Excentricidades de la Emperatriz Penca
Carpe diem, quam minima credula postero. (Horatio).
Acerca de
PILARES DE MI INCOMPRENSIÓN: La literatura, el cine, la pintura, Virginia Woolf, Amelie, Michael Cunningham, Jeffrey Eugenides, los perros, gatos, urracas, ocas, monos de Gibraltar y bestias en general, La Coixet, D.H. Lawrence, Dalí, el queso en todas sus formas y colores, 1984, los fonemas fricativos, los perros goyescos semihundidos, los potitos, las gafas de pasta, Winona Ryder, Keira Knightley, Londres, y Madrid. (No van ordenadas por grado de obsesión, porque entonces está claro que lo primero serían las gafas de pasta). Y La Celestina. Correo: lanogue@hotmail.com
Sindicación
 
Noches alegres, mañanas tristes. O de cómo un lunes puede quitarle toda la magia a un buen finde.
Este sábado prometía. No sé muy bien por qué, pero lo intuía. Ya de par de mañana empezamos a dar pena (que tampoco es nada nuevo), pero esta vez el grado de penosidad fue mayor que el habitual. Como aún nos duran los buenos propósitos de nuevo curso, decidimos madrugar para irnos a estudiar a la biblioteca del barrio. Madrugar, en el universo pencoitzitriano ,supone levantarse a las 12 del mediodía. Con mi tomatera característica, la ducha mañanera y tomar el desayuno me lleva una hora, (aproximadamente) con lo que llegamos a nuestro destino a la una. Las probabilidades de que la biblioteca estuviera cerrada (o por ser sábado o por ser las 13 p.m.) eran elevadas, pero la Penca, con su inquebrantable fe en el destino (el cual sin duda alguna había querido que dedicásemos esa gris mañana de otoño al estudio) ni siquiera contemplaba esa posibilidad. Así que llegamos con nuestras caras de palurdas redomadas, armadas de un arsenal de carpetas, libros, y material escolar variado. ¿Qué nos encontramos? Pues a un buen hombre vestido de segurata que nos comunicó amablemente que, como yo suponía, la biblioteca no abría los sábados. Así que, lejos de abandonar nuestro cometido, nos dispusimos a buscar otra biblioteca que sí estuviera abierta. Cogimos el bus hasta llegar a la calle dónde, supuestamente, había otra biblioteca municipal. Pero las calles en Madrid no son precisamente cortas, y tras vagar como almas en pena avenida arriba, avenida abajo, me di por vencida: “tú ganas”, le dije a mi estómago. Y nos metimos a saciar nuestro voraz apetito en el Telepizza más cercano.

Continuará (que no estoy inspirada...)
 
Cambio de blog
POR MOTIVOS DE FUERZA MAYOR (ES DECIR, POR CAPRICHO) LA EMPERATRIZ PENCA HA TRASLADADO HA TRASLADADO SU BLOG HA LA SIGUIENTE DIRECCIÓN:

http//:emperatrizpenca.blogspot.com

AGRADECERÍA A QUIENES LA TENGAN INCLUIDA EN SUS ENLACES QUE CAMBIEN LA DIRECCIÓN.

ATENTAMENTE,

LA COMPILADORA Y ALTER EGO,
STA. MARÍA DEL PERRO.
 
Antología de greguerías (más una greguería nueva)
Nota de la compiladora:
Como ya dije en el post de la semana pasada, La Emperatriz se encuentra ahora mismo en plena actividad intelectual preparando los exámenes de junio y leyéndose todos los libros que por negligencia y vagancia ha dejado durante el cuatrimestre. [Creédme que es cierto, la vi estudiar ayer con mis propios ojos (¿con cuáles si no?) y le salía un alarmante humillo negro por la cabeza, tal era la intensidad de su esfuerzo intelectual]. Es por ello que me ha pedido que ejerza una vez más de compiladora y alter ego, y que realice esta breve antología de greguerías (una recopilación de las greguerías más decentes y menos descabelladas), que incluye además una nueva greguería de elevado contenido metalingüístico y freak. No obstante, me ha prometido que estará en breve de vuelta en la blogsfera y dispuesta a actualizar su blog en persona.

La traductora y compiladora,
Sta. María del Perro.



La palabra grandecito es ya una paradoja en sí misma.




Moto acuática es a maremoto lo que moto terrestre es a terremoto.

Resulta paradójico pensar que poto en latín significa beber y en castellano vomitar.

Era tan penca que, al carecer toda inspiración artística, cogió la línea naranja de metro y se bajó en Las Musas.

Los sonidos fricativos son verdaderamente friquis.

Una cosa que el Manco de Lepanto nunca reveló es que Don Quijote pasó los últimos años de su vida regando la meseta castellana con Fairy para intentar limpiar La Mancha.

Los fundamentalistas tienen la mente metida en una funda. Por eso creen que sólo sus ideas son las correctas.

Era tan incomprendida que hizo un viaje a Chiclana y trajo de souvenir un paquete de Trident sin azúcar.

Me comí un yogur griego y se me quedó en la boca un helenístico regustillo a Partenón.

En un desesperado intento de imitar a Saturno, el FOTOMATÓN acaba con sus propias fotos.

De tanto reflexionar sobre el origen metafísico del universo, el queso se quedó rayado.

En la consulta del médico los PACIENTES se vuelven a menudo IMPACIENTES.
 
Pinzas
Hoy se me han ido tres, y no tengo con qué tender la ropa.
 
Sesión de patinaje
Esta tarde antes de que diluviara salí a dar un paseo de lobo estepario, y me encontré por casualidad con la Emperatriz Penca (aunque la casualidad no exista, pero es una frase hecha). Iba patinando hacia abajo por la pared vertical de un edificio de espejos. (Era un edificio ya bastante bonito de por sí, y el reflejo de las nubes de cemento sobre la pared acristalada creaba un efecto fantástico). La Emperatriz no tardó ni una centésima de segundo en precipitarse hacia abajo dejando una estela de incomprensión a su paso y rayando un poco los cristales del edificio con sus patines de cuatro ruedas.

-¡Hola, Santa María! - me saludó. Al principió pareció extrañada de encontrarme, como si hubiera visto un doble de sí misma o algo parecido. O quizás es que no le gustaba que yo la hubiera pillado patinando a cien por hora por la pared del edificio aquel, en medio de la jungla de asfalto. Fue como cuando la vi sobrevolando la Torre Picasso mientras hacía un videoclip con los cuervos londinenses -. ¿Qué tal va todo? ¿Cómo están tus perros?

- Bien - le respondí -. Aunque la primavera no les sienta demasiado bien. Les ha dado fuerte la alergia este año con tantas gramíneas asesinas flotando por estos aires.

- ¡Pobrecillos! Yo me solidarizo con ellos. Yo estoy con el hocico dolorido, de tanto sonarme -. Entonces me ofreció unas galletas Mini María que estaba comiendo, para reponer glucosa -. ¿Quieres?

- Gracias, Emperatriz - contesté -, pero sería un poco como un acto de canibalismo atroz comerme esas marías. Ni siquiera después de ver El silencio de los corderos me sentiría capaz...

- ¡Qué va! ¿Por qué verte privada de ese delicioso placer antropófago? También yo como a veces acelgas con pencas, y no me siento mal en absoluto. Es como si un calvo no comiera atún. ¡Qué tontería!

En seguida nos vimos inmersas en una inacabable conversación sobre manías alimenticias, fiemadas varias, y nombres de comidas que eran nombres de persona a la vez. Incluso se nos llegaron a ocurrir unas cuantas greguerías. Me habló también como siempre de sus castillos aéreos, de su personalidad bulbosa y de sus ánforas de sueños que estaban vacías. (Imprescindible en cualquier conversación con la penca).

Al final la Emperatriz me dijo que tenía que volver a casa para seguir leyendo La Celestina. Decía que se le acumulaba el trabajo y que los exámenes estaban ya cada vez más cerca. Y me pidió por favor que escribiera yo un post por ella, porque ni siquiera encontraba tiempo para actualizar su blog. (Y eso es lo que estoy haciendo ahora).

- ¿Por qué no actualizas tú por mí? Tengo que acabar sin falta La Celestina antes de mañana. Yo sé que es asumir una responsabilidad muy grande, sobre todo ahora que mi índice de lectura se ha disparado, pero te agradecería infnitamente si escribieras algo por mí. Eres mi alter ego, seguro que haces algo bastante decente, aunque nuestros estilos no sean exactamente iguales.

Al final accedí y le prometí actualizar su blog. No sé quién me mandaba a mí encontrarme con ella esta tarde. Ahora está lloviendo, el aire huele a tierra mojada. Y seguro que Celestina no se ha muerto todavía.

Sta. María del Perro, compiladora, alter ego, observadora del mundo, incomprenida y perdedora de tiempo.

 
Bulbo
La naturalidad es la más difícil de las poses. (Oscar Wilde).

Tengo mi ser expuesto por completo a todo tipo de estímulos sensoriales y extrasensoriales. Tengo mi espíritu prácticamente a la intemperie. (Un nervio se me destensa ante la imagen del tanatorio de sueños sin raíces). Soy la que intenta conjugar los verbos en presente y no en futuro, y fracaso estrepitosamente en el intento. (Hay un cementerio de ánforas vacías muy cerca de aquí). Soy receptor de la genialidad y la belleza en todas sus manifestaciones. (Otro nervio tiembla ante la hierba whitmaniana que se agita con ondas de mar, ante la incomprendida urraca que sufre el rechazo social y es condenada al ostrascismo por sus iguales). Soy un bulbo sin florecer, llevo los pétalos por dentro. (Hay una rosa pálida que sobrevuela mis circuitos cerebrales). No puedo dejar mis sentidos por completo a la intemperie. Vivo las cosas con demasiada intensidad. A veces puedo sentir tanto que me haga daño. A veces es necesario destilar las palabras antes de bebérselas, así no se te revuelven tanto los conductos sensibles.

Soy la poetisa de los sentimientos no verbalizados. Mis pensamientos son concebidos, pero no llegan a ver la luz. Y mientras hago un sobrehumano esfuerzo por transformar el contenido en la forma, me revisto de una cáscara no del todo opaca, pero que tamiza la luz y quita, en cierta manera espontaneidad. (Aunque la naturalidad es la más difícil de las poses. Quizá no sea posible ser siempre una persona espontánea, o quizás existan varias emperatrices que actúen de manera distinta según las circunstancias y según quién u qué sea el verborreado).

Pero creo que a veces es necesario exteriorizar las emociones silenciosas, verbalizar la negrura que se te mete dentro por mil sitios distintos (por los huequecillos que hay entre las líneas concéntricas de las yemas de los dedos, esas que de verdad nos distinguen del resto de los humanoides). En ocasiones hay que expresar el malestar y la cardialgia, no hay más remedio. (Y esta es una de las múltiples funciones que cumple el blog. ¡Vaya mierda de post!)
 
Melocotones
Hoy he estado haciendo los preparativos para la fiesta que voy a dar mañana en la madriguera real. (Y me siento un poco como Clarissa Dalloway, intentando ser la perfecta anfitriona, aunque se me ha olvidado ir a por flores). Afortunadamente he contado con la inestimable ayuda de la Pequeña Mara, que me ha acompañado al DIA y me ha ayudado a cargar las bolsas, porque es pequeñita pero parece que se cayó en la marmita de poción mágica cuando era chica y ahora tiene fuerza de Obélix. (Hipérbole necesaria. Soy andaluza de nacimiento). Y aguantó con estoicismo mis irrefrenables impulsos de leer en griego las etiquetas de los productos. (Ella como es monóglota, y además, no entiende, no se entera de nada). Hemos comprado piruletas del arco iris y moras de color rosa emperatriz para sumergirlas en las ánforas de calimocho y que impregnen el líquido con su esencia. Me he querido comprar también un lagarto de plástico, y una corona de emperatriz infantil, pero al final he logrado contener mis deseos. (Y eso aunque en mi barrio pijo no haya contenedores en la calle).

He leído en uno de estos periódicos de hacer barquitos que te dan en el metro que hay políticos que se han hecho blog, y entre ellos salía Michelle Bachelet, que convirtió su diario de campaña en un blog, y también Maragall. ¡Qué cosas! Será que también ellos han sucumbido al embrujo del blog. (Porque el blog engancha). Parece que el friquismo no es exclusivo de gente como yo.



Yo de hecho quería escribir hoy algo sobre los melocotones. O sobre los damasquillos o albaricoques, que son como los melocotones, pero de recién nacidos. Esta mañana le dije a la Pequeña Mara que me escribiera una palabra al azar (aunque el azar no exista, pero es que es una frase hecha), y me ella eligió la palabra pensamiento. Yo me acordé de la flor, que tiene esos colores tan intensos, porque yo buscaba algo concreto. (Y qué gracia llamarles pensamientos a las flores). Entonces me dijo la palabra melocotón, y yo estuve pensando como gestar un post a partir del melocotón. Porque yo pensaba, como Autonauta, que todo es carne de post, cualquier cosa es posteable, pero en el caso del melocotón es bien difícil, a no ser que te dejes llevar por tu vena filológica y hables de su origen etimológico. (Del latín malum cotonĭum).

¿Y por qué se la gente dice que se cae cuando se le va la conexión a Internet?
 
Músculos hipertrofiados
Me encantan los regalos artesanos, son los mejores, y más aún si se trata de monederos de punto que huelen a viejecita rosada de mesa camilla, y que atesoran en su interior los elixires del pelo pantene. Y cómo me gusta que me regalen pasteles de emperatrices, con coronitas y bucles de limón. (Aunque el hecho de comérselos sea un acto de vergonzante antropofagia)...Y todo eso acompañado de abrazos de osa menor, piardas continuadas, y de sesión intensiva de sol en el césped. Yo creo que se me hipertrofian los músculos de las mejillas de sonreír con tanto ímpetu, y que se lo he contagiado a la borde de la cafetería de la facultad, que hoy tenía agujetas de color de rosa en los músculos de las mejillas, porque no acostumbra a sonreír, y encima me ha dicho gracias cuando me ha dado el ticket. (Tal vez porque le hago gracia yendo vestida de Naranjito). O tal vez es que a ella también le han regalado un pastel con una corona, o según la Pequeña Mara, es que ha follado en Semana Santa y está contenta. Por cierto, qué bonitas son las urracas.
 
Mi sueño hecho realidad
 
Torrija contrahecha
Es verdad que en menos de veinticuatro horas se me ha curado la disforia por completo y ya no tengo tantas ganas irrefrenables de tirar a la basura las criaturas monstruosas que engendro. Porque es una tontería estar triste cuando tienes tan buenos amigos que soportan con estoicismo tus verborreas telefónicas y te hacen pasteles, y que te sacan por ahí un domingo por la noche en plan cuelgue total. (Polisíndeton inevitable). Anoche vino la Equis a cenar a la madriguera real con espíritu de columpio y piruletas y llenó un cáliz entero de calimocho para celebrar que era domingo de resurrección. (Hipérbaton inevitable). Y también comimos espinacas, claro, con un par de huevos, y las contrahechas torrijas de Victoria Frankenstein a modo de postre. (Durante una décima de segundo contemplé la hipotética posibilidad de hacerme vegana de verdad, porque me acordé de las cabritas recién nacidas que se vieron despojadas de su leche materna que les correspondía, y luego mira, ahí estaban mis abominables torrijas, vergonzosamente gordas y pesadas, hinchadas como una esponja de absorber tanta leche caprina. Pero es que luego me acordé también de que el queso sale de la leche, que es un producto animal, y yo no puedo vivir sin el queso, mi manjar celestial).



Y como había que celebrar la resurrección del señor, cogimos una cantimplora de calimocho y nos teletransportamos a la Plaza de Chueca, cegando con nuestra orgía de colores a los pobres urbanícolas que hacían de figurantes en el metro en ese momento, y cantando la canción del universo y las casitas de muñecas donde celebraba fiestas donde sólo estaba yo, y ya de paso, con la excusa del domingo de resurrección celebramos también que soy un año más chica (porque soy más mujer, quizás). Y una vez en el hábitat de siempre, nos hicimos las reinas de la pista y acabé fatigada de tanto hacer de gogó con pasos inventados, pero qué pechá de reír me di.

Hoy tengo una resaca considerable, y me da la sensación de que he matado unas cuantas neuronas de golpe, me pesa menos la materia gris, porque anoche entré de lleno en la fase de la cogorza total y del analfabetismo pleno; estaba tan ciega perdida que no podía ni leer el mensaje que me mandó Mafalda; me duele el cuerpo, y la tripa, como dicen aquí en Madrid, y las pestañas y el pelo, pero estoy muy contenta por todo en general, porque me funcionan los cinco o seis sentidos bastante bien, por los abrazos de osa menor, por las bicicletas y las gafas de pasta. La casa está otra vez puerca y acogedora, con pegotes en el suelo, y ya he caído en la cuenta de que no tengo motivos para estar con penas ni chorradas. Y no pienso trocear más pastillas de las de crecer en los petisuís oníricos, porque es muchísimo mejor ser una Emperatriz Infantil con sangre azul en el mundo de Fantasía.
 
El clímax viene antes
Hoy he tenido un día un poco raro, porque empecé por el climax y terminé por la disforia. (O voy a terminar, mejor dicho, porque todavía no he cerrado del todo los párpados ni he congregado a las ovejas en torno a mi cabeza para que me hagan un desfile). Me levanté por la mañana y al salir al mundo exterior me hendió por completo un despiadado rayo de sol, así que salí fuera a cocerme a la parrilla con las pancetas y chorizos de la barbacoa.

Viene la Gran Jefa con olor a romero y me da mi regalo que es el guión de Mi vida sin mí. (En edición bilingüe especial para anglófilos). Hace una tarde espléndida, con abejorros ronroneando, animales, leche de cabra en la nevera, vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides. La lluvia ha apaciguado momentáneamente a las gramíneas asesinas, y mi tío me lleva en su jeep antidiluviano en plan safari mediterráneo, engullendo todas jaras silvestres a su paso. (Y mi perra, qué tonta, se creía que las jaras eran monstruos devoraperras y les ladraba. Yo me lo imagino, pero no me lo creo, aunque sea también pequeña e ingenua).

Y sin embargo, luego resulta que pongo todo mi amor en unas torrijas que están buenas de sabor, pero que visualmente son absolutamente mostruosas, desfiguradas, contrahechas, y que se desintegran como el mercurio y sangran leche caprina y se desinflan. Salgo de la cocina con cara de Victor Frankenstein después de haber creado al moderno prometeo, y me entran ganas de hacer como Laura Brown en Las Horas y lanzar las torrijas a la basura (o a las cabritas de tres días, para que sorban la leche que le corresponde, eso haría una verdadera vegana). Y me imagino que después de tirar la tarta, o las torrijas en su defecto, viene la vecina del chalet invisible de al lado y me da un morreo. (Cosa que no pasa en la vida real, desgraciadamente).

La casa se inunda con el tubo de la lavadora y hay que achicar el agua, para hacerla más chica, y que se recoja más fácilmente, y nos dedicamos todos a la titánica tarea de vaciar la casa (porque la casa era una pequeña versión del Titanic, aunque sin Kate Winslet, qué pena). Mi perra se rebozó en mierda, mierda pura de verdad, no mierda en sentido figurado, o más bien en mierda disuelta en agua estancada y en agua de cadáveres, y fui yo quien la tuve que rociar con mistol y sacarle brillo. (Porque soy una penca de por vida).

Y aunque mi padre me hizo acelgas con pencas para cenar y para darme ese placer de antropófaga, yo no estaba contenta. No me alegro tanto de ser un año mayor. Quería ser mayor para poder estar con mis amigos mayores, y por el deseo de ser mayor en sí, pero es que en realidad no quiero serlo. Quiero volver a ser chica y estar enmadrada. A las 11 me despido de la Gran Jefa, y me vuelvo a la megalópolis con mi tío favorito, que conduce a la velocidad de la luz y yo voy acojonada en el asiento de atrás, mientras me entra la clásica mamitis aguda mezclada con penilla así en sentido general y con síndrome post vacacional.

No hay nadie en casa, claro. No está Haizea para que me hable en su idiolecto de palabras inventadas, y la casa está hiper limpia, demasiado limpia. Los churretes y la fauna ibérica la hacían acogedora. Y el ataque de mamitis trae consigo el ataque de mollas imaginarias, de chorradas de de estoy hecha un adefesio, joder, por qué no me nadie me quiere, y la chica que de verdad quiero está muy lejos y muy cerca a la vez, ay, por qué no puedo ser chica otra vez, pero chica de verdad, no chica de dieciocho, y convertirme de nuevo en la cría canguro de la mamá canguro, para que me lleven y no tener yo nunca la responsabilidad de dedicir, o ya que nos ponemos, ninguna responsabilidad.

Y como llego triste y no encuentro ni churretes ni conversaciones verborreicas, ni palabras inventadas, me como un petisuís blanco de los sueños y una partícula desintegrada de la torrija de Frankenstein, y se me pasa un poco la gilipollez, porque soy medio gilipollas, no tiene más historia.
 
Cuarta entrega de greguerías
Pasó meses y meses preguntándose por el fin del entendimiento humano y un día en la Plaza de Chueca halló la respuesta.

Una cosa que el Manco de Lepanto nunca reveló es que Don Quijote pasó los últimos años de su vida regando la meseta castellana con Fairy para intentar limpiar La Mancha.

La verdad es que los indios piel roja tenían un poco de pluma.



Resulta paradójico pensar que en inglés, naturaleza muerta se dice still life.

Moto acuática es a maremoto lo que moto terrestre es a terremoto.

Tras un arduo estudio arqueológico, un apicultor especializado en las antiguas civilizaciones de la América Precolombina descubrió la existencia de la llamada Abeja Maya. (La azteca está aun por descubrir).

Había una hormiga que comió tantos petisuís que creció hasta convertirse en hormigón.

Comía tanto que en vez de tenedores y cucharas usaba tridentes y cucharones.

Como no sabía cómo poner los signos de puntuación en el post, cogió la línea naranja de metro y se bajó en Lacoma.

Tan desesperada estaba que organizó una quedada orgiástica en Villaviciosa de Odón.

Decía que no tenía agallas ni valentía, pero un día compró chocolate Valor, y su mundo cambió por completo.

Su desesperación llegaba a tales extremos que no tuvo bastante con ver The L World un día entero seguido y asaltó la fábrica de Bollilandia.

Era tan incomprendida que hizo un viaje a Chiclana y trajo de souvenir un paquete de Trident sin azúcar.


 
Crónica del fin de semana
Hoy me he caído de la cama al levantarme y he apoyado el pie derecho justo antes de estrellarme contra el suelo, y luego he hecho un brunch anárquico a la una de la tarde a base de espinacas, queso manchego y petisuís liliputienses. (Por innovar, más que nada). Estoy contenta porque he tenido un fin de semana más que bueno. No he cumplido con ningunas de mis obligaciones ni he hecho nada de lo que tenía planeado hacer. El refrán aquel de deja para mañana lo que puedas hacer hoy se concreta en mi persona a la perfección. No he terminado todavía el trabajo sobre mi muy querido Johann Wolfgang von Goethe, ni he ordenado mi madriguera (porque sigo con el ordenador roto), ni he leído al Marqués de Santillana ni he impiado la casa. (Polisíndeton necesaria). Y eso que ya tocaba, porque venía la Gran Jefa a realizar su supervisión de siempre, y siempre intento dejar la casa medianamente impecable antes de que venga. Pero la cocina sigue llena de churretes y pegotes, y el otro día una cucaracha asesina casi nos mata del susto. Pero a pesar esta negligencia atroz, he pasado un fin de semana estupendo. El viernes fui a ver en directo el Nacimiento de la Primavera, gracias unas entradas que me consiguió Boticcelli, y luego pasé una sobremesa cuasi sublime horneándome al sol en compañía de Mónica y de la Suiza Loca, y divagando sobre fricadas varias. (Porque con Mónica no puede ser de otra forma). Los árboles del parque germanófilo ya se han recubierto por entero del abrigo de la esperanza, y hay margaritas en la flor de la vida con pétalos recién estrenados.



Pero el sábado fue un día de clímax en todo su conjunto. Clímax a la mañana, clímax para comer y clímax a la noche. Mafalda y yo tomamos de rehén a la Equis, que nos trajo souvenirs de reglas flexibles y un enorme huevo amarillo que guiaba nuestros pasos por la selva humana de Madrid. El huevo es la luz que nos guía. Y por la noche tuvo lugar el clímax dentro del clímax, porque fui a la macrofiesta de cumpleaños de mi tía, y creo que no pude pasármelo mejor. Mi tía cumplía años, aunque no diré cuántos, por si acaso...Sólo que era una cifra muy redonda y muy importante, de las que terminan en cero, así que decidió celebrarlo como dios manda. Por culpa de la barra libre entré en la fase báquica casi sin darme cuenta, y cervecita a cervecita me fui animando progresivamente. (Aunque hay quien prefiere aprovechar la barra libre para embriagarse de agua mineral). Creo que batí mi propio récord de katarsis poniéndome pedo en compañía de mi madre. Tuve el privilegio de charlar un rato con mi pareja lésbica y grecolatina preferida, y ver a mi tía tan animada y tan contenta me dio una alegría enorme. Y luego ya en la fase de post pedo del día siguiente me acordé (porque a veces se me olvida) de lo afortunada que soy de tener unos tíos tan melómanos y tan buenos, y que encima vivan en la megalópolis madrileña. Y yo no sé si yo seré su sobrina favorita (digo yo que sí, porque soy sobrina única), pero lo que sí sé es que ellos son mi tía y mi tío preferidos, y que no los cambio por nada del mundo, ni por unas gafas de pasta ni por Winona Ryder en peto. Y para rematar la noche Haizea y yo nos fuimos a nuestro hábitat natural del Escape, y como siempre nos encontramos con la bloguera omnipresente Sinfonía Agridulce, y pude hacer la coreografía de Hung Up en el cuarto de baño. El domingo fue un día más moderado, pero igualmente climático. Tuve que despedirme de la Gran Jefa, que se volvía a Málaga después de su visita relámpago, y como siempre me entró un poco de penilla tonta y de ganas de ser chica otra vez. (Porque con tantos petisuís he crecido un montón y me he hecho mayor). Pero fue un domingo de crecimiento de la primavera, de más sol, de misses pánfilas malagueñas, de parque y de perros, de proyectos de primera comunión y paseos llenos de incomprensión.
 
Mi hotel
 
Impresiones marítimas
Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde deberia estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él. George Bernard Shaw.

Observo el firme trazo del horizonte partir en dos cielo y tierra. (Y me estiro y bostezo). Veo la playa, de arena no muy limpia (aunque eso desde la ventana de casa no se distingue casi), y veo las gaviotas griposas que me observan con una llama roja en los ojos.

Veo por insistencia de la Gran Jefa unos videos caseros en los que aparezco yo misma convertida en un bebé horripilante y rollizo y con pelo de monje. (Dudo de verdad que yo pueda ser la misma persona). Y confieso que hay alguna fibra sensible que se me destensa en algún punto del mecanismo interno. Puede que sea incluso algún resquicio de mi instinto maternal que siempre permanece oculto y raras veces se manifiesta. (Por no decir nunca). Y después de ver los videos no puedo evitar querer muhísimo a mi madre, a pesar de que tenga tanta ropa de color marrón y de color caqui y en general, de tonos tierra, a pesar de que diga que Madonna es una mujer sumamente vulgar y de que piense que mi lesbianidad es una fase más que incluir en el inventario de avenates excéntricos como el de querer cambiarme el nombre, y a pesar de que quiera jubilar el sofá del cuarto de estar en el que llevo sentándome y repantingándome desde que bebía potitos (los sigo bebiendo, pero como complemento alimenticio, y por incomprensión y capricho, no por necesidad). La quiero a pesar de todos estos pesares (que pesan mcuho, lo sé, pero cualquier peso es liviano al lado del amor que me profesa la Gran Jefa). La quiero inmensamente, porque su cariño es absolutamente incondicional y desinteresado.

Me horneo al sol cual lagarto de frías arterias, con mi atención dividida entre Lady Bótox y Orlando. (De vez en cuando me doy la vuelta para hacerme bien por los dos lados y que no se me quede la carne cruda). Estrujo con fuerza a Lady Bótox, que es el animal qué más adoro en el mundo entero. Una palmera resentida conmigo desde que me fui de Málaga me dispara sus proyectiles de dátiles pero afortunadamente sin demasiada puntería. Ya puedo distinguir unas diminutas esmeraldas en los esqueletos arbóreos de los plátanos, porque la primavera aquí empieza al mismo tiempo que en el Corte Inglés, por inverosímil que esto resulte.

Rompo un poquito (sin querer queriendo) las férreas leyes del vegetarianismo y me como involuntariamente una croqueta, y también una partícula de jamón serrano mimetizada por completo con los champiñones y los guisantes de la menestra (esta última sin querer de verdad). (El pollo griposo, en un arrebato de ira febril, se confabulará con la vaca loca y juntos me asaltarán en sueños). Pienso en las ánforas de sueños que están vacías por dentro y busco mil maneras de rellenarlas. Algunas de ellas se han resquebrajado y desintegrado en mil partículas. Otras están guardadas en algún sótano lleno de humedad y necesitan ser urgentemente re-modeladas. Pienso otra vez en los castillos aéreos semiderruidos. (Una idea conduce inevitablemente a la otra. Pertenecen al mismo campo semántico). Va siendo hora ya de construir los cimientos. Hablo por teléfono con algunas amigas. (Unas están aquí, otras más lejos, otras lejísimos en tierras anglosajonas o chilenas). La Pequeña Mara y yo hacemos divagaciones conjuntas sobre cuál puede ser la flor más hermosa, la amapola o la rosa, y sobre los almendros vestidos de novia que cualquier incomprendido venera inconscientemente en sus paseos por el parque (sea éste germanófilo o no).

Suena un piano de teclas invisibles con la música de Orgullo y Prejuicio. Esta noche quiero soñar con cosas bonitas, con las diversas reencarnaciones de Venus, con dibujos animados al estilo de Chihiro. Intentaré espantar a las vacas y los pollos griposos y sustituirlos por gafas de pasta, o petos, o corbatas, y hacer un divino popurrí de fetiches.
 
Fases del pedo
Tras numerosos estudios realizados científicamente, hemos considerado conveniente incluir aquí una muestra detallada de las diferentes fases del pedo. La Emperatriz Penca desea salvaguardar su reputación y no ser tachada de borrachuza y de frívola y por ello me ha hecho subrayar el hecho de que, aunque el estudio a continuación ha sido elaborado en base a ciertos hechos verídicos indudables, ha sido ilustrado con numerosas hipérboles y exageraciones dignas de la más pura retórica andaluza. Por ello he de rogar al eventual lector que no tome al pie de la letra cada palabra expresada en este estudio.
Atentamente,

Sta. María del Perro, traductora, editora, alter ego, compiladora, nihilista, filóloga, observadora del mundo y reina freak.



FASES DEL PEDO

Bonum vinum laetificat cor hominis*. Dioniso de Halicarnaso.

1ª FASE. Fase del PRE-PEDO o PEDO PSICOLÓGICO. Fase de ebriedad fingida, o ebriedad psicológica provocada por la propia sugestión de la persona, o por la emoción producida ante la perspectiva de una noche entera en tu hábitat natural del Escape. Generalmente tiene lugar durante la preparación para salir, o durante el trayecto en metro hasta Chueca. Es en esta fase cuando algunas personas suelen hacerse preguntas sin respuesta o pensar en cosas que en estado de sobriedad total no se piensan. (A no ser que seas una emperatriz, o una incomprendida de la vida, o que tengas un blog, o que seas de Filosofía y Letras y estés ya un poco tocado de antemano). ¿Por qué se dice ser de la otra acerca? ¿O por qué se dice perder aceite? ¿Te imaginas al rey lavándose los dientes? ¿O al papa cagando? (Esas cosas se han dicho de verdad, lo juro, que yo he sido testigo ocular de ello).



2ª FASE. Fase de ACHISPAMIENTO.
Es esa fase intermedia entre el pre-pedo y el pedillo, en la que estás ya alegre y empiezas a decir algunas paridas sin importancia, o más paridas de la cuenta (hay quien las dice siempre en estado vital normal, y a mí que no me mire nadie), pero en la que todavía uno sabe que tiene pleno control sobre su ser y sobre sus instintos. Todavía no ha comenzado a surtir efecto la acción destructora de Dionisio, dios helénico del calimocho. Pero es en esta fase cuando ya comienzas a motivarte cantando a viva voz y bailando la coreografía de Madonna, llegando incluso a acertar en algunos pasos y sin dar todavía excesiva pena. (Luego siempre hay pasos improvisados, claro). Es en esta fase intermedia cuando se dicen frases del tipo ¡Mira, los chaperos! (Entiéndase vendedores de chapas de Amelie y de Rossy de Palma). O Perdonad, ¿tenéis bocadillos? (A unos chinos que iban por la calle).

3ª FASE. Fase BÁQUICA o DEL PEDILLO.
En esta fase hay quien se vuelve sumamente cariñoso y sumamente social y extrovertido, en ocasiones, calientachochos. Es la fase de los abrazos, besos, payasadas, meadas con desconocidos, contarle a la gente que te has cambiado el nombre y que has pasado de ser un animal acuático a ser un animal terrestre, que vas a pedir la nacionalidad madrileña, conocer a blogueras ilustres y contarles tu vida con pelos y detalles, et caetera. Yo me cambié el nombre y ahora me llamo Emperatriz. O yo siempre he querido tener gafas, pero me da fatiga ir a una óptica y pedir unas gafas transparentes.



4ª FASE. Fase del PEDO PLENO.
Ahí ya empiezas ya a delirar completamente. Es la fase de la KATARSIS propiamente dicha. (La katarsis griega, que luego los romanos imitaron, como siempre, adaptándola al circo máximo). Le dices a alguien que te llame al móvil para que suene la musiquilla de Hung Up, y haces un conato de coreografía que, no obstante, degenera en Terremoto de Alcorcón. (Time goes by con Loli). La depravación absoluta. Esta fase puede derivar en ocasiones a la fase trascendental en la que uno empieza ya a preguntarse por el origen metafísico del universo o confesiones íntimas, o incluso pedirle a la DJ (que tiene gafas de pasta, y lo digo como mero dato anecdótico) que ponga la canción de Los Morancos. (Inexplicablemente, no te hace caso).

5ª FASE. Fase de la COGORZA TOTAL. (A veces llamada fase del ANALFABETISMO).
Ahí es cuando uno de verdad entiende por qué se dice estar ciego, es porque no se ve. (Quién lo iba a decir). En el peor de los casos, echas la pota de Viperina en la puerta del Sojo (el marido de la soja) y tiene que venir un FREAK a decirte que su mujer se llama Sonia y a echarte un botellín de agua en la cara para que se te pase el mareo.
(Luego encima la Equis en vez de ejercer de tutora legal, como dios manda, se aprovecha de que una no tiene control sobre sí misma, y le obliga a parar a los taxis levantando una pata. Una conducta poco loable).

6ª FASE. Fase del RESACÓN, HANGOVER, o POST-PEDO (cuando escribes un post sobre la borrachera de la noche anterior).
Fase conocida mundialmente. Se caracteriza por una cierta sensación de cefalea, que puede ser más leve o más fuerte, dependiendo de la cantidad de cubatas ingeridos. Se recomienda tomar zumo de naranja o kiwis para aliviarla.


* El buen vino alegra el corazón del hombre. N. del T. (Por cierto, en realidad no es de Dionisio de Halicarnaso. Es de una pegatina que me dio Alice).
 
Videocplis místicos
Me gusta ir a la peluquería peloponésica de mi barrio para retintarme el cabello y añadir así una mayor incomprensión a mi aspecto, y que luego me laven la cabeza y quedarme frita sin querer queriendo, y salir después con el pelo lleno de hebras arteriosas ondeando al viento y cegando a los pobres caminantes con su fulgor...Y eso, aunque me esquilen viva y me dejen convertida en una oveja neozelandesa, y a pesar de que luego me lave la cabeza y segregue espuma de color zapatilla, o color Pinkpollo. (Subordinada concesiva inevitable. Siempre hay pesares a los que contraponer la livianeidad de otras acciones más deleitosas).

Me gusta también hacer las más arriesgadas e inverosímiles mezclas culinarias, mezclar lo dulce con lo salado, porque la mezcla es bella; elaborar pócimas del druida Panorámix; ingerir involuntariamente un centímetro cúbico de jamón serrano y llevar mis extravagancias la campo de la alimentación; desayunar una papilla Nestlé cuasi solidificada con mis galletas TOCAYAS hundiéndose titánicamente en ella, (entiéndase como en el Titanic); comerme cortezas de queso (¿no sería maravilloso que las vendieran así asiladamente en el supermercado?), petisuises gigatescos o liliputienses, macedonias exóticas, y espinacas (e)popéyicas y homéricas. (Así luego tengo pesadillas con Aquiles, claro).

Me gusta ir al cine con Haizea porque al final sin saber por qué aparecemos en Chueca. (Quizá sea por esa fuerza electromagnética que arrastra nuestras imantadas zancadas sin que podamos oponer resistencia alguna. La razón está todavía por estudiar. La cuestión es que emergemos de repente en la Plaza de Chueca, pero el proceso escapa a nuestra imaginación). Me encanta seguir el espíritu jazzístico de mi tío y hacer de la improvisación mi filosofía de vida, romper la rutina siempre que puedo, y cogerme una cogorza considerable un lunes a base de cervezas y luego quedarme debatiendo sobre el género neutro en el huequecillo de la ventana hasta las 4 de la mañana. (Con la consiguiente piarda del día siguiente).

Me gusta siempre ir oyendo la miscelánea aberrante de mi MP3 (que es ya como un apéndice corporal), mezclar Edith Piaf con Albinoni y con Alaska, e ir configurando cada inspiración y espiración con una canción de mi banda sonora original. Y me gusta imaginarme que los urbanícolas que hacen de figurantes en el metro se pongan a dar palmas con una sincronización total, cantando con voz de gospel, o que se suban a lo alto del tren a bailar con el pelo al viento. Y con ciertas canciones me monto yo misma mi videoclip y me imagino que estoy en la roca máxima de un acantilado marítimo, o en un borrascoso páramo de Emily Brontë cubierto de brezo violáceo, o en la cima de una torre kío... O en general, en cualquier punto un poco elevado donde pueda sentir una soledad y una plenitud absolutas, y si tengo ganas, ponerme a volar con las bellísimas urracas, o con cuervos londinenses en su defecto. (EN PLAN místico tipo frozen).



Me gusta participar involuntariamente en las quedadas de blogueras famosas y codearme con la gran élite de la blogsfera. (Y pensar que he conocido a Sinfonía Agridulce. Es que es fuerte). Me gusta usar palabras que no existen como lesbianidad o damosa, sentarme a leer Herman Hesse en el huequecillo de la ventana, dar paseos solitarios a las ocho de la tarde y que sea todavía de día, mirar las pequeñas esmeraldas de los árboles mientras amo Madrid un poco más y gesto posts y greguerías, recoger las pinzas y las tuercas que se me caen, hablar con los íntimos desconocidos y hacer pis con ellos, encontrarme con un galgo en el parque, pensar en voz alta, inventarme sinestesias, soñar con Winona Ryder en peto, ver castillos ambulantes, hacerme preguntas sin respuesta sobre el origen etimológico de expresiones como perder aceite o tener pluma, oír hablar en alemán aunque no me entere de lo que me dicen, dejar para mañana lo que puedo hacer hoy, reírme de las ocas en las películas.

Y la cosa es que cuando pienso en todos estos tontos placeres o todos estos mínimos detalles que introducen un poco de cambio y de alegría en el desenlace de mis horas, siempre me acuerdo de Amelie. (Para variar). Porque Amelie es mucho más que un personaje ficticio, es un estilo de vida, que yo decidí seguir ya desde que era chica. (Y no es que ahora sea chico, es que soy ya un poco mayor).
 
Urraca
 
Ánforas vacías
A mis amigas Mara y Mónica, que también construyen utopías positivas sin querer, y en general, a todos los que a veces modelan ánforas vacías.

- Emperatriz, no quiero que te quedes con la superficial idea de que ser iluso es simplemente tener una ilusión - Me dijo ayer Santa María del Perro, profundamente consternada por mi abrupto altibajo, y alzando un poco la voz por encima del diálogo onomatopéyico de las urracas -. Eres una ilusa porque tu ilusión carece de fundamento. Eres ilusa porque tus pocos años te dan la temeridad y la soberbia necesarias para creer que tu plan saldrá adelante simplemente porque así lo deseas, y porque eres negada para interpretar las señales no verbales que se te envían, porque cambias los sustantivos de sitio, porque tu imaginación viaja más rápido que tu raciocinio.

En ese momento un mirlo lleno de tinta fresca sobrevoló nuestras cabezas, visiblemente molesto por el elevado tono de voz de Santa María, que no le dejaba dormir. Soltó una pluma negra que iba explícitamente dirigida a mí.

- La verdad es que no te entiendo muy bien, Santa María. Te agradacería que me hablases mejor en metáforas. A pesar de ser una buena entendedora, hay cosas que escapan a mi percepción.

El pino, bastante interesado en nuestra conversación, dejó a un lado las agujas con las que estaba tejiendo su jersey de la esperanza y nos escuchó con atención.

- Quiero decir que gastas todo tu tiempo de ocio modelando ánforas de sueños que son muy consistentes por fuera pero que están huequísimas por dentro -. Prosiguió Santa María, una vez que los seres inanimados del parque se callaron un poco -. Luego te afanas en rellenarlas de las más variopintas ilusiones que vas recolectando por ahí como si fuesen uno más de tus fetiches. Tú sola te montas tu película sin la asistencia de ningún medio audiovisual. (Excepto de tu MP3, ya convertido en una prolongación de tu cuerpo, que hace las veces de banda sonora original, con el single de Kiss Me como canción principal cuando trepas hasta la soleada cumbre de tu jornada, y el piano frenético de Erik Satie tensando las cuerdas de tus nervios cuando te lanzas en picado a los agujeros negros sin fondo).

Con la función poética logré comprender mejor sus palabras. (Pensé también en la canción de Freddy Mercury. Faltaba en el repertorio musical).

- Ya, claro, te refieres a esos castillos aéreos que luego quedan semiderruidos. Nunca entiendo por qué se derrumban. Pongo una dedicación absoluta en ir construyéndolos poco a poco y luego por culpa de cualquier terremoto algo se tambalea y todo queda reducido a ruinas, y entre las ruinas crece la hierba.

- Es ciertamente una arquitectura efímera, como tan bien lo definiría la propia Alaska. Es tu romanticismo que se alborota agigantado por todo ese tiempo libre que te deja margen para darle mil vueltas a las cosas y perfeccionar la película. ¡Ay, estos pájaros de Hitchcock me tienen más que harta!

La urraca graznó ruidosamente, molesta al sentirse aludida, y nos mandó un rayo cegador con la franja de color azul eléctrico de sus alas. ¿Cómo esos colores tan hermosos pueden estar presentas en la misma naturaleza así porque sí?

Santa María del Perro continuó su discurso con una paciencia infinita hasta que logró acallar las protestas de los pájaros. (O quizás es que se hizo ya de noche y los pájaros se fueron a la cama sin más). Después de darme todos sus consejos en formato de parábola, me sentí mucho mejor. (Un céfiro se erigió de las sombras y con sus brutal resoplido nos echó del parque. El ventarrón siguió por dentro, revolviéndome un poco las entrañas, pero era ya mucho más suave). Y es que por algo digo siempre que ella es mucho más que mi editora y mi compiladora. Es mi alter ego, es casi una hermana siamesa, un alma gemela vagando por la megalópolis sin poder meterse en mi cuerpo.

Pero a pesar de todos los disgustos que me da, creo que no voy a renunciar a mi carrera de abeja constructora de sueños. (De sueños se vive, al fin y al cabo, ¿no? Te hacen tropezar muchas veces, pero también te mantienen viva.