Más detalles sobre la gran urbe
A veces cuando la Emperatriz Penca sale de casa por las mañanas le parece a una que va manchándolo todo con su indecorosa paleta de colores. En medio de tonos cemento y niebla de la gran urbe aparece la orgía de colores cegando algunos ojos con sus incombinables conjuntos. (Y es que Madrid tampoco se libra de este color grisáceo de metrópoli invernal, al fin y al cabo, y aunque estemos en Hispania).
Sale la emperatriz y se refrigera viva (aunque le gusta en realidad) con la famosa corriente de aire que le deslegaña a una el espíritu. Sale y se regocija una vez más con la contemplación de los esqueletos arbóreos que agitándose se alinean, y de los cedros de lánguidas ramas que se encorvan bajo el insoprtable peso de la nieve invisible.
Aparece en el escenario callejero la emperatriz (que por una vez es protagonista de algo, aunque sólo sea de un blog casero y cutre, y esto le sube un poco la moral, claro) , y se abre camino entre las veloces masas de seres encapuchados, y todo sin necesidad de proferir ningún tipo de eructo expansivo o exabrupto similar.
Sale la emperatriz muy gallarda con sus vaqueros heredados de la Equis (la donante de pantalones); con sus recién (bueno, ya no tan recién) lavaditas converse auténticas, una de cada color, haciendo gala de esa friquez connatural a su persona; con su braga rosácea de copitos de nieve, sus guantes de homo sapiens californiano y su verdoso abrigo de la esperanza, (o el que toque ese día). (La pobretica mía ha crecido sin ningún tipo de educación cromática y no tiene concepto de lo que se combina y lo que no). (Nótese aquí también la poderosa anáfora, otra fuente de lo sublime. Pseudo Longino se sentiría muy orgulloso. Y encima estoy poniendo puntos y aparte).
Sale la emperatriz como cada mañana, pero va como ausente, con el torrente musical del MP3 golpeándole el cerebro a un ritmo acelerado (aunque hoy ya decide que está cansada de escuchar el Pluma Gay, porque total, se lo pusieron en el Viperina el viernes tras mucho rogar y suplicar, y hoy escucha mejor a la Alaska que no sé me me da), o si no va con la música, pues va ensimismada, con la pinza yéndole y viniéndole continuamente, intentando concebir alguna greguería mínimamente decente para rellenar su friqui blog), o se queda absorta mirando el caparazón de una castaña tardía luchando en un vano intento por desafiar las leyes de la gravedad para no caer a tierra.
Luego ya en el tren se dedica a hacer sus clásicos estudios sociológicos y a pregunatrse por la vida secreta de los urbanícolas. (Eso a la vuelta, no a la ida, porque a la ida va con la Equis, y la verborrea irrefrenable de ambas imposibilita toda captación de estímulos visuales). Hoy se queda mirando a una autónoma que lleva una chapita de Amelie, y que por su aspecto tiene toda la pinta de estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras. (Y efectivamente, lleva unos apuntes sobre gramática inglesa, así que será de filología inglesa, o de traducción, y eso es interesante porque la emperatriz es anglófila). Entonces se pone a hacer indagaciones sobre la autónoma que ni se imagina que es un personaje secundario de este blog cutre. ¿Cuántos años tendrá? ¿Qué será de su vida cuando se baje del tren? (Porque los demás urbanícolas sí tienen vida cuando salen a tierra firme, aunque una no los vea). Y la pregunta inevitable. ¿Entenderá o no entenderá? Entonces al salir del tren (que encima es de 2 PISOS, lo que constiyuye el clímax de su día junto con Gurruchaga) persigue un poco a esta especie de Amelie Poulain (un poco sólo, más por la curiosidad), hasta que ella se pierde en el ir y venir de las masas anónimas de los Nuevos Ministerios.
Sale la emperatriz y se refrigera viva (aunque le gusta en realidad) con la famosa corriente de aire que le deslegaña a una el espíritu. Sale y se regocija una vez más con la contemplación de los esqueletos arbóreos que agitándose se alinean, y de los cedros de lánguidas ramas que se encorvan bajo el insoprtable peso de la nieve invisible.
Aparece en el escenario callejero la emperatriz (que por una vez es protagonista de algo, aunque sólo sea de un blog casero y cutre, y esto le sube un poco la moral, claro) , y se abre camino entre las veloces masas de seres encapuchados, y todo sin necesidad de proferir ningún tipo de eructo expansivo o exabrupto similar.
Sale la emperatriz muy gallarda con sus vaqueros heredados de la Equis (la donante de pantalones); con sus recién (bueno, ya no tan recién) lavaditas converse auténticas, una de cada color, haciendo gala de esa friquez connatural a su persona; con su braga rosácea de copitos de nieve, sus guantes de homo sapiens californiano y su verdoso abrigo de la esperanza, (o el que toque ese día). (La pobretica mía ha crecido sin ningún tipo de educación cromática y no tiene concepto de lo que se combina y lo que no). (Nótese aquí también la poderosa anáfora, otra fuente de lo sublime. Pseudo Longino se sentiría muy orgulloso. Y encima estoy poniendo puntos y aparte).
Sale la emperatriz como cada mañana, pero va como ausente, con el torrente musical del MP3 golpeándole el cerebro a un ritmo acelerado (aunque hoy ya decide que está cansada de escuchar el Pluma Gay, porque total, se lo pusieron en el Viperina el viernes tras mucho rogar y suplicar, y hoy escucha mejor a la Alaska que no sé me me da), o si no va con la música, pues va ensimismada, con la pinza yéndole y viniéndole continuamente, intentando concebir alguna greguería mínimamente decente para rellenar su friqui blog), o se queda absorta mirando el caparazón de una castaña tardía luchando en un vano intento por desafiar las leyes de la gravedad para no caer a tierra.
Luego ya en el tren se dedica a hacer sus clásicos estudios sociológicos y a pregunatrse por la vida secreta de los urbanícolas. (Eso a la vuelta, no a la ida, porque a la ida va con la Equis, y la verborrea irrefrenable de ambas imposibilita toda captación de estímulos visuales). Hoy se queda mirando a una autónoma que lleva una chapita de Amelie, y que por su aspecto tiene toda la pinta de estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras. (Y efectivamente, lleva unos apuntes sobre gramática inglesa, así que será de filología inglesa, o de traducción, y eso es interesante porque la emperatriz es anglófila). Entonces se pone a hacer indagaciones sobre la autónoma que ni se imagina que es un personaje secundario de este blog cutre. ¿Cuántos años tendrá? ¿Qué será de su vida cuando se baje del tren? (Porque los demás urbanícolas sí tienen vida cuando salen a tierra firme, aunque una no los vea). Y la pregunta inevitable. ¿Entenderá o no entenderá? Entonces al salir del tren (que encima es de 2 PISOS, lo que constiyuye el clímax de su día junto con Gurruchaga) persigue un poco a esta especie de Amelie Poulain (un poco sólo, más por la curiosidad), hasta que ella se pierde en el ir y venir de las masas anónimas de los Nuevos Ministerios.
Comentario:
aventuras de la emperatriz penca en la gran ciudad... ;-)
me encanta jeje
me encanta jeje
Comentario:
Comentario a tu comentario: no sé por qué pero al leerlo, como es tan fino, lo he relacionado con los anuncios que hay en el periódico para que te descargues sonidos del móvil y hay uno de la niña del exorcista con algo así como "cógeme .... cabrón!" que creo que te quedaría muy bien. Aunque quizás tu condición de Penca te impida atinar con el mecanismo de cargarlo en el móvil. Pero no creas, incluso para gente de Madrid como yo la cosa está complicada, yo intenté descargarme el otro día el de "Verano Azul" (no admito críticas, lo sé, pertenezco a otra época, o "este mundo ya no es el mío" que diría el cancionero español...) sin éxito.
Any idea of who am I? it's easy although the nickname does not help
Any idea of who am I? it's easy although the nickname does not help
Comentario:
Hola! Soy yo, la amiga de Equis de la tortillería bajo pseudónimo poco original, escribiendote algo aunque no tenga mucho que decir. En cuanto vuelva te leo! Un beso
Comentario:
Muy bonito pero no soy de Filosofía y etras sino de Económicas.
Comentario:
¡Escribidme algo, cojones!