Excentricidades de la Emperatriz Penca
Carpe diem, quam minima credula postero. (Horatio).
Acerca de
PILARES DE MI INCOMPRENSIÓN: La literatura, el cine, la pintura, Virginia Woolf, Amelie, Michael Cunningham, Jeffrey Eugenides, los perros, gatos, urracas, ocas, monos de Gibraltar y bestias en general, La Coixet, D.H. Lawrence, Dalí, el queso en todas sus formas y colores, 1984, los fonemas fricativos, los perros goyescos semihundidos, los potitos, las gafas de pasta, Winona Ryder, Keira Knightley, Londres, y Madrid. (No van ordenadas por grado de obsesión, porque entonces está claro que lo primero serían las gafas de pasta). Y La Celestina. Correo: lanogue@hotmail.com
Sindicación
 
Animales potantes
Ayer por la noche me sucedió algo mínimamente interesante y digno de poner en el blog, y es que mi perra echó la pota. Ya sé que es triste esto de que lo más dramático que me pase sea que mi perra vomite por la noche, pero es así. Y yo ya he llegado a un extremo en el que escribo en el blog cualquier cosa ligeramente extraordinaria que me ocurra, trátese de potas, ovejas esquiladas, pérdidas de tren o fricadas por el estilo. Yo con tal de que no descienda el número de lectores, hago lo que sea. Es una situación límite. No quiero volver a hacer hincapié sobre todo lo que conlleva esta nueva popularidad mía. Es que no puedo permitirme defraudar a mis lectores, que soy prácticamente un fenómeno de masas. Todavía no he terminado de asimilarlo. La fama implica mucho sacrificio. Total, que me he visto obligada a hacer una crónica detallada de la noche de las potas con tal de rellenar el hueco vacío que tiene este mes de enero. A ver si cuando vuelva a Madrid ya me pasan cosas otra vez. Yo creo que sí. La verdad es que echo de menos la agitación y la vida bulliciosa de la gran urbe. (Málaga ya se me ha quedado un poco chica. No veo mi ciudad natal con los mismos ojos después de tres meses en la capital, es inevitable. Y yo es que soy una enamorada de Madrid, aunque a algunos les parezca una locura). Además, luego lo de coger el metro y el tren da mucho de sí. Empiezas a hacer estudios sociológicos y a interesarte por los libros que lee la gente, y la música que van escuchando en sus MP3, y a hacerte preguntas sin respuesta sobre qué será de sus vidas una vez que salgan a tierra firme y abandonen el metro. Porque siguen teniendo una existencia aparte aunque una no los vuelva a ver, ¿no? A veces me da por pensar que toda esta gente parece estar diseñada con el único objecto de cruzarse conmigo en un momento puntual, que es mi momento de coger el transporte público, y me da la sensación de que una vez que yo ya he abandonado ese decorado artifical sus vidas no tienen más continuidad. Es curioso como te cruzas con tantas personas a lo largo del día y no sabes absolutamente nada de ellas. Los urbanícolas modernos somos seres extraños. El otro día lo estaba comentando con una amiga mía. En fin, idas y venidas de pinza que una sufre, nada serio. Total, ¿por dónde íbamos? (Función fática inevitable). Presiento que va a haber aquí una verborrea atroz que va a ser imposbile de refrenar. (Un volcán reventando y vomitando lava por todos sitios en plan Pompeya). Estaba hablando de mi perra, que por cierto, no sé qué pseudónimo darle. Es que no quiero desvelar su identadidad, vaya a ser que luego se enfade. Llamémosle X. (Es broma. Podemos llamarle Lady Botox, po ponerle así un nombre corriente). Pues anoche resulta que mi hermano se dejó un mantecado (o un plovorón, siempre los confundo) en lo alto de la mesa del salón, y mi perra Lady Bótox se subió de un salto y se lo engulló enterito antes de que nos diera tiempo a reaccionar. Y luego por la noche mientras yo dormía (con mi perra, claro, tengo suplir la ausencia de una mujer con la compañía de Lady Botox, por lo menos así duermo acompañada), oí de repente unos extraños ruidos estomacales, como de tripas, y me desperté asutada. Y era mi perra que estaba vomitando el mantecado en la colcha. Así que tuve que cambiar todas las sábanas y la manta, porque la pota había traspasado la colcha, y con el jaleo se despertó la Gran Jefa (mi madre) y echó a la pobre perra a la cocina para siguiera potando allí en la soledad de la noche. ¡Pobre animal! Me dio una pena.

Total, que esa es la apasionante historia de hoy. A ver si Madrid me devuelve un poco la inspiración. Por cierto, los Reyes Magos no me han traído al final las Converse de color morado que les pedí. (¡Que los reyes sí existen, Equis!) Así que me las tendré que comprar yo por mi cuenta en uno de mis múltiples e incontrolados ataques de furor comprador. Pues nada, os dejo que me voy a rellenar la panza.

Besos, abrazos y carpe diem,

La Emperatriz Penca.

P.S. Haizea, te llamaré para quedar la semana que viene y así de paso hablamos de lo del piso. No es 100% seguro, pero todo apunta a que vas a ser la ELEGIDA.


No