Excentricidades de la Emperatriz Penca
Carpe diem, quam minima credula postero. (Horatio).
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PILARES DE MI INCOMPRENSIÓN: La literatura, el cine, la pintura, Virginia Woolf, Amelie, Michael Cunningham, Jeffrey Eugenides, los perros, gatos, urracas, ocas, monos de Gibraltar y bestias en general, La Coixet, D.H. Lawrence, Dalí, el queso en todas sus formas y colores, 1984, los fonemas fricativos, los perros goyescos semihundidos, los potitos, las gafas de pasta, Winona Ryder, Keira Knightley, Londres, y Madrid. (No van ordenadas por grado de obsesión, porque entonces está claro que lo primero serían las gafas de pasta). Y La Celestina. Correo: lanogue@hotmail.com
Sindicación
 
Entre pencas y acelgas
Yo no sé qué contar hoy, de verdad. Estoy intentando por todos los medios que me pase algo mínimamente interesante para ponerlo como anécdota en el blog este. Pero es que ahora durante el puente me he venido a Málaga, y no hago nada. Ni cojo el metro ni el cercanías (que dan mucho de sí para hacer estudios sociológicos y contar historias), ni voy a la facultad ni salgo de marcha ni nada. (Pedazo de polísíndeton ahí). El otro día me pasó algo que sí sería digno de contar, y es que perdí el avión de Madrid a Málaga, todo debido a mi emparramiento y penquez congénitas, pero no pienso dar detalles porque eso perjudicaría seriamente mi imagen pública. No puedo permitírmelo, tal es la lectura masiva de mi blog (una auténtica avalancha de lectores). Descendería brutalmente mi índice de popularidad. Soy una imagen mediática, al fin y al cabo. (Huelga decir que había un sarcasmo descomunal en la frase anterior. No me lee nadie, ¿de acuerdo?)

Pues volvemos a lo de siempre. ¿Qué cuento aquí? Equis me sugirió dar algunas instrucciones sobre cómo atraer a los friquis. Yo en eso soy experta, te lo juro. Se me pegan, los atraigo, no sé cómo. (Debe ser debido a tanta filología y tanta lingüística. Al final te vuelves inevitablemente friqui tu también). También puedo hablar aquí sobre mis pedos descomunales (entiéndase por pedos cogorzas o borracheras, no flatulencias, claro). ¿Ves tú? ¡Eso sí es interesante!

El otro día me pillé un pedo memorable. Equis y yo nos fuimos al Viperina un viernes por la noche. Bueno, y estuvimos allí un rato con Berta Bollo, Claraboya, Rubén Coronado y otros amigos. Lo de ir al Viperina es un chollo. Te coges una cogorza gratis. Te sirven un calimocho mágico que se regenera automáticamente. Bueno, aunque el viernes aquel yo me pedí un Viperina para evitar la rutina. Digo, pues vamos a probar el viperina este, que es la bebida de la casa y tiene que estar buena. Y me sirvieron un brebaje de color rosa, que está muy dulce y muy rico, pero nadie sabe de qué está hecho, y se te sube pechá. Una poción rarísima. Y luego además estuve por ahí tomando sorbitos de lo que me ofrecía Claraboya o Rubén o quien fuera, y eso que iba con Equis, que teóricamente es mi tutora legal, pero que es muy negligente la tía, y al final no me controla nada, sino que se embriaga ella misma también.

Total, que luego tras un rato en el Sojo, yo me empecé a encontrar mareadilla. La Equis y yo tuvimos que salir y sentarnos en la puerta, y yo vomité todo el viperina que me había tomado. (Esa fue la auténtica culminación de la noche). Además, ya a partir de ese momento no recuerdo muy bien lo que pasó luego. Sólo tengo un recuerdo fragmentario. Parece como que dejé de ser consciente. Equis me tenía que sujetar la cabeza porque a mí se me derramaba por los lados. Y mientras tanto, me salía la fluctuante pota rosácea volando por los aires hasta parar al suelo (o a mis pantalones). Y encima eso, se nos pegaban todos los friquis de Chueca. Uno de ellos se sentó a nuestro lado y nos empezó a contar su vida. Pues mi mujer se llama Sonia. (Una confesión interesantísima. Me impidió conciliar el sueño aquella noche). Y luego va el tío y nos dice: Esta niña está muy mal, ¿eh? Y acto seguido me arroja un botellín de agua entero en la cara. No sé si pasó algo más, yo desde luego no lo recuerdo.

Luego sí fui consciente de que Equis me levantó del escalón y que bajamos andando por unas calles, y de repente aparecimos en la Plaza de Cibeles. (Aparecimos, sí, de verdad. No hubo trayecto. Nos teletransportamos). Y allí me puse a intentar detener a algún taxi levantando una pata, y al final uno me hizo caso, y nos metimos en el taxi. (El taxista era también un tío bastante friqui, por eso nos recogió, supongo). En fin, que fue todo así muy surrealista y onírico, de verdad.

Y bueno, creo que lo voy a dejar por hoy, porque me enrollo como las persianas, y a veces no soy consciente de lo pesada que soy. Y como siempre, persistiré en mi empeño de recopliar anécdotas dignas de contar en el blog. (Sigo abierta a cualquier sugerencia de los lectores).

Besos, abrazos, y carpe diem,

Abigail Williams

 
Comentario:
...
 
Comentario:
Equis no es negligente... equis es equis, ya lo sabes... es así, ella misma...
Por cierto, a mí también me llevó a Viperina cuando me pasé por los madriles, aunque tú ya te habías ido... ¿conocerá algún bar más?
Un besito
 
Comentario:

jajajaj

lo q me he reido

eso historia me suena, me suena...

pero como pudiste perder el avión?

bueno no se pq me extraño pero deberias contar del día q nos equivocamos de tren, de las peripecias en el ikea atrapapersonas...

el lunes i see you in the train

 
Comentario:
Pues la verdad es que las borracheras, sobre todo de licores desconocidos son bien malas si, y luego encima te dejan los pantalones hechos un asco con tanto colorin.
Saludos desde tierras malagueñas también.
No