. Mateo es demasiado romántico, nunca había salido con nadie, ni siquiera tonteado. Es homosexual estricto (yo soy bi) y nunca se había atrevido antes con otro chico. Seguimos hablando un rato más, hasta que acabamos durmiéndonos.


Al día siguiente el sol me despertó, como de costumbre. Tenía a Mateo completamente desnudo y dormido junto a mí. No lo había soñado. Estuve un rato observando su cara de niño afeitado, sus ojos un poco almendrados, su boca. Al cabo de un buen rato abrió los ojos. Nos miramos y él me sonrió desperezándose lentamente.

Fue exactamente en ese momento cuando supe que me había enamorado. Acerqué mis labios a los suyos. Después me quedé mirándolo unos segundos en silencio.

Te quiero –le dije con voz ronca de recién levantado-.

Yo a ti también, ya lo sabes.

Sonreí.

Todavía no has cogido los billetes para ir a casa de tus tíos, ¿verdad? –le pregunté-.

No

¿Te gustaría pasar las vacaciones conmigo?

Sonrió. Me beso. Nos abrazamos.

 
LA DESPEDIDA DE SOLTERO
La despedida de mi cuñado habia transcurrido sin ningun sobresalto, si es que puede decirse eso de cualquier despedida de soltero. Hace rato que se habian marchado las strippers y las putas contratadas para la ocasion. Todos estabamos bastante pasados de vueltas, muy alegres, todo en un ambiente distendido. Mucho ruido, mucha confusion y mucha oscuridad. Todo fue demasiado rapido pues me quedan pequeños flashes de lo ocurrido. Solo recuerdo que la peña estaba disminuyendo ya que faltaba poco para que amaneciera y el plato fuerte de la noche ya habia pasado, todos habiamos visto a mi cuñado Martin desnudandose sobre la barra del bar de Jorge y bailar con las strippers, y luego la habitual ceremonia de despedida es decir follarse a la tia mas maciza de las putas contratadas, todo ello en medio del griterio y frenesi de la pandilla. Aullábamos como lobos en celo, despues mientras todos se dedicaban a recibir felaciones por turnos, yo me encargaba con Jorge y Sebastian, nuestros amigos de la infancia, Esteban, mi otro cuñado y hermano de Martin, los preparativos para el final de la celebracion.
Tal como era nuestra nueva tradicion que habia comenzado tan solo un año y medio atras cuando fui el primero en casarme de la pandilla lo mejor lo reservabamos para el final de la fiesta, solo para los mas allegados. En mi caso se habia tratado de teñirme con tinta indeleble negra mi pene y mis testiculos la vispera de mi boda. De nada sirvieron todos mis esfuerzos por tratar de impedirlo, estaba borracho y los cuatro cabrones que denomino amigos pudieron con mis fuerzas mermadas por el alcohol. Fui objeto de burlas por los menos 6 meses, y de ello guardan las pruebas graficas, y me costo mi primera pelea conyugal, todavia recuerdo cuando me presente ante mi mujer con mi polla y demas teñida de negro.
Al menos ahora Martin tenia la ventaja de que no le tomaria por sorpresa lo que a continuacion vendria. Y para ello tuvimos que utilizar mas alcohol y tecnicas de distraccion. Para ir ahuyentando a la "clientela" contratamos a unas Drags Queens, eso calmó la sala por unos instantes y le dio un punto inesperado e inusual a la fiesta de Martin. Mientras él zarandeado y sobado por las drags nosotros haciamos los preparativos en la trastienda del bar. Esteban logro con cualquier excusa llevarlo donde le estabamos esperando es decir a la trastienda. Juro que lo que ocurrio a continuacion se nos escapo de las manos. Solamente queriamos afeitar todo el vello corporal de Martin pues sabiamos que la bruja de Marian su futura mujer odiaba a los lampiños, le daban bastante repelus. Realmente lo haciamos mas por molestarla a ella que por gastarle una broma a Martin. Era parte del juego y eramos todos amigos desde hacia mogollon de tiempo. Habia confianza y camaraderia. Tal como lo habiamos previsto habia llegado tambaleandose y cantando a viva voz, no se entero de que estabamos detras de la puerta y de que lo agarramos entre todos y lo colocamos boca arriba sobre una mesa del almacen, bien sujeto. Luego despues de mucho griterio y jolgorio le quitamos las pocas prendas de ropa que todavia le quedaban despues de una noche tan ajetreada, Jorge y Sebastian se encargaron de sujetarle cada uno una mano y una pierna, mientras Esteban el hermano menor de Martin y yo buscabamos los botes de espuma de afeitar y las maquinillas. No habiamos planificado nuestras posiciones pero el azar nos repartio de esta manera, asi que Esteban se encargaria de afeitarle el pubis, el pecho y las axilas, mientras que a mi me tocó afeitarle los testiculos, el perineo y nalgas. Era menos superficie pero los pliegues y la sensibilidad de la zona requerian mayor deternimiento y precision. Cuando sintio el olor mentolado y el ruido de los sprays de espuma de afeitar Martin se dio cuenta de por donde iban los tiros. Pero creo que fue solo cuando se le cruzo por la mente la cara que pondria al verle la bruja de Marian y su odio por los tios pelados cuando verdaderamente comenzo su lucha por liberarse. Pero eramos cuatro y no estabamos tan borrachos como el. Mientras cantabamos y el nos recitaba todas las malas palabras de nuestro idioma y parte de otros, todos los juramentos y amenazas que puedas imaginar, su voz se ahogaba entre nuestros cantos y la musica que venia de bar de Jorge donde continuaba la fiesta. Todo seguia su curso normal y el plan previsto, hasta alguna risotada las protestas de Martin de tanto en tanto al escuchar las cosas que le deciamos, pero seguia resistindo como un toro.
Esteban fue el que le cogio por el prepucio para facilitar la maniobra de afeitado. Estiró el pellejo y levantó su flacido miembro, yo aproveché para rociar y luego untar con la spuma los testiculos y las nalgas. Jorge y Sebastian tiraron hacia ellos las piernas y brazos de Martin para dejar mejor expuesto el area de trabajo. Yo aproveché para colocar un cojin debajo de su culo para facilitar mi trabajo y tener mejor pespectiva. Entonces es cuando comienza lo que me hace vivir intranquilo desde aquella madrugada...

No era la primera vez quelo veia desnudo, pues nuestra amistad y camaraderia era antigua y nunca hasta entonces habia sentido lo que aquella madrugada. Yo era el unico que no habia descargado los testiculos en aquella fiesta. Despues de todo era un hombre recien casado y me habia comprometido a no tener problemas con mi esposa por una chupadilla. Pero los demas ya habian tenido su racion de sexo esa noche, especialmente Martin, pero todo el ambiente cargado que se respiraba esa noche era sexo, sexo y mas sexo y me habia sido muy dificil mantenerme al margen. Recuerdo que nunca habia visto su ano desde tan cerca, es mas nunca habia visto el ano de ningun otro hombre tan de cerca, y mientras trabajaba para repartir la espuma lo toque dos o tres veces y luego a su alrededor, en ese momento es cuando comenzó Martin a tener una erección, cada vez mayor, tanto que Esteban con un poco de apuro, a pesar de ser su hermano, ya no pudo seguir cogiendole por el prepucio y tuvo que cogerle su rigido pene con su mano izquierda y cada vez tenia que abrir mas el puño puesto que aquello crecia. Y estoy seguro que lo hacia cada vez que mis manos rozaban la zona del ano. Yo empecé a afeitar sus testiculos tratando de no mirar su ano, de pronto dejé de escuhcar a Jorge y Sebastian que parecia hechizados con ele spectacular crecimiento del miembro de Martin. Sin embargo todos procuramos disimular nuestra confusion puesto que nadie dudaba de nuestra completa heterosexualidad, alli no habia nadie escondido en un armario. Esteban ya habia terminado con su pubis, y continuaba con su estomago, pero a pesar que era totalemente innecesario que continuase sujetando el miembro de su hermano pues este hacia tiempo que se sujetaba por si solo y que no impedia el afeitado, lo continuaba agarrando con su puño. Fue entonces cuando cogi sus testiculos en mi puño izquierdo, esta vez senti el impulso de cogerlos con fuerza, y mientras lo hacia sentí que mi pene reclamaba atencion, estaba creciendo dentro de mi pantalon, aparté con la mano drecha los testiculos y es cuando Martin comenó a gemir, primero era un sonido atenuado por la musica y el griterio de la fiesta, pero cuando ya me acerque a la zona de sus nalgas me percate que su ano se estaba arrugando, y moviendose en pequeñas contracciones cada vez que me acercaba a él. Para ese entonces no estaba pendiente del resto de la pandilla, ellos por alguna razon estaban entretenidos con lo suyo, y yo solo tenia ojos para su apretado agujero. Empecé a pensar que una vez afeitado y no fijandose en los detalles era exactamente igual que el culo de una mujer... Martin ya empezaba a gemir descaradamente y mis dedos sin casi darme cuenta comenzaron a jugar e introducirse levemente en el ano de mi amigo, mis manos se movian solas mientras fantaseaba con el culo de mi mujer, recuerdo haberme sentido culpable cuando me crucé con l amirada reprobatoria de Jorge ¡pero que coño! al interesado parecia estar gustandole y la prueba eran las contracciones que apretaban mis dedos y los suspiros de mi amigo, asi que utilizando parte de la crema que rodeaba su culo, unté mis dedos con ella y empujé, simplemente presioné y fue tan fácil, sentia que Jorge comenzaba a aflojar la sujección de Martin para intervenir, pero en ese momento desvió la mirada al escuchar como Martin empezaba a gritar lo que una hora antes le habia gritado la puta que se estaba follando, "metemela toda... follame hasta que reviente...." y no paraba de hacerlo, en ese momento elpene de Martin comenzó a moverse por su cuenta, yo desde adentro pude saber lo que pasaba, estaba eyaculando, el muy bestia lo hacia por segunda vez en la noche, pero esta vez era algo sorprendente... Siempre pensé que eso que veiamos en la spelis porno eran trucos o en todo caso personas que tenian unas cualidades especiales, pero ese dia me di cuenta que no tan solo era necesario tener el estimulo adecuado para que ese tipo de cosas se hagan realidad. Pude ver al incorporarme que la polla de Martin escupia leche como una manguera, y que los primeros chorreones caian sobre la nariz de su hermano que estaba afeitandole las tetillas, este reaccionó apartandose de la trayectoria de los lechazos, el resto terminó cayendo sobre el propio rostro de Martin, uno de ellos sobre sus labios. Estabamos perdiendo los papeles y todo sucedia de forma muy rapida, lo siguiente a esta escena es que oi a mi propia cremallera del pantalon bajarse, y la libertad que ahora sentia en mi polla, que muy pronto el calor que rodeaba a mis dedos indice y medio que habia estado clavados hasta los nudillos ahora se trasladaban a la punta de mi chorreante polla llena de babas. Ya habia cruzado el limite y no habia vuelta atras. Sebastian y Jorge habian soltado a Martin, pero este no cambio de postura, siguio con sus piernas abiertas en el aire ahora exigiendome por mi nombre que terminase lo que habia comenzado. Todos miraron entonces hacia mi y yo me oí decir a Jorge y Sebastian que agarraran de nuevo a Martin con fuerza, mas por su propia comodidad que por temor a que se escapara, no se muy bien como sucedio pero todos obedecieron, yo ya estaba con los cojones mios sobre los de Martin y con mi polla toda dentro de su culo... Dios que gusto era tal y como lo habia querido hacer ami esposa, tal y como lo habia hecho con putas antes de casarme, no era malo, no era antinatura como nos habian dicho, era incluso mucho mejor ya que estaba con mi amigo del alma, y le gustaba, y me gustaba y me pedia mas, viendo todo aquello Esteban comenzó a masturbar con fuerza a su hermano Martin quien volvia a tener una buena y potente erección, habiamos traspasado todo el limite con el calor del momento, ellos me alentaban a que me lo follara y coreaban cada empujon y embestia que realizaba a mi amigo, era un clima denso, se respiraba sexo, camaraderia, morbo por realizar algo prohibido, parecia que estaba durando siglos, Esteban continuaba pajeando a su hermano mientras el mismo lo hacia con su polla, los otros creo que tambien se estaban pajeando aunque no lo recuerdo muy bien ,estabamos haciendo lo que nos pedia el cuerpo, no pensaba en nada, solo en las sensaciones que estaba experimentando dentro del cuerpo de mi amigo Martin. Saque mi polla y segui trabajandomela con la mano, mientras eyaculaba en una bestial corrida, apuntando al resto de mis camaradas... el mometo se rompió cuando tambien se rompió la tarima en la barra del bar, demasiada gente sobre ella, y el estruendo y griterio que se escuchó al cesar la musica de golpe nos hizo reaccionar. Fue el pacto mas silencioso y rápido de la historia. Yo limpié los restos de leche de mi polla sobre los muslos de Martin, guardé mi polla, subí la cremallera, al mirar a mis amigos comprobé alguna smanchas en sus camisas de mis lechazos, empapados en sudor, Martin se incorporaba mas sobrio que nunca, les miré a los ojos para sellar el pacto, y luego creo que solo dije " voy a mirar que no haya heridos, ahora vuelvo".... al regresar todos estaban compuestos, Martin se habia vestido, todos regresamos al bar para despedir al resto de amigos, recoger lo que se habia caido. Los otros amigos en común hicieron que nos dispersaramos y terminamos cada uno por su lado tratando de alargar un poco mas la fiesta en otros lugares, asi sin despedirnos.

Seguimos reuniendonos los jueves en el bar de Jorge como hemos hecho desde siempre, en nuestro pacto tácito decidimos que todo tenia que volver a la "normalidad", no hemos hablado nunca mas de aquella parte de la velada, han pasado algunos meses y no todo es como antes, aunque aperentemente si, quizas todavia tenemos que enfrentarnos a algunas cosas antes de afirmar que todo es como antes.

 
Hiroshima Mon Amour

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Hiroshima Mon Amour- Alain Resnais film, Emmanuelle Riva,
Eiji Okada

Una actriz francesa vive su última noche en Hiroshima acompañada, en su habitación de hotel, por su amante japonés. Lo que podría ser una simple aventura es un momento de gran intensidad emocional y que le hace revivir un amor imposible que sucedió en la Francia ocupada junto a un soldado aleman durante la guerra años atrás. La fugaz relación amorosa se convierte en un proceso introspectivo por el cual la mujer revela sus sentimientos íntimos y hace partícipe a su compañero de su reconstrucción del pasado, hasta ese instante oculto.

 
VENTANA DE VERANO
La verdad es que no me gusta mucho mirar por la ventana de casa, vivo en un 2º piso y el paisaje que me rodea esta lleno de otras ventanas que como la mia solo miran a otras ventanas que al mismo tiempo miran a mi ventana, ventanas que no dicen nada, que simplemente estan cerradas, celosas de su intimidad. Cada noche de todos modos me quedo unos segundos mirando por la ventana ¡cuando siempre me encuentro con lo mismo! me doy cuenta de que me he equivocado entonces dejo caer la mirada por el bosque de edificios buscando alguna novedad, perooo cada dia el mismo resplandor electrico de los televisores, las mismas miradas perdidas, el mismo limite en mi sueño. Muchas veces me engaño y pienso que si estuviera en una pelicula en vez de mirar con las manos colgando sobre la baranda estaria fumando un cigarrillo, y en el limite de la pared de enfrente allí donde ahora se detienen las imagenes encontraria la luz que se enciende dentro de un piso. Yo seguiria fumando mientras tu te acercas a tu ventana, desde alli me mirarias, cansada por el trabajo, de no encontrar a nadie en una ciudad tan llena de gente, de mirar siempre por la misma ventana... me mirarias y pondrias musica

(suena Asedeje)

¡¡Noooo!! ¡¡esta nooo!!! algo más suave, algo mas....

(suena Alex Ubago, por ejemplo)

Y encenderias un cigarrillo, y te quedarias allí pensando en mí.
¡Pero solo me engaño! en el otro lado del mundo solo hay ventanas vecias y la musica que se escucha es la de la teletienda...Tampoco fumo, solo intento encontrar un poco de un paisaje que me lleve hasta un sueño de descanso, pero no puedo, la realidad tiene demasiados ladrillos, tiene demasiadas ventanas cerradas. De todas formas continuo en la ventana, hace rato que he cerrado los ojos asi que no hace falta ni que salgas ni que pongas musica

(sonido de olas en una playa desierta)

Ahora he cambiado la ventana por un balcon y los edificios por olas de sal.
¿La escuchas? es la voz del tiempo y del infinito, es la voz de todo lo que todavia es posible, es la voz de mi sueño... He decidido pasar aqui la noche, entre la arena y el horizonte, con los ojos cerrados ¡bien fuerte! para no despertar, simplemente para poder continuar soñando contigo.
 
No es eso, no es eso
Cuantas horas la derrota a merced del viento desaliento, tiempo dañado, sin sentido triste de amor triste de amor.

Y así, así se me quedó la cara de cretino, palido, tísico, de antiguo, de esclavo. Ahora lo se y me enfado por ladrón, por ladrón de mi mismo que es peor, por caminar el pasillo directo a nada, y después, la nada.

Me ofenden las horas perdidas, las mias si, ¡gran tonto yo! ¡y mil veces tonto! las horas intolerables escribiendo sobre vosotros mis amados desleales ¡tantos elogios!tantos felices futiles versos basura, que rima con basura.

Denunciando, a mi, o a nadie con esa sonrisa de cínico estúpido que es novedad,vuestros engaños

Aún guardo aquellos papeles donde uní letras y letras unas tras otras, exasperadamente, con tiras de esparadrapo, no se si las quiero, te las regalo, me las arranco, y se van marañas de piel.

Renuncio al amor finito y al infinito dolor, y anuncio una leccion demasiado elemental, no hay tiempo para suplir al tiempo.

Os lo aseguro queria vivir la verdad y no me han dejado, me han obligado a soñar, acepto porque ni puedo creer lo que veo ni lo que existe es cierto, y siento que ya no siento.

A partir de ahora horas sin vuelta de hoja, me zambullo en la fantasia, temo, cierro los ojos, voy a volverme loco.

Érase una vez...-imagina una melodía, un adaggio barroco de estio, Vivaldi por ejemplo-Érase un hombre que amaba un hombre y él le amaba.

Levantaria un dedo porque se que puedo, congelaría la imagen del sol aun caliente, y no tanto.

A media tarde de Agosto hacia las 6 o las 7 cuando las golondrinas se atreven a arañar el cielo, cuando cruje la pinaza exhausta, la buena hora para ducharse despacio y escurrir el cabello directamente en los hombros, cuando me apetece reencontrarte desnudo, dormido como un potro brumo sobre las sábanas.

Te acaricio y te admiro porque eres leal porque te gusta abrazarme sin más.
Sentirte en mi ombligo, esa suave quietud del gozo, mudo incluso algo tímido.

El pálpito vermellón del atardecer suspendido, la pereza. Los espejismos simultáneos, campanas. Enseguida leeré otro capítulo de un libro cualquiera abierto sobre tu espalda.

Mi mejilla en tu nalga fina, fresca, meciéndome en las nubes de tu respiración, la brisa, las cortinas de hilo, el jarrón con flores blancas, los peines, los vasos con agua, el péndulo, las glicinas en la terraza...

Me duermo contigo, conmigo quien quieres contigo. No es eso, no es eso.
 
EL FARO


No fue muy planeado. Surgió la idea en una charla entre mates, mientras estudiábamos los tres, una miércoles por la tarde. Nos habíamos reunido para prepararnos para un exámen de física. Aunque los tres no teníamos demasiados problemas con la materia, no estaba demás hacer un repaso. Y ahí surgió la idea.

-Podríamos pasar el fin de semana en el Faro, ¿No? – Se le ocurrió a Marcelo, como al final de la charla sobre qué hacer para que ese fin de semana de principios de diciembre,sea distinto a los demás.

-Conseguimos una carpa, llevamos comida y pasamos el sábado y el domingo en los bosques del Faro, al lado del mar- Terminó de cerrar la idea, mirándonos con entusiamo.

-¡Yo me anoto!- Grité enseguida

-¡Yo también!- se apuró Fernando.

El Jueves, superado con éxito el examen porla mañana, no encontró a los tres, por la tarde en una corrida para conseguir lo necesario, acaparar comida y averiguar lo que más pudiéramos sobre el Faro, qué había allí y qué hacer durante esos dos días. El Faro queda a 6 kilómetros del último punto habitado de la ciudad, caminando por la playa. Es una especie de páramo en medio de las dunas. Un bosque frondoso, a 300 metros del mar rodeaba al Faro, que en medio de aquellas dunas y médanos, levantaba sus 58 metros hacia el cielo y mirando al océano. A su lado, un destacamento de Prefectura, con un oficial a cargo, una batería de baños y un quincho de usos múltiples, terminaban de formar la escasa infraestructura del lugar, que ya no cumplía su función específica, sino que era visitada como atractivo turístico. Pero todavía no era temporada alta, así que disfrutaríamos de la soledad de aquel lugar a nuestras anchas.

Los llamados por teléfono, los encuentros a apurones para tener todo listo, las caravanas de casa en casa para tener los permisos de nuestros padres y los últimos detalles de la "aventura", llenaron las horas de ese Jueves. Ya bien entrada la noche, en el garage de mi casa, donde habíamos centralizado las operaciones, nos encontramos para decidir la salida. Creímos mejor hacer más extensa nuestra expedición, saliendo el viernes a primera hora de la tarde, ni bien volviéramos del colegio. Marcelo hizo un gesto de fastidio y nos explicó que el viernes por la tarde tenía que ir al dentista, y como este atendía en nuestra ciudad dos veces al mes, era imposible faltar. Las ganas de los tres y el querer que todo salga bien para todos solucionó el problema: Fernando y yo saldríamos el viernes por la tarde con la mayoría de las cosas para acampar, armaríamos la carpa, pasaríamos la noche y esperaríamos a Marcelo que llegaría el sábado antes del mediodía. Con todas las expectativas, nos despedimos y nos fuimos a dormir.

De más está contar lo que me costó conciliar el sueño. Iba a ser realmente un fin de semana distinto. Con mis 17 años, el estudio, el trabajo en temporada y las obligaciones familiares, absorbían la mayor parte de mi tiempo y lo mismo le sucedía a Marcelo y Fernando. Iba a ser la primera vez que saliéramos y estuviéramos solos tanto tiempo. Y a eso sumado lo exótico de nuestra excursión. La soledad de aquel lugar y su extraña belleza, daban a esta salida y a nuestra edad, un toque especial.

El viernes amaneció como nunca: El sol despuntó temprano y ya camino al colegio contaba los minutos que faltaban para llegar a las 14.00 horas, hora fijada para emprender nuestra salida hacia el Faro. Durante la mañana no paramos de hablar y soñar con nuestra excursión, varias veces nos llamaron la atención por estar hablando ó por estar "en otro mundo". Finalmente sonó el timbre que daba fin a la semana escolar. No me daban los pies ni el tiempo para llegar a casa, comer a los apurones, cargar el auto, apurar a mi padre para que lo pusiera en marcha, pasáramos a buscar a Fernando por su casa y nos llevara hasta donde termina la villa. Desde allí, seguiríamos a pie hasta el Faro.

Y así nos encontró la tarde que recién comenzaba: caminando por la arena húmeda de la playa, un poquito alejados del mar y divisando, a lo lejos, la silueta del Faro. A paso lento, con los equipos de mochilero a cuesta. Parábamos de a ratos, veíamos cada vez con más ansias nuestro punto de llegada. Marcelo llamaba a mi celular a cada rato apara saber cómo íbamos, cosa que nos atrasaba. Y el sol permanecía resplandeciente sobre nosotros. A poco rato fue tiempo de sacarnos las remeras, ya que pegaba fuerte sobre nuestras espaldas y nos hacía transpirar. Y en una de las paradas, no aguantamos más el calor y nos metimos al mar. El agua estaba fría, pero cumplió con lo que queríamos: que nos refrescara un poco. Con los shorts mojados y sin remera, al cabo de un tiempo, llegamos al límite del bosque que rodeaba al Faro, gritando y festejando, pues ya estábamos en nuestro destino. Antes de seguir, dejamos nuestras cosas sobre la arena para admirar desde afuera el paisaje que nos albergaría durante dos días. Llamamos a Marcelo y a nuestras casas para avisar que habíamos llegado y estábamos bien.

Nos adentramos en el bosque, buscamos la parte construcciones, que estaban pegadas al Faro. Era un espectáculo imponente, se erguía con solidez hacia una altura que parecía increíble. A un costado el destacamento de prefectura en el que no vimos a nadie. Fuimos hasta la entrada y vimos un pequeño cartel "Fuera de servicio hasta diciembre. Instalaciones abiertas. Cuide este espacio. Es suyo"

¡Ya lo creo que iba a ser nuestro!. Dejamos las mochilas en un claro entre el quincho y la batería de baños y nos dispusimos a reconocer el lugar. Entramos a la base del Faro, vimos la escalera acaracolada, con sus 274 escalones con baranda que, pegada a la pared, terminaba en la torre del Faro propiamente dicho. Recorrimos los alrededores y comprobamos con alegría y satisfacción que había de todo: Duchas, servicios bien instalados y limpios, el quincho tenía parrilas, mesas y bancos de material y el agua salía de duchas y canillas limpia, clara y medianamente tibia, pues el sol daba de lleno en el tanque.

Decidimos no armar la carpa. Nos instalaríamos en el quincho , que era bastante grande y estaba protegido. Era de material, rectangular, de unos 15 metros de largo por otros 8 de ancho. Sobre una de las paredes estaban las parrillas y a su lado una pileta y mesada. Las mesas ybancos ocupaban el centro. Los dos costados eran de material, y los otros dos estaban protegidos por una gruesa cortina de lona transparente, para frenar el viento. ¡Era ideal!. Dispusimos rápidamente los elementos que habíamos llevado para comer, acomodamos las finas colchonetas al lado de una de las parrillas, dejando bien delimitado el lugar. Luego fuimos a juntar leña para hacer fuego y tener provisión para los días que nos quedaríamos allí. Fue fácil, pues el bosque era generoso en ese sentido. No dejábamos de maravillarnos por el lugar. El silencio lo invadía todo, solo se escuchaba el Prendimos fuego, calentamos agua y tomamos mate, mientras seguíamos embobados con el silencio y la soledad de aquel lugar. Yo saqué de mi mochila un libro y me puse a leer, vicio que heredé de mi familia. Leo cada rato que tengo libre, sea la hora que sea y, sin importar la hora, siempre un rato antes de dormir. La paz alrededor nos fue invadiendo a Fernando y a mí, que no hablabamos, sino que disfrutábamos de eso que el lugar nos daba: Una absoluta paz y tranquilidad. Así vimos como iba cayendo la tarde y antes que anocheciera, Fernando, mientras alimentaba el fuego de la parrilla, anunció:

- Voy a ducharme, así me saco ela transpiración y la sal del cuerpo. Sino, más tarde, me va a dar frío.-

- ¡Dale, yo también! – dije. Dejé el libro, saqué el toallón de mi mochila. Fernando hizo lo mismo y, llevando el celular, nos fuimos hacia la batería de baños. Los dos en shorts y sin nada arriba. Como nos criamos y crecimos juntos, nuestros cuerpos no nos llamaban la atención. Mientras caminábamos hacia los baños, solo pude apreciar que había crecido un poco más que yo. Me llevaba en altura dos ó tres centímetros, llegando casi hasta 1, 70, pero su espalda estaba más formada, los músculos se marcaban en detalle en su pecho, brazos y espalda. El pelo negro que llegaba hasta casi sus hombros, atado con una colita, daba marco a su cara aún adolescente, en la que se destacaban sus ojos azules oscuros y unas pequeñas pecas alrededor de la nariz. Yo, aprecié ese detalle: el había crecido un poco más que yo, pero no quedaba en desventaja. Mi espalda era un poco más estrecha, pero por muy poco y ya se notaba el surco de los músculos en mi pecho y brazos. Mi pelo tenía casi el mismo largo, solo que el mío era castaño claro, también sujeto con colita. Y mis ojos eran de color verde.

Llegamos a las duchas. Nos seguía sorprendiendo lo limpio que estaba todo. En una de las paredes estaban sujetos los percheros, un banco largo y luego cuatro duchas, sin división. Nos sacamos los shorts y quedamos desnudos sin pudor, pues como dije, nos hemos criado y crecido juntos, casi como hermanos. Ahí noté otra diferencia: Fernando se había desarrollado en otra parte más que yo. Al darse vuelta una vez que se quitó el short, dejó ante mi vista un pene que, por lo poco que sabía, era fenomenal. Fláccida como estaba, parecía una mamadera tanto en largo como en ancho. No pude menos que admirar, ya que si bien yo sabía que yo estaba bien armado con lo mío, aquello era descomunal.

-¡Epa con lo que cargás, Fer! – dije, entre risas. El sonrío y finalmente rió. Nos metimos en las duchas, dejamos que el agua, aún tibia pero no tanto, sacara los restos de sal y transpiración de nuestros cuerpos y salimos a secarnos. Yo no dejaba de pensar en las dimensiones del aparato de Fernando y compararlo con el mío, cosa que me dejó cierta inquietud. Nos atamos los toallones a la cintura y así empendimos la pequeña caminata hasta el quincho, mientras contemplábamos el crepúsculo sobre el mar, que quedaba a nuestro frente.

-¿Vemos el atardecer frente al mar? – preguntó

-Dale- contesté. Y así lo hicimos. Nos sentamos a metros de la orilla, con nuestras toallas atadas a la cintura y contemplamos como el sol desaparecía. La temperatura había bajado un poco, pero todavía estaba agradable. Fue un espectáculo único. Al rato de estar sentados, comenzamos a tirarnos arena y aquello terminó en una lucha de cuerpos sobre la arena que hizo que terminarámos los dos desnudos, pues nuestros toallones cayeron y llenos de arena sobre los cuerpos. Sentí varias veces el roce del pene de Fernando sobre mis piernas, muslos, e incluso una de las veces, sobre mi pecho y esto me hacía estremecer, sin entender muy bien por qué, pero hacía reaccionar a mi propio pene que respondía con un a leve erección.

Sin hablarnos, y a los gritos de alegría, corrimos al mar, y nos dimos una zambullida. Lo frío del agua hizo bajar toda temperatura del cuerpo. Salimos rapidamente y a la carrera y desnudos, volvimos a las duchas, donde nuevamente nos quitamos con el agua, la sal y restos de arena del cuerpo. No podía evitar mirar a Fernando mientras refregaba su cuerpo con los ojos cerrados. El fino vello era más oscuro que su pelo, llegando hasta casi un color azul y coronoba ese soberbio instrumento. Era agradable verle, con su cuerpo blanquecino y bronceado suavemente en los brazos, por efecto del sol. Estaba fuerte, con unos pectorales desarrollados, aunque sin exagerar, donde llamaba la atención, la inexistencia de vello. Los brazos y las piernas sobre todo daban cuenta de la fuerza con que se estaba desarrollando. El vello de las piernas, no era muy abundante, negro y le daba un atractivo especial.

Estuve mirándolo mientras nos duchábamos, sin entender aún la inquietud que me invadía ante la visión de la desnudez magnífica de mi amigo de la infancia. Y mientras yo dejaba correr el agua sobre mi cuerpo, con los ojos cerrados, al abrirlos noté como Fernando desviaba la mirada. No lo pude asegurar, pero juraba que me estaba mirando con la misma intensidad con la que yo lo había contemplado a él.

Sacudimos los toallones que aún tenían residuos de arena por la lucha para secarnos y atándolos nuevamente a la cintura, nos fuimos al quincho. El fuego aún estaba vivo y lo alimentamos con más leña. Ninguno de los dos, hizo amague de vestirse, como si fuera lo más natural, quedarnos solo con los toallones. Yo seguí con mi libro, embelesado por el silencio solo inerrumpido por el crepitar del fuego, el sonido del mar y los movimientos de Fernando, que empezó a desempaquetar las alimentos para ver que cenaríamos. La escasa luz del fuego no alcanzaba para alumbrarnos, pero así seguimos un rato, en penumbras. De a ratos yo quitaba mi atención del libro y detenía la mirada en Fernando, en su cuerpo y en la abertura de la toalla que, con sus movimientos, de a ratos dejaba ver su tesoro, quedando al descubierto su magnitud. Prendimos el sol de noche que habíamos llevado, dejándolo al mínimo y esto daba una extraña iluminación al lugar, dando un ámbito de luz a su alrededor y . luego todo sombra y oscuridad.

Fue hora de ponernos algo e ropa, pues ya se sentía el fresco de la noche y aproveché para ponerme otro short. Al quitarme la toalla, de espaldas a mi amigo, sentí su mirada sobre mi cuerpo y al darme vuelta, aún desnudo de la cintura para abajo, pude comprobar que así era. Me miraba con un gesto y atención tal como yo creo que eran los míos al mirarlo a él. Esto duró un segundo, y hubo cierta incomodidad en los dos, que se disipó al continuar cada uno con lo suyo. Al poco rato fue mi oportunidad, al quitarse él la toalla, de contemplarlo, descubriendo que su miembro delataba una pequeña erección, irguiendo y agrandando esa masa de carne. No llegó a descubrime mirándolo, pues el libro que continuaba leyendo, servía de escondite a mi mirada.

Sonó el celular, y era Marcelo. Contó que la había pasado bastante mal en el dentista, ya que le habían encontrado un problema en una de las muelas y el dentista tuvo que anesteciarlo, usar el torno y hacerle varias cosas para terminar el arreglo. Se sentía mal, tenía la cara hinchada y le dolía la muela como nunca había sentido. Pero confiaba que en la noche esto iba a calmar para juntarse con nosotros al mediodía del día siguiente. Bromeamos con él, le contamos lo espléndido del lugar y lo que se estaba perdiendo y así, cortamos la llamada. Yo apagué el celular para cuidar la batería.

Ya era hora de pensar en la cena y Fernando se propuso para hacer unas hamburguesas que habíamos llevado, a la parrilla. Yo preparé, con las escasa cosas que llevamos, la mesa y al poco rato estábamos comiendo. Charlamos largamente sobre cosas de la escuela, compañeros, cosas que pasaban en nuestras casas. Lentamente se fue diluyendo la charla y nos pusimos a levantar los restos de la comida y limpiar lo que habíamos usado. Yo me puse a leer y Fernando acomodó las colchonetas juntas al lado de la parrilla y se tiró a descansar.

-No tendrías que usar tanto el sol de noche, nos vamos a quedar sin carga. – me dijo.

-Tenés razón- contesté. Cerré el libro, apagué el sol de noche y me dirigí hacia las colchonetas. No quedaba todo a oscuras, ya que el poco fuego alumbraba, aunque muy escasamente. Me acosté al lado de Fernando y charlamos otro rato. Nuestros cuerpos se rozaban levemente. Sentía el contacto del vello de sus piernas contra las mías. Los dos estabamos en shorts y remeras, recostados, boca arriba, uno al lado del otro, tenuemente alumbrados por las brasas de la parrilla. Un temblor me recorrió el cuerpo por el contacto de nuestros cuerpos, pero hice lo posible para pasar por alto la reacción, hablando sin parar, riéndome junto a mi amigo.

No sé en qué momento me quedé dormido, y tampoco qué hora era cuando desperté, con algo de frío. Me costó un poco ubicarme donde estaba. Las pocas brasas y la respiración de Fernando a mi lado, me ubicaron. A tientas me levanté y agarré una manta que, por precaución, había dejado en uno de los bancos. Volví a nuestra improvisada cama y estiré la manta de tal manera que nos tapara a los dos. Tapado, giré mi cuerpo hacia la parrilla, dándole la espalda a Fernando, para ver los últimos destellos de las brasas mientras recuperaba el sueño nuevamente. Inmendiatamente y entre sueños, Fernando se giró hacia mi lado, acercó su cuerpo al mío, y pasó su brazo sobre mi cuerpo, que quedó cerca de mi pecho. Me quedé paralizado. Sentía su respiración cerca de mi nuca, su pecho practicamente estaba pegado a mi espalda, sus piernas se pegaban a las mías y su mano casi tocándome el pecho. Mi corazón latía alocado. No sábía de donde provenían todas las sensaciones, desconocidas para mí, que, de pies a cabeza me generaban un temblor interno difícil de controlar. La sensualidad de la cercanía de nuestros cuerpos, la imagen grabada a fuego en mi mente de lo que había visto esa tarde, la respiración de alguien a mis espaldas, el roce de sus vellos con los míos, me daban una agradable sensación y eso me ponía algo incómodo, confuso, y a la vez protegido, contento . Algo nuevo estaba despertando en mí, sin poder definirlo con claridad, y era producido por la cercanía de Fernando.

Tratando de controlarme intenté dormirme, cuando siento que Fernando achica la casi nula separación de nuestros cuerpos, acercandose a mi hasta quedar los dos cuerpos encajados en forma perfecta, en cucharita. Todo mi cuerpo se sacudió por el torrente de excitación que me produjo el estar pegados, sentir que no había nada que nos separara, excepto nuestra escasa ropa. Y lo más extraño para mí fue el placer producido al sentir apoyado bien en el centro de mis nalgas, el tremendo aparato de mi amigo. Lo sentía realmente e imaginaba su tamaño, su forma y como se adaptaba a la curva de mi raya. Quizás fue aquí donde se esfumó toda confusión ó sensación de incomodidad. De repente me sentí gozando de ese momento, de los cuerpos uniéndose bajo la manta, de la respiración ritmica, de dormido, del aliento que sentía bien cerca de mi oreja, las piernas en una unión perfecta y ese descomunal paquete acomodado en la raya de mi trasero.

No pude dormir. Pero aún así, no puedo decir con exactitud como empezó todo. Si fue que mi exitación hizo que empujara hacia atrás de a poco mi trasero para que se apretara más contra aquella grandiosa barra de carne ó, ya no tan dormido, Fernado empezó a presionar, delicadamente y sin apuros, su pelvis hacia mí para que su pene se pegara cada vez más a mi culo. Pero fue lo que pasó. Y sin apuros, lentamente, con movimientos casi impeceptibles, pidiendo permiso, concediendo y avanzando. Y dando paso a nuevas cosas: Mi pene que comenzo a levantarse producto de la excitación, el pene de Fernando que se ponía más duro, más grueso y agresivo, lo podía sentir agrandándose y apretarse cada vez más solido contra la raya de mi culo. Y el movimiento, primero imperceptible, luego tomando ritmo de a poco, imitando un mete y saca, un refriegue de nuestras partes; la mano de Fernando que se apoyo definitivamente sobre mi pecho y, a pesar de la remera, acariciaba mis tetillas, pasando de una a otra, bajaba a mi vientre y volvía al pecho para recomenzar. Sin poder creerlo, empecé a responder al movimiento, al refriegue y a las caricias, primero timidamente y dejándome invadir por la sensualidad que tenía el momento, abandonado a lo que sentía; luego con más intensidad a medida que Fernando aumentaba su refriegue, sus embestidas. Mi trasero respondía al roce, buscaba presionar cada vez más ese pene, mi mano se posó sobre la de mi amigo y la acompañaba en el recorrido de mi cuerpo. Creí que iba a eyacular en ese mismo momento y sin haberme tocado.

Fernando agarró mi mano y tiró de ella, en una clara señal de que me volteara hacia el. Así lo hice y ni bien me acomodé, en la ya oscuridad absoluta del lugar, sentí el tibio roce de sus labios contra los míos y su mano que avanzaba debajo de mi remera hacia mi pecho para llegar a las tetillas. Se separó un segundo, no nos podíamos ver, pero nuestras respiraciones agitadas mostraban y decían todo. Yo tomé la posta y acerqué mis labios a los suyos, devolviendo el roce que fue más fuerte esta vez y que, de poco, dió paso a un beso de labios cerrados al principio para ir lentamente abriéndolos, búscandose y convertirse en un largo, profundo y dulce beso. Las lenguas se buscaban, no con frenesí, sino con una pasión al principio mansa, dulce, pidiendo permiso, aceptando y devolviendo, acompañando a las caricias sobre que ya los dos nos regalábamos mutuamente.

Mientras continuábamos besándonos, su mano fue bajando por mi pecho y de metió sin dificultad dentro de mi short, y se detuvo a acariciar mi vello pubiano. Yo lo imité y pude sentir en mis dedos, en mi mano, la lisura de ese cuerpo joven, adolescente como el mío que respondía a las caricias. Al llegar a su pubis la lisura, como en escala, la empecé a sentir cubierta de un suave vello y luego peluda, pero muy suave, y acaricié sin prisa, disfrutando de esa sensación en mi tacto, de los pequeños pelos ensortijados que se enredaban en mis dedos. Como si hubiéramos respondido a una señal, en el mismo momento, los dos, sin dejar de besarnos con pasión, pero delicadamente, avanzamos con las manos más hacia abajo, buscando el sexo del otro. Sentí su mano acariciar la superficie de mi pene y mi mano trató de aprisionar en toda su dimensión el de él. Apenas si podía cerrarla, tratando de tomar aquel tubo inmenso, duro y suave. Las venas inflamadas por el deseo se marcaban y sentían en la palma de mi mano. Como siguiendo un mismo libreto, comenzamos a subir y bajar las manos sobre nuestros penes, en un movimiento de masturbación que nos llevaba al límite de la excitación, haciendo que nuestros besos, el empuje de los cuerpos uno contra otro, buscándose con deseo, fuera más intenso.

De repente, sin ningún aviso ó movimiento que lo anunciara, Fernando se separó de mí, corrió la manta y lo escuché pararse. Mi corazón se detuvo. Malos presgios corrieron alocados por mi cabeza. Pensé que se había arrepentido, que creería que yo forcé la situación, que quizás me acusaría de vaya a saber que cosas. En la negrura y el silencio en la que estaba teniendo lugar nuestro encuentro me sentí solo y asustado. Solo percibía, muy lejano, el ruido de la rompiente de las olas y mi mente aturdida. Escuché unos movimientos sin poder distinguir que estaba haciendo Fernando y al momento siguiente lo sentí acostarse nuevamente a mi lado, taparse con la manta, estirar su brazo buscándome y finalmente abrazarme, acercar sus labios a los míos, recomenzar el beso apasionado, volviendo a tomar mi pene y reanudar las caricias donde las había dejado. Respiré aliviado y también quise retomar lo mío, y al bajar la mano por su pecho, recorrer el costado de su cuerpo y sus muslos, me dí cuenta qué había pasado: ¡Se había quitado la remera y el short! ¡Estaba totalmente desnudo bajo la manta!. Sin darle tiempo a nada, urgido por la nueva sensación que me produjo sentirlo desnudo, me paré de golpe sobre la colchoneta y con una urgencia increíble me saqué mi remera y mi shorts, que cayeron al lado de la colchonota y volví a acostarme bajo la manta, acercando mi cuerpo desnudo a la desnudez de Fernando.

Sin decirlo, los dos sabíamos que comenzaba algo nuevo en este también nuevo juego. Los besos, se hicieron más profundos, más intensos; las manos recorrían los cuerpos, dando a entender, recorriendo, conociendo acariciando, bajando hacia la entrepierna, buscando afanosas los sexos, para acariciarlos, palparlos, bajar más hacia los testículos, apreciarlos en su totalidad y vuelta hacia arriba, deteniéndose en el pene, para asirlo y darle vigorosas pero suaves y lentas fricciones, hacia arriba y hacia abajo, provocando los gemidos de placer de ambos, que empezaron a poblar el silencio . Era un erótico y extraño ritual, una danza apretada de cuerpos avanzando uno sobre otro, teniendo una única meta: el placer del otro. Mientras nuestras manos se ocupaban del sexo del otro, los labios fueron buscando otros destinos. Cada uno por vez, dejabamos que el otro explorara el cuello, la nuca, el pecho, las tetillas, el vientre del otro. Mis labios iban y venían de su cuello a su boca y él me interrumpía para ir, con su boca, de mi boca a mis tetillas, a mi abdomen. Yo cortaba su lúbrico recorrido para prenderme con mis labios a sus tetillas y lamerlas, saborearlas, recorrerlas con la lengua y de ahí a su vientre, y volver a subir, momento que el aprovechaba para seguir saboreándome detenidamente con los labios y lengua. Las erecciones eran brutales y de ratos sacábamos las manos de ellas para que los penes se enfrentaran, se unieran uno al otro, jugaran con el roce mutuo. A pesar de la pasión, no dejba de notar la enorme diferencia de tamaño de nuestros sexos, la majestuosidad imponente de la verga de Fernando al lado de la mía que era de un muy buen tamaño.

La voluptuosidad del continuo trabajo de uno sobre el cuerpo del otro hizo que empezáramos a sentir calor y por eso saqué de un manotazo la manta que nos cubría. Esto permitió que jugáramos más con la proximidad del cuerpo del otro, ya que allí, al lado, en brazos del otro, estaba el calor, el refugio. Mis labios bajaron por el vientre de Fernando, se mezclaron con el vello de su entrepierna y bajó un poco más hasta alcanzar su magnifico pene. Con la lengua lo recorrí en todo su largo, bajaba y subia, tratando de abarcar tambien su ancho, jugando con la lengua, haciendo un espiralado sobre esa masa palpitante y caliente de carne, provocando los gemidos de Fernando que me acariciaba con su mano la nuca, la espalda y arqueaba hacia arriba su pelvis de placer, como queriendo algo más de mis labios. Los abrí un poco y me introduje apenas la punta de la cabeza de la verga de Fernando en la boca y comencé a recorrela con la lengua, escuchando los jadeos intermitentes de mi amigo y sintiendo como cada vez arqueaba más su pelvis, empujando hacia arriba. Me supo de sabor dulce, indescriptible. Los jugos preseminales de mezclaban con mi saliva, limpiando aquella maravilla de sexo y la calentura de Fernando sumada a la mía, me animó a más, abrí más mi boca y dejé paso a la cabeza completa, rodeándola con mi lengua, en el poco espacio que dejaba, mientras jugaba a un mete y seca muy lento. Con mi mano acariciaba el resto de ese aparato. Fernando gemía y suspirabatodo el tiempo, mientras seguía con sus caricias sobre mi.

No aguantó mucho tiempo más estar solo acariciando. Se fue volteando hasta que se su cara quedo a la altura de mi pene, lo metió en su boca y empezó a chuparlo. A él le era más fácil, pues mi sexo, de un tamaño grande pero dentro de lo normal, le entraba bien en la boca y podía mamarlo, besarlo, con casi todo dentro y en toda su extensión. Mi boca solo alcanzaba para lo que estaba haciendo, la cabeza y un poco, solo un poco más, no llegando ni a la mitad, y trabajosamente podía usar la lengua. En ese maravilloso sesenta y nueve, recorrí una y cien veces el largo y ancho de la verga de Fernando, mientras el hacía lo mismo con la mía. Con su lengua iba a mis tésticulos, los besaba, chupaba y subía un poco más, se detenía en el perineo, produciéndome temblores de excitación y, finalmente su lengua fue lecorriendo la línea de mi culo, los cachetes y se internó en sus profundidades hasta quedar, caliente y húmeda, apoyada en mi esfinter.

Yo, a medida que me iban invadiendo las distintas sensaciones provocadas por el camino de las caricias linguales de mi amigo, iba imitando su recorrido con la mía.Y así quedamos en un momento los dos: Con nuestras vergas al máximo de erección y nuestras lenguas apoyadas en el esfínter del otro. Nuevamente, como siguiendo una misma melodía, comenzamos a recorrer con nuestras lenguas la entrada de ese orificio, humedeciéndolo. Y otra vez, en el mismo punto de la partitura, mientras agarrrabamos el miembro del otro y comenzábamos a masturbarlo, nuestros cuerpos presionaron hacia atrás, haciendo presión sobre la lengua que estaba en la entrada de nuestro ano, dándole autorización y bienvenida al insistente, suave y nuevo visitante. La lengua de Fernando se fue introduciendo lentamente en mi agujero, conociendo su circularidad, yendo y viniendo en su profundidad, humedeciendo, conociendo, penetrando de la manera más dulce. Yo con la mía hacía otro tanto, mientras las manos se ocupaban en subir y bajar y por los penes, acariciarlos y manipularlos, masturbándolos.

Fernando abandonó el juego de su lengua por mi culo, dejando una buena cantidad de saliva depositada en él y volvió con su boca a mi pene. Hice lo mismo, al tiempo que sentí como su mano se ocupaba de empezar a acariciar mi trasero, recorrer toda la línea que separaba mis nalgas, a abrirse paso entre ella y dejar un dedo apoyado en la entrada. Imité su juego, mientras él me esperaba, jadeando. No dejaba de succionar su espléndido juguete. Sacaba un poco su pene de la boca para respirar profundo, mientras mi dedo comenzaba a introducirse en su raya y llegaba a destino. El mamaba con pasión mi sexo y cada tanto también paraba para poder respirar

Sin acuerdo, sin palabras, empezamos a introducir el dedo en el ya relajado ano del otro, primero uno, que masajeaba las paredes internas del culo, dando vueltas al dedo, entrando, saliendo, conociendo su profundidad. Nunca había experimentado un placer tan intenso. Chupábamos la verga del otro, apasionados y sentíamos un intruso recorriendo nuestro ano, estirándolo, jugando un mete y saca que nos hacía arquear el cuerpo, hacia un lado y hacia otro, buscando el placer en las dos puntas, el pene y el culo. Luego fueron dos. Nos costó un poco de trabajo introducir el segundo dedo, incluso me pareció que, a los dos, nos despertaba un poco de placentero dolor. Una vez dentro, los flexionamos y estiramos, jugando con las yemas de los dedos en la porción anterior al recto,subiendo, bajando, abriendo, y el ritmo de la mamada se hizo más intenso, y obligó a que los dedos también se volvieran más intensos, convirtiéndose el movimiento en un mete y saca, en una dulce cojida de dedos en los respectivos culos. Esto nos encendió al máximo y la noche fue sorprendida por dos claros gritos de placer, por una sucesión de gemidos, hasta que llegó la comunión al mismo tiempo y gritando salvajamente, acabamos uno en la boca del otro. Yo creí que me inundaba la boca y con mucho gusto, tragaba el torrente que se iba acumulando. El también tragó mi abundante semen, mientras sus dedos seguían entrando y saliendo de mi culo y los míos del de él. Hasta que abandonamos los cuerpos al reposo después del espectacular polvo que nos habíamos prodigado mutuamente. Retiramos los dedos y, agradeciendo, las lenguas fueron buscandose, no sin antes recorrer el cuerpo, encontrando el camino hacia las bocas, donde nos fundimos en un larguisimo, interminable beso.

Las caricias continuaron, deliciosas. No hubo palabras, ni explicaciones, ni falsas verguenzas. Solo caricias, besos, interminables búsquedas de las manos sobre el cuerpo del otro. Placer infinito. Interminable. Las primeras claridades y luego luces del día, nos encontraron así. De a ratos entredormirnos y, sintiendo al otro al lado, recomenzar, percibir y dar caricias, besos; dedos que se introducen, bocas que chupan, recorren; lenguas que entran, salen, giran y que quieren conocer más, manos que toman, suben, bajan; penes erguidos una y otra vez productos de la fricción, del encuentro con manos, boca, lenguas, orificios húmedos, dedos que entran, uno, dos y tres, salen y vuelven a entrar. Y acabadas majestuosas. Todas las que se pueden tener en una larga noche, que se convierte en día, de placer. De esas que no terminan nunca cuando cada uno lucha y se afana por placer del otro.

En algún momento, ya con las luces del día alumbrando la última sesión de sexo virginal, nos dormimos, agotados. Me despertó el caliente contacto de los labios de Fernando sobre los míos. Respondí con un beso prolongado, agradecido. El ya se había levantado, estaba con el short puesto y tenía un jarro de café caliente para mí. Me incorporé y antes de agarrar el jarro, lo abracé y volví a besar. Mientras tomaba los primeros sorbos de mi desayuno, Fernando me daba lentos besos que se demoraban en mi cuello y mi espalda, aún desnuda. Volvimos a besarnos y me incorporé, hablándonos por primera vez luego de la cena que antecedió a la magnífica maratón de sexo.

-¿Qué hora es?- le pregunté

-Las ocho y media- Me respondió

-Tengo una palma....

-Y... apenas si dormimos dos horas...- dijo con un tono seductor, mientras apagaba las últimas palabras cerca de mi boca, que se fundió con la suya, devorándosé en besos.

-Voy a prender el celular. Marcelo va a llamar en cualquier momento- dije, mientras me ponía el short y buscaba el celular. Lo prendí. Miré a Fernando, que acomodaba las colchonetas. El me miró y en ese cruce de miradas supe que no había nada que hablar, que lo pasado y, quizás, lo que pasaría, era solo cuestión nuestra y, de nuestra parte, no necesitaba ninguna explicación, ningún planteamiento.

-Me parece que vamos a tener que poner todo esto al sol- dijo, cortando mi pensamiendo y refiriendosé a la manta y las colchonetas.

-Ajá – contesté y juntos sacamos las colchonetas y la manta, que apoyamos fuera del quincho contra una de las paredes y extendimos sobre un arbusto. Contemplamos la hermosura de la soledad del bosque, admiramos el silencio que nos rodeaba y que también nos invadía, contagiándonos. Cualquiera pensaría que una salida como esas daría para hablar y parlotear sin cesar y, sin embargo, no fue así. El silencio, la paz de ese bosque cercano al mar, nos invitaba a no alterarlo, a no romperlo, sino a acompañarlo, disfrutándolo, dejándonos invadir por el.

Extrañamente, sin decirnos nada, volvimos al quincho, cada uno tomó sus elementos de baño y fuimos hacia los sanitariosy duchas. Increíblemente seguíamos accionando al unísono, sin hablarnos, como si todo hubiera estado pautado de antemano y ahora solo nos ciñéramos a cumplirlo. Mientras me sacaba el short, sonó mi movil. Era Marcelo y con malas noticias. Mientras me contaba las malas nuevas, Fernando, interesado por la llamada, se sentó a mi lado, desnudo y pegó su oreja al celular , bien pegado a mi.

- ¡Pasé una noche de mierda! Tengo la boca que parece una pelota de inflamada y me duele como los mil demonios... Mi vieja está tratando de ubicar al pelotudo del dentista para que me dé algo ó que venga a ver que carajo me hizo para que esté así. ¡No puedo ir loco! Al menos hoy, no...

- Bueno, ¡Que le vas a hacer!... Venite mañana, traete algo para que pongamos a la parrilla y pasamos el resto del día, hasta que sea la hora de irnos...

- Si, pensaba hacer eso. Espero estar bien... ¡Dentista de mierda!... Pero igual es una cagada... Yo tenía que llevar el equipo de pesca...

- No te calientes, Marce... Igual acá, hay un montón de cosas para hacer... Si ni siquiera subimos al Faro ni recorrimos el bosque para ver que hay... Mejorate y venite mañana temprano- Le dijo Fernando, compartiendo el celular...

- Bueno, dale... quedamos así.... ¡Disfruten por mí!... Mañana temprano llamo y les digo que hago... Chau...

- Chau....- se despidió Fernando

- Llamá a nuestras casas y deciles que estamos rebien, que no se preocupen. Y mejorate... Chau... – saludé y corté con una doble sensación. Por un lado triste, pues las cosas no estaban saliendo como lo habíamos planeado y, por otro lado, contento, pleno, liberado, pues tendríamos más tiempo para lo que había aparecido fuera del plan.

- Que lástima...- dijo Fernando, mientras abría la llave de dos duchas

- Ajá..., pobre Marce... – apagué totalmente el celular y me metí bajo la ducha. El agua no estaba tan tibia como la tarde anterior, pero era soportable. Pasando la mano por mi cuerpo, sentí que había partes donde estaba pegoteado y me dí cuenta que era semen, mío y de Fernando, que se había secado. Miré a Fernando y comprobé que en su cuerpo también brillaban manchas por distintas partes de su cuerpo, de idéntico origen. Empecé a enjabonarme concienzudamente y de pronto, otra mano, otro jabón, comenzó a frotarme delicadamente la espalda, mientras sentía apoyada en mi culo el semierecto, gigante y palpitante tronco de mi amigo. Me di vuelta, nuestros penes se encontraron por primera vez en esa mañana, se rozaron, se saludaron dándose los buenos días. Nos besamos bajo el agua que ya nos era indiferente. Nos enjabonamosy frotamos uno al otro, refrescándo y limpiando, dándo nueva energía a los cuerpos, enjuagando cuidadosamente. Nos secamos, besándonos cada tanto, nos cambiamos, volvimos al quincho. Mientras yo colgaba los toallones al sol, Fernando reavivó el fuego que había prendido al levantarse y puso la pava. Luego, mientras yo ya estaba enfrascado en mi libro, llenó el termo y cebó mate. Estuvimos en silencio, él con sus pensamientos y yo con mi libro, un largo rato, interrumpiéndonos solo para alcanzarnos el mate. Cerré mi libro.

-¿Vamos a caminar y después al Faro?- propuse.

-Vamos- contesto entusiasmado. Nos pusimos las remeras y gorros con visera para protegernos del sol y salimos a caminar, por el bosque, hacia el lado opuesto del mar. Recorrimos mucho trecho, hacia un lado y hacia al otro, dándo una vuelta perfecta por los límites de esa zona boscosa, hasta donde ya comenzaba la parte de dunas. Mirábamos los pájaros y distintas especies de pinos y acacias que poblaban el bosque. Y al tener la certeza de haberlo investigado casi todo, otra certeza se reafirmó en nuestras mentes: estábamos absoluta y totalmente solos en aquél páramo.

Casi terminando la caminata, Fernando, vencido por el cansancio acumulado y el caminar bajo el sol, se apoyó contra un pino, para descansar. Quizás la seguridad que me daba el sabernos solos, hizo que, decidido, me acercara hasta él y tomara su hermosa cara amiga entre mis manos y comenzara a besarlo. Y que él respondiera a mi beso, tomara mis manos y las enlazara con las suyas. Como dos enamorados, y así creo que ambos lo sentiamos pues así nos comportábamos. Estuvimos besándonos bajo la sombra del pino mucho tiempo, abrazándonos, colgando nuestras manos alrededor del cuello del otro mientras las bocas, selladas, albergabann el incesante entrelazado de las lenguas. Nos tomamos de la mano y caminamos hasta el pie del Faro. Y sin decirnos nada, pues nuesta felicidad y placer por lo que estábamos viviendo daban a entender más que miles horas de charla.

Entramos al Faro y subimos los 274 escalones hasta llegar donde estaba la luminaria. Era inmensa y estaba rodeada de marcos, protegidos por gruesos vidrios, por los que se veía el balcón mirador asegurado por barandas que rodeaba toda la estructura del Faro, desde donde se apreciaba la inmensidad de mar y la vastedad de los terrenos alrededor del Faro. Uno de esos marcos se abría hacia adentro como si fuera una puerta y por allí se accedía al mirador. Lo abrimos y salimos. El viento, no muy fuerte pero insistente, se hizo sentir cuando salimos, pero era algo agradable recorrer la circularidad de ese mirador y ver la magnificencia de la naturaleza a nuestro alrededor, mientras el viento se hacía sentir en nuestras caras. Mirando hacia el norte teníamos primero el bosque y luego reconocimos la silueta de nuestro pueblo, hacia el frente y el sur, el mar impetuoso, la continuidad de la playa que dejaba ver, allá lejos unos grises nubarrones; y a nuestras espaldas el bosque y las dunas. Yo quedé impactado por la majestuosidad de mar, que se veía inmenso, interminable. Me apoyé con los brazos en la baranda, que al darme a la altura del estómogo me hizo inclinar hacia delante, llevando la otra mitad del cuerpo hacia atrás y dejé que mis ojos absorbieran la belleza que se presentaba ante ellos. Fernando se acodó en la baranda de la misma manera a mi lado, también impactado por el encanto que se presentaba ante nosotros, mientras el viento nos revolvía el pelo y sacudía nuestras pocas prendas.

Lo ví moverse y desaparecer de mi lado, sin prestarle atención, pues seguía hipnotizado por el paisaje. Hasta que algo más mágico que ese paisaje, me hizo volver a la realidad. La presión, justo en el medio de mis nalgas, de ese otro prodigio de la naturaleza: la verga de Fernando. Apoyó toda la majestuosidad de su instrumento, haciéndo presente toda su dimensión, todo su grosor y largo, en la raya de mi culo. Y me abrazó por detrás, enlazando las manos a la altura de mi estómago y recostando su pecho en mi espalda. Me ví temblando, y no era por el frío ó por el viento. El sentir pegado a mi cuerpo el cuerpo de Fernando y a aquél pedazo colosal adherido a mi trasero, me hacía estremecer, disparando todos mis sentidos. Comencé a mover lentamente mi culo en forma circular y presionando hacia atrás, como queriendo que así, todo el largo de ese fenómeno se quedara para siempre en la unión de mis nalgas. Los labios de Fernando viajaban por mi cuello y nuca. Yo dí vuelta mi cara y se encontraron con los míos, mientras el empuje de su aparato, se hacía más agresivo, a medida que se erguía. Yo acompañaba esa excitación con movimientos de mi trasero más centralizados, dando lugar al magnífico intruso que sentía entre las telas del short, y empujando más hacia atrás.

Fernando soltó sus manos que seguían abrazándome por la cintura y una de ellas comenzó a deslizar el elástico de mi short hacia abajo, mientras notaba que la otra se movía a la misma altura en el de él. Y luego lo sentí: La mano que bajaba mi short, dio lugar y ayudó a posar esa desmedida porción de carne palpitante, directo sobre la piel de mi culo, posándose y presionando tal como estaba antes, sin la barrera de las telas de nuestras prendas. Si antes temblaba y me estremecía, ahora creía que iba a explotar, acabar allí mismo. La verga se fue abriendo camino por el lugar que podía, me rozó los testículos y llegó hasta la base de mi pene. En una de las retiradas, cerré las piernas y atrapé la cabeza entre ellas y apreté con fuerzas. Fernando se abandonó sobre mi cuerpo, gimiendo de satisfacción y comenzó un mete y saca lento, besándome el cuello y luego buscando, con gemidos como suplicando, mi boca. Cuando nuestros labios se encontraron, contrariamente a lo que yo creía que venía a continuación, detuvo el movimiento y durante el beso, sacó su sexo de entre mis piernas, acomodó su short, el mío y me giró, abrazándome, estrechándome contra sí, pegando su sexo al mío, que estaba a punto de estallar, y prolongó el beso apasionado. Nuestros paquetes se empujaban uno contra otro desesperados, queriendo romper la prisión de las prendas y encontrarse con el otro. Con un gimoteo amoroso, adolescente, nos separamos y nos miramos largamente, entramos, cerramos como estába cuando llegamos y comenzamos el descenso, tomados de la mano. Nos tomómás del doble de tiempo bajar, ya que cada tanto, él ó yo, tomaba al otro y lo besaba, ó bien lo inmovilizaba contra las curvas paredes, asaltando la boca, mejillas, orejas, cuello y en algún momento, levantaba la remera para llegar al pecho, las tetillas.

Finalmente salimos al exterior, y andando por el sendero que nos llevaba al quincho, vimos como habían avanzado esos nubarrones que venían desde el sur y se acercaban hacia nuestro paraíso. Levantamos, por las dudas, las colchonetas, las mantas y los toallones y las entramos. Fernando fue hasta el baño, yo alimenté el fuego y puse a calentar agua en una cacerola para cocinar el amuerzo.

El estar solo, mirando fijamente el fuego y esperando que hirviera el agua, me dio lugar para pensar en lo que estaba pasando, por primera vez. Siempre me consideré heterosexual, lo mismo que a mi amigo. Si bien no teníamos novias, ya habíamos salido con algunas, aunque ninguno de los dos había pasado de maratónicas sesiones de besos y algunos toqueteos. Pero lo que estaba pasando, ese conocer el sexo con mi propio amigo, sintiendonos los dos cómo novios aún virginales; con tanta dulce pasión como la desatada la noche anterior ó la demostrada durante la mañana, realmente me desorientaba y gustaba a la vez. Sentía los labios como si estuvieran hinchados de tanto besar y recibir besos, el cuerpo como flotando, vibrante, por saber a Fernando conmigo y a solas; la piel guardando la ternura de las caricias, el pasar de sus manos en ella. Y una sensación como de noviazgo, de amor profundo, del que se da y se recibe mansamente, sin apuros. Y la convicción de que a él le pasaba lo mismo, pues se le advertía en su actitud idéntica a la mía, en su mirada, en la ternura de cada gesto que tenía hacia mí. Un frío me recorría la espalda al recordar las dimensiones de su sexo, al evocar su tamaño apoyado en mi trasero.

Estaba concentrado en esto, repasando una y otra vez lo pasado en las últimas horas, reviviendo sensaciones, cuando me interrumpieron dos cosas: Un trueno ensordecedor anunciando tormenta y las manos de Fernando sobre mis hombros, que se había parado tras mío y se inclinaba para besarme el cuello. Me dí vuelta y nos besamos, fundíendonos un abrazo tierno, protector.

-Se viene el agua, se nos pincha el día- dijo, señalando hacia fuera, donde de repente empezó a soplar un viento frío, anticipando la lluvia. –Por suerte acá vamos a estar protegidos-

-Ajá. Pero no creo que dure mucho. Las últimas tormentas fueron cortitas-

-Ojalá.... Podemos aprovechar para dormir... estoy molido- dijo mientras estiraba los brazos, desperezándose.

-Voy a hervir fideos, los comemos con aceite y algo de la carne cocida que te dio tu vieja.

-Lo que quieras, pero después un buen café y me tiro un rato....

-Y yo también...- dije. Fernando preparó la mesa para comer, yo herví y colé los fideos, les puse aceite, corte dos porciones de carne y llevé todo a la mesa. Los truenos se repetían y mientras comíamos y charlábamos de todo un poc, se largó la lluvia. Terminamos de comer, levantamos las cosas y las enguagamos. Fernando puso a calentar agua, batió café, que dividió en dos tazones grandes y les echó el agua casi hirviente encima. Mientras, yo fui hasta la cortina plástica que protegía el quincho, la abrí un poco, saqué mi verga y oriné hacia fuera, tratando que la lluvia no me mojara. Esto nos hizo reír a los dos. Cuando volví a la mesa, ya estaba el café esperándome. Me senté al lado de Fernando a tomarlo y observar la caída de la lluvia, que se perdía a través del plástico que protegía al quincho.

Fernando se levantó y fue hacia las colchonetas, hizo spacio y armó la improvisada cama al lado de la parrilla, como la noche anterior, mientras yo observa atento sus movimientos. La sola idea de estar acostado nuevamente a su lado en poco rato, me excitaba, pero no queriendo anticiparme, tomé el libro y me puse a leer. Pasó poco rato y me descubrí cabeceando ante el libro, lo cerré y fui a acostarme. Fernando estaba dormido, boca arriba, tapado con la manta. Verlo me llenó de ternura, me acosté a su lado e incorporándome un poco, lo besé con los labios cerrados. El despertó entreabrió los ojos, sonrió al verme, me pasó el brazo por el cuelo, me acercó a él, me devolvió el beso de labios cerrados y recostó mi cabeza contra su pecho. Yo me quedé quieto, acompañando el compás de su respiración, feliz de estar allí y, por la sonrisa que marcaba su rostro, él también.

Nos quedamos profundamente dormidos, abrazado, mi cabeza sobre su pecho. Cuando desperté, me llamó la atención la oscuridad, apenas si podía divisar el brillo ya casi apagado de las brasas y se escuchaba la lluvia caer sobre el techo. A tientas, traté de alcanzar mi reloj, que según recordaba había dejado a un costado de las colchonetas. Lo encontré, accioné la iluminación, y acercándolo para poder mirarlo, vi la hora. ¡Las 20.30 Hs.! ¡Habíamos dormido más de seis horas de corrido y ya era de noche!. Me levanté y lo primero que percibí fue que había bajado la temperatura. A tientas, en la oscuridad, busqué el sol de noche y luego los fósforos. Lo prendí y lentamente la tenue luz fue aclarando a su alrededor. Me puse un buzo, Fernando seguía durmiendo, yo alimenté el fuego hasta que las llamas dieron un poco más de luz. Puse a calentar agua, tenía la necesidad de despejarme después de esa larga siesta. Preparé mate, tome unos cuantos solo, desdejándome en cada sorbo. Me acerqué hasta la cortina, corriéndola contemplé la lluvia, escuché el ruido del mar y volví las vista hacia donde Fernando dormía, extendiendo su hermosa anatomía sobre las colchonetas. Definitivamente, estaba en el paraíso.

Calenté más el agua, la puse en el termo, recompuse el mate y con el equipo a cuestas, fui a despertar a Fernando. Dejé el equipo a un lado, me arrodille en la colchoneta y con los dedos, le corrí un mechón de pelo que le tapaba la cara. Reaccionó refunfuñando. Con el dorso de la mano, acaricié suavente su mejilla, que estaba caliente. El abrió los ojos y se incorporó, sonriente. Yo le ofrecí el mate.

-¿Sigue lloviendo?- preguntó mientras tomaba, apoyándose en un brazo sobre la colchoneta

-Si... Lástima... podríamos haber ido a caminar de noche por la orilla del mar....

-Mañana va a estar mejor y lo hacemos a la mañana– aseguró. Terminó el mate, me lo dió y mientras yo lo llenaba se incorporó y se sentó. - ¡Ah, la mierda que se puso fresco!

-Ajá, y bastante. Yo me tuve que abrigar– repliqué y le alcancé otro mate.

-No me levanto nada... – dijo, divertido, mientras se metía bajo la manta y se tapaba del todo.

-Hacé lo que quieras, pero tomá el mate... Nos pasamos de vueltas durmiendo...- El reapareció de bajo la manta, se incorporó, agarró el mate, lo tomó y justificó:

-Lo necesitábamos... si anoche no dormimos casi nada... Encima, con el cansancio de la caminata hasta acá de ayer y la de hoy... – Me devolvió el mate vacío. Yo le cebé otro y se lo dí. El lo tomó rápido y volvió a meterse bajo la manta.

-Podríamos comer la tarta que me dio mi vieja- comenté, mientras me ilevantaba y dejaba el equipo sobre la mesa.

-Ajá. Y en la cama, así estamos abrigaditos.

-Entonces la corto y la dejo preparada, así cuando queramos, la agarramos y listo.

-Dale

Puse más leña al fuego, corté la tarta, puse varias servilletas al lado de las porciones y me senté con el libro, al lado del sol de noche y leí unos instantes. El se incorporó, vió lo que estaba haciendo, y con un tono que era mezcla de invitación y ruego, me increpó:

-¿Qué hacés ahí? Vení a leer acá, tapadito, al lado mío

Lo miré y al mirarlo, otra vez, ante la sola visión de su cercanía, su hermosura adolescente y el recuerdo de todo lo vivido en las últimas horas, un frío me corrió por la espalda. Dejé el libro, pues me parecía más interesante estar a su lado que la lectura, apagué el sol de noche, tiré más leña al fuego y antes de acostarme a su lado, alumbrado solo por la luz proveniente de la parrilla, me quité el buzo ante su mirada atenta. El se paró de golpe sobre la colchoneta y con la mirada fija en mí, buscando entre la escasa luz amarillenta mi mirada, se quito primero la remera y luego el short. Quedó desnudo, con una mirada desafiante.

-Yo repuse energías ¿Y vos? – me provocó. Yo sin contestarle, y tratando de controlar mis sentidos, le di la espalda y me quité lentamente, como en una danza de strip tease, la remera y luego el short. Al segundo que tiraba el short, lo tuve pegado a mi espalda, besando mi cuello, pellizcando delicadamente mis tetillas, acariciando mi pecho y con su titánico aparato apoyado en mi culo. En una pausada sucesión, repetía los besos y caricias. Su miembro, erguido, caliente, afirmado en todo su largo sobre la raya del culo, iba creciendo con el fragor del contacto, de las caricias. Yo le revelaba a ese grandioso intruso mi gusto y deleite por su presencia con un meneo ritmico, que buscaba acomodar, hermanar la curva raya de mi trasero a ese tamaño y extensión, como queriendo que así, encastrada, entrara todo lo que pudiera. Yo movía, trataba de abrir, para atrapar el grosor entre las nalgas. Con este profano y sensual juego, el peregrinaje de los labios de Fernando en mi espalda, mi cuello hasta llegar a mis mejillas, boca, y el tránsito continuo de sus manos por mi pecho, abdomen, pubis, hasta llegar a mi sexo y acariciarlo, para volver a empezar, comenzamos a descender, hasta quedar enalazados y de rodillas sobre la colchoneta. Largo rato estuvimos arrodillados, el pegado a mi espalda, besándome, acariciándome y yo con mis manos hacia atrás, percibiendo cada centímetro de su piel. Me hizo girar y quedamos de rodillas, frente a frente, exténdiendo los minutos en besos, caricias, abrazos y toqueteos de todo tipo. No recostamos y, otra vez, en una armonía de movimientos que parecía planeada, fuimos recoriendo con la boca, lengua y manos el cuerpo del otro, hasta quedar yo a la altura de su pubis y él del mío. No dedicamos a besar suavemente, conociendo cada milímetro, intimando, reconociendo cada venosidad, cada rugosidad del sexo del otro. Y vino el recorrido a los testículo, el perineo y finalmente las lenguas fueron a dar y buscar goce en la entrada del ano del compañero. La lluvia se sentía caer copiosa y cada tanto un trueno se sumaba a nuestros gemidos y algún que otro relámpago, descubría las siluetas de esos dos cuerpos adolescentes, briosos, que se estaban dando placer mutuo, apenas alumbrados por débiles llamas de fuego.

No tengo registro del tiempo que nos tomamos para avanzar uno sobre el otro. Tanto Fernando como yo, estábamos de lleno en la dulce tarea de dar y recibir placer y eso nos hizo perder la noción del tiempo. Solo puedo decir que todo era lento, sensual, sin apuros, sin urgencias. Dejábamos que una cosa llevara a la otra, encontrando el tiempo y ritmo propio de cada mimo, caricia, en cada avance, una vez que se estaba produciendo. No era calentura desaforada, era amor en plenitud y desarrollándose, dejándose ser en cada uno y en el otro.

Las bocas y lenguas recorrieron los esfínteres, entrando, saliendo, lubricando, imitando a pequeños y juguetones penes que todo tocaban, las paredes, la circunferencia de la entrada, dejando su rastro de saliva a su paso. Los dedos fueron buscando las entradas sagradas de cada culo y, atravezándolas, se abrieron paso, se hicieron lugar para otro y luego para otro más. Sin dolor, pues la pasión y la necesidad de sentir al otro, daba permiso, lubricaba. Las bocas volvieron a las vergas, abarcándolas en un ir y venir, para luego encerrarlas en las bocas y succionarlas. El placer de esa ceremonia de cuerpos nos excitaba a pleno. Nuestros miembros totalmente agarrotados confirmaban lo que nuestras bocas decían con cada beso húmedo sobre ellos. Los cuerpos se arqueaban de placer ante la entrada y salida de dedos del culo. Mi boca no sabía como abarcar la tremenda pija de Fernando. Me atragantaba, sentía que me dejaba sin aire ese enorme pedazo de carne palpitante en mi boca y aún así, trataba de que entrara más. Sabía que era humanamente imposible, pero igual lo intentaba, mientras cuatro dedos jugaban a entrar y salir de mi culo gozoso y tres de los míos hacían lo mismo en el dilatado culo de mi amigo.

Yo no sabía del placer que se siente, como se goza, chupando, sintiendo como late el tronco en tu boca, como resuma la cabeza ante las suaves caricias de la lengua. Y tampoco había conocido el gozo que se siente cuando te comen el culo y luego lo habitan dedos curiosos que te hacen estremecer, retorcerte sobre la mano dueña de esos dedos para que entren un poco más. Lo mismo que yo experimentaba, lo estaba sintiendo Fernando, pues sus gemidos, sus movimientos idénticos a los míos buscando ser penetrado más hondo por los dedos, la pasión con que me chupaba la verga y su respiración apasionada, delataban que así era.

Como dije, perdí la noción del tiempo. Solo sé que en un momento, yo mismo me puse boca abajo, busqué en la oscuridad, pues el fuego había perdido todo su vigor y quedaban solo unas brasas, la mano de Fernando y tiré de ella, indicándole que se acostara sobre mi. Sentí su peso en cada centimetro de mi piel. Su verga majestuosa se apoyó en mi culo y yo empecé a moverme hacia arrriba y hacia abajo, mientras él acompañaba con la pelvis, haciendo que su prodigioso caño tocara mis testículos y lo sintiera entrar y salir por la rendija de mis piernas cerradas que lo apretaban con deleite. Aún de espaldas y con él recostado sobre mí, con una mano tomé su verga y con la otra abrí uno de mis cachetes, acomodando la punta lubricada de liquidos de esa maravillosa herramienta en la entrada de mi culo. Luego de soltarla, con la misma mano abrí todo lo que pude el otro cachete y lo solté. Así quedamos unos instantes, la cabezota de su miembro apoyada en la entrada de mi ano, y mis nalgas apretando el inmenso grosor de la verga de Fernando. Suave y timidamente, empecé a empujar hacia atrás, elevando mi culo, queriendo que esa cabeza se abra paso en mi esfínter. Fernando con mucha delicadeza empezó a hacer su parte, a empujar. Muy suavemente. Avanzando y retrocediendo, en forma casi imperceptible, para que mi novato esfínter se acostumbrase al tamaño de ese intruso que, con decisión de ambas partes, iba a ingresar en esa zona hasta horas antes virginal. Los dos empujábamos tiernamente y en una de las acometidas, él empujando su pene y yo alzando mi culo, sentí que esa cabeza se abría paso y agrandaba la estrechez de mi agujero.

Más que un gemido, dí un apagado alarido, pero no de dolor, sino de extasis, de placer infinito. Fernando sintió la circunferencia apretada de mi culo rodeando la mayúscula cabeza de su pija y, gentil, dando tiempo, se quedo quieto, recostándose más sobre mi, aprovechando para besarme el cuello, mordisquear mis orejas, recorrer mi nuca y espalda con su lengua. Sentía que algo estaba llenando un lugar que no estaba preparado para tal faena, pero mentiría si digo que hubo dolor. No, no lo hubo. Como en las otras etapas de nuestra entrega, esta tuvo su propio tiempo, nos quedamos quietos, disfrutando de las caricias, mientras mi ano se acostumbraba a la entrada de tal magnifica visita. Creo que para facilitar las cosas y poder gozar el momento a pleno, Fernando, muy suavemente, retiró su miembro, se paró y lo escuché moverse, acercarse a la mesa, tantear, tomar algo y volver, arrodillarse con las piernas abiertas a los costados de las mías y sus dedos, embadurnados en aceite, se introdujeron en mi culo, rodeándolo por completo, aplicando el lubricante hasta donde llegara la profundidad de la maniobra. Y nuevamente abrí los cachetes, dando paso al voluminoso glande que se apoyo en la entrada. Puso todo su peso sobre mi y cuando yo relaje mi cuerpo, el embistió, apoyado y haciendo fuerza en las punta de los dedos de los pies, empujó para adentro, colocando la cabeza de su pija donde estaba antes y metiéndola un poco más adentro. Repetí mi gemido de feliciddad. Nos quedamos quietos un instante y suavemente el comenzó a moverla circularmente, agrandando el orificio y cada tanto, empujaba y entraba un pedazo más, y otro tanto hasta que tuve cerca de la mitad de su verga dentro mío. Ahí sí creí que me partía en dos, que se me abría el cuerpo y que ya no había más remedio que soportar, pero estaba feliz, gozoso. Sin intentar entrarla más, comenzó elmovimiento de mete y saca y sin darme cuenta yo acompañaba el movimiento, menenando el culo, levántandolo, moviendome al compás. Sentía que no entraba más y al rato tenía más adentro y así varias veces. Empecé a gemir de gozo. Las bocas y lenguas se buscaron nuevamente. Y separé más las piernas. Y las levantaba hacia arriba, tratando de atrapar las suyas, anudándolas con las mías. Me sentía abierto de par en par para recibir el portentoso aparato de ese macho adolescente y ardiente. Y mientras jadeábamos y nos besábamos, casi sin poder creerlo, sentí sus huevos golpear contra mis nalgas y luego cada vez más rápido. Y ocurrió. Explotó dentro mío. Su cuerpo se puso tenso, y ahogó un grito ronco, encondiendo su boca en mi cuello. No se cuantos trallazos escupió esa verga imponente que me llenaba por dentro. Sólo se que inundó mi culo, desbordándolo hasta correr por la mis nalgas y mis huevos.

Sacando despacio la verga de mi culo, Fernando me dio vuelta y nos fundimos en un beso apasionado. Luego el se puso boca abajo, abrió sus nalgas, invitando a mi verga a inaugurar su estrecho culo. Repetí la operación que él había hecho conmigo, empapando mi mano con aceite y metiendo los dedos en su culo, dilatandolo más y lubricándolo. Apoyé la cabeza de mi pene en la entrada y de golpe el empujó fuertemente hacia atrás, haciendo que mi cabeza entrara de golpe. Lanzo un grito, similar a lo que yo habia proferido ante la invasión delcuerpo extraño. Abandoné todo mi peso sobre él, empecé a hacer movimientos circulares y cada tanto empujaba más adentro, hasta que mis huevos estuvieron pegados a sus nalgas. Y comencé a meterla y sacarla, cada vez con más ritmo y él acompañaba, se movía a mi ritmo. Hasta que acabé como nunca lo había hecho, creí que fueron litros y litros de semen en la misma acabada, hasta sentirme vaciado por completo. Saqué mi pija de su culo, se dio vuelta y me tiré sobre él, cuerpo contra cuerpo, besándolo y él me rodeó con sus brazos, correspondiendo a mis besos.

Quedamos dormidos en ese abrazo un largo rato, hasta que tocó mi hombro con sus labios para llamar mi atención. Me hice a un costado y el se levantó, buscó en la oscuridad la linterna y tomando los toallones, me dijo:

-Acompañame- Yo no pregunte, me levanté y lo seguí. Salimos del quincho, todavía caía una fina llovizna, me dio mi toallón, encendió la linterna alumbrando el sendero y comenzó a correr, desnudo, con su aparato bamboleando bajo la llovizna, hacia los baños, y yo tras de él. Al llegar, apoyó la linterna en e lbanco y abrió las duchas. Nos metimos, el agua estaba fría, pero compensabamos el frío con el calor de nuestros cuerpos pegados, refregando al otro, limpiandole los restos de la sesión de sexo. Nos secamos y volvimos desnudos, con la llovizna corriendo por nuestro cuerpo, al quincho. Avivamos el fuego, prendimos el farol y comimos la tarta que había dejado cortada. Recién al sentarmesentí molestias en mi ano, pero enseguida pasó. Cada tanto nos cruzábamos, caricias, toqueteos. Y fuimos a la improvisada cama nuevamente, donde empezó lo que yo llamo "La noche de bodas" y que fue mágica, sensual, interminable, agotadora. Seguida por el día, que nos traería noticias del pueblo que prolongarían nuestra amorosa estadía. Pero eso es motivo para otro relato.

 
FINDE EN LA PLAYA
Desde hace un montón de años (casi toda la vida) en mi familia vamos de vacaciones a unos apartamentos en la playa. Como tenemos dos apartamentos nos separamos, en uno nos metemos la familia de mi padre y en el otro la de mi tía, hermana de mi padre. Yo siempre me he llevado muy bien con mi primo, que tiene mi misma edad, y siempre que íbamos de vacaciones nos pasábamos todo el día juntos. Siempre estábamos jugando en la playa o en la piscina, a fútbol o a básquet o a la consola, sólo nos separábamos a la hora de dormir. Aunque a veces ni eso, por que desde que tenemos 15 años nos vamos por las noches con los amigos que tenemos en los apartamentos y dormimos muy poco.

Este verano pasado nos volvimos a reunir allí. Pero ahora las cosas son totalmente distintas. Los dos tenemos 22 años y no podíamos pasar allí todo el mes por culpa del trabajo. Así que nos organizamos como pudimos para coincidir todo el tiempo que fuera posible y al final resultó que sólo podíamos hacerlo en septiembre. Pero claro, la familia no podía ir en septiembre, así que pasaríamos una semana acompañados de nuestros padres y demás familiares y luego estaríamos tres semanas solos. O al menos eso pensaba yo.

Cuando yo llegué al apartamento mi primo ya estaba allí. Yo tenía muchas ganas de verle, y después de instalarme mi madre me avisó de que él (que se llama Álex) estaba en la playa. Yo me puse mi bañador, cogí una toalla y fui a buscarlo. Al acercarme lo vi en la arena, me alegré bastante. Pero entonces él (que no me había visto) se levantó y fue hacia la orilla, se acercó a una chica la abrazó y le dio un beso. En ese momento sentí algo raro. Sentí celos.

Me paré en la arena mirando a mi primo ya la chica riendo y hablando. Y no entendía nada de lo que me estaba pasando. Supuse que aquella era su novia, yo sabía que tenía novia, pero no sabía que la iba a llevar. Pensé que no me gustaba que estuviera allí, que yo quería pasar aquel tiempo solo con mi primo y la idea de pasar tres semanas los dos totalmente solos me gustaba mucho, por que sabía que nos lo íbamos a pasar en grande. Pero a parte de todo eso, me jodía que tuviera novia. Y no sé por qué. Yo hacía un par de meses que había cortado con una chica con la que había salido durante 6 meses, y ahora tonteaba con otra que estaba a punto de caramelo. Pero me jodía que mi primo tuviera novia. Y me asusté al darme cuenta que me jodía por que tenía la idea de que hiciéramos algo que yo llevaba desde críos deseando.

Desde que éramos muy pequeños mi primo yo nos habíamos pajeado juntos un montón de veces. Casi habíamos descubierto las pajas juntos y desde que lo hicimos pasábamos todo el mes de vacaciones pajeándonos casi siempre que podíamos. Nunca habíamos hecho nada más, pero yo siempre había tenido una especie de sueño. Quería quedarme un tiempo, al menos un día entero, con mi primo solos, en alguno de los dos apartamentos, pajeándonos o haciendo más cosas. Quería hacer el guarro, pasarnos el día en pelotas, cascándonosla siempre que nos apeteciera. Incluso tenía la idea de ligarnos a un par de chicas y montar una orgía.

Pero con su novia allí, se me cortó el rollo. Me acerqué a ellos, nos saludamos, estuvimos hablando... Ella se llamaba Elisabeth y tenía un par de años más que Álex. Al mediodía fuimos a comer al apartamento de mis padres toda la familia y hablando hablando surgió un tema que yo no esperaba. Mi primo y su novia estaban prometidos y se iban a casar.

A partir de ese momento me di cuenta de que la semana iba a ser muy aburrida. Que hasta que no nos quitáramos a todos los familiares de encima (incluida la novia) aquello no tendría nada de diversión. No me atreví a preguntarle a mi primo si Eli se iba a largar el 31 de agosto, pero yo tenía la impresión de que sí.

El caso es que, efectivamente, la semana fue muy aburrida. Álex y Eli pasaban todo el día juntos y no tenía más familiares de mi edad con los que pasar un buen rato. Todos eran mayores y o eran mis padres o eran primos casados y con hijos. Y para más INRI mis amigos no estaban por que todos se habían tomado vacaciones en julio.

Una noche le propuse a mi primo ir a bañarnos a medianoche a la playa. La tonta de la novia se acopló y se vino con nosotros. A mí no me hizo ni puñetera gracia, pero no podía decirle que no. Estuvimos un par de horas bañándonos, aunque nos costó Dios y ayuda convencer a Eli de que perdiera el miedo y se metiera en el agua. A eso de la 1 y media ella quería irse. Yo quería quedarme un rato más y Álex, que se dio cuenta de que yo no soportaba a la novia, la convenció de que se fuera sola que él se quedaba un rato más.

En cuanto se largó yo me quité el bañador y me metí en el agua. Álex hizo lo mismo y empezamos a nadar y a hacer un poco el subnormal. Que si ahora te ahogo yo, que si ahora me ahogas tú. Empezamos a nadar y fuimos hasta una plataforma que había a unos 20 metros de la orilla y nos sentamos en el borde, con los pies en el agua. Empezamos a hablar de nuestras vidas, de mis novias, de Eli... Yo fui tirando hacia el pasado, quería recordarle nuestra época de pajilleros. Como no conseguía llevarlo hacia donde yo quería, lo solté sin más.

Tengo ganas de hacerme una paja.

¡Pues háztela!.- dijo Álex.

Yo, ni corto ni perezoso, cogí mi polla y me la empecé a sobar. No tardé en conseguir una erección poderosa que me hizo descapullar rápidamente. Mi nabo mide unos 18 centímetros y es bastante gordo. Empecé a pajearme lentamente, me recosté un poco hacia atrás y exageré mis gemidos para llamarle la atención. Entonces me estiré completamente y seguí pajeándome. Vi que Álex también se estiraba, pero de costado, mirándome y entonces cogió mi polla y siguió cascándomela él. Yo no dije nada, simplemente actué como si aquello fuera lo más normal del mundo. Estábamos acostumbrados a masturbarnos el uno al otro (aunque hacía tiempo que no lo hacíamos) y por eso le dejé hacer. Él empezó a hablar.

¿Así que no tienes novia?

No, rompí con una chica hace un par de meses.

¿Y novio?

Le miré asombrado, me extrañaba que pudiera pensar que yo era gay. Le pregunté por qué lo decía y él dijo que era una pregunta tonta y que no pasaba nada si le decía que sí. Le dije que no, que no había tenido ningún novio. "Pues yo hace un mes me lié con un tío" Yo me incorporé de golpe y me aparté, mi polla salió disparada de su mano.

Al ver el susto que me llevé me lo explicó todo. Había salido una noche de fiesta sin Eli y se había emborrachado mucho, y el caso era que sin saber cómo había acabado en el lavabo con un tío comiéndole la polla. Cuando terminó de correrse el otro tío le obligó a que se la chupara a él y cómo iba tan borracho no se pudo resistir. El tío se corrió en su boca y se fue, y él se quedo en el lavabo sin saber qué hacer. Decidió guardarse el secreto y yo era la primera persona a la que se lo contaba.

No me atreví a decir nada. Él me miró y se tiró al agua. Yo me acerqué al borde y al mirar en el mar vi que él no estaba. Entonces salió de debajo del agua y antes de que yo pudiera hacer nada se metió mi rabo en su boca. Empezó a sorber con fuerza y a mí esa sensación me gustó mucho. Con los brazos sobre mis piernas se aguantaba para seguir chupando. Lamía mi tranca con gula y con bastante traza, me hizo dudar si sólo se había comido una polla en plena borrachera. Marcaba sus dientes en mi carne y se la metía hasta el fondo, cuando notaba su aliento en mi vello púbico me daba muchísimo gusto. Después de estar un rato chupándola se la sacó y empezó a lamerme el capullo. Lo hacía con rápidos movimientos de la lengua, sin ningún pudor. A mí aquello me gustaba tanto que no quise detenerlo en ningún momento. Fue bajando su lengua por el tronco de mi rabo y luego empezó a chuparme los cojones. Yo puse una de mis manos en su nuca y con la otra empecé a pajearme. Él chupaba mis huevos, se los metía en la boca y los sorbía haciendo presión. Mordía mi escroto y me besaba los muslos. Le cogí del pelo y estiré, y volví a guiarle para que me volviera a chupar el rabo. No tardé mucho en correrme, después del primer trayazo él se la sacó de la boca y me corrí en su cara. Él mi miraba sonriente.

En ese momento sentí miedo, miedo de que él quisiera que yo hiciera lo mismo. Nos estuvimos mirando un rato y me preguntó si quería chupársela. Le dije que no, que como mucho le haría una paja. Me tiré al agua y me puse a su lado. Cogí su rabo, que estaba a punto de explotar y empecé a pajearle. Estábamos los dos cara a cara, notaba su aliento en mi cara. Él abrió la boca y vi que aún tenía algo de mi leche en la lengua. Sin saber por qué abrí la boca y dejé que me besara. Entonces fue cuando noté que se corría. El gimió, y mientras pegaba trayazos de lefa me abrazó y empezó a besarme en el cuello.

Cuando terminó permanecimos abrazados un rato. Luego nos separamos y nadamos hacia la orilla, sin decir nada. Nos pusimos los bañadores y fuimos hacia los apartamentos. Mientras caminábamos él me confesó que llevaba mucho tiempo esperando el momento de hacerme una mamada. Yo le dije que no le decía nunca que no a nadie que quisiera chuparme el rabo. Nos reímos y seguimos hacia los apartamentos, sin decirnos nada.

Aquella noche no pude dormir. Como duermo solo en una habitación pequeña me pasé la noche pajeándome pensando en Álex. Y sobretodo, sobretodo, deseando que la tonta de la novia se largara el día 31.

Al día siguiente Álex pasó a buscarme bastante temprano para ir a comprar. Nos había tocado ir a hacer la compra, y como nosotros nos íbamos a quedar más tiempo teníamos que ir los dos para comprar lo que nos diera la gana. Mientras íbamos empujando el carrito Álex me llevó a la zona de droguería y me dijo que buscara unos condones que sirvieran para penetración anal. Yo le miré asombrado, sin saber qué hacer y entonces me acerqué a él y le susurré que no le iba a pedir que se pusiera condón para follarme. Él se asombró aún más y me dijo que los condones eran para usarlos con Eli, que le gustaba que le dieran por el culo. Yo me puse rojo, me dio muchísima vergüenza. Pero Álex me sonrió me miró fijamente y me dijo que si quería que me follara sin condón, lo haría.

Mientras volvíamos en el coche no me atreví a decir nada. Álex conducía, paró un momento en la cuneta y nos quedamos allí un rato. Al final me miró y me dijo:

Si quieres que nos lo montemos en serio lo hacemos. Eli se irá la primera semana de septiembre. O sea que tenemos dos semanas para follar siempre que queramos.

Pero es que no sé si es lo que quiero.

Claro que lo quieres.- y puso su mano en mi paquete- esto te delata.

Álex tenía razón. Yo estaba tremendamente cachondo, llevaba todo el camino empalmado y no podía ocultar mi polla debajo del tejano que llevaba. Él empezó a desabrochar los botones del pantalón y vio con alegría que no llevaba calzoncillos. Cogió mi rabo y empezó a pajearme. Yo me recosté en el asiento y cerré los ojos. Disfruté como pocas veces lo había hecho durante una paja. Pensé en avisarle cuando fuera a correrme, para no mancharme. Pero justo cuando noté la leche a punto de salir sonó el móvil de Álex, los dos nos pusimos nerviosos y toda mi lefa salió disparada hacia mi camiseta. Cuando terminé de correrme Álex descolgó. Era Eli que quería no sé qué. Cuando colgó miró mi camiseta y le entró la risa. Arrancó y volvimos a los apartamentos. Para disimular yo me había quitado la camiseta y la puse corriendo en el cesto de la ropa sucia. Mientras Álex y yo descargábamos la compra los demás estaban en la playa. Cuando terminamos de ordenarlo todo fuimos a ponernos los bañadores, yo me quedé en mi apartamento y Álex se fue al suyo. Antes de salir me miró y me dio un beso en los labios.

Cuando cerré la puerta me di cuenta de que aquel iba a ser el mejor verano de mi vida. Y lo fue. Ya lo veréis.

Al día siguiente de que Álex y yo fuéramos a hacer la compra, yo aún no podía quitármelo de la cabeza. Seguía pensando en la otra noche en la playa, en la paja del coche y, sobretodo, en el beso que me dio antes de ir a la playa cuando volvimos. Aquel beso para mí significó mucho, tal vez demasiado. Aquella era la primera vez que tenía algo con un tío, y además era algo fuerte y era con mi primo. Pero era muy pronto para ponerme a pensar en los caminos que cogería nuestra "relación" y decidí pasar del tema y vivir el momento.

Y menos mal que no me dio por querer "acercarme" a él, por que después del día de la compra Álex casi no me dirigía la palabra. Si bajaba yo a la playa él se iba a la piscina, si iba yo a la piscina él se subía a su apartamento y si le llamaba para ir a tomar algo, me decía que iba a hacer cosas con Eli. Yo me empecé a mosquear, por que pensaba que lo que nos había pasado a él no le importaba, que se lo había tomado como un juego o algo así. Incluso llegué a pensar que se le había olvidado.

Yo lo pasé mal, estaba muy nervioso. Me jodía que jugara conmigo. Cogí mi coche y me fui a ligar. Necesitaba aclararme, saber qué era lo que sentía. Quería saber si yo era gay, si era bisexual o si lo que había pasado con mi primo era un calentón. El caso es que una noche salí solo de fiesta y ligué con una chica. Terminamos montándonoslo en el asiento trasero de mi coche. Lo disfruté, sí. Me gustó, sí. Pero no era lo mismo. Aquello era algo "habitual" estaba acostumbrado, en cambio hacerlo con un tío tenía un punto que ninguna chica podía darle a aquel momento. Supongo que todos tenemos un momento lúcido de autodescubrimiento, y aquél era el mío.

Así que dos días después de la compra con Álex estaba decidido a pillarlo por banda y dejar las cosas claras.

Me levanté por la mañana y descubrí con alegría que todo el mundo se había ido a la playa y que estaba solo en el apartamento. Decidí que no me apetecía ir a bañarme y como hacía calor preferí darme una ducha y jugar un poco con la consola. Entré en el baño, me desnudé y me metí bajo el chorro. Al rato me pareció escuchar cerrarse la puerta del apartamento y pensé que sería alguno de mis padres que iban a buscar algo. Pero a través de la mampara vi que se abría la puerta del baño y que alguien se quedaba quieto en el umbral. Abrí la mampara asomando la cabeza y vi que era Álex. Llevaba un bañador y una camiseta. Yo sonreí. Él me miraba fijamente. Abrí totalmente la puerta de la ducha y dejé que me observara. Él se quedó un rato mirando como el agua de la ducha resbalaba por mi cuerpo y se llevaba la espuma del jabón. Se acercó hacia mí, me miro y alargó su mano y comenzó a acariciar mi torso.

He estado pensando.- dijo él- y no puedo hacerlo.

¿Qué no puedes hacer?.- pregunté yo, mientras me recostaba en la pared.

Tengo novia. Lo del otro día... deberíamos olvidarlo.

No puedo olvidarlo.- Mi polla había empezado a ponerse dura. Yo cogí su mano y la acompañé mientras me acariciaba.

Pues hazlo. Quiero a Eli.

No te estoy pidiendo que la dejes.

Soy yo el que me lo pido. O tú o ella.

Y dicho esto dejó de acariciarme y salió del baño. Me dejó allí solo, empalmado, excitado. Y en ese momento decidí olvidarme de Álex. Agarré el bote de jabón, me enjaboné una mano y empecé a pajearme. Mientras con una mano me acariciaba el nabo con la otra repasaba los sitios por los que Álex había pasado su mano. Noté la tensión en mis pectorales y en mis abdominales. Las horas de gimnasio daban sus frutos. Me gustaba masturbarme mientras acariciaba cada uno de mis abdominales. Tardé poco rato en correrme y mientras lo hacía apretaba con fuerza mi verga, pensando que era la verga de Álex. Quería retorcerla y hacerle daño. Cuando terminé de correrme quedé un rato apoyado en la pared, agobiado y tremendamente dolido.

Así que pensé que si él quería pasar de mí yo pasaría de él. Me pasé tres días decidiendo qué iba a hacer. Sopesaba todas las posibilidades, ignorarlo vilmente, volverme a casa, quedarme y no hacerle caso las tres semanas que estaríamos solos o si simplemente lo cogía por banda y lo violaba directamente. El caso es que, me levanté un viernes y resultó que mi familia se largaba ese mismo día. Estaban todos recogiendo y se iban después de comer. Yo calculaba que se irían el domingo, pero mi padre me dijo que preferían irse hoy para no pillar caravanas y así poder arreglar la casa y prepararlo todo para volver a trabajar el lunes. Durante toda la mañana estuve echando una mano, ayudándoles a recoger y al mediodía nos reunimos la familia de los dos apartamentos para comer juntos y despedirnos. A eso de las seis de la tarde todos empezaron a recoger, se subieron a los coches y se fueron. Nos quedamos Eli, mi primo y yo viendo cómo se iban los coches. Era tarde para ir a la playa o a la piscina, así que decidí irme al apartamento. Y a lo mejor cogía el coche y me iba al cine. Cuando me preguntaron qué iba a hacer y les conté Eli pensó que estaría bien ir todos juntos al cine. La tonta me chafó el plan.

A eso de las diez de la noche estábamos en la puerta del cine eligiendo la película. Yo estaba tan amargado que me daba igual qué película viéramos. Al final eligió Eli, una comedia romántica de esas que de tan empalagosas que son dan ganas de vomitar. Nos tocó un lateral de la última fila, y yo me senté pegado a la pared, para que si caía dormido pudiera apoyarme tranquiltamente. La sala se llenó hasta arriba.

A la media hora de película el calor era sofocante (a parte de que la peli era un tostón). Eli y Álex estaban más interesados en pegarse el lote que en prestarle atención a la historia y yo me derretía de calor. Me quité la camisa de manga corta que llevaba y me quedé con la camiseta de tirantes que suelo ponerme debajo. Como la peli no me interesaba lo más mínimo me dediqué a mirar a los dos tortolitos darse el lote. Álex estaba sentado a mi lado, dándome la espalda, besando a Eli. Me fijé en lo bella que era su nuca, y también me di cuenta de que cuando en la película había silencio podía oir sus bocas besándose. Mi polla empezó a ponese dura sin motivo y pensé en hacerme una paja. Era peligroso, pero me apetecía. Estaba yo pensando en cómo hacérmela sin que nadie se diera cuenta y en cómo lo haría para no mancharme, cuando ve que Eli se levanta y se va. Álex se queda mirándola hasta que desaparece de la sala. Me miró y me dijo que se iba al lavabo. Álex me hizo un repaso, se extrañó de verme sin la camisa y se fijó en que bajo mi pantalón (llevaba uno bastante ajustado y sin ropa interior) mi polla luchaba por salir. Yo estaba medio recostado en la pared. Álex alargó su mano y empezó a acariciarme el abdomen. Yo me excité aún más al notar el tacto de su mano acariciando mi camiseta de algodón. Me hizo una señal para que me acercara, que quería decirme algo. Me incorporé y se acercó a mi oído para decirme: "yo también estoy cachondo" y me pasó la lengua por el oído. Luego bajó la mano que tenía en mi abdomen y la introdujo como pudo por el pantalón. Sobó un poco mi polla (no puedo hacer mucho, aquello estaba muy apretado) luego volvió a sacar la mano, cogió la mía y la llevó hasta su pantalón. Bajó la cremallera y metió mi mano para dejarme comprobar lo dura que estaba su verga.

Sacó la mano, se subió la cremallera y se recostó para ver la peli. Al momento apareció Eli y se volvió a sentar. Al poco rato volvían a estar liándose. Pero Álex desvió uno de sus brazos y lo puso detrás de su espalda. Yo me di cuenta de lo que quería, así que me situé bien en el asiento, un poco recostado hacia Álex. Mientras se besaba con su novia me acariciaba el abdomen. Yo aproveché que Eli no podía verme, desabroché los botones de mi pantalón en silencio y empecé a masturbarme. Tenía miedo de que los de la fila de delante nos vieran, pero estaban muy interesados en la película y si no hacía ruido no se girarían. Cogí la mano de Álex y la llevé hasta mi polla, que estaba a punto de reventar. En cuanto tocó mi rabo apartó la mano rápidamente, pero se la volví a coger y comencé a masturbarme con ella. Tardé muy poco en correrme. Mi leche salió con fuerza y cayó por toda mi camiseta. Su mano y parte de la espalda de su polo también se mancharon. Una vez había terminado de correrme alargué la camiseta para limpiarme el rabo y esperé a que se secara la lefa para volver a ponerme la camisa. Álex se limpió cómo pudo en el tapizado del asiento sin separar su boca ni un momento de la boca de su novia.

Cuando terminó la película yo tenía una amplia sonrisa en la cara. Eli comentó que se alegraba de que me hubiera gustado tanto la película y Álex estaba bastante cabreado y muy nervioso.

Nos subimos en nuestros coches (ellos en el suyo y yo en el mío) y volvimos a los apartamentos. Yo comenté que me iba a dar un baño antes de acostarme, pero mi primo y su novia dijeron que no les apetecía y se fueron a dormir. Pero al momento Álex volvió corriendo, me miró fijamente, y me agarró la polla y los huevos con fuerza, haciéndome bastante daño. "La próxima vez ándate con cuidado, gilipollas" y me soltó. Yo quedé de pie, medio retorcido, con mis manos en mi paquete. Antes de que se fuera le pregunte que a qué jugaba. Él me miró fijamente y me dijo: "Quiero follar contigo sí, pero ve con cuidado." "¿Y lo del otro día? ¿Qué quisiste decirme en la ducha?" "Este no es momento de hablarlo, mañana iré a desayunar a tu apartamento".

Y dicho esto se fue a dormir. Yo fui a mi apartamento, me puse el bañador, cogí una toalla y me fui a dar un baño a la playa. Me bañé desnudo, no pude reprimirme y tuve que masturbarme un par de veces. Me encanta pajearme bajo el agua. No podía quitarme a Álex de la cabeza. Lo de aquella noche había sido la locura más grande que había hecho jamás. Me había follado a alguna chica en algún baño público, pero nunca me habían hecho una paja en un cine, rodeado de tantísima gente. Y si encima me la hacía mi primo mientras se besaba con su novia, mejor que mejor. El caso era que estaba deseoso por hablar con Álex al día siguiente. Cada vez estaba más convencido de que lo que habíamos hecho aquella noche en la playa para Álex sólo había sido un juego, y tenía más experiencia en aquello de lo que me había querido hacer creer, por que sino fuera así ahora estaría tan nervioso como yo.

Pero no lo estaba.

Él estaba muy tranquilo. Y yo no podía parar de hacerme pajas pensando en él.



 
EL AMIGO DE SAVIOLA


Hola a todos, os voy a contar una historia que le ocurrió un chico que conozco, se llama Daniel y es un muchacho como cualquiera de nosotros, tiene 18 años y le encanta el fútbol.

Juega en un equipo de su barrio y es una de los mejores, le gusta tanto el fútbol que no se pierde ningún partido de los que salen por la tele pero no solo se queda ahí, él vive cerca de un estadio del estadio del Barça y ha descubierto una forma de colarse en los entrenamientos, por lo que todos los días que puede, armado con un cuaderno y un boli, se cuela y observa las explicaciones que el entrenador le da al equipo, las jugadas, la colocación…, vamos que no se pierde detalle y toma apuntes que luego le sirven para cuando juega con su equipo.

Algunos jugadores se han dado cuenta de su presencia pero, de momento, no han dicho nada, por lo que él sigue con su trabajo.

Es normal que algunos de los jugadores se queden entrenando cuando el resto del equipo se ha marchado, sobre todo con jugadores que arrastran una lesión o algo así, y aquí es donde arranca nuestra historia…

Daniel se encontraba, como otras veces, agazapado en un rincón de las gradas tomando notas, en el campo estaba Saviola dando carreras por la banda y haciendo ejercicios. Él ya sabía que Daniel estaba mirando en una de las veces que pasó delante se paró y empezó a hablar con él, le preguntó su nombre la verdad es que Daniel estaba un poco nervioso y no sabía muy bien que hacer, por lo que se limitó a contestar a sus preguntas. Le dijo su nombre, y después añadió - Tú eres Saviola- , a lo que le contestó –Me puedes llamar Javier- , siguieron hablando y Javier le preguntó que hacia allí todos los días, Daniel le enseñó el cuaderno lleno de notas, y le dijo que le gustaba mucho el fútbol y por eso se colaba para aprender y llegar a ser una estrella como él, Javier se rió y le dijo que él solo era una persona normal que lo único que tenía de especial era su trabajo. Después de charlar un rato, Javier siguió con su entrenamiento, a partir de ese momento todas las tardes que Saviola se quedaba solo, Daniel salía de su escondite y se ponían ha hablar, algunas veces Daniel salía al campo y daban unos toques a la bola, pero eso era solo de vez en cuando.

Un día en los que se encontraban echando un ”uno contra uno”, en una entrada a Javier le dio un tirón y empezó a quejarse en el suelo sin poder ponerse en pie. Daniel no sabía que hacer, estaba muy asustado pensando que por su culpa se había lesionado, le ayudó a ponerse levantarse y apoyado en su hombro se fueron a los vestuarios. En el campo no había ni un alma, por lo que le dejó en las duchas y le preguntó si sabía donde guardaban los masajistas las cosas, Javier se lo indicó y Daniel se fue a buscarlo. Después de un rato regresó con unas vendas, pomadas y otras cuantas cosas que encontró por allí, por suerte él había sufrido en alguna ocasión algún tirón y se acordaba, más o menos, de lo que le habían hecho.

Javier salió de la ducha, con una toalla en la cintura, y cojeando de la pierna derecha, al verlo el corazón de Daniel empezó a latir de una forma super acelerada, cosa que él atribuyó a los nervios. Daniel le preguntó si estaba mejor, a lo que Javier le contestó que debía ser el abductor, pero que no se preocupase, de todas formas Daniel le dijo que le pondría un poco de pomada, y una venda. Javier se quitó la toalla y se tumbó en una camilla, Daniel se le quedó mirando como hipnotizado y su corazón no paraba de latir parecía que se le iba a salir del pecho. No sabía que le estaba ocurriendo, pero no podía quitar la vista de la entrepierna de Javier, no era la primera vez que veía a alguien desnudo, pero el hecho de tenerlo tan cerca, y estor solos le dejaba bastante cortado. Javier tenía las piernas depiladas, y no tenía casi pelos en los huevos, lo que contrastaba bastante con la mata de pelo negra que tenía sobre su polla, tenía los huevos blandos y la polla colgaba por uno de los lados, estaba circuncidada, por lo que se podía ver el color rosado del capillo contra la piel oscura de todo su cuerpo. Javier se movió para colocarse mejor en la camilla, lo que hizo que Daniel regresara de repente a la realidad, miró a Javier que estaba con los ojos cerrados y gesto de dolor, y rezó para que no se hubiera dado cuenta de nada, y puso la toalla arrugada entre sus piernas tapando su sexo y los pelos que cubrían la base de su polla.

Daniel cogió un poco de pomada, y empezó el masaje en la parte interior del muslo derecho, lo que hizo que Javier se quejara un poco, pero al reato se relajó y dejó que siguiera con el masaje indicándole en que lugar tenía que hacer más o menos presión. Daniel fue subiendo, siguiendo las indicaciones, y en uno de los movimientos de mano rozó con la yema de los dedos los huevos de Javier, este no hizo el más mínimo movimiento, como si no se hubiera enterado, pero cuando Daniel siguió el masaje un poco más abajo Javier protestó – Un poco más arriba, donde antes, ahí justo ahí- indicando la zona del muslo donde el tendón se hace más visible, justo la zona que Daniel estaba intentando evitar, ya que al estirar los dedos tocaba claramente gran parte del huevo derecho de Javier. Este se dio cuenta de que Daniel estaba poniéndose nervioso, y con la toalla apartó los huevos hacia el otro lado diciendo - No te preocupes, ya estoy acostumbrado a que los masajistas me toquen, al principio me importaba, pero ya ni se me sube- , y le preguntó a Daniel que se le habían tenido que dar masajes a él en su equipo, este por no quedar mal le contesto – Si claro, yo también estoy acostumbrado a eso, en un vestuario de hombres ya te acostumbras a todo- y los dos se rieron a carcajadas, y pensó en algo para salir del apuro -Yo no estaba nervioso por eso, es que tenia miedo de hacerte daño si apretaba muy fuerte-, y siguió con el masaje.

Javier se relajó, cerrando los ojos, y Daniel pensó que por esto tenían que pasar todos los días los masajistas de los equipos todos los días, así que siguió a lo suyo pero no podía dejar de pensar en lo que había pasado, lo que había visto… Poco a poco notaba como su polla crecía dentro de su calzoncillo, sentía como su dedo pulgar se acariciaba los pelos sedosos y húmedos del pubis de Javier, la toalla se estaba aflojando con el movimiento colocándose los huevos nuevamente en su sitio, y asomando ligeramente por el lado, Daniel seguía con su movimiento de vaivén, rozando los huevos pero sin atreverse a decir nada, su polla estaba tiesa como un palo y él estaba super confundido por todo aquello, pero también super excitado, lo que le hacía ser cada vez más atrevido.

En ese momento sintió que algo rozaba su pulgar, Javier tenía las manos a la vista, por lo que no podía ser otra cosa que su polla, al principio pensó que se habría descolocado con el movimiento, pero aquello no dejaba de moverse, miró a Javier, que seguía con los ojos cerrados, y decidió que en la siguiente bajada se haría el despistado y lo tocaría. Levantó el dedo pulgar todo lo que pudo y bajó la mano, entonces pudo sentir el tacto de la polla de Javier dura como una piedra, nunca había tocado la polla de nadie, por lo que se sintió raro y dejo de tocarlo. Miró a Javier, esperando encontrar alguna reacción, pero seguía con los ojos cerrados y relajado como si no hubiera pasado nada, su corazón no podía bombear más fuerte, tenía la sensación de que se podía escuchar desde fuera, pero la excitación cada vez era mayor y la calentura también, por lo que haciendo se el despistado volvió a utilizar la táctica del pulgar. Esta vez dejó el dedo todo el rato, había bajado la intensidad de los movimientos por lo que pudo disfrutar lentamente de toda lo largo de la polla de Javier, que parecía bastante larga, y del paso también por la bolsa de los huevos que estaba poniéndose dura por momentos. Estuvo así un rato sin que Javier hiciera el más mínimo movimiento, procuraba no hacerlo muy descarado, y de vez en cuando trasladaba su masaje a otras zonas del muslo. En uno de los movimientos para acceder a una parte más baja, la toalla se cayó al suelo, Daniel miró nuevamente a Javier, haciendo verdaderos esfuerzos por no mirar lo que se le descubría ante sus ojos, pero este seguía sin moverse, tal vez no se había dado cuenta o tal vez no le importaba, entonces cogió aire y bajó la vista despacio hasta encontrar la enorme polla de Javier totalmente empalmada.

En ese momento paró el masaje, no tenía fuerzas para seguir, casi se cae redondo, tenía la sensación de que iba a correrse solo de lo que estaba viendo, todo aquello era nuevo para él y estaba super excitado. Javier abrió los ojos

–Joder tío, como me has puesto-

Daniel no fue capaz de decir nada, y se limitó a mirarle fijamente.

-¿No irás a parar ahora?- pero viendo la cara de Daniel, comprendió que era la primera vez que estaba un una situación así.

- No te preocupes tío, esto es la cosa más normal del mundo, yo me he hecho muchas pajas con los compañeros de equipo, sobre todo en las concentraciones-

Daniel le dijo, con la voz entrecortada que es que el no sabia, no había pasado nunca por esto.

-Tío lo haces muy bien, ya as visto como me as puesto en un momento-, -Es como si te hicieras tu una paja, pero con mi polla-

Javier cogió la mano de Daniel y la puso sobre su polla, este seguía nervioso, estaba como flotando, el corazón le latía con fuerza y su cerebro daba a vasto para procesar todo lo que estaba pasando. Acarició lentamente la polla de Javier, que ya se había tumbado y estaba disfrutando del momento, aquel pedazo de carne caliente y duro temblaba al contacto con su mano que no dejaba de acariciarlo, decidió probar el tacto de los huevos y pasó una mano por ellos, eran muy suaves ya que al tener poco pelo se podía sentir mejor el tacto de la piel, luego los acarició y estrujó sintiendo como se movían dentro de la bolsa. Intentaba compararlo con lo que sentía al tocar se a él, pero no tenía nada que ver, la sensación era mucho más intensa y el tamaño de la polla y los huevos de Javier eran mayores.

Se decidió a agarrar la polla con la mano derecha, mientras seguía masajeando los huevos con la izquierda, según se encontraba era bastante incomodo, por lo que decidió sentarse en la camilla entre las piernas de Javier. Desde esa posición contemplaba las piernas abiertas de Javier, mientras su propia mano subía y bajaba por el tronco de esa maravillosa polla, que desde allí parecía aún más grande, y decidió acercarse y seguir acariciándole los huevos con la otra. Al poco tiempo Javier comenzó a gemir y a moverse de firma salvaje, su polla se ponía cada vez más dura y sus huevos estaban como una pelota de tenis, de repente comenzó a salir el semen de entre los dedos de Daniel, los primeros chorros de leche le salpicaron el pecho y la cara antes de darle tiempo de dirigirlos contra el cuerpo del propio Javier, que se retorcía mientras le pedía que no parase. Estuvo manteniendo el movimiento, mientras rebozaba por los huevos la leche que resbalaba entre los dedos de la mano que tenía agarrada la polla, estaba super excitado y no dejaba de sobar.

Cuando notó que la polla ya se había quedado arrugada y sin fuerza, dejó el masaje y se levantó de la camilla cogiendo una toalla para limpiarse las manos. Javier se estiró, como la cosa más normal del mundo se sentó en la camilla y le dijo:

-Ha sido la mejor corrida desde hace mucho tiempo-

-Lo haces muy bien-

Daniel estaba limpiándose y mirando al suelo, sin atreverse a contestar. La verdad es que no le hacia mucha gracia que le dijeran eso, le daba la sensación de ser una especie de chapero, como si le hubiera utilizado para desahogares. Acababa de hacer una paja a un tío, algo que jamas se le hubiera ocurrido, pero la verdad es que la experiencia le había gustado y estaba muy excitado.

-Ahora te toca a ti- le dijo Javier.

Daniel se quedo un poco cortado, mirando con los ojos muy abiertos a Javier que le miraba con una sonrisa.

-No, no te preocupes- le dijo.

-Si, te vas a quedar tú así- y le señaló la entrepierna en la que se distinguía el bulto de su polla apuntando hacia arriba. Daniel siempre ha tenido problemas para disimular sus erecciones, y más con los pantalones de deporte.

-A mi me has hecho disfrutar un montón, y lo normal es que te haga yo a ti lo mismo- Le dijo mientras le sentaba en el borde de la camilla, casi cogiéndole en el aire. –Además estas cosas son así, tu me la haces a mi y yo te la hago a ti-

Comenzó a quitarle la camisa, Daniel no sabía que hacer, estaba muy nervioso y cortado, por lo que decidió no hacer nada y dejar que las cosas siguieran su curso. Javier le quitó la camisa, las playeras, los calcetines y los pantalones, dejándole solo con las con los calzoncillo que parecían una tienda de campaña.

-Ya se que esto no la has hecho nunca, así que cierra los ojos y disfrútalo. Si te da corte imagínate que estas con una chica-

Diciendo esto le bajó lentamente los calzoncillo, hasta quitárselos del todo, la polla de Daniel saltó como un resorte tiesa como un palo, Javier le abrió las piernas para situarse entre ellas y comenzó a acariciarle el interior de los muslos, pasando sus manos despacio y jugueteando con la mata de pelos que tenía entre las piernas. Lentamente se fue relajando e intentando sentir cada una de las caricias que Javier le estaba haciendo, decidió no cerrar los ojos, en contra de lo que le había aconsejado Javier, , quería que no se le pasase ni un detalle para luego poder recordar y analizar todo lo nuevo que estaba experimentando ese día.

Javier poco a poco comenzó a acariciarle los huevos, masajeándolos entre las dos manos, subió hasta su polla y la acarició lentamente. Para Daniel esta experiencia era totalmente nueva, nunca le habían tocado antes la polla, ni siquiera con sus amigos había tenido esa clase de experiencias de las que todo el mundo habla. La verdad es que aquello le estaba gustando mucho, no podía mantenerse sentado por más tiempo, por lo que se recostó sobre sus brazos y subiendo las piernas y apoyando los pies en la camilla, para poder relajarse y disfrutar, pero sin perder la vista de lo que estaba pasando, ofreciéndole a Javier una visión perfecta de sus huevos y del agujero del culo, que quedaba al aire.

Aquello parecía una película porno, estaba allí semitumbado, viendo como un tío le hacia la mayor paja que jamás había experimentado, nada que ver con las muchas que se había hecho con las revistas de los colegas. Desde su posición podía ver a Javier como le masajeaba los huevos, y como su mano derecha se movía rítmicamente de arriba abajo, de vez en cuando sus miradas se cruzaban, y Javier le sonreía y le preguntaba si le gustaba, Daniel sin poder hablar se limitaba a gemir y devolverle la sonrisa. En un momento determinado Javier comenzó a pasar uno de sus dedos por el agujero de su culo, sin dejas de masturbarle con la otra mano, al principio este se contrajo, pero poco después Daniel empezó a relajarse y concentrarse en las caricias y sobre todo en el movimiento de su polla que cada vez era más rápido. Al poco rato y animado por que Daniel no oponía ningún tipo de resistencia, Javier comenzó a meter poco a poco el dedo dentro del culo de Daniel que estaba gimiendo caza vez con mas fuerza, siguió introduciéndolo hasta que lo tuvo totalmente dentro y empezó a moverlo dentro y fuera. Este le miró, pero no pudo decir nada porque estaba a punto de correrse y la verdad es que todo esto le estaba excitando tanto que de repente comenzó a soltar chorros de leche.

Javier por la forma de moverse ya sabía que se iba a correr y apuntó a Daniel con su polla, de tal forma que los primero chorros de semen cayeron directamente en su cara, incluso parte le cayó dentro de la boca, pero en este momento le daba todo lo mismo, así que se lo trago y relamió como si fuera una de sus bebidas favoritas. Javier sacó poco a poco el dedo de dentro de Daniel, y comenzó a masajearle otra vez los huevos.

-Sigue así, tranquilo, tranquilo-, -Córrete sin miedo, hasta que no te quede ni una gota-, le decía Javier sin dejar de masturbarle.

Así siguieron por un rato, hasta que Javier se levantó, para limpiarse las manos con la misma toalla que antes había utilizado Daniel.

Daniel estaba hecho polvo, cansado por la sesión de sexo que había tenido, lleno de semen por todos lados, pero se sentía fatal por lo que acababa de hacer, no podía dejar de pensar que era un bicho raro por haber tenido esa experiencia con otro tío, pero lo peor es que le había gustado. Javier estaba tan amable como siempre, y parecía que todo aquello no le había afectado nada, pero se dio cuenta que algo no marchaba bien.

-¿Estas bien Daniel?- -¿No estarás preocupado por lo que hemos hecho?-

-Un poco- le contesto Daniel.

-No te preocupes, esto es la cosa más normal del mundo. Cuando estamos de concentración que no pueden entrar mujeres, es la única forma de desahogarse-

-Es que nunca he estado de concentración-

-Pues no te preocupes, que esto es normal entre colegas, y no por eso eres menos macho-, -Yo lo hago desde que tenía menos años que tú y no he dejado de ligar, ni de tirarme a todas las tías que se ponen a mi alcance-

Los dos se rieron, mientras Daniel se bajaba de la camilla y comenzaba a recoger su ropa.

-Lo importante es que te lo hayas pasado bien-, -¿Te ha gustado?- le dijo Javier.

-Mucho, me lo he pasado muy bien, no me lo había pasado tan bien nunca-

-Pues si esto no es nada, en las concentraciones se hacen cosas aún mejores, ya las probaremos poco a poco- y miró a Daniel que le sonreía con cara de estar deseando.

-Ya está, para que veas que no pasa nada, el próximo Viernes nos vamos a ligar unas tías tu y yo, los dos juntos.¿Vale?-

Daniel dijo que sí con la cabeza y sonrió, mientras se ponía la ropa después de haberse secado un poco los restos de semen que resbalaban por su cuerpo. Sabía que dentro de poco el personal de limpieza llegaría y quería estar fuera de allí para entonces.



Después de un largo viaje para llegar a Alemania donde seria el torneo del Mundial de Fútbol llego la selección Albiceleste al hotel que los hospedaría los días en que duraría la primera etapa de aquel torneo

Ya saben quien se quedara con quien así que solo les daré las llaves de sus habitaciones

Les decía el auxiliar del técnico Pekerman la mayoría estuvo de acuerdo con el compañero que les había tocado así que fueron a instalarse

Habitación de Javier Saviola y Pablo Aimar

Mira tele y dvd podremos ver algunos films Javi . Dijo con una sonrisa gustosa a su compañero quien le gusto también la idea o más bien pensaba en otra mejor

Si muy bueno pero a mi me gustaría ver otras cositas mm vos me entedes

Dijo mientras rodeaba con sus brazos la cintura de Pablo y lo hacia estremecer con su calido aliento y a la vez fresco

Javi ¿no podes estarte tranquilo? Apenas llegamos y ya quedes hacer travesuras. Le dijo según molesto por el comportamiento de su pareja sentimental

Todavía tenemos tiempo para encontrarnos con los demás hay que aprovechar Pablito me muero de ganas

El conejito sin aguantar más condujo sus manos bajo la playera de Pablito el cual suspiraba profundamente al sentir esas calidas manos

¿y si alguien entra y nos ve que excusa les diremos? . a pesar de sentirse excitado también tenia sus preocupaciones ya que nadie sabia de su relación bueno desde aquel día porque uno de sus compañeros lo sabría accidentalmente claro esta

Habitación Oscar Ustari – Lionel Messí

Ahora vengo voy a pedirles el otro control para el Play . Entonces Messi uno de los mas jóvenes de la selección fue a la recepción a pedir un control para aquella maquina para así pudieran jugar los dos

¿La recepción, la recepción? Este lugar es grande lo mejor era hablar por el fon del cuarto a los demás también les debieron de haber puesto su play

Pensó en esa posibilidad y para no tener que bajar decidió pedirle a sus compañeros ese control que sabia que no usarían

¿Saviola , Aimar están? La puerta esta abierta a lo mejor no están. entonces pensando en eso abrió la puerta pero al hacerlo sus ojos no dieron crédito a lo que veían

mm que rico conejito tu sabes como tratarme segui conejito de mi amor

Aimar gemía de gusto al sentir la rica boca de su adorado conejo hacer delicias en su precioso miembro y mientras que ellos se encontraban entregados al placer Messi estaba en una especie de shock

¿Pablo Aimar y Javier Saviola sin pareja? . se pregunto incrédulamente ante lo que veía por una parte su cuerpo le decía que se fuera pero otra parte la cual ganaba le pedía quedarse y ver mas

Pablito prepárate que tu conejito muere por estar en tu rica madriguera. le decía con lujuria en su voz ¿Quién diría que detrás de ese inocente rostro se escondía uno mas perverso y cachondo?

Solo se bueno conmigo mi amor que apenas llegamos y quiero aguantar mas

Le decía con voz pausada y a la ve excitada Pablito a su novio el conejito el cual con delicadeza lo preparo

Que rico culo tienes Pablito me encanta preparar tu madriguera

Luego de lamer ese ano tan rico que se veia jugo con sus dedos dentro de ese agujerito Aimar respiraba profundamente sintiéndose en el cielo

Ya no aguanto meteme tu hermoso pedazo de carne dentro

Y así muy obediente Saviola dejo de prepararlo para meterle poco a poco y muy lentamente su pedazo de carne el cual estaba duro como una piedra y caliente era como una piedra de volcán ardiente

Mm que delicia tu madriguera se siente tan rica no quiero salir nunca de este calor

Le decía en un profundo suspiro y sin esperar mas porque Pablito comenzó a contonearse para que el conejito comenzara con sus embiste así lo hicieron Javier era lento y ala ves rápido

Ya no aguanto, Pablito me voy as venir en vos. y dicho e hecho así lo hizo después de unos minutos de estar dentro de aquella caliente cuevita

Todavía tenemos tiempo para descansar un ratito mas

Y con un beso que Saviola le dio a su novio se taparon de bajó de aquellas sabanas mientras que su testigo mudo se fue lo mas rápido posible a su habitación

¿Conseguiste el control? Le pregunto Ustari al verlo de vuelta Messi tan solo negó físicamente ni se acordó de tal cosa ya cuando debían de estar dormidos Lio recordó aquel momento entre Javier Saviola y Pablo Aimar tanto que su inquieta y juvenil mano fue a encontrarse con su semi excitado miembro
 
AQUELLA VEZ CON MI HERMANO
Hay cosas en la vida que llevan a hacerte miles de preguntas, el cómo y el por qué ocurren es algo que no sé, pero sí sé que se debe sacar provecho de ellas dado que el sexo es algo muy básico en la existencia de todo ser humano.

Yo siempre he tenido una gran confianza con mi hermano. Siempre, ya desde niños; y aunque nos llevábamos diez años, lo que pasó entre nosotros creo que afianzó aún más la confianza del uno hacia el otro y abrió una nueva manera de pensar en nuestras mentes. Por suerte yo aún era joven, y vivía solo, pero si lo que pasó hubiera ocurrido en la actualidad, creo que no lo hubiera encajado bien. Me había independizado de mis padres cuando acabé la carrera de magisterio y me había podido colocar como maestro en una escuela rural cercana a nuestra población. Tenía 26 años, una novia con la que no veía nunca el día de casarme con ella, y muchos amigos. Entre ellos también estaba mi único hermano, Alberto, que tenía 16 años de edad. Alberto estudiaba, y decía que quería ser futbolista. Tenía a todas las chavalas de la escuela a sus pies, o eso decía. La verdad es que era bien parecido, alto, de tez morena y tenía una gran dote de simpatía y cordialidad que bien le valdría para sus conquistas. Lo peor era el acné, el maldito acné juvenil que a todos alguna vez nos ha agobiado en nuestra adolescencia.

Él me lo contaba todo. Desde lo que había desayunado, hasta las cosas que hablaba con sus amigos. A pesar de ya no vivir bajo el mismo techo, pasaba muchas horas en mi casa; a veces comía allí, hacía los deberes, chateaba en mi ordenador o simplemente venía a esperarme para verme y contarme sus cosas. Recuerdo que una vez le pillé in-fraganti viendo páginas web porno. Ese día no se molestó, ni se sintió aturdido ni avergonzado, simplemente me invitó a ver lo que él veía y acabamos hablando de tetas, de culos y de tías buenas. Todo fenomenal. Recuerdo que me pregunté qué efecto causarían en él esas imágenes de mujeres desnudas, y si se masturbaba pensando en ellas. Resultó que sí, puesto que a partir de ese incidente me lo comentaba todo, y una vez llegó a decirme cuántas pajas se había hecho ese día. Era lógico, me tenía mucha confianza, y yo a él, de modo que en lo concerniente a temas de sexo nos lo contábamos todo. Yo le hablaba a él de los polvos que me pegaba con mi novia, y él a mí de sus pajotes y de sus primeros escarceos con las chicas. Hasta ahí bien, pero...

Cierta noche en que se quedó a dormir en mi casa, saltando entre canales de la televisión dio con el canal porno. Estábamos sentados frente al televisor aburridos de tanta tele. La idea de ver una porno debió de parecerle algo más divertido que la vida privada de los famosos y pseudo famosos que pueblan nuestras pantallas. A mí el porno me aburre, pero consentí en que viera la película a cambio de que se fuera a dormir y me dejara corregir unos exámenes con tranquilidad. La escena de la película no era nada especial. Sexo oral y folladas a lo loco. Sin embargo, y pese a que no era el primer porno que Alberto veía, parecía gustarle la película.

- ¡Qué “pedazo” de polvo están dándose esos dos! -exclamó divertido- ¡Cómo me gustaría hacerlo así con alguien! ¿Oye, tú follas así?

Yo me reí, y le conté que en la vida se debe de follar mejor que en esas películas, porque en ellas todo es falso.

- ¡Pues a mí me está poniendo caliente! –dijo tras considerar mis palabras- La tengo dura –añadió.

Efectivamente. Un bulto delator había aparecido en su bragueta. No me sorprendió en absoluto. La sorpresa fue que se estaba acariciando la entrepierna de sus jeans mientras miraba la película. En ella, la escena mostraba cómo una mujer masturbaba a un hombre, mientras éste lamía los pezones de la mujer. Pese a que ya habíamos visto correr leche a raudales y oír los gemidos doblados de los actores de la película, yo intuí que esa sería la escena final. Mejor, así Alberto se iría a dormir y yo podría corregir mis exámenes.

- ¡Joder macho -exclamó mi hermano excitado- qué paja le está haciendo!

Y de pronto se desabrochó los botones de la bragueta de sus pantalones y se sacó la pinga.

- No te importa, ¿verdad? –preguntó cuando empezó a masturbarse.

- ¡Alberto, haz eso en el lavabo! –exclamé medio en broma, medio en serio.

Lo cierto es que la calentura también estaba afectándome de tanto culo y tanta teta.

- ¡Cómo me gustaría que fuera otra mano la que me pajeara! –exclamó- ¡Y que fuera la de esa rubia de la tele!

Yo me reí esta vez por su ocurrencia.

- ¿Tu novia te la ha “pelao” alguna vez? –me preguntó

- Claro, ella y otras –contesté divertido.

- Debe de ser la hostia –aseveró él agarrando su pene entre las manos.

Y mirándome a los ojos dijo:

- Oye, ¿tú no me harías una paja ahora mismo? ¡Estoy tan caliente que ya me da igual todo! ¡Hazme una paja!

Su voz sonaba divertida, y no podía saber si hablaba en broma o en serio. Después retiró las manos de su verga, pero siguió mirándome. Yo bajé la vista hacia su herramienta. La verdad es que el chaval tenía una buena acreditación para circular por la vida. Un pene largo, de unos 18 centímetros, grueso. Las venillas destacaban sobre ese pedazo de carne como reclamos en los escaparates y algunos pelillos púbicos asomaban aquí y allá para completar ese alucinante cuadro. Me atrajo lo que vi. Quise sentir lo que era agarrar una buena verga y sentirla entre mis manos. Nunca estuve con hombre, pero lo que mi hermano tenía entre las piernas me puso a cien por hora. Mi cuerpo se tambaleaba. Su pene era hermoso. Así que se la agarré y apreté. Empecé a masturbarle lentamente, como cuando me masturbaba yo en momentos íntimos. Él gimió. No esperaba que yo ni siquiera le rozase el miembro. Pero yo iba despacio, saboreando su placer como si fuera el mío... Tanto que fui animándome hasta el punto de chuparle el nabo. Ya no sentía ni repulsión ni miedo, ya que si agarrar su pene entre mis manos me había encendido, ahora lo que me pedía el cuerpo era comérmelo. Y eso hice. Mi hermano casi se desmaya.

- ¡Dios mío! –casi gritó- ¡Es la primera vez que me la comen! ¡Oh, qué placer!

Recuerdo cómo arqueó su espalda y dobló su cuello, mirando al techo. Y sus jadeos. A veces yo lo miraba a la cara y me fascinaba ver su rostro desencajado, su mandíbula entre abierta, sus ojos entornados y sus jadeos. Aún los oigo en mi cabeza... Su glande jugoso, como una fresa, era sorbido por mi lengua casi al mismo ritmo de sus gemidos...

- ¡Hermano, Diosssssss qué placer... no te detengas que me voy a correr! –gritó bien fuerte...

Instintivamente dejé de lamerle el nabo. Dos chorros de leche salieron disparados de su pene, y fueron a estrellarse contra mi cara, mientras él ya gritaba de placer. El resto de su corrida fue a parar al sofá. Me incorporé, me bajé los pantalones y le ofrecí mi miembro erecto, duro como el acero, para que hiciera con él lo que se le antojase. Me ardían las pelotas, me parecía que me iban a reventar. Nunca en mi vida me había sentido tan caliente, nunca y el hecho de que fuera mi propio hermano quien me había provocado tal calentura ya no me importaba. Sentado, y desde el sofá, me lamió primero el capullo y luego se la tragó de golpe. Mis 15 cm. fueron literalmente engullidos por su boca. Pese a que ya había practicado el sexo oral con anterioridad, y con mujeres, aquella vez sentí que me iba a estallar la verga en su boca. Era tanto el placer que estaba experimentando con mi hermano, y tan incontrolable, que creía que iba a perder la razón... Me puse en pie y él se agachó, y desde el suelo, continuó su trabajo.

Yo cerré los ojos. Mi hermano siguió comiéndome el nabo durante un rato, y yo perdido en el placer que eso suponía para mí, casi ni me di cuenta cómo él estaba jugando con la entrada de mi ano. Me metió un dedo al tiempo que me lamía la polla. Esa vez aullé de placer. Después mi hermano se las apañó para meterme dos dedos. Creo que estaba explorando mi culo virgen, mi culo que nunca había sido perforado por nadie. Consciente de que si le dejaba hacer iba a perder mi hombría, no pude controlar ni el placer que experimentaba al sentir cómo me comía el nabo y me metía sus dedos por el culo.

Estuvo un rato así, oyendo mis gemidos y dándome placer hasta ahora desconocido para mí. Y cuando se incorporó vi que su polla estaba dura otra vez. Se bajó los pantalones hasta los tobillos, tal y como los tenía yo ahora, y me masturbó... Después se colocó detrás de mí, sin dejar de masturbarme. Me empujó hacia delante, lo cual hizo que doblara la espalda y que me sujetara a la pared, frente al sofá, ofreciéndole lo último que me quedaba: mi virginidad. Nada ya pudo detenerle. Me la introdujo fuertemente, sin ningún tacto ni mimo, y a causa de su inexperiencia, su pene se salía y volvía a entrar. A cada acometida yo gritaba como un loco. Me estaba empalando. Me estaba reventando por dentro, usando su fuerza y su brutalidad hasta ahora insospechadas. Le oía jadear a mis espaldas, mientras yo sentía mi culo como si me fuese a estallar... Siguió pajeándome mientras empujaba su barra de carne en mis entrañas. Unas cuantas acometidas más y me corrí... Toda mi leche cayó sobre el sofá, y pese a que me dolía tenerle dentro, fue el orgasmo más intenso que nunca tuve.

Me quedé temblando y pronto los jadeos de mi hermano se intensificaron y noté una tibieza en mi culo. El muy cabrón descargó dentro de mí. Cuando terminó dijo:

- Acabo de follarme a mi hermano mayor... ¡qué pasada!

Luego se salió y fue a limpiarse. A continuación se tomó un plátano. Y no es que desde entonces lo hagamos cada día... no, yo creo que para él fue un hecho aislado. Alberto siguió con sus novias y sus amigas, hasta que se echó novia formal cuando cumplió veinte años, se casaron y tuvieron hijos. Por mi parte yo dejé a mi novia, porque decididamente no me apetecía casarme con ella... Ahora voy con chicos... Y soy feliz así.
 
EN FAMILIA
Cuando murió mi abuelo, nuestra abuela dejó el pueblo y se vino a Madrid para vivir con nosotros. Yo tengo 17 años, y mi hermano 16, este, cedió su habitación
a la abuela y vino a compartir la que yo ocupaba que es la más grande de la casa.
Somos una familia como tantas. Por la diferencia de edad, cada uno tiene sus propias amistades, aunque, normalmente, acudimos a los mismos lugares del barrio. Tenemos una piscina pública al lado de casa y en ella pasamos casi todas nuestras horas libres durante el buen tiempo, incluso, los fines de semana, comemos en ella.
Mi padre trabaja en un banco, mi madre se ocupa de todo lo de la casa. La abuela se adaptó enseguida a este ambiente.
Una noche sentí ruidos en la cama de Mario, mi hermano.
La ventana de la calle estaba abierta y por ella penetraba un poco de luz. Mi hermano se estaba masturbando. Me quedé quieto para no interrumpirle.
Su mano se movía rítmicamente. Subía y bajaba desde el mismo tronco de la polla hasta su cabeza. Cuando eyaculó, se agitó aun más, suspiró contenidamente y, sin prender la luz, se levantó de la cama y se fue al baño de puntillas. Mi polla se lanzó a abrirse paso por el slip,
para escapar de su encierro. La acomodé como pude y me quedé quieto. Mario regresó del baño y tranquilamente se durmió. Esperé un momento y fuí al servicio para masturbarme yo también. Miré mi cuerpo reflejado en el espejo del baño y mi calentura aumentó notablemente. El glande de mi polla se descubría a cada movimiento de mi mano y, enseguida, lancé un enorme chorro de semen dentro del lavabo. Me limpié con la toalla húmeda, refresqué mi pecho, el cuello, las axilas, los gluteos e imitando a mi hermano, me dormí.

Era casi mediodía. No se cuantas horas pasaron.
Me despertó la voz de Mario que gritaba:

-¿Qué pasa, tio? ¿Hasta cuando vas a estar durmiendo?
Yo me voy a la piscina, ¿sabes?

-Hasta luego -le respondí todavía entre sueños.

Mario se vistió rápidamente.
Se puso un bañador pequeño con las letras del club y, al colocarselo, comprobé que estaba tan desarrollado como yo. Tenía una polla casi tan grande como la mía. Le costó bastante trabajo metersela dentro del pantalón de baño.
Mario se marchó y yo me quedé pensando que el asunto venía de familia, pues si yo tenia una buena polla, mi hermano menor no se quedaba atras y mi padre, a quien se la había visto más de una vez en las duchas de la piscina gastaba un cacharro de proporciones casi exageradas.
Mientras me vestía, cuando decidí levantarme, pensé en la paja de mi hermanillo y en la mía propia. Me puse cachondísimo y tuve que volver a masturbarme. Gocé
de nuevo y me temblaron las piernas.
Me gustaba mucho hacerme pajas. En las duchas del club, me las hacía también muchas veces en unión de los compañeros. Nos pajeabamos todos, comentando lo buena que estaba tal o cual chica.
Por la tarde de aquel día el sol se nubló y por la noche comenzó a llover, asi que nos quedamos en familia, mirando la televisión hasta el final. Enseguida la familia se repartió en sus habitaciones para dormir. Mario y yo ocupamos la nuestra. Sin esperar a que yo me durmiera, Mario comenzó a masturbarse. Me dió rabia, por eso tambien comencé a menearmela en sus propias narices. Terminó él antes que yo y gruñendo de placer.
La lluvia continuaba cayendo. Al terminar de correrme, fuí al baño y, cuando regresé de él, encontré al chaval, mirando por la ventana.

-Bueno -dijo - una pajita para antes de dormir no esta mal, ¿verdad?
Ademas es gratis.

Nos reimos.

-¿A ver cómo es la tuya? -me preguntó, cogiendome, sin esperar a que hablara, mi polla para medirsela con la suya.
Yo comencé a ponerme cachondo otra vez.

-Esto crece! -dijo mi hermano-. Bueno es mejor, por que así nos la
podemos medir más fácilmente.

Con la luz de la calle pudimos ver cómo crecían ambas pollas.

-Los dos tenemos una buena polla! -continuó diciendo mi hermano.

-También papa la tiene bastante grande -respondí yo-.
Debe ser cuestión de familia.

De repente, Mario dijo:

-Déjame que te haga una paja, Miguel!.

-¿Estas loco?! -le conteste.

Su mano, sin embargo, se agarró a mi polla, Yo perdí el equilibrio y caí sobre él, teniendole que abrazar. El chaval aprovechó el incidente para colocarse mi polla entre las piernas. Dando movimiento a su cintura, comenzó a proporcionarme placer con sus muslos, mientras que su polla se restregaba contra mi vientre.
Cuando llegó la explosión, yo me corrí entre sus piernas y él en mi barriga. Después
fuimos al servicio para limpiarnos. Nos metimos en la ducha y me dejé enjabonar por Mario. Yo hice lo mismo con él y, por primera vez, nos acariciamos totalmente y sin pudor alguno.
Nos besamos boca a boca y nuestros dedos penetraron en la gruta del otro. Pude comprobar que mi hermanito era un experto en todo aquello.
En la cama, mientras fumabamos un cigarrillo algo después, hablamos así:

-Te confieso Miguel, que yo siempre tenía ganas de abordarte, pero me daba mucho apuro. Cuando te ví masturbarte la otra noche, casi me paso a tu cama.

-¿Así que tampoco dormías? -le pregunte yo.
¡Vaya! ¡Vaya con el niño!

-¿Niño? -arguyó él, medio enfadado - te puedo enseñar muchas más cosas
de las que te supones.

-Mañana -le respondí-, ahora me estoy muriendo de sueño.

La mañana siguiente amaneció nublada. La abuela pidió que la llevaran al pueblo y mi madre se fué con ella.
Nos quedamos solos Mario y yo. Mi padre había ido a trabajar, dejandonos dicho que nos reunieramos con él en un restaurante de aquella zona. Volvimos a ducharnos juntos y Mario, en un momento en que yo me doblaba para recoger la pastilla de jabón, intentó morderme la polla.
Luego, con un pequeño impulso mío, se la metió en la boca. Yo tenía la polla flácida y esto le ayudó para tragarsela toda. Me asombré de la cara dura del niño, pero aquello me gustaba y sólo acerte a decir:

-¡Sigue, por favor! ¡Sigue...!

-¡Nada de eso! -respondió él, soltando su presa - ¡es tarde y papa nos espera!
Esta noche a lo mejor... -añadió sonriendo con picardía.

Nos vestimos, salimos a la calle y tomamos el metro.
Durante el viaje, Mario no dejó de tocarme por todas partes.
Comimos con papa en el restaurante. Luego volvimos los tres juntos a casa.
Por la noche, juntos también los tres, nos pusimos a mirar la televisión.
Hacía calor, por eso decidimos quedarnos en slip todos.
Sonó el teléfono. Era mi madre que nos llamaba desde el pueblo, para decir que había llegado bien.
Comenzó la película de la noche.

-Hacedme un poco de café -dijo mi padre.

-Mejor un cubata! -añadió Mario.

-Eso! -insisti yo- un cubata nos hará dormir bien.

A mitad de la película, Mario comenzó a hacer payasadas.

- Creo que el pequeño se ha mareado - me insinuó mi padre.

-¡¡¿El pequeño?!! -gritó rápidamente Mario-. ¿Este es el pequeño? -añadió, enseñandonos su enorme pedazo de polla.- ¡¿Este es el pequeño?!

Se acercó a mí, sacudiéndose continuamente y tratando de ponersela dura.
Mi padre se reía y yo también.

-¡Cabrones! -dijo el chaval-. Sois dos contra uno.

Y se fué dando tumbos hacia el interior de la casa.
Cuando pasó un rato, mi padre, al ver que Mario no regresaba, fué a ver que hacía. Yo le seguí. El chaval estaba en la habitación grande, que era la de mis padres, tumbado en la cama, completamente desnudo y con la polla apuntando al techo.

-¡Vamos a darle un baño! -dije yo.

-¡Mejor me haceis una paja y vereis qué bien me quedo!

Mi padre no quiso escucharle y le respondió:

-¡Anda! ¡Anda! Vete a dormir.

-¡No quiero! ¿Sabes una cosa, papa? Miguel se la menea todas las noches antes de dormirse.

-¡Tu también! -le grité yo.

-¡Bueno! ¡Bueno! -contemporizó mi padre-. A vuestra edad yo también lo hacía.

-¿Ves? -concluyó mi hermano- nos hacemos una paja los tres antes de dormirnos y nos quedamos tan a gusto.

Mi padre hizo algo que me dejó asombrado. Se sentó en la cama y comenzó a acariciar la polla de Mario. Yo estaba de pie sin saber qué decir ni qué hacer. Hizo bajar la intensidad de la luz de la habitación.
Luego me atrajo hacia él, me bajó el slip y comenzó también a sobarme la polla. Se tumbó en la cama, dejando que su cacharro saliera del calzoncillo que lo tapaba. Continuó acariciandonos las pollas. Mario cogió la de él. Mi hermano me empujó para que acercase mi boca a la polla de mi padre.
Los cuarenta y bien conservados años de mi padre, me parecieron en aquel momento muchos menos, pues tenía una polla que, aunque algo mayor que la de mi hermano y mía, en nada se diferenciaba de las nuestras. Chupé aquel enorme pedazo de carne, abriendo mi boca cuanto pude. Mi padre se puso de rodillas entre nosotros dos. Su gran rabo se alzaba tieso y duro. Comenzó entonces a chuparnos a nosotros a intervalos. Fuimos cambiando de postura. Lo mismo estabamos arriba que abajo, chupando que tocando. Los dedos buscaban los glúteos y el orificio del culo. En un momento, Mario, que estaba boca abajo, levantó su culo y yo le besé en el mismo ano. Me puse de rodillas y mi padre metió la lengua en el mío, haciendome estremecer de gusto. Mi picha, completamente tiesa, se abrió camino por los glúteos de mi hermanito, perdiéndose poco a poco hasta quedar perfectamente envainada con los cojones golpeandole en la entrada.
Sentí los dedos de mi padre en mí, lubricandome la entrada del ano y enseguida noté cómo la estaca mayúscula de mi padre atravesaba mi portal. Me sentí traspasado y el dolor de las embestidas de aquel duro cipote que buscaba el goce de mis carnes, me hizo gemir. Pero el placer era mayor, mucho mayor que el sufrimiento.
Jadeé de satisfación y me pareció que me rasgaba por la mitad. Moví el cuerpo, alcanzando un orgasmo a lo bestia dentro de mi hermano, al tiempo que sentia la corrida de mi padre en mis entrañas con absoluta furia salvaje. Luego me puse a disposición de Mario que me poseyó y en un par de emboladas, largó todo lo que tenía reservado para mí.
Luego, sin palabras, agotados completamente, y satisfechos, nos quedamos dormidos.
Despertamos casi al mediodía, deseosos de hacer algo más y, como siempre, fué
mi hermano quien inició la jornada, penetrando a nuestro padre, ayudado por mis manos y con la lubrificación de mi propia saliva. Se corrió rápidamente. Luego, se sentó al borde de la cama, alzo sus piernas para que yo le lubrificara con mi lengua el pequeño agujero de su ano y mi padre le colocara en él sus veinte centímetros de carne poyateril que al poco rato soltaba ríos de leche inundando a Mario y transportandole a un paraíso de placer.

Para terminar, dire que mi padre, mi hermano y yo, desde entonces y siempre que podemos, volvemos a follar como entonces y que cada noche, en nuestro dormitorio, Mario y yo jodemos a placer, sin que por ello sintamos culpabilidad o vergüenza alguna, tan solo damos y recibimos placer.




 
Regreso
Esta noche x fin! me hice el dormido, escuche a mi madre decirle que lo estaba ya que hacia rato que me fui a eso, a dormir, mi corazón casi se sale de mi pecho, intuia que esta noche seria la apropiada. Poco a poco los ruidos en la casa se fueron haciendo mas espaciados, mi madre recogiendo lo ultimo en la cocina a lo lejos, silencio, la casa a oscuras, el reloj del salon era lo único que se podía escuchar desde mi cama y eso si agudizabas el oído mucho, mi hermano en la habitación de al lado, si no viene él iré yo, todo lo mas que puede pasar es que haga como la última vez, que me diga que esta super petao y muerto de sueño y que deje de enredar, eso si estas palabras tratando de ocultar su empalmado boxer, pero me fui, y hasta hoy todo ha sido una espera, larga y tediosa.

Tendido sobre mi cama destapado, ya va haciendo calor, estoy muy caliente, por la ventana entra algo de luz de la farola de la calle, veo la forma de mi polla morcillona bajo la tela del pantalón corto de algodón, el tiempo parece que no corre, lo siento, puedo sentir que él en la otra habitación esta deseando lo mismo que yo, ¿vendrá él, iré yo?.

El tiempo parece detenido, espera, larga espera, sigiloso me levanto de la cama que me protege, ¡no salgas! algo me dice, pero no hago caso, mi corazón late deprisa, la boca seca, descalzo salgo al pasillo, todo esta como imaginaba, oscuro, en silencio salvo el tic tac del reloj en el salon, me acerco a su puerta, no esta cerrada del todo, entro, mi corazón se acelera todavía más, escucho su respiración, me acerco a su cama, de pronto se enciende una luz, es su movil que sobre la mesita esta cargandose de bateria, una energia que en esos momentos parece que me falta, estoy casi sin fuerzas, siento que me falta el aire, pero con todo y con eso algo me empuja a seguir, la luz se apaga de nuevo, seguro que seria algun mensaje de alguna de sus amigas, no lo se, mi polla comienza a despertar otra vez y comienza a levantarse como queriendo mirar que coño estoy haciendo alli, junto a mi hermano dormido, me arrodillo junto a su cama como otras veces hice, aproximo mi mano a su cuerpo tendido sobre el colchón, la sabana a los pies, hace calor, mucho calor, su cuerpo medio de lado, busco a tientas, lo encuentro, rozo levemente con la punta de mis dedos la zona deseada, ese pedazo de su anatomia que tanto deseo, lo acaricio, como otras veces hice, mi caricia se va haciendo algo menos suave,.. ya esta lo consigo, resulta facil, su polla comienza a reaccionar y lo que al comienzo era algo blandito se esta endureciendo por momentos, mi respiracion entrecortada, ni se como puedo respirar ya que mi excitacion es enorme, su polla esta dura y lucha por salir del boxer, la agarro por encima, recorro su forma, acaricio sus pelotas... lentamente noto como esta cambiando de posicion, se esta poniendo boca arriba del todo, hace un rato se perfectamente que esta despierto, ya no podemos engañarnos mas, de un tiron mientras se colocaba tendido sobre la cama se ha bajado el boxer hasta las rodillas, y cuando mi mano busca su rabo ya no esta la tela, x fin!! en la oscuridad busca mi polla, siento su mano tirar de mi, x fin!! no hablamos pero sabemos que es lo que queremos