Oveja neozelandesa
Pues ayer sí que me ocurrió algo digno de poner como anécdota en el blog. (Juro que el artículo de hoy va a ser más breve que el del otro día, porque total, tampoco hay mucho que contar. Lo digo más que nada para no asustar a mis posibles lectores, que pueden sentirse desanimados ante el gran despliegue de mi verbosidad implacable). Tampoco es nada del otro mundo, pero sí lo suficientemente interesante como para ponerlo aquí. Pues resulta que ayer me fui con una amiga mía de aquí de Málaga a la peluquería. La peluquería estaba ya en la zona limítrofe con el Palo Profundo. (The DEEP PALO, Eastern Málaga. Es un barrio internacionalmente conocido. Yo me acuerdo que cuando me fui a Portland (Oregon) este verano me encontré en el aeropuerto con una sueca de Göteborg, y claro, me puse a hablar con ella, porque yo soy pro escandinava, y la tía resulta que había estado estudiando español en el Palo, Málaga. Ahí es cuando uno dice eso de ¡El mundo es un pañuelo! Y para que luego diga mi amiga Margarete que todo es casualidad. ¡Ni hablar! Yo es que como no creo en el azar... Pero esa es otra historia, y será contada en otra ocasión). Así que volviendo al hilo de la cuestión. (Menudo paréntesis monumental he hecho. Es que nunca logro refrenar esta verborrea crónica que tengo. Llevo padeciéndola desde que adquirí la capacidad del habla). Pues eso. (Función fática ahí a lo bestia). Yo tenía que cortarme el pelo porque tenía unas greñas de mucho cuidado. (No he contado nunca que a mí las merdellonas en el colegio me llamaban LA PELOS). Y me fui con mi amiga Elein, que se tenía que re-tintar sus mechas rojas, y fue ella la que me animó a ponerme mechas rojas yo también, y yo me las puse, porque es que, de verdad, no tengo ninguna fortaleza, en seguida me convencen, y como me apetecía cambiar, porque si nunca rompes con la rutina esta vida se vuelve tediosamente aburrida, pues me puse mechas rojas (pero rojo chillón, casi color viperina). Y las mechas rojas resaltan un montón, parece que tengo el pelo rojo entero, pero bueno, que aun así me gusta como ha quedado. Al final Elein y yo nos tiramos toda la tarde en la peluquería, oyendo la elevada conversación de las maris del PALO hablando de sus embarazos y sus preñeces involuntarias. Nada más llegar una le preguntan: Niña, ¿tú estás preñada o qué? (Transcripción en castellano del original en dialecto vernáculo andaluz-paleño). Y a partir de ahí la peluquería entera se vio inmersa en una apasionante conversación interminable sobre embarazos, y de embarazos, se pasó a hospitales, y de hospitales a Los Hombres de Paco (no sé por medio de qué nexo, eso rebasa ya mis capacidades intelectivas), y de ahí no sé a donde. Y mientras tanto, la peluquera que me asignaron a mí me estuvo cortando el pelo, y te lo juro (os lo juro, porque ya he visto que me lee más de una persona, qué ilusión), me ESQUILÓ VIVA. La tía se puso ahí al ataque en plan Eduardo Manostijeras y me dejó cuasi calva. Y yo cuando salí me llevé un cabreo considerable, no por las mechas, sino por el pelo. ¡Ay, mi adorado pelo! Lo que me ha costado que me creciera, y ha desaparecido. Meses y meses de potingues para lograr un pelo pantene, y nada. Mi amado pelo. Una tragedia griega digna de Esquilo, como puede apreciarse. Me sentía completamente oveja. ¿Nunca os habéis sentido oveja? Es un sentimiento terrible. Verdaderamente extremo y desgarrador. Pero eso me pasa por querer pasarme de fashion. Que, no Abigail, que eres penca, y ya está, asúmelo con estocicismo, no intentes hacerte la chic. Vuelve a tus orígenes. (Lo orginal es volver al origen, ¿no? No lo digo yo, que soy la reina penca, lo dijo Gaudí en uno de sus días de esplendor intelectual). Pues eso, pero por lo menos me consuela que lo del pelo me ha dado tema para el blog. No os podeis imaginar. Yo con esta lectura masiva, es que tengo que elegir muy bien los temas, no puedo defraudar a los lectores, que soy una imagen mediática. Mucho estrés, mucho estrés. Pero es el precio que hay pagar por la fama. (Ya he perdido el anonimato, por supuesto. Los sacrificios que tiene que hacer una. ¡Qué le vamos a hacer!) Ya tengo que dejar siempre el listón muy alto, que el otro día me leyeron más de tres personas. Todo gracias a la Equis, que supongo que me ha ido recomendando por ahí. ¡Qué maja! Muchas gracias. Por cierto, que el lunes no voy a clase porque no tengo, y además, estaré viajando, así que ya nos veremos el martes en el tren, a ver si esta vez no nos perdemos. (Sí, sí, tengo que contar la historia del tren, y la del IKEA, todo a su tiempo, no agotemos los temas, que si no luego me da una crisis de inspiración).
Pues hasta la próxima.
Besos, abrazos, y carpe diem,
Abigail Williams
Pues hasta la próxima.
Besos, abrazos, y carpe diem,
Abigail Williams
Comentario:
nena
no te dejes autocomentarios
el martes te doy una clase de como recabar comentaristas
pero NO te dejes autocomentarios...jajajaja
besos
no te dejes autocomentarios
el martes te doy una clase de como recabar comentaristas
pero NO te dejes autocomentarios...jajajaja
besos
Comentario:
Me ha gustado much otu artículo, es genial. Supera incluso al del mítico pedo en el viperina. Si sigues con ese ingenio y esa calidad literaria los fans te atosigarán. (Esto es tristísimo. Me estoy escribiendo un comentario a mí misma. Es que estoy intentando animar a otros lectores a que me dejen su comentario también. Esa es la explicación racional).