Exámenes
Yo, de verdad, no sé cómo las apaño para dejarlo todo para el último momento a la hora de estudiar. ¡Y pensar que yo antes era empollona y sacaba matrículas de honores! Y gracias a eso no he tenido que pagar nada por la matrícula. Pero, claro, eso era porque quería refugiarme de la realidad circundante, y tenía los estudios como cueva. Ahora afortunadamente se ha acabado la etapa grisácea de mi vida (y he dejado atrás hasta mi nombre), y la de ahora mismo (que tampoco sé cuánto durará, pero por eso tenemos que atrapar el momento como Horacio) es la etapa del color, y del ARCOIRIS. Y además, la vida universitaria tampoco me permite estar muy centrada en los estudios, más que nada es que no me deja tiempo. La universidad es que no está hecha para estudiar realmente. Y yo encima con mi vida bohemia y mi inopia perpetua es que no veo el momento de sentarme e hincar los codos de verdad. Estos días ya me está cundiendo un poco más el tiempo, porque me vengo a la biblioteca de la facultad.
Yo siempre he estudiado mejor en las bibliotecas, porque es que en casa tengo tantas distraccionnes que me resulta imposible concentrarme. Además, no sé, a mí me pasa que en período de exámenes meo más. Sí, sí, tengo constantemente esta necesidad imperiosa de ir al baño. Estás intentando leer por segunda vez el Poema del Mio Cid, (el mismo, el de la barba vellida y el que en buen hora cinxó espada), y de repente te entran unas ganas irrefrenables de ir al baño, y eso te pasa como seis veces a lo largo de la mañana. (Y a eso hay que unir los numerosos viajes a la cocina, porque en período de exámenes también se come mucho más. Quizás es por el desgaste intelectual que una sufre. Una necesita reponer energía cada dos por tres). Total. (Función fáctica inevitable). Que me distraigo mucho en casa, porque encima mi ventana da a un parque precioso germanófilo, que además tiene un cedro enorme de ramas lánguidas justo en la entrada (el famoso cedro que inclina sus ramas bajo el peso insoportable de la nieve invisible, y que sustituye a las cálidas palmeras de mi antigua ciudad de origen). Y a veces también me pongo a mirar a los urbanícolas ir y venir, y a la gente que saca a sus perros, y me pongo a mirar a los perros tan lindos, y echo de menos a Lady Botox, que es mi animal favorito sobre la faz de la tierra aunque pote en mi cama la Noche de Reyes. Total, que no puede ser, que me distraigo mucho, y por eso me vengo a la facultad a estudiar, porque me cunde infinitamente más, y porque además me sirve para relacionarme un poco con otros seres de mi especie (y entiéndase por mi especie el homo sapiens sapiens, aunque no lleven guantes como los míos). Porque bueno, a pesar de mi naturaleza un poco asocial, que a veces roza el borde de la misantropía (pero pocas veces, sólo cuando estoy muy enfadada o resentida con el mundo, y que por otro lado, es algo que no puedo evitar, porque lo de la naturaleza asocial lo llevo también en los genes, genes maternos, claro, igual que la verborrea irrefrenable. ¡Dios mío, qué pedazo de paréntesis! Voy a cerrarlo ya).
Pues por todas estas razones, brevemente expuestas, es por lo que me vengo a estudiar aquí, y ya digo que me cunde bastante cuando me pongo de verdad (que tardo en ponerme). (Ponerme a estudiar, se entiende). Porque a ver, primero hay que comer para coger fuerzas, y comprar donetes, chocolate suizo o panteritas rosas para hacer el estudio más distendido (y meterlo todo clandestinamente en la biblioteca, y yo creo que por eso también pitaba al entrar).
Luego viene la terrible decisión de elegir biblioteca. Lo ideal sería poder estudiar en la biblioteca de humanidades, que es la mía, pero que es muy difícil porque está a tope de gente, e invadido por gente de otras carreras. Entonces, como no hay sitio, pues te vas a otra facultad. Ahora bien, los criterios a la hora de elegir bibliotecas son muy diversos. Por un lado tienes en cuenta qué tal está de luz, de espacio, de ventanas y tal. (Ese es el criterio material, racional, que tendría en cuenta una persona más práctica y menos emperatriz que yo). Y en ese sentido, pues la facultad de derecho puede que sea la mejor. Luego está el criterio no práctico, que es el que tiene más fuerza en mis decisiones. (Bueno, y en las de la Equis, que es la que las toma, porque al fin y al cabo, es mi tutora legal y ella manda en mis acciones). Buscas una biblioteca donde la gente sea un poco más interesante, o más rarita, más variopinta, donde haya una mayor densidad de friquis. Al final en la disyuntiva entre psicología y derecho, te decantas por psicología, porque además, en psicología hay muchas más chicas, y dentro del amplio número de chicas, hay un mayor porcentaje de lesbianas, según tengo entendido. (Es la segunda carrera lésbica en el ranking, después de sociología, por supuesto). (Agárrate con los criterios de selección).
Total, que llegas a la biblioteca de psicología. (Uso de la segunda persona otra vez, una fuente más de lo sublime. ¡Ay, si Pseudo Longino me leyera! Me dedicaría su tratado a mí, en vez de a Terencio). Y una vez que llegas, te asientas, montas el campamento, sacas los libros y cubres la mesa entera de rotuladores de colores para ilustrar los apuntes y al final no te queda ni un espacio visible de tonos madera. (Y sacas la palmerita rosa, también, la que te provoca cefaleas). Luego viene la chica que abre la ventana, y te quedas mirándola, y te desconcentras por completo, o si no, te pones a preguntarte si aquella de las camistea violeta entenderá o no entenderá, o cuántas lesbianas habrá ahora mismo estudiando en la biblioteca aquella. (Bueno, eso más bien se lo pregunta la Equis, que siempre alardea de su RADAR detector de entendedores que nunca le falla). Luego picoteas de la palmerita rosa, y luego dibujas un huevo frito en los apuntes de Poética y Retórica, y ya una vez realizadas todas estas labores necesarias en la fase del pre estudio, pues entonces vas al baño porque tienes pis otra vez. Y bueno, ya una vez que vuelves, entonces te pones a ello de verdad de verdad, y te cunde un montón, y terminas satisfecha y todo. Y entonces se te hace la hora de irte, y te vas. Y eso es todo por hoy. Estoy exangüe. Esta verbodiarrea irrefrenable me está matando. ¡Hasta otro día!
Besos, abrazos, y carpe diem,
La Emperatriz Penca.
Yo siempre he estudiado mejor en las bibliotecas, porque es que en casa tengo tantas distraccionnes que me resulta imposible concentrarme. Además, no sé, a mí me pasa que en período de exámenes meo más. Sí, sí, tengo constantemente esta necesidad imperiosa de ir al baño. Estás intentando leer por segunda vez el Poema del Mio Cid, (el mismo, el de la barba vellida y el que en buen hora cinxó espada), y de repente te entran unas ganas irrefrenables de ir al baño, y eso te pasa como seis veces a lo largo de la mañana. (Y a eso hay que unir los numerosos viajes a la cocina, porque en período de exámenes también se come mucho más. Quizás es por el desgaste intelectual que una sufre. Una necesita reponer energía cada dos por tres). Total. (Función fáctica inevitable). Que me distraigo mucho en casa, porque encima mi ventana da a un parque precioso germanófilo, que además tiene un cedro enorme de ramas lánguidas justo en la entrada (el famoso cedro que inclina sus ramas bajo el peso insoportable de la nieve invisible, y que sustituye a las cálidas palmeras de mi antigua ciudad de origen). Y a veces también me pongo a mirar a los urbanícolas ir y venir, y a la gente que saca a sus perros, y me pongo a mirar a los perros tan lindos, y echo de menos a Lady Botox, que es mi animal favorito sobre la faz de la tierra aunque pote en mi cama la Noche de Reyes. Total, que no puede ser, que me distraigo mucho, y por eso me vengo a la facultad a estudiar, porque me cunde infinitamente más, y porque además me sirve para relacionarme un poco con otros seres de mi especie (y entiéndase por mi especie el homo sapiens sapiens, aunque no lleven guantes como los míos). Porque bueno, a pesar de mi naturaleza un poco asocial, que a veces roza el borde de la misantropía (pero pocas veces, sólo cuando estoy muy enfadada o resentida con el mundo, y que por otro lado, es algo que no puedo evitar, porque lo de la naturaleza asocial lo llevo también en los genes, genes maternos, claro, igual que la verborrea irrefrenable. ¡Dios mío, qué pedazo de paréntesis! Voy a cerrarlo ya).
Pues por todas estas razones, brevemente expuestas, es por lo que me vengo a estudiar aquí, y ya digo que me cunde bastante cuando me pongo de verdad (que tardo en ponerme). (Ponerme a estudiar, se entiende). Porque a ver, primero hay que comer para coger fuerzas, y comprar donetes, chocolate suizo o panteritas rosas para hacer el estudio más distendido (y meterlo todo clandestinamente en la biblioteca, y yo creo que por eso también pitaba al entrar).
Luego viene la terrible decisión de elegir biblioteca. Lo ideal sería poder estudiar en la biblioteca de humanidades, que es la mía, pero que es muy difícil porque está a tope de gente, e invadido por gente de otras carreras. Entonces, como no hay sitio, pues te vas a otra facultad. Ahora bien, los criterios a la hora de elegir bibliotecas son muy diversos. Por un lado tienes en cuenta qué tal está de luz, de espacio, de ventanas y tal. (Ese es el criterio material, racional, que tendría en cuenta una persona más práctica y menos emperatriz que yo). Y en ese sentido, pues la facultad de derecho puede que sea la mejor. Luego está el criterio no práctico, que es el que tiene más fuerza en mis decisiones. (Bueno, y en las de la Equis, que es la que las toma, porque al fin y al cabo, es mi tutora legal y ella manda en mis acciones). Buscas una biblioteca donde la gente sea un poco más interesante, o más rarita, más variopinta, donde haya una mayor densidad de friquis. Al final en la disyuntiva entre psicología y derecho, te decantas por psicología, porque además, en psicología hay muchas más chicas, y dentro del amplio número de chicas, hay un mayor porcentaje de lesbianas, según tengo entendido. (Es la segunda carrera lésbica en el ranking, después de sociología, por supuesto). (Agárrate con los criterios de selección).
Total, que llegas a la biblioteca de psicología. (Uso de la segunda persona otra vez, una fuente más de lo sublime. ¡Ay, si Pseudo Longino me leyera! Me dedicaría su tratado a mí, en vez de a Terencio). Y una vez que llegas, te asientas, montas el campamento, sacas los libros y cubres la mesa entera de rotuladores de colores para ilustrar los apuntes y al final no te queda ni un espacio visible de tonos madera. (Y sacas la palmerita rosa, también, la que te provoca cefaleas). Luego viene la chica que abre la ventana, y te quedas mirándola, y te desconcentras por completo, o si no, te pones a preguntarte si aquella de las camistea violeta entenderá o no entenderá, o cuántas lesbianas habrá ahora mismo estudiando en la biblioteca aquella. (Bueno, eso más bien se lo pregunta la Equis, que siempre alardea de su RADAR detector de entendedores que nunca le falla). Luego picoteas de la palmerita rosa, y luego dibujas un huevo frito en los apuntes de Poética y Retórica, y ya una vez realizadas todas estas labores necesarias en la fase del pre estudio, pues entonces vas al baño porque tienes pis otra vez. Y bueno, ya una vez que vuelves, entonces te pones a ello de verdad de verdad, y te cunde un montón, y terminas satisfecha y todo. Y entonces se te hace la hora de irte, y te vas. Y eso es todo por hoy. Estoy exangüe. Esta verbodiarrea irrefrenable me está matando. ¡Hasta otro día!
Besos, abrazos, y carpe diem,
La Emperatriz Penca.
Sin título
¡No tienes arreglo, emperatriz! Te he dicho mil veces que no te excedas en tu gallardía haciendo tantos planes que luego se quedan huecos por dentro, como una cáscara de huevo que guarda un pollo en potencia. Y no te arriesgues a construir tantos castillos en el aire (ladrillo a ladrillo, con una constancia sobrehumana) que luego acaban derrumbándose y se quedan en ruinas de proyectos. Y tampoco te conviertas en la esclava del reloj, no mires tanto el calendario, ni utilices tantas subordinadas adverbiales de tiempo. (Cuando pasen los examenes, cuando mejore un poco el tiempo, en cuanto llegue la primavera...) Y no te inventes un valse improvisado con música de violines o de saxofones del amor. Céntrate mejor en la zancada presente, en el acordeón afrancesado que te va marcando el paso, simplemente ve recogiendo los estímulos sensoriales que se te cruzan de repente, y luego si quieres, atesórarlos, pero brevemente, y a continuación, deséchalos, y concentra tu atención en la zancada inmediata, la corchea inmediata (la de ahora, no la que viene diez compases más adelante), el gorrión inmediato o el abrigo morado inmediato. Y sobre todo (nótese ya de paso la violentísima polisíndeton, otra fuente más de lo sublime. ¡Pseudo Longino estaría tan orgulloso!) Sobre todo, no debes elegir la siguiente canción de la banda sonora original (la tuya personal, la de Freddy Mercury saliendo de la Facultad de Filosofía y Letras) antes de que toque, no pases de pista antes de tiempo, que además, eso gasta más pilas.
Greguería del día de ayer
Manolito es una enorme piedra con forma de mano.
Más detalles sobre la gran urbe
A veces cuando la Emperatriz Penca sale de casa por las mañanas le parece a una que va manchándolo todo con su indecorosa paleta de colores. En medio de tonos cemento y niebla de la gran urbe aparece la orgía de colores cegando algunos ojos con sus incombinables conjuntos. (Y es que Madrid tampoco se libra de este color grisáceo de metrópoli invernal, al fin y al cabo, y aunque estemos en Hispania).
Sale la emperatriz y se refrigera viva (aunque le gusta en realidad) con la famosa corriente de aire que le deslegaña a una el espíritu. Sale y se regocija una vez más con la contemplación de los esqueletos arbóreos que agitándose se alinean, y de los cedros de lánguidas ramas que se encorvan bajo el insoprtable peso de la nieve invisible.
Aparece en el escenario callejero la emperatriz (que por una vez es protagonista de algo, aunque sólo sea de un blog casero y cutre, y esto le sube un poco la moral, claro) , y se abre camino entre las veloces masas de seres encapuchados, y todo sin necesidad de proferir ningún tipo de eructo expansivo o exabrupto similar.
Sale la emperatriz muy gallarda con sus vaqueros heredados de la Equis (la donante de pantalones); con sus recién (bueno, ya no tan recién) lavaditas converse auténticas, una de cada color, haciendo gala de esa friquez connatural a su persona; con su braga rosácea de copitos de nieve, sus guantes de homo sapiens californiano y su verdoso abrigo de la esperanza, (o el que toque ese día). (La pobretica mía ha crecido sin ningún tipo de educación cromática y no tiene concepto de lo que se combina y lo que no). (Nótese aquí también la poderosa anáfora, otra fuente de lo sublime. Pseudo Longino se sentiría muy orgulloso. Y encima estoy poniendo puntos y aparte).
Sale la emperatriz como cada mañana, pero va como ausente, con el torrente musical del MP3 golpeándole el cerebro a un ritmo acelerado (aunque hoy ya decide que está cansada de escuchar el Pluma Gay, porque total, se lo pusieron en el Viperina el viernes tras mucho rogar y suplicar, y hoy escucha mejor a la Alaska que no sé me me da), o si no va con la música, pues va ensimismada, con la pinza yéndole y viniéndole continuamente, intentando concebir alguna greguería mínimamente decente para rellenar su friqui blog), o se queda absorta mirando el caparazón de una castaña tardía luchando en un vano intento por desafiar las leyes de la gravedad para no caer a tierra.
Luego ya en el tren se dedica a hacer sus clásicos estudios sociológicos y a pregunatrse por la vida secreta de los urbanícolas. (Eso a la vuelta, no a la ida, porque a la ida va con la Equis, y la verborrea irrefrenable de ambas imposibilita toda captación de estímulos visuales). Hoy se queda mirando a una autónoma que lleva una chapita de Amelie, y que por su aspecto tiene toda la pinta de estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras. (Y efectivamente, lleva unos apuntes sobre gramática inglesa, así que será de filología inglesa, o de traducción, y eso es interesante porque la emperatriz es anglófila). Entonces se pone a hacer indagaciones sobre la autónoma que ni se imagina que es un personaje secundario de este blog cutre. ¿Cuántos años tendrá? ¿Qué será de su vida cuando se baje del tren? (Porque los demás urbanícolas sí tienen vida cuando salen a tierra firme, aunque una no los vea). Y la pregunta inevitable. ¿Entenderá o no entenderá? Entonces al salir del tren (que encima es de 2 PISOS, lo que constiyuye el clímax de su día junto con Gurruchaga) persigue un poco a esta especie de Amelie Poulain (un poco sólo, más por la curiosidad), hasta que ella se pierde en el ir y venir de las masas anónimas de los Nuevos Ministerios.
Sale la emperatriz y se refrigera viva (aunque le gusta en realidad) con la famosa corriente de aire que le deslegaña a una el espíritu. Sale y se regocija una vez más con la contemplación de los esqueletos arbóreos que agitándose se alinean, y de los cedros de lánguidas ramas que se encorvan bajo el insoprtable peso de la nieve invisible.
Aparece en el escenario callejero la emperatriz (que por una vez es protagonista de algo, aunque sólo sea de un blog casero y cutre, y esto le sube un poco la moral, claro) , y se abre camino entre las veloces masas de seres encapuchados, y todo sin necesidad de proferir ningún tipo de eructo expansivo o exabrupto similar.
Sale la emperatriz muy gallarda con sus vaqueros heredados de la Equis (la donante de pantalones); con sus recién (bueno, ya no tan recién) lavaditas converse auténticas, una de cada color, haciendo gala de esa friquez connatural a su persona; con su braga rosácea de copitos de nieve, sus guantes de homo sapiens californiano y su verdoso abrigo de la esperanza, (o el que toque ese día). (La pobretica mía ha crecido sin ningún tipo de educación cromática y no tiene concepto de lo que se combina y lo que no). (Nótese aquí también la poderosa anáfora, otra fuente de lo sublime. Pseudo Longino se sentiría muy orgulloso. Y encima estoy poniendo puntos y aparte).
Sale la emperatriz como cada mañana, pero va como ausente, con el torrente musical del MP3 golpeándole el cerebro a un ritmo acelerado (aunque hoy ya decide que está cansada de escuchar el Pluma Gay, porque total, se lo pusieron en el Viperina el viernes tras mucho rogar y suplicar, y hoy escucha mejor a la Alaska que no sé me me da), o si no va con la música, pues va ensimismada, con la pinza yéndole y viniéndole continuamente, intentando concebir alguna greguería mínimamente decente para rellenar su friqui blog), o se queda absorta mirando el caparazón de una castaña tardía luchando en un vano intento por desafiar las leyes de la gravedad para no caer a tierra.
Luego ya en el tren se dedica a hacer sus clásicos estudios sociológicos y a pregunatrse por la vida secreta de los urbanícolas. (Eso a la vuelta, no a la ida, porque a la ida va con la Equis, y la verborrea irrefrenable de ambas imposibilita toda captación de estímulos visuales). Hoy se queda mirando a una autónoma que lleva una chapita de Amelie, y que por su aspecto tiene toda la pinta de estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras. (Y efectivamente, lleva unos apuntes sobre gramática inglesa, así que será de filología inglesa, o de traducción, y eso es interesante porque la emperatriz es anglófila). Entonces se pone a hacer indagaciones sobre la autónoma que ni se imagina que es un personaje secundario de este blog cutre. ¿Cuántos años tendrá? ¿Qué será de su vida cuando se baje del tren? (Porque los demás urbanícolas sí tienen vida cuando salen a tierra firme, aunque una no los vea). Y la pregunta inevitable. ¿Entenderá o no entenderá? Entonces al salir del tren (que encima es de 2 PISOS, lo que constiyuye el clímax de su día junto con Gurruchaga) persigue un poco a esta especie de Amelie Poulain (un poco sólo, más por la curiosidad), hasta que ella se pierde en el ir y venir de las masas anónimas de los Nuevos Ministerios.
GREGUERÍAS DEL DÍA
- La blancura y la alta caloricidad son cualidades innatas.
- El EXTINTOR es el antiguo empleado de la tintorería.
- En un desesperado intento de imitar a Saturno, el FOTOMATÓN acaba con sus propias fotos.
Nota del traductor:
La génesis de las tres greguerías del día tuvo lugar durante la fase de aburrimiento atroz de la clase de poética y retórica, que indujo a la Emperatriz Penca a distraer su atención hacia carteles de extintores y objetos similares. Respecto a los agradecimientos, he de incluir aquí a la Pequeña Mara, que nos ilumina a todos con sus ideas gloriosas de monstruos devoradores de fotos, y a Pseudo Longino por su inestimable sugerencia acerca de las cualidades innatas. Verdaderamente se trata de greguerías sublimes).
- El EXTINTOR es el antiguo empleado de la tintorería.
- En un desesperado intento de imitar a Saturno, el FOTOMATÓN acaba con sus propias fotos.
Nota del traductor:
La génesis de las tres greguerías del día tuvo lugar durante la fase de aburrimiento atroz de la clase de poética y retórica, que indujo a la Emperatriz Penca a distraer su atención hacia carteles de extintores y objetos similares. Respecto a los agradecimientos, he de incluir aquí a la Pequeña Mara, que nos ilumina a todos con sus ideas gloriosas de monstruos devoradores de fotos, y a Pseudo Longino por su inestimable sugerencia acerca de las cualidades innatas. Verdaderamente se trata de greguerías sublimes).
CONATOS DE GREGUERÍAS
(Aviso importante: esto es tremendamente surrealista).
- Los fundamentalistas tienen la mente metida en una funda. Por eso creen que sólo sus ideas son las correctas.
- Las oraciones copulativas parecen un poco ninfómanas. (O salidillas, al menos).
- El tampón es como un espermatozoide con la cabeza alargada por una excesiva acumulación de neuronas.
- La W es como el culete del alfabeto latino, o la omega del alfabeto griego.
- Resulta paradójico pensar que poto en latín significa beber y en castellano vomitar.
- Los sonidos fricativos son verdaderamente friquis. (Se asemejan a mí).
- En la consulta del médico los PACIENTES se vuelven a menudo IMPACIENTES.
- Los fundamentalistas tienen la mente metida en una funda. Por eso creen que sólo sus ideas son las correctas.
- Las oraciones copulativas parecen un poco ninfómanas. (O salidillas, al menos).
- El tampón es como un espermatozoide con la cabeza alargada por una excesiva acumulación de neuronas.
- La W es como el culete del alfabeto latino, o la omega del alfabeto griego.
- Resulta paradójico pensar que poto en latín significa beber y en castellano vomitar.
- Los sonidos fricativos son verdaderamente friquis. (Se asemejan a mí).
- En la consulta del médico los PACIENTES se vuelven a menudo IMPACIENTES.
Gran urbe
He decidido escribir hoy un artículo más que nada por actualizar el blog un poco, y porque no me gusta nada como me quedó el que escribí el otro día sobre el mantecado que potó Lady Botox. Estoy pensando modificar un poco el tono de mi blog, no la forma, pero sí el contenido. Y a ver si salgo este fin de semana para recolectar anécdotas y ponerlas aquí luego, que mis dos semanas en Málaga han sido muy poco fructíferas en ese sentido, por no decir desastrosas. Fui a el Palo Profundo en más de una ocasión, pero ni aun así conseguir historias.
Bueno, pero afortunadamente ya estoy de nuevo en la capital y estoy muy contenta de estar aquí, a pesar de los inminentes exámenes que están a la vuelta de la esquina. (Ahora debería estar estudiando en vez de estar escribiendo en el blog, pero se me ha pegado la negligencia característica de la Equis. Es inevitable).
Total, que por un lado me dio un poco de pena venirme, porque siempre me da un poco de pena volverme a Madrid cuando paso cierto tiempo en casa (echo de menos a mi perra), pero por otro, estoy feliz de de entrar de nuevo en contacto con el bullicio y la agitación de la gran urbe. (Nótese que llevo ya dos puntos y aparte, un auténtico logro. Estoy orgullosa de mí misma).
Esta mañana me asomé a la ventana y vi que estaban rodando una especie de anuncio, o algo parecido. (¿Ves tú? Esas cosas son las que no se ven en provincias). Y había gente famosa y todo, te lo juro, que esta no es la típica historia que me invento para atraer lectores. (Es cierto que estoy de nuevo en una situación extrema, pero he llegado a la conclusión de que lo de inventarme historias no es un buen recurso). Esto es verídico. Estaba uno de la serie Aída. Bueno, o de una serie, no sé cuál, porque ya no veo la tele. Lo de Aída es una hipótesis. Pero el hecho es que había un par de actores de cara conocida.
Luego salí de casa rumbo a Nuevos Ministerios para coger el tren, y estuve regocijándome en la contemplación del auténtico invierno (el frío seco que te azota la cara al salir, los abrigos, chaquetones y bufandas de verdad, árboles pelados, colores pálidos en general, cedros grises en vez de palmeras). Porque en Málaga no hay invierno, y eso es agradable por un lado, pero también es aburrido porque el tiempo cambia muy poco. Y me sumergí de nuevo en el maremágnum de gente, en el ir y venir veloz e incesante de seres encapuchados y enguantados, el caos del tráfico y los pitidos visuales que yo a menudo no percibo porque idealizo la ciudad, y hoy menos
porque estaba absorta escuchando música en mi en MP3 nuevo que me han traído los Reyes Magos (que existen, por cierto). Me puse a escuchar a Los Morancos (entre otras cosas, no es que solamente esuche a Los Morancos. Pero como ya no ponen el Pluma Gay en el Viperina, pues no me ha quedado otra que bajarme la canción del Internet). Y me puse mi converse (una sola) roja recién lavadita que parecía nueva. (Ya me compraré las moradas en una de mis crisis de compradora compulsiva). Y estrené también mi braga doble rosácea con copitos de nieve que me hace juego con el abrigo fucsia y con los guantes de homo erectus y que ha recibido duras críticas por parte de la Equis (mi nueva asesora de imagen). Y luego llegué a clase y estuve distribuyendo EXQUISITAS MARITOÑIS (producto artesanal oriundo de Granada) entre mis compañeros de clase. Y para culminar la mañana estuvimos viendo el famoso vídeo de Genie. (Absolutamente fascinante. Fue el clímax de mi día).
Y ahora tengo que irme a estudiar ya sin falta.
Besos, abrazos y carpe diem,
La Emperatriz.
Bueno, pero afortunadamente ya estoy de nuevo en la capital y estoy muy contenta de estar aquí, a pesar de los inminentes exámenes que están a la vuelta de la esquina. (Ahora debería estar estudiando en vez de estar escribiendo en el blog, pero se me ha pegado la negligencia característica de la Equis. Es inevitable).
Total, que por un lado me dio un poco de pena venirme, porque siempre me da un poco de pena volverme a Madrid cuando paso cierto tiempo en casa (echo de menos a mi perra), pero por otro, estoy feliz de de entrar de nuevo en contacto con el bullicio y la agitación de la gran urbe. (Nótese que llevo ya dos puntos y aparte, un auténtico logro. Estoy orgullosa de mí misma).
Esta mañana me asomé a la ventana y vi que estaban rodando una especie de anuncio, o algo parecido. (¿Ves tú? Esas cosas son las que no se ven en provincias). Y había gente famosa y todo, te lo juro, que esta no es la típica historia que me invento para atraer lectores. (Es cierto que estoy de nuevo en una situación extrema, pero he llegado a la conclusión de que lo de inventarme historias no es un buen recurso). Esto es verídico. Estaba uno de la serie Aída. Bueno, o de una serie, no sé cuál, porque ya no veo la tele. Lo de Aída es una hipótesis. Pero el hecho es que había un par de actores de cara conocida.
Luego salí de casa rumbo a Nuevos Ministerios para coger el tren, y estuve regocijándome en la contemplación del auténtico invierno (el frío seco que te azota la cara al salir, los abrigos, chaquetones y bufandas de verdad, árboles pelados, colores pálidos en general, cedros grises en vez de palmeras). Porque en Málaga no hay invierno, y eso es agradable por un lado, pero también es aburrido porque el tiempo cambia muy poco. Y me sumergí de nuevo en el maremágnum de gente, en el ir y venir veloz e incesante de seres encapuchados y enguantados, el caos del tráfico y los pitidos visuales que yo a menudo no percibo porque idealizo la ciudad, y hoy menos
porque estaba absorta escuchando música en mi en MP3 nuevo que me han traído los Reyes Magos (que existen, por cierto). Me puse a escuchar a Los Morancos (entre otras cosas, no es que solamente esuche a Los Morancos. Pero como ya no ponen el Pluma Gay en el Viperina, pues no me ha quedado otra que bajarme la canción del Internet). Y me puse mi converse (una sola) roja recién lavadita que parecía nueva. (Ya me compraré las moradas en una de mis crisis de compradora compulsiva). Y estrené también mi braga doble rosácea con copitos de nieve que me hace juego con el abrigo fucsia y con los guantes de homo erectus y que ha recibido duras críticas por parte de la Equis (mi nueva asesora de imagen). Y luego llegué a clase y estuve distribuyendo EXQUISITAS MARITOÑIS (producto artesanal oriundo de Granada) entre mis compañeros de clase. Y para culminar la mañana estuvimos viendo el famoso vídeo de Genie. (Absolutamente fascinante. Fue el clímax de mi día).
Y ahora tengo que irme a estudiar ya sin falta.
Besos, abrazos y carpe diem,
La Emperatriz.
Animales potantes
Ayer por la noche me sucedió algo mínimamente interesante y digno de poner en el blog, y es que mi perra echó la pota. Ya sé que es triste esto de que lo más dramático que me pase sea que mi perra vomite por la noche, pero es así. Y yo ya he llegado a un extremo en el que escribo en el blog cualquier cosa ligeramente extraordinaria que me ocurra, trátese de potas, ovejas esquiladas, pérdidas de tren o fricadas por el estilo. Yo con tal de que no descienda el número de lectores, hago lo que sea. Es una situación límite. No quiero volver a hacer hincapié sobre todo lo que conlleva esta nueva popularidad mía. Es que no puedo permitirme defraudar a mis lectores, que soy prácticamente un fenómeno de masas. Todavía no he terminado de asimilarlo. La fama implica mucho sacrificio. Total, que me he visto obligada a hacer una crónica detallada de la noche de las potas con tal de rellenar el hueco vacío que tiene este mes de enero. A ver si cuando vuelva a Madrid ya me pasan cosas otra vez. Yo creo que sí. La verdad es que echo de menos la agitación y la vida bulliciosa de la gran urbe. (Málaga ya se me ha quedado un poco chica. No veo mi ciudad natal con los mismos ojos después de tres meses en la capital, es inevitable. Y yo es que soy una enamorada de Madrid, aunque a algunos les parezca una locura). Además, luego lo de coger el metro y el tren da mucho de sí. Empiezas a hacer estudios sociológicos y a interesarte por los libros que lee la gente, y la música que van escuchando en sus MP3, y a hacerte preguntas sin respuesta sobre qué será de sus vidas una vez que salgan a tierra firme y abandonen el metro. Porque siguen teniendo una existencia aparte aunque una no los vuelva a ver, ¿no? A veces me da por pensar que toda esta gente parece estar diseñada con el único objecto de cruzarse conmigo en un momento puntual, que es mi momento de coger el transporte público, y me da la sensación de que una vez que yo ya he abandonado ese decorado artifical sus vidas no tienen más continuidad. Es curioso como te cruzas con tantas personas a lo largo del día y no sabes absolutamente nada de ellas. Los urbanícolas modernos somos seres extraños. El otro día lo estaba comentando con una amiga mía. En fin, idas y venidas de pinza que una sufre, nada serio. Total, ¿por dónde íbamos? (Función fática inevitable). Presiento que va a haber aquí una verborrea atroz que va a ser imposbile de refrenar. (Un volcán reventando y vomitando lava por todos sitios en plan Pompeya). Estaba hablando de mi perra, que por cierto, no sé qué pseudónimo darle. Es que no quiero desvelar su identadidad, vaya a ser que luego se enfade. Llamémosle X. (Es broma. Podemos llamarle Lady Botox, po ponerle así un nombre corriente). Pues anoche resulta que mi hermano se dejó un mantecado (o un plovorón, siempre los confundo) en lo alto de la mesa del salón, y mi perra Lady Bótox se subió de un salto y se lo engulló enterito antes de que nos diera tiempo a reaccionar. Y luego por la noche mientras yo dormía (con mi perra, claro, tengo suplir la ausencia de una mujer con la compañía de Lady Botox, por lo menos así duermo acompañada), oí de repente unos extraños ruidos estomacales, como de tripas, y me desperté asutada. Y era mi perra que estaba vomitando el mantecado en la colcha. Así que tuve que cambiar todas las sábanas y la manta, porque la pota había traspasado la colcha, y con el jaleo se despertó la Gran Jefa (mi madre) y echó a la pobre perra a la cocina para siguiera potando allí en la soledad de la noche. ¡Pobre animal! Me dio una pena.
Total, que esa es la apasionante historia de hoy. A ver si Madrid me devuelve un poco la inspiración. Por cierto, los Reyes Magos no me han traído al final las Converse de color morado que les pedí. (¡Que los reyes sí existen, Equis!) Así que me las tendré que comprar yo por mi cuenta en uno de mis múltiples e incontrolados ataques de furor comprador. Pues nada, os dejo que me voy a rellenar la panza.
Besos, abrazos y carpe diem,
La Emperatriz Penca.
P.S. Haizea, te llamaré para quedar la semana que viene y así de paso hablamos de lo del piso. No es 100% seguro, pero todo apunta a que vas a ser la ELEGIDA.
Total, que esa es la apasionante historia de hoy. A ver si Madrid me devuelve un poco la inspiración. Por cierto, los Reyes Magos no me han traído al final las Converse de color morado que les pedí. (¡Que los reyes sí existen, Equis!) Así que me las tendré que comprar yo por mi cuenta en uno de mis múltiples e incontrolados ataques de furor comprador. Pues nada, os dejo que me voy a rellenar la panza.
Besos, abrazos y carpe diem,
La Emperatriz Penca.
P.S. Haizea, te llamaré para quedar la semana que viene y así de paso hablamos de lo del piso. No es 100% seguro, pero todo apunta a que vas a ser la ELEGIDA.