ENTREGA NÚMERO CUATRO
La mayoría de las personas que conozco que viven fuera del armario están orgullosas de ello, y no es para menos, porque ser homosexual y contarlo sigue siendo un paso muy importante incluso en nuestros días. Ahora bien, a veces me gustaría que el ‘salir del armario’ significase también liberarse de muchas convenciones sociales que nos siguen constriñendo. Lo políticamente correcto, la hipocresía o el deseo de ser aceptado son a veces nuestros otros armarios, y puede que de esos sea incluso más difícil salir. A menudo echo en falta tratar temas polémicos con mis amigos, porque en cuanto surgen opiniones divergentes siempre hay alguien que corta la conversación ‘en aras de la armonía’, como si esas precauciones fueran necesarias entre personas que se quieren de verdad. Es cierto que el mundo está lleno de mala leche, pero uno quiere pensar que en su entorno más querido puede permitirse bajar la guardia. Y no me vale el argumento de que ‘ya somos mayorcitos y cada cual piense lo que quiera’. Me niego a que intenten convencerme de que no voy a aprender nada de aquellos argumentos que defienden la postura contraria a la mía. No sólo no me importa que alguna opinión mía o rasgo de mi carácter le parezca mal a algún amigo, sino que cuento con ello. Pero también espero que si eso se convierte en un problema venga y me lo diga. Tan condescendiente como estar todo el día metiéndote en la vida de los otros me parece el tener un problema grave con un ser querido y no decírselo por miedo a que no sea capaz de soportarlo. Yo personalmente quiero que cualquiera que se llame amigo mío se sienta libre de hacer bromas a mi costa o de ponerme como ejemplo si llega el caso incluso aunque yo no esté presente, faltaría más; soy consciente de que hay rasgos de mi carácter que son bastante extremos y hasta caricaturescos según el momento, y muchos de estos ‘excesos’ los conozco precisamente gracias a que un buen amigo se sintió libre de hacérmelos ver. Aun así hay cosas que aún desconozco de mi, por eso uno siempre necesita de la sinceridad y la buena voluntad de los que tiene cerca. Por favor, si mis corvas son demasiado molludas para una minifalda, haced el favor de decírmelo, puedo soportarlo.
.................................................................................................................................
CUATRO
Visiblemente preocupado, Jesús ensayaba frente al espejo la manera de darle a su madre la noticia sin alarmarla demasiado. Hacía ya una semana que habían perdido todo contacto con Ángel y los esfuerzos por encontrarlo no habían dado ningún resultado. En su última comunicación les había informado de que estaba a punto de enfrentarse a la banda que andaba fingiendo apariciones marianas. ‘Estaba poniendo mucho corazón en esta misión —razonaba Jesús consigo mismo—. Demasiado, tal vez. Me temo que puedan haberle hecho algo malo.’
— Hijo, ¿qué pasa? Qué extraño que vengas por aquí a estas horas, sabiendo que íbamos a estar adornando la Cruz de Mayo estas santas y yo. Pero es bueno que lo estés superando. Después de dos mil años, ya va siendo hora.
— ¿Mamá? —tan nervioso estaba que sin darse cuenta se había teletransportado al lugar donde estaba su madre.
— Hijo, ¿qué te pasa, que estás tan raro últimamente? ¿Estás preocupado por el Rocío? Ya te he dicho que no pasa nada, que ya estoy acostumbrada a que me zarandeen. Yo me tomo mi biodramina y…
— No, no es eso, madre. Se trata de Ángel. Ha desaparecido.
— ¿Qué dices? ¿Pero cómo es posible?
— Sólo sabemos que andaba detrás de algo gordo y que podría haberse visto sorprendido. Por lo visto son gente sin demasiados escrúpulos.
— ¿Qué son, los del 806? Vaya gente. Como vaya yo y me les aparezca de verdad, se van a enterar.
— Ni se te ocurra, mamá. Quedamos en que no te aparecías más, que luego los del Vaticano siempre dicen que es mentira. Trajín de curia romana, oye.
— Entonces dime. ¿no tenéis ni idea de dónde está?
— Pues no, aunque no es muy probable que haya salido de Málaga. Lo mismo se le ha roto el intercomunicador.
— Hijo, yo de verdad, no sé para qué establecisteis ese sistema de intercomunicadores. ¿Desde cuándo los hemos necesitado aquí?
— Ya te he dicho muchas veces que es para poder hablarnos sin llamar la atención. El sistema tradicional provocaba muchas aureolas.
— Bueno, ¿y qué se puede hacer? ¿no podéis mandar allí a nadie?
— Supongo que sí, pero están todos muy atareados, con tantas cosas malas que están pasando allá abajo.
— Oye, ¿seguro que el Notari de Verdaguer ese no tiene nada que ver? Ya sabes que nunca lo ha podido ver.
— No creo, mamá. Lo veo muy ocupado con el último hundimiento bursátil.
— En fin, hijo, no te preocupes —continuó la Virgen, disimulando su malestar para no inquietar a su Hijo—, que ya se nos ocurrirá algo. ¿Quieres quedarte y ayudarme a poner flores en la Cruz?
— Pues no sé, mamá. Me da un poco de repelús. Mejor me voy, ¿vale?
— Vale. Tenme informada, anda. Y tráeme un día la túnica que te arregle el dobladillo, que te la vas a pisar —la Virgen elevó sus ojos al cielo del cielo en un gesto de infinita y maternal paciencia—. Este hijo mío, no piensa más que en hacer el bien. Si es que es demasiado bueno…
.................................................................................................................................
CUATRO
Visiblemente preocupado, Jesús ensayaba frente al espejo la manera de darle a su madre la noticia sin alarmarla demasiado. Hacía ya una semana que habían perdido todo contacto con Ángel y los esfuerzos por encontrarlo no habían dado ningún resultado. En su última comunicación les había informado de que estaba a punto de enfrentarse a la banda que andaba fingiendo apariciones marianas. ‘Estaba poniendo mucho corazón en esta misión —razonaba Jesús consigo mismo—. Demasiado, tal vez. Me temo que puedan haberle hecho algo malo.’
— Hijo, ¿qué pasa? Qué extraño que vengas por aquí a estas horas, sabiendo que íbamos a estar adornando la Cruz de Mayo estas santas y yo. Pero es bueno que lo estés superando. Después de dos mil años, ya va siendo hora.
— ¿Mamá? —tan nervioso estaba que sin darse cuenta se había teletransportado al lugar donde estaba su madre.
— Hijo, ¿qué te pasa, que estás tan raro últimamente? ¿Estás preocupado por el Rocío? Ya te he dicho que no pasa nada, que ya estoy acostumbrada a que me zarandeen. Yo me tomo mi biodramina y…
— No, no es eso, madre. Se trata de Ángel. Ha desaparecido.
— ¿Qué dices? ¿Pero cómo es posible?
— Sólo sabemos que andaba detrás de algo gordo y que podría haberse visto sorprendido. Por lo visto son gente sin demasiados escrúpulos.
— ¿Qué son, los del 806? Vaya gente. Como vaya yo y me les aparezca de verdad, se van a enterar.
— Ni se te ocurra, mamá. Quedamos en que no te aparecías más, que luego los del Vaticano siempre dicen que es mentira. Trajín de curia romana, oye.
— Entonces dime. ¿no tenéis ni idea de dónde está?
— Pues no, aunque no es muy probable que haya salido de Málaga. Lo mismo se le ha roto el intercomunicador.
— Hijo, yo de verdad, no sé para qué establecisteis ese sistema de intercomunicadores. ¿Desde cuándo los hemos necesitado aquí?
— Ya te he dicho muchas veces que es para poder hablarnos sin llamar la atención. El sistema tradicional provocaba muchas aureolas.
— Bueno, ¿y qué se puede hacer? ¿no podéis mandar allí a nadie?
— Supongo que sí, pero están todos muy atareados, con tantas cosas malas que están pasando allá abajo.
— Oye, ¿seguro que el Notari de Verdaguer ese no tiene nada que ver? Ya sabes que nunca lo ha podido ver.
— No creo, mamá. Lo veo muy ocupado con el último hundimiento bursátil.
— En fin, hijo, no te preocupes —continuó la Virgen, disimulando su malestar para no inquietar a su Hijo—, que ya se nos ocurrirá algo. ¿Quieres quedarte y ayudarme a poner flores en la Cruz?
— Pues no sé, mamá. Me da un poco de repelús. Mejor me voy, ¿vale?
— Vale. Tenme informada, anda. Y tráeme un día la túnica que te arregle el dobladillo, que te la vas a pisar —la Virgen elevó sus ojos al cielo del cielo en un gesto de infinita y maternal paciencia—. Este hijo mío, no piensa más que en hacer el bien. Si es que es demasiado bueno…
Comentario:
Puse un comentario megapensao con todo esto y no se ha grabado, jupe, un día de estos te explico otra vez lo que pienso jejejej.
Un besote
Un besote
Comentario:
Siempre fuiste algo caderona nena, deja que te lo recuerde...
Un beso
D.
Un beso
D.
Comentario:
Mariiiiiiii!!!!!! es pa partirse el cieso me tienes to intriga, que perraka eres, es na más que el principo y ya me gusta, a ver cuando mandas los demás capítulos que los espero con denodada impaciencia, jaja, ya no se ni lo que pongo. Bueno chocho la Fernanda y yo misma, una servidora complaciente y sumisa (por la módica cantidad de 30 lerus)estamos loquitas perdías, como si eso fuera dificil, por veros a ti a y a tu nene ya armarla a lo bestia como siempre hacemos.
Black kisses
Black kisses