What is the grass?
Hoy estoy muy contenta porque hay mil tonterías que me hacen sonreír tanto interior como exteriormente. He tenido un fin de semana más que estupendo, y el lunes parece seguir anunciando mi buena racha. Tengo uno de esos días en los que me siento orgullosa de ser una incomprendida nata y me alegro enormemente simplemente por el hecho de estar viva. (Y todo eso a pesar de las ilusiones vacías que he ido tejiendo pacientemente para mí misma, de todos los castillos aéreos semiderruidos que he dejado a mi paso en una ambiciosa carrera como abeja constructora de sueños, a pesar de mi crisis de carerra, de mis innumerables defectos, de mi nariz, de las mollejas repulsivas que me han salido de tanto calimocho ingerido en sucesivas noches de katarsis). He amanecido hoy con mis sentidos abiertos y a flor de piel, dispuesta a deleitarme al máximo con cualquier estímulo sonoro, visual, culinario, olfativo, táctil que se cruze en mi predeterminada senda. (Porque el camino ya está trazado siempre de antemano, y lo sabes muy bien, Mónica). Quiero percibir la belleza en todas sus manifestaciones, la belleza en estado puro, quiero mostrarme tal cual soy (sin la cáscara translúcida que siempre me recubre, sin la capa de ironía propia de la mujer cebolla) y quiero recrearme en cada pequeño detalle que introduce un disimulado cambio en el transcurso de las horas del día. Intento de verdad abrir el libro del Marqués de Santillana para hacer algo productivo con mi tiempo, pero la visión del escobón delicadamente reclinado sobre la puerta es demasiado tentadora. Me entrego con fervor a la tarea de barrer el salón de casa. (La casa entera ha quedado devastada tras la guerra de nieve artificial que precedió al verdadero bombardeo en el Parque Germanófilo). El poliexpán desintegrado en cientos de diminutas bolitas blancas se ha entremezclado de tal forma con los vestigios de palomitas de maíz que ahora resulta imposible distinguir unos de otros. (El colosal carámbano de poliexpán con el que la Equis casi me abre la cabeza me sonríe maliciosamente desde el sofá). La acción destructora de las pelusas homicidas, cada día más gordas, se convierte en una amenaza inminente. El devastado campo de batalla me trae el bonito recuerdo de la madrugada del sábado, pero también soy consciente de que la guarrez reinante no es adecuada para una emperatriz, y me dedico con devoción a la limpieza a fondo del cubículo hasta que todo queda resplandeciente y sin mácula. Pienso en Alice, mi alter ego y doble transatlántico, recorriendo el continente americano para aterrizar en el estío del hemisferio sur. (La echo de menos). Me siento al sol en el huequecillo de la ventana a digerir las espinacas mientras me deleito con la lectura de Orlando, y aprovecho que nadie me ve para soltar una lagrimita de emoción. Nada hay como la prosa de Virginia Woolf para desatar en mí esa máxima expresión de lo sublime que tan bien definió Longino. (Lo sublime es un no sé qué de excelencia y perfección soberana del lenguaje). Las noches en los jardines de España me traen partículas de azahar y de Alhambra. Y fuera en el Parque Germanófilo van circulando esos perros que me han dado fama mundial. (Hasta el punto de que me cambié el nombre para aproximarme más a su especie). Intento controlar mis deseos desenfrenados de metamorfosearme en el gorrión que se ha posado en el alféizar, o de holgazanear al sol en el parque haciendo divagaciones sobre la verdadera naturaleza de la hierba.
Me preguntó un niño: ¿Qué es la hierba?, trayéndomela
a puñados.
¿Cómo podría yo responderle?...Yo no sé lo que es
mejor que él.
Los esqueletos arbóreos de Tim Burton se agitan de repente con un resoplido de algún céfiro encolerizado que anda suelto por ahí. El día se despliega ante mí lleno de infinitas posibilidades. Salgo a impregnarme un poco de los múltiples encantos de la Gran Urbe. (Que no ubre). Sigo amando Madrid incluso después de cinco meses. Tengo ganas de ponerme a bailar y a dar saltos por la calle, con mi MP3 nuevo. Cada momento tiene asignada una canción de mi banda sonora original. Cojo el metro con la esperanza de entablar una nueva conversación sobre Las Horas con alguna desconocida ebria o de encontrarme con algún urbanícola interesante que me dé idea para poner aquí en el blog, y así poder ahorrame un viaje a Las Musas. (Nuevamente dudo de la existencia de los urbanícolas más allá de las fauces del metro. ¿Acaso tienen vida una vez que dejan de ser figurantes de la escena en que la emperatriz se sube al metro?)Tengo ganas de encontrarme una vez más con el hombre que delicadamente guarda al pájaro en coma entre sus manos y que solemnemente exclama: En nosotros está la fuerza de la vida. (Una frase que me provoca risa y ternura al mismo tiempo, y que me recuerda que todavía hay gente mucho más friqui que yo suelta por esta metrópli). En el cibercafé donde gesto mi post suena la canción de Hung Up. Distingo unas gafas de pasta desde mi rincón. (Quizás me encuentre ahora mismo ante el clímax de mi día).
Estoy muy contenta a pesar de las inclemencias del tiempo y de las condiciones adversas. Buda me sonríe desde su santuario de bambúes y el pezón del queso tetilla (que se ha vuelto azul por el frío) me apunta amenazante desde la vitrina.
Besos, abrazos y carpe diem,
La Emperatriz.
Me preguntó un niño: ¿Qué es la hierba?, trayéndomela
a puñados.
¿Cómo podría yo responderle?...Yo no sé lo que es
mejor que él.
Los esqueletos arbóreos de Tim Burton se agitan de repente con un resoplido de algún céfiro encolerizado que anda suelto por ahí. El día se despliega ante mí lleno de infinitas posibilidades. Salgo a impregnarme un poco de los múltiples encantos de la Gran Urbe. (Que no ubre). Sigo amando Madrid incluso después de cinco meses. Tengo ganas de ponerme a bailar y a dar saltos por la calle, con mi MP3 nuevo. Cada momento tiene asignada una canción de mi banda sonora original. Cojo el metro con la esperanza de entablar una nueva conversación sobre Las Horas con alguna desconocida ebria o de encontrarme con algún urbanícola interesante que me dé idea para poner aquí en el blog, y así poder ahorrame un viaje a Las Musas. (Nuevamente dudo de la existencia de los urbanícolas más allá de las fauces del metro. ¿Acaso tienen vida una vez que dejan de ser figurantes de la escena en que la emperatriz se sube al metro?)Tengo ganas de encontrarme una vez más con el hombre que delicadamente guarda al pájaro en coma entre sus manos y que solemnemente exclama: En nosotros está la fuerza de la vida. (Una frase que me provoca risa y ternura al mismo tiempo, y que me recuerda que todavía hay gente mucho más friqui que yo suelta por esta metrópli). En el cibercafé donde gesto mi post suena la canción de Hung Up. Distingo unas gafas de pasta desde mi rincón. (Quizás me encuentre ahora mismo ante el clímax de mi día).
Estoy muy contenta a pesar de las inclemencias del tiempo y de las condiciones adversas. Buda me sonríe desde su santuario de bambúes y el pezón del queso tetilla (que se ha vuelto azul por el frío) me apunta amenazante desde la vitrina.
Besos, abrazos y carpe diem,
La Emperatriz.
NUEVOS CONATOS DE GREGUERÍAS
Introducción de la compiladora
La génesis de las siguientes greguerías tuvo lugar durante otra fase de aburrimiento atroz, esta vez durante la clase de literatura del Marqués de Santillana. (Aunque perfectamente podría haber sido durante Poética y Retórica). La Emperatriz Penca, íntima amiga mía, y mi alter ego, me comentó que realizó un esfuerzo sobrehumano por prestar atención las elocuentes palabras del Marqués de Santillana (que es del gremio y también aristócrata, aunque de menor rango que la Emperatriz), pero éstas eran un coñazo de tal calibre que todo esfuerzo resultó en vano. Y gracias a ello tenemos hoy estos conatos de greguerías. (Ya que llamarlos greguerías a secas sería un atrevimiento por mi parte, y quizás ofendiese al mismísimo D.Ramón Gómez de la Serna). También he de agradecer, en nombre de la autora, a Théophile por la inspiración de algunas greguerías. Por último, he de advertir que estos conatos son de una elevada friquez e incomprensión (y muchos de ellos, simplemente chorras, si se me permite la inclusión de esta opinión personal), por lo que el eventual lector ha de prepararse psicológicamente para su lectura.
Atentamente,
La compiladora, Sta. María del Perro.
NUEVOS CONATOS DE GREGUERÍAS
En un ataque suicida, el pez espada (que sufría un grave transtorno bipolar) se desenfudó y acabó con su propia vida.
Era tan penca que, al carecer toda inspiración artística, cogió la línea naranja y se bajó en Las Musas.
De tanto reflexionar sobre el origen metafísico del universo, el queso se quedó rayado.
Soy una IN(TRO)VERTIDA.
Me pasé el día entero intentando acallar los gritos de mis colores chillones.
El sábado cuando salimos del Escape, Manolo me gritó colérico: ¡Devuélveme mi voz!
Para Andrés los pezones son peces grandes.
Me comí un yogur griego y se me quedó en la boca un helenístico regustillo a Partenón.
La génesis de las siguientes greguerías tuvo lugar durante otra fase de aburrimiento atroz, esta vez durante la clase de literatura del Marqués de Santillana. (Aunque perfectamente podría haber sido durante Poética y Retórica). La Emperatriz Penca, íntima amiga mía, y mi alter ego, me comentó que realizó un esfuerzo sobrehumano por prestar atención las elocuentes palabras del Marqués de Santillana (que es del gremio y también aristócrata, aunque de menor rango que la Emperatriz), pero éstas eran un coñazo de tal calibre que todo esfuerzo resultó en vano. Y gracias a ello tenemos hoy estos conatos de greguerías. (Ya que llamarlos greguerías a secas sería un atrevimiento por mi parte, y quizás ofendiese al mismísimo D.Ramón Gómez de la Serna). También he de agradecer, en nombre de la autora, a Théophile por la inspiración de algunas greguerías. Por último, he de advertir que estos conatos son de una elevada friquez e incomprensión (y muchos de ellos, simplemente chorras, si se me permite la inclusión de esta opinión personal), por lo que el eventual lector ha de prepararse psicológicamente para su lectura.
Atentamente,
La compiladora, Sta. María del Perro.
NUEVOS CONATOS DE GREGUERÍAS
En un ataque suicida, el pez espada (que sufría un grave transtorno bipolar) se desenfudó y acabó con su propia vida.
Era tan penca que, al carecer toda inspiración artística, cogió la línea naranja y se bajó en Las Musas.
De tanto reflexionar sobre el origen metafísico del universo, el queso se quedó rayado.
Soy una IN(TRO)VERTIDA.
Me pasé el día entero intentando acallar los gritos de mis colores chillones.
El sábado cuando salimos del Escape, Manolo me gritó colérico: ¡Devuélveme mi voz!
Para Andrés los pezones son peces grandes.
Me comí un yogur griego y se me quedó en la boca un helenístico regustillo a Partenón.
Pollo rosáceo
Llevaba tiempo intentando actualizar, lo prometo, pero es que sigo sin Internet en casa, y la sala de ordenadores de la facultad la verdad es que no me inspira igual. Pero hoy me he obligado a mí misma a sentarme y a escribir un artículo, más que nada por el hecho de actualizar en sí. Es que en el mes de febrero sólo he escrito dos artículos. (Vergonzoso, lo sé). Estoy llegando ya a unos extremos que parezco Haizea, a post por mes. (Sin ánimo de ofenderte, ¿eh? Pero reconóceme que no eres precisamente una bloguera prolífica). Y además la lectura masiva de mi blog me ha animado a escribir hoy un post que todavía no sé de qué va a tratar. Un poco de todo, una miscelánea heterogénea de fricadas y rayadas varias. Mis artículos en realidad no tratan de nada. Quiero decir, no desarrollan un tema. Yo simplemente tengo una serie de ideas revoloteándome en la cabeza cuales urracas que van aterrizando una tras otra, y entre medias llega otra bandada de otra especie, y luego se entremezcla todo y sale un popurrí aberrante y monstruoso, además de interminable, y esa es como digo la esencia de mi blog. (He creado un monstruo). Es eso, un amasijo de ideas inconexas, el clásico potaje, en definitiva.
Bueno, ya que he analizado las pautas de mi propio estilo, voy a hablar de algo en concreto. Bueno, he dicho que he vuelto a batir un récord de lectura. 8 COMENTARIOS. (Uno es mío, vale, pero sigue siendo un comentario, ¿no?) Eso quiere decir que por lo menos me han leído ocho seres humanos, a lo cual hay que unir todas las personas que han elogiado oralmente mi artículo. Estoy hecha la puta jefa, ¿eh? (Lo siento, tanta fama me hace ser egocéntrica). Y encima me ha escrito Tiza. (La Equis me criticaba por dejarle mi blog, pero ahora mira, a chincharse). Tiza es mi gran hallazgo de la semana, junto con el Pinkpollo. De ahora en adelante me voy convertir en su apóstola, la voy a seguir donde quiera que vaya. Y respecto al Pinkpollo. ¡Cómo he podido vivir tantos años sin concocer ese sitio! Es el restaurante más chic de Madrid, y se encuentra en pleno corazón de Chueca. Y por si a alguien le interesa ver de qué va, tengo aquí la dirección: www.pinkpollo.com.
Bueno, por si acaso os ha resultado difícil de intuir, os advierto que es un sitio de pollo con plumas. El pollo es la especialidad de la casa. Abstenerse vegetarianos. (Yo soy vegetariana, pero como soy una penca, fui, y me pedí una ensalada Shangay Express. Pero son cosas que la gente normal no hace).
Pues una vez hecho este preámbulo, voy ya a empezar con lo que es el cuerpo del artículo en sí. Preveo que va a ser un post larguísimo otra vez. Michael Ende lo denominaría El post interminable, protagonizado por la Emperatriz Penca, sustituyendo a la Emperatriz Infantil. Yo lo siento mucho, he intentado sintezar muchas veces, pero no puedo. La verborrea es la propiedad constitutiva de mi blog. No puedo ir contra mis principios. Además, yo soy más de estar bastante tiempo sin escribir y luego parir un post kilométrico, y así me quedo saciada para varios días (o semanas). Es como la serpiente esa, ¿no? La anaconda, que está mucho tiempo sin pegar bocado, y luego de repente se come a una pantera entera. O a lo mejor me estoy confundiendo con los camellos. No lo sé, es que es la hora de la siesta, y yo estoy aquí, haciendo este enorme esfuerzo intelectual, todo para no defraudar a mis ávidos lectores. Mi mente en estos momentos no da para más.
¿Damos por concluido el preámbulo? Yo creo que sí, que podemos darlo por concluido. No sé de qué iba yo a hablar el el artículo este. En seguida pierdo el hilo de la cuestión. Bueno, creo que mi obsesión con las gafas de pasta está rozando ya el borde de la locura. Es puro fetichismo. Las gafas de pasta son el bien, son la idea suprema de belleza. Una mujer de aspecto mediocre puede llegar a ser infinitamente atractiva con unas gafas de pasta normales y corrientes. (Lo ideal es que fuesen de color rosa, como las de la Coixet, pero ya sé que eso es pedir demasiado).Yo siento una atracción fatal por las chicas con gafas de pasta. (Y si encima combinas gafas de pasta con corbata, entonces ya me muero). De hecho, yo siempre he querido tener gafas. Estoy pensando comprarme unas pero sin graduación, pero no estoy segura de que eso se pueda hacer. Por otro lado, es que me da FATIGA ir a la óptica y pedir unas gafas con cristal sin graduación, sólo por pura vanidad. Van a pensar que soy una desequilibrada mental, o incluso que soy friqui. Pero mi vanidad supera mi sentimiento de fatiga. Quienes me conocen un poco saben que en realidad yo soy capaz de hacer cualquier cosa por vanidad. Antes no, antes yo tenía más entereza, más fortaleza moral. Pero he ido decayendo, he caído en la DEGENERACIÓN más absoluta, como Ellen DeGeneres. Me convertí en oveja neozelandesa hace tres meses cuando me sometí a una sesión de peluquería salvaje en el Palo Profundo, y desde entonces no he podido levantar cabeza. Llevo un abrigo que no abriga, simplemente por hacer ostentación de colores y llevo también las clásicas converse en pleno invierno (una de cada color, por supuesto), pero con dos calcetines, y por eso ando con pies de pico de aguilucho por la calle.
¿Qué más? Estoy intentando buscar más novedades que contar aunque no interesen a nadie. He engordado. No, en serio, me estoy convirtiendo en un ballenato, y yo ya he llegado a la conclusión de que es de salir tanto. El otro día fui al Escape y engordé un kilo. Me han salido unas mollejas que parezco la mascota de la Guía Michelín.
También he empezado las clases otra vez, y me he dado cuenta de que este cuatrimestre va a ser bastante más duro que el anterior. Voy a tener que abandonar mi vida bohemia y ociosa e ir pensando en estudiar. (Y además, he pasado por una especie de crisis de carrera. Mi carrera no es lo que yo esperaba. Me ha decepcionado un poco, debo decirlo. Pero supongo que seguiré haciendo hispánicas, que tiene pocas salidas, pero al menos, tiene más que clásicas). Y de verdad que yo intento estudiar, pero es que tengo unas amigas que me incitan a la negligencia y a las piardas, y mis clases de literatura con el Marqués de Santillana me resultan tan insoportablemente aburridas que no puedo evitar ponerme a pensar en mis cosas con cara de alobamiento. (Digo yo que debo poner esa cara). No lo puedo evitar. No controlo mi imaginación, vivo en la parra perpetua. Aunque por otro lado, son clases bastante productivas artísticamente. Hoy se he han ocurrido varias greguerías, además de agunos cigotos de ideas para futuros posts, y además, he hecho un retrato bastante fiel de una mujer desconocida. (Por eso es fiel). (Pero las greguerías las dejaré para otro momento, y así dejo a mis lectores con la intriga). Afortunadamente, luego tengo la clase de fonética con Sole, que me resulta simplemente apasionante y que compensa mi falta de interés por las serranillas de Santillana.
Y ahora me espera mi maravilloso libro de Michael Cunningham, Días Memorables, que recomiendo leer a todo el mundo. No voy a hacer nada más en lo que me queda de día salvo entregarme él. Me sentaré en el hueco de la ventana con un vaso de horchata y unas galletas, y leeré toda la tarde, parando únicamente para mirar a los perros pasar.
Besos, abrazos y carpe diem,
La Emperatriz.
Bueno, ya que he analizado las pautas de mi propio estilo, voy a hablar de algo en concreto. Bueno, he dicho que he vuelto a batir un récord de lectura. 8 COMENTARIOS. (Uno es mío, vale, pero sigue siendo un comentario, ¿no?) Eso quiere decir que por lo menos me han leído ocho seres humanos, a lo cual hay que unir todas las personas que han elogiado oralmente mi artículo. Estoy hecha la puta jefa, ¿eh? (Lo siento, tanta fama me hace ser egocéntrica). Y encima me ha escrito Tiza. (La Equis me criticaba por dejarle mi blog, pero ahora mira, a chincharse). Tiza es mi gran hallazgo de la semana, junto con el Pinkpollo. De ahora en adelante me voy convertir en su apóstola, la voy a seguir donde quiera que vaya. Y respecto al Pinkpollo. ¡Cómo he podido vivir tantos años sin concocer ese sitio! Es el restaurante más chic de Madrid, y se encuentra en pleno corazón de Chueca. Y por si a alguien le interesa ver de qué va, tengo aquí la dirección: www.pinkpollo.com.
Bueno, por si acaso os ha resultado difícil de intuir, os advierto que es un sitio de pollo con plumas. El pollo es la especialidad de la casa. Abstenerse vegetarianos. (Yo soy vegetariana, pero como soy una penca, fui, y me pedí una ensalada Shangay Express. Pero son cosas que la gente normal no hace).
Pues una vez hecho este preámbulo, voy ya a empezar con lo que es el cuerpo del artículo en sí. Preveo que va a ser un post larguísimo otra vez. Michael Ende lo denominaría El post interminable, protagonizado por la Emperatriz Penca, sustituyendo a la Emperatriz Infantil. Yo lo siento mucho, he intentado sintezar muchas veces, pero no puedo. La verborrea es la propiedad constitutiva de mi blog. No puedo ir contra mis principios. Además, yo soy más de estar bastante tiempo sin escribir y luego parir un post kilométrico, y así me quedo saciada para varios días (o semanas). Es como la serpiente esa, ¿no? La anaconda, que está mucho tiempo sin pegar bocado, y luego de repente se come a una pantera entera. O a lo mejor me estoy confundiendo con los camellos. No lo sé, es que es la hora de la siesta, y yo estoy aquí, haciendo este enorme esfuerzo intelectual, todo para no defraudar a mis ávidos lectores. Mi mente en estos momentos no da para más.
¿Damos por concluido el preámbulo? Yo creo que sí, que podemos darlo por concluido. No sé de qué iba yo a hablar el el artículo este. En seguida pierdo el hilo de la cuestión. Bueno, creo que mi obsesión con las gafas de pasta está rozando ya el borde de la locura. Es puro fetichismo. Las gafas de pasta son el bien, son la idea suprema de belleza. Una mujer de aspecto mediocre puede llegar a ser infinitamente atractiva con unas gafas de pasta normales y corrientes. (Lo ideal es que fuesen de color rosa, como las de la Coixet, pero ya sé que eso es pedir demasiado).Yo siento una atracción fatal por las chicas con gafas de pasta. (Y si encima combinas gafas de pasta con corbata, entonces ya me muero). De hecho, yo siempre he querido tener gafas. Estoy pensando comprarme unas pero sin graduación, pero no estoy segura de que eso se pueda hacer. Por otro lado, es que me da FATIGA ir a la óptica y pedir unas gafas con cristal sin graduación, sólo por pura vanidad. Van a pensar que soy una desequilibrada mental, o incluso que soy friqui. Pero mi vanidad supera mi sentimiento de fatiga. Quienes me conocen un poco saben que en realidad yo soy capaz de hacer cualquier cosa por vanidad. Antes no, antes yo tenía más entereza, más fortaleza moral. Pero he ido decayendo, he caído en la DEGENERACIÓN más absoluta, como Ellen DeGeneres. Me convertí en oveja neozelandesa hace tres meses cuando me sometí a una sesión de peluquería salvaje en el Palo Profundo, y desde entonces no he podido levantar cabeza. Llevo un abrigo que no abriga, simplemente por hacer ostentación de colores y llevo también las clásicas converse en pleno invierno (una de cada color, por supuesto), pero con dos calcetines, y por eso ando con pies de pico de aguilucho por la calle.
¿Qué más? Estoy intentando buscar más novedades que contar aunque no interesen a nadie. He engordado. No, en serio, me estoy convirtiendo en un ballenato, y yo ya he llegado a la conclusión de que es de salir tanto. El otro día fui al Escape y engordé un kilo. Me han salido unas mollejas que parezco la mascota de la Guía Michelín.
También he empezado las clases otra vez, y me he dado cuenta de que este cuatrimestre va a ser bastante más duro que el anterior. Voy a tener que abandonar mi vida bohemia y ociosa e ir pensando en estudiar. (Y además, he pasado por una especie de crisis de carrera. Mi carrera no es lo que yo esperaba. Me ha decepcionado un poco, debo decirlo. Pero supongo que seguiré haciendo hispánicas, que tiene pocas salidas, pero al menos, tiene más que clásicas). Y de verdad que yo intento estudiar, pero es que tengo unas amigas que me incitan a la negligencia y a las piardas, y mis clases de literatura con el Marqués de Santillana me resultan tan insoportablemente aburridas que no puedo evitar ponerme a pensar en mis cosas con cara de alobamiento. (Digo yo que debo poner esa cara). No lo puedo evitar. No controlo mi imaginación, vivo en la parra perpetua. Aunque por otro lado, son clases bastante productivas artísticamente. Hoy se he han ocurrido varias greguerías, además de agunos cigotos de ideas para futuros posts, y además, he hecho un retrato bastante fiel de una mujer desconocida. (Por eso es fiel). (Pero las greguerías las dejaré para otro momento, y así dejo a mis lectores con la intriga). Afortunadamente, luego tengo la clase de fonética con Sole, que me resulta simplemente apasionante y que compensa mi falta de interés por las serranillas de Santillana.
Y ahora me espera mi maravilloso libro de Michael Cunningham, Días Memorables, que recomiendo leer a todo el mundo. No voy a hacer nada más en lo que me queda de día salvo entregarme él. Me sentaré en el hueco de la ventana con un vaso de horchata y unas galletas, y leeré toda la tarde, parando únicamente para mirar a los perros pasar.
Besos, abrazos y carpe diem,
La Emperatriz.
Avance informativo
LLevaba ya mucho tiempo sin escribir, y hoy me he dicho, pues voy a dar un avance informativo, aunque sea por actualizar esto un poco. Me he venido a Málaga unos días aprovechando que ya se han acabado los exámenes y soy libre como un pájaro. (Y aprovecho para restregárselo un poco a quienes aún están estudiando. ¡Pobres criaturas!) Y no sé por qué, pero me da la sensación de que este va a ser un post largo. (Lo presiento, no sé por qué. Llámalo intuición). Veo la sombra de la verborrea cernirse amenzante sobre mí. Y en Málaga la verdad es que muy bien. Yo nunca quiero venir a Málaga. Es que noto que esta ya no es mi ciudad. En realidad, yo nunca he pertenecido a aquí. No sé muy bien a qué sitio pertenezco, pero desde luego, no aquí, y más después de vivir cuatro meses en Madrid. Pero esta vez veo las cosas un poco como con otros ojos, sobre todo gracias a Lady Orlando que me presta un poco del cristal positivo de sus gafas. Pero bueno, voy a hacer una especie de resumen de los acontecimientos más destacados de la semana.
En primer lugar, estuve en la peluquería paleña donde me esquilaron por última vez. (Aquella vez cuando quedé convertida en una oveja neozelandesa. Para más información, ver mes de diciembre). (Esta vez El Palo ha dado su fruto a la hora de proporcionarme anécdotas para el blog). Me he retintado las mechas, y me las he puesto otra vez de color rojo, pero rojo rojísimo, ¿eh? Para que os hagáis una idea, es como ese tono poco definido entre rojo VIPERINA y rojo Almodóvar. (Una descripción por lo demás elocuente. Quien no reconozca esta variedad cromática, es que es rematadamente penco). Y estoy encantada con mi pelo otra vez, a pesar de que en Málaga se me encrespa y parezco un aberrante cruce entre Medusa y Marge Simpson. Pero me refiero al color, que está bastante perita. Ahora mismo parece que echa llamas, le pones un cigarrillo al lado y lo enciende. Lo malo es que en seguida se le va el color, y se me queda color caca, como muy hábilmente lo define mi amiga el DUENDE.
Ayer después de la sesión de peluquería me fui al cine con el Duende y con Lady Orlando (también llamada Fire o Milady, a secas). Milady es la persona que en realidad me ha hecho cambiar un poco mi parecer respecto a Málaga, porque es una dama diabólicamente friqui y un especímen único en el mundo. Bueno, es que yo lo digo abiertamente, he venido aquí para verla a ella y para ver a Lady Bótox (otra dama, pero de menor rango en la escala social, que es mi perra, y que es el animal más adorable de la tierra, seguida de cerca por el gato de Alice y Nit alias La Negra). Pero bueno, vamos al grano, que ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda y Baeza. Es que la verborrea crónica me está matando, las ideas me salen despedidas cuales torpedos y luego pierdo el hilo de la comunicación, si es que tal hilo existe, porque a veces pienso que este blog no es más que un heterogéneo potaje de las rayadas y fricadas más variopintas, y que no hay esencia, sustancia de unión entre los ingredientes del susodicho potaje. Espero que con esta clara metáfora os baste para entenderlo).
Pues fuimos al cine a ver Brokeback Mountain, porque el Duende estaba desesperada por verla para luego absorber ideas para su historia de amor gay. (La pechá de llorar que se dio la muchcha con la película no fue normal. En palabras de Lady Orlando, no tiene parámetro). Yo hacía tiempo que quería verla también, y la verdad es que me gustó bastante, o al menos, me gustaron los trozos de película que vi, entre beso fricativo y beso oclusivo, y entre abrazo de ámbar y abrazo de vainilla, porque Milady es un ser maligno, por no decir diábolico, y no me dejaba ver la película, y además, yo estaba demasiado ebria con su olor a vainilla para poder concentrarme en el argumento de la película. (Aunque las ovejitas eran muy lindas, y los árboles también).

Esta mañana estuve con Milady en la tienda de cine que hay en Málaga, que es mi tienda preferida en toda Málaga. Y claro, tuve que comprarme una foto de Winona Ryder. (Porque tuve que hacerlo, fue un acto reflejo. No puedo entrar en esa tienda sin salir con una foto de Winona para engrosar mi colección. Yo siento faltar al respeto a los dioses olímpicos, y a Rosarillo Gregoris, pero es que esa mujer es VENUS. ¡Por Zeus, que es la diosa de la belleza! Simplemente sublime). Y esta vez me compré también otra foto de Gillian Anderson, la clásica con su chaqueta negra de Expediente X. I WANT TO BELIEVE.

Luego me fui a casa de Fire a comer. (Y por cierto, yo no sé qué debió pensar su madre cuando me vio llegar con una zapatilla de cada color, el abrigo morado y el pelo rojo llameante. Pensó probablemente que nuncna la penquez había llegado a unos extremos tan insospechados. Sin embargo...Observa atentamente su semblante. Hay un vestigio noble en ella, puede que en otra vida fuese emperatriz. Pues me fui con Milady a su casa, y luego le rogué que me pusiera un capítulo de The L World. Es que aunque pareza increíble no había visto ninguno hasta hoy, y estaba deseperada por verlos. Y todo el mundo habla de esa serie, todos los blogs hablan de la serie, y yo sin verla. Y hasta oí yo no entendía esa fascinación que tiene la gente por Shane, y ya lo he comprendido. (Aunque como la Marina no hay ninguna). Yo la veía en las fotos, y decía, bah, pues no es para tanto. Es mona y tal, pero nada más. Pero es que hay que verla en acción, hay que ver cómo se mueve, cómo anda. ¡Porque qué andares! Es que es más chula que un ocho la tía, ahí con las manos en los bolsillos, y el pelo oscuro despeinado... Y sobre todo, hay que oírla, porque lo que verdaramente atrae es su voz.
Otro acontecimiento que no puedo dejar de mencionar aquí es el de la actualización múltiple que ha hecho Haizea en su blog. Tres artículos en menos de dos semanas. Un hecho sin precedentes en la historia contemporánea del blog. Leed su último post porque es genial. (Y además, salgo yo en él como personaje secundario). Y encima luego dice la tía que no es friqui. Es una pies negros de pura cepa, aunque se niegue a reconocerlo. (Es que está todavía en la fase a autoaceptación. Tiene que salir de la cómoda). Y ya de paso, leed el blog de Fire, que es la leche, y es la apoteosis de lo freak. (Ya dije que te haría propaganda, milady).
Pues eso. Una vez más estoy exangüe después el post de hoy. (He vomitado las palabras cual Viperina. ¡Que venga algún friqui a echarme agua en la cara! ¡Que me llamo Sonia! (Desvarío total, lo sé).
Bueno, que me voy a dormir, que estoy muy cansada.
Besos, abrazos y carpe diem,
La Emperatriz.
En primer lugar, estuve en la peluquería paleña donde me esquilaron por última vez. (Aquella vez cuando quedé convertida en una oveja neozelandesa. Para más información, ver mes de diciembre). (Esta vez El Palo ha dado su fruto a la hora de proporcionarme anécdotas para el blog). Me he retintado las mechas, y me las he puesto otra vez de color rojo, pero rojo rojísimo, ¿eh? Para que os hagáis una idea, es como ese tono poco definido entre rojo VIPERINA y rojo Almodóvar. (Una descripción por lo demás elocuente. Quien no reconozca esta variedad cromática, es que es rematadamente penco). Y estoy encantada con mi pelo otra vez, a pesar de que en Málaga se me encrespa y parezco un aberrante cruce entre Medusa y Marge Simpson. Pero me refiero al color, que está bastante perita. Ahora mismo parece que echa llamas, le pones un cigarrillo al lado y lo enciende. Lo malo es que en seguida se le va el color, y se me queda color caca, como muy hábilmente lo define mi amiga el DUENDE.
Ayer después de la sesión de peluquería me fui al cine con el Duende y con Lady Orlando (también llamada Fire o Milady, a secas). Milady es la persona que en realidad me ha hecho cambiar un poco mi parecer respecto a Málaga, porque es una dama diabólicamente friqui y un especímen único en el mundo. Bueno, es que yo lo digo abiertamente, he venido aquí para verla a ella y para ver a Lady Bótox (otra dama, pero de menor rango en la escala social, que es mi perra, y que es el animal más adorable de la tierra, seguida de cerca por el gato de Alice y Nit alias La Negra). Pero bueno, vamos al grano, que ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda y Baeza. Es que la verborrea crónica me está matando, las ideas me salen despedidas cuales torpedos y luego pierdo el hilo de la comunicación, si es que tal hilo existe, porque a veces pienso que este blog no es más que un heterogéneo potaje de las rayadas y fricadas más variopintas, y que no hay esencia, sustancia de unión entre los ingredientes del susodicho potaje. Espero que con esta clara metáfora os baste para entenderlo).
Pues fuimos al cine a ver Brokeback Mountain, porque el Duende estaba desesperada por verla para luego absorber ideas para su historia de amor gay. (La pechá de llorar que se dio la muchcha con la película no fue normal. En palabras de Lady Orlando, no tiene parámetro). Yo hacía tiempo que quería verla también, y la verdad es que me gustó bastante, o al menos, me gustaron los trozos de película que vi, entre beso fricativo y beso oclusivo, y entre abrazo de ámbar y abrazo de vainilla, porque Milady es un ser maligno, por no decir diábolico, y no me dejaba ver la película, y además, yo estaba demasiado ebria con su olor a vainilla para poder concentrarme en el argumento de la película. (Aunque las ovejitas eran muy lindas, y los árboles también).

Esta mañana estuve con Milady en la tienda de cine que hay en Málaga, que es mi tienda preferida en toda Málaga. Y claro, tuve que comprarme una foto de Winona Ryder. (Porque tuve que hacerlo, fue un acto reflejo. No puedo entrar en esa tienda sin salir con una foto de Winona para engrosar mi colección. Yo siento faltar al respeto a los dioses olímpicos, y a Rosarillo Gregoris, pero es que esa mujer es VENUS. ¡Por Zeus, que es la diosa de la belleza! Simplemente sublime). Y esta vez me compré también otra foto de Gillian Anderson, la clásica con su chaqueta negra de Expediente X. I WANT TO BELIEVE.

Luego me fui a casa de Fire a comer. (Y por cierto, yo no sé qué debió pensar su madre cuando me vio llegar con una zapatilla de cada color, el abrigo morado y el pelo rojo llameante. Pensó probablemente que nuncna la penquez había llegado a unos extremos tan insospechados. Sin embargo...Observa atentamente su semblante. Hay un vestigio noble en ella, puede que en otra vida fuese emperatriz. Pues me fui con Milady a su casa, y luego le rogué que me pusiera un capítulo de The L World. Es que aunque pareza increíble no había visto ninguno hasta hoy, y estaba deseperada por verlos. Y todo el mundo habla de esa serie, todos los blogs hablan de la serie, y yo sin verla. Y hasta oí yo no entendía esa fascinación que tiene la gente por Shane, y ya lo he comprendido. (Aunque como la Marina no hay ninguna). Yo la veía en las fotos, y decía, bah, pues no es para tanto. Es mona y tal, pero nada más. Pero es que hay que verla en acción, hay que ver cómo se mueve, cómo anda. ¡Porque qué andares! Es que es más chula que un ocho la tía, ahí con las manos en los bolsillos, y el pelo oscuro despeinado... Y sobre todo, hay que oírla, porque lo que verdaramente atrae es su voz.
Otro acontecimiento que no puedo dejar de mencionar aquí es el de la actualización múltiple que ha hecho Haizea en su blog. Tres artículos en menos de dos semanas. Un hecho sin precedentes en la historia contemporánea del blog. Leed su último post porque es genial. (Y además, salgo yo en él como personaje secundario). Y encima luego dice la tía que no es friqui. Es una pies negros de pura cepa, aunque se niegue a reconocerlo. (Es que está todavía en la fase a autoaceptación. Tiene que salir de la cómoda). Y ya de paso, leed el blog de Fire, que es la leche, y es la apoteosis de lo freak. (Ya dije que te haría propaganda, milady).
Pues eso. Una vez más estoy exangüe después el post de hoy. (He vomitado las palabras cual Viperina. ¡Que venga algún friqui a echarme agua en la cara! ¡Que me llamo Sonia! (Desvarío total, lo sé).
Bueno, que me voy a dormir, que estoy muy cansada.
Besos, abrazos y carpe diem,
La Emperatriz.
Nieve sobre los cedros
¡Dios mío, creo que he batido un record de audiencia! Bueno, un record de lectura, mejor dicho, pero lo de audiencia suena como más impactante. Es que tengo que vender el producto. Pues eso, un cosa insólita, un hecho sin precedentes que me está elevando el ego a lo bestia. Me han dejado cinco comentarios en el último artículo. (Eso sumado a todas las personas que me han leído y han alabado oralmente mi artículo, aunque sin dejar comentario, como la Pequeña Mara, Firecracker y Mónica, por citar algunos casos). En fin. (Ya empezamos con la famosa función fática inevitable). En realidad es que no tengo nada nuevo que contar, aquí sigo de exámenes y tal, como mucha gente, supongo, y por eso no tengo anécdotas que narrar. Esta tarde me he venido otra vez a la biblioteca de psicología, a ver si esta vez tengo menos distracciones, aunque estando con la Equis, eso es difícil de garantizar, porque luego ella empieza a hacer indagaciones sobre la gente que entiende y la que no, alardeando de su GAYDAR que detecta a cualquier entendedor a kilómetros de distancia. En realidad no tengo nada que contar, he escrito este artículo más que nada por actualizar un poco. Bueno, sí, que el otro día nevó, y eso es algo verdaderamente anecdótico, o al menos, anecdótico para mí, y desde luego, merece un artículo en exclusiva. Para mí la nieve siempre ha sido algo muy exótico. De hecho, cuando estaban cayendo los copos yo ya estaba pensando en que tenía tema para el blog. (Así de friqui soy, ya se sabe). ¿Qué día fue el que nevó? (Pregunta retórica al más puro estilo Longino. Si esto no produce el entusiasmo del lector y genera sublimidad, nada lo hará). El domingo, sí. Y además, estaba mi amiga Clara en casa (no Claraboya, sino Clara de Huevo, a secas), porque se había venido a ver una película a casa (y luego de paso la Ceremonia de los Premios Goya. Y por cierto, ¡arriva esa Coixet y esa oca! Un merecido premio, sí señor)... Eso, que estaba Clara de Huevo en casa y la obligué a que saliéramos al parque germanófilo para ver la nieve caer y lanzarnos bolas como en las películas. ¡Es que era nieve de verdad, nieve auténtica! Luego se derritió en seguida, pero verla caer fue grandioso. El famoso cedro del que tanto hablo, ese que inclina lánguidamente sus ramas bajo el peso de la nieve invisible tenía nieve de carne y hueso, y era una preciosidad.
Y ahora me tengo que ir de verdad a estudiar, que la Equis no ejerce nada de tutora legal y me ha dejado aquí friqueando en los ordenadores en vez de obligarme a estudiar. Esperemos que en la sesión de esta tarde no haya demasiadas entendedoras hipotéticas, ni chicas que abren sensualmente las ventanas. (E intentaré sentarme en una mesa donde predomine más la testosterona que el estrógeno, a ver si así me concentro en los contextos fónicos, y los fonemas oclusivos, un tema apasionante, por lo demás). Además, creo que este es el artículo más corto que he escrito en mi vida como bloquera, y estoy orgullosa de mí misma. Un verdadero logro.
Besos fricativos,
La Emperatriz.
Y ahora me tengo que ir de verdad a estudiar, que la Equis no ejerce nada de tutora legal y me ha dejado aquí friqueando en los ordenadores en vez de obligarme a estudiar. Esperemos que en la sesión de esta tarde no haya demasiadas entendedoras hipotéticas, ni chicas que abren sensualmente las ventanas. (E intentaré sentarme en una mesa donde predomine más la testosterona que el estrógeno, a ver si así me concentro en los contextos fónicos, y los fonemas oclusivos, un tema apasionante, por lo demás). Además, creo que este es el artículo más corto que he escrito en mi vida como bloquera, y estoy orgullosa de mí misma. Un verdadero logro.
Besos fricativos,
La Emperatriz.