Crónica del fin de semana
Hoy me he caído de la cama al levantarme y he apoyado el pie derecho justo antes de estrellarme contra el suelo, y luego he hecho un brunch anárquico a la una de la tarde a base de espinacas, queso manchego y petisuís liliputienses. (Por innovar, más que nada). Estoy contenta porque he tenido un fin de semana más que bueno. No he cumplido con ningunas de mis obligaciones ni he hecho nada de lo que tenía planeado hacer. El refrán aquel de deja para mañana lo que puedas hacer hoy se concreta en mi persona a la perfección. No he terminado todavía el trabajo sobre mi muy querido Johann Wolfgang von Goethe, ni he ordenado mi madriguera (porque sigo con el ordenador roto), ni he leído al Marqués de Santillana ni he impiado la casa. (Polisíndeton necesaria). Y eso que ya tocaba, porque venía la Gran Jefa a realizar su supervisión de siempre, y siempre intento dejar la casa medianamente impecable antes de que venga. Pero la cocina sigue llena de churretes y pegotes, y el otro día una cucaracha asesina casi nos mata del susto. Pero a pesar esta negligencia atroz, he pasado un fin de semana estupendo. El viernes fui a ver en directo el Nacimiento de la Primavera, gracias unas entradas que me consiguió Boticcelli, y luego pasé una sobremesa cuasi sublime horneándome al sol en compañía de Mónica y de la Suiza Loca, y divagando sobre fricadas varias. (Porque con Mónica no puede ser de otra forma). Los árboles del parque germanófilo ya se han recubierto por entero del abrigo de la esperanza, y hay margaritas en la flor de la vida con pétalos recién estrenados.

Pero el sábado fue un día de clímax en todo su conjunto. Clímax a la mañana, clímax para comer y clímax a la noche. Mafalda y yo tomamos de rehén a la Equis, que nos trajo souvenirs de reglas flexibles y un enorme huevo amarillo que guiaba nuestros pasos por la selva humana de Madrid. El huevo es la luz que nos guía. Y por la noche tuvo lugar el clímax dentro del clímax, porque fui a la macrofiesta de cumpleaños de mi tía, y creo que no pude pasármelo mejor. Mi tía cumplía años, aunque no diré cuántos, por si acaso...Sólo que era una cifra muy redonda y muy importante, de las que terminan en cero, así que decidió celebrarlo como dios manda. Por culpa de la barra libre entré en la fase báquica casi sin darme cuenta, y cervecita a cervecita me fui animando progresivamente. (Aunque hay quien prefiere aprovechar la barra libre para embriagarse de agua mineral). Creo que batí mi propio récord de katarsis poniéndome pedo en compañía de mi madre. Tuve el privilegio de charlar un rato con mi pareja lésbica y grecolatina preferida, y ver a mi tía tan animada y tan contenta me dio una alegría enorme. Y luego ya en la fase de post pedo del día siguiente me acordé (porque a veces se me olvida) de lo afortunada que soy de tener unos tíos tan melómanos y tan buenos, y que encima vivan en la megalópolis madrileña. Y yo no sé si yo seré su sobrina favorita (digo yo que sí, porque soy sobrina única), pero lo que sí sé es que ellos son mi tía y mi tío preferidos, y que no los cambio por nada del mundo, ni por unas gafas de pasta ni por Winona Ryder en peto. Y para rematar la noche Haizea y yo nos fuimos a nuestro hábitat natural del Escape, y como siempre nos encontramos con la bloguera omnipresente Sinfonía Agridulce, y pude hacer la coreografía de Hung Up en el cuarto de baño. El domingo fue un día más moderado, pero igualmente climático. Tuve que despedirme de la Gran Jefa, que se volvía a Málaga después de su visita relámpago, y como siempre me entró un poco de penilla tonta y de ganas de ser chica otra vez. (Porque con tantos petisuís he crecido un montón y me he hecho mayor). Pero fue un domingo de crecimiento de la primavera, de más sol, de misses pánfilas malagueñas, de parque y de perros, de proyectos de primera comunión y paseos llenos de incomprensión.

Pero el sábado fue un día de clímax en todo su conjunto. Clímax a la mañana, clímax para comer y clímax a la noche. Mafalda y yo tomamos de rehén a la Equis, que nos trajo souvenirs de reglas flexibles y un enorme huevo amarillo que guiaba nuestros pasos por la selva humana de Madrid. El huevo es la luz que nos guía. Y por la noche tuvo lugar el clímax dentro del clímax, porque fui a la macrofiesta de cumpleaños de mi tía, y creo que no pude pasármelo mejor. Mi tía cumplía años, aunque no diré cuántos, por si acaso...Sólo que era una cifra muy redonda y muy importante, de las que terminan en cero, así que decidió celebrarlo como dios manda. Por culpa de la barra libre entré en la fase báquica casi sin darme cuenta, y cervecita a cervecita me fui animando progresivamente. (Aunque hay quien prefiere aprovechar la barra libre para embriagarse de agua mineral). Creo que batí mi propio récord de katarsis poniéndome pedo en compañía de mi madre. Tuve el privilegio de charlar un rato con mi pareja lésbica y grecolatina preferida, y ver a mi tía tan animada y tan contenta me dio una alegría enorme. Y luego ya en la fase de post pedo del día siguiente me acordé (porque a veces se me olvida) de lo afortunada que soy de tener unos tíos tan melómanos y tan buenos, y que encima vivan en la megalópolis madrileña. Y yo no sé si yo seré su sobrina favorita (digo yo que sí, porque soy sobrina única), pero lo que sí sé es que ellos son mi tía y mi tío preferidos, y que no los cambio por nada del mundo, ni por unas gafas de pasta ni por Winona Ryder en peto. Y para rematar la noche Haizea y yo nos fuimos a nuestro hábitat natural del Escape, y como siempre nos encontramos con la bloguera omnipresente Sinfonía Agridulce, y pude hacer la coreografía de Hung Up en el cuarto de baño. El domingo fue un día más moderado, pero igualmente climático. Tuve que despedirme de la Gran Jefa, que se volvía a Málaga después de su visita relámpago, y como siempre me entró un poco de penilla tonta y de ganas de ser chica otra vez. (Porque con tantos petisuís he crecido un montón y me he hecho mayor). Pero fue un domingo de crecimiento de la primavera, de más sol, de misses pánfilas malagueñas, de parque y de perros, de proyectos de primera comunión y paseos llenos de incomprensión.
Comentario:
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Jajaja..."Eso no lo cambio yo ni por Winona Ryder en peto"... Esa frase pasará a los anales de la historia, qué bueno...y lo de las misses pánfilas malagueñas, jejejeje. Oye, qué guapos y pánfilos sois en Málaga, mister y miss, cuidado en vacaciones, no se te vaya a pegar algo ;P
Me alegro de que te lo pases tan bien, Emperatriz.
Muua
Me alegro de que te lo pases tan bien, Emperatriz.
Muua
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Yo tampoco te vi tan pedo. Más bien lo contrario, fíjate que pensé para mis adentros "guau, qué capacidad de control la emperatriz, cómo se modera cuando está la gran jefa delante".
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pues yo no te vi tan pedo, emperatrice...
quizás fuera yo más pedo q tu, fíjate lo q te digo :-))
un besín
quizás fuera yo más pedo q tu, fíjate lo q te digo :-))
un besín
Comentario:
Petisuís se escribe "petit suisse" en versión original y queda mucho mejor...