Cambio de pseudónimo
Creo que hoy ha sido uno de los días más pencos de mi vida. (Aunque eso también es difícil de determinar, porque anda que cuando perdí el avión el otro día...). Primero voy a explicar ya de una vez lo que es penco, porque creo que es la palabra que más utilizo últimamente, además de perita y puerco, tal es mi pobreza léxica. (Ver dialectología amalagueña). Bueno, en realidad es que penco significa eso, que uno es penco, es que no tiene más vuelta de hoja, es así de simple. Y yo con mi torpeza y mi emparramiento congénitos, pues soy como la penquez per se. Yo sé que es una idea muy abstracta y compleja, pero al final se acaba comprendiendo. Y encima tengo a mi amiga Equis que me lo restriega siempre que me ve. ¡Hola, repenca! ¡Qué penca eres! Al final he acabado por rebautizarme (huy, no, rebautizarse no es el término apropiado, precisamente ahora que estoy en proceso para hacerme apóstata y desbautizarme)...Pues he acabado por re-nombrarme a mí misma como la Emperatriz Penca. Habría preferido algo como la Penca Presidenta de la República, o la Canciller Penca (así tipo Angela Merkel) porque total, yo no soy precisamente monárquica, pero lo de emperatriz queda mejor. (Y esa es la explicación racional de por qué he cambaido mi nombre artístico. Lo digo más que nada para aliviar el desconcierto de mis lectores). Y luego, segunda cosa. (Cada vez escribo peor, ¿eh? Y eso que soy de filología, y que solía ejercer de escritora en mis años mozos. No dejo de emplear la palabra cosa. ¡Pero es que resulta siempre tan recurrente! No os podéis imaginar. Especificar siempre supone un desgaste intelectual muy fuerte, y yo no me lo puedo permitir, que tengo que reservarme neuronas para los exámenes, especialmente en esta época de sequía cerebral que estoy atravesando). Pues volviendo al hilo de la cuestión (es que me voy por los cerros de Úbeda y Baeza, no consigo centrarme en una sola idea). Segunda cosa. Ya por recomendación de Equis voy a explicar por qué puse esa enigmática imagen de las acelgas vivas en mi blog el otro día. (Todo tiene una explicación racional al final). Yo pensé que era bastante evidente, y que era sólo que las capacidades de la Equis no le daban para entenderlo. La pobretica no da para más. (Es broma, ¿eh?) Pero ante la avalancha de interrogantes, he decidido desvelar el misterio. La penca es el tallo de la acelga. Yo pensé que eso era universal, como el mal gusto o la estulticia de la especie humana, pero resulta que es un término que sólo se usa en Málaga, o en mi casa. Aquí se dice simplemente tallo de acelga. (Una averiguación que me ha dejado perpleja. Ya no puedo dormir por las noches). ¡Con lo fácil que es decir penca! Una penca, toda la vida de dios se ha dicho así. Pencas en el puchero (quiero decir, en el cocido), pencas en las lentejas, pencas en el potajito de garbanzos y con las manitas de cerdo...Y bueno, toda esta compleja explicación no es más que un preámbulo para contar(os) por qué hoy he tenido un día 100% penco. (Aunque parezca surrealista, esto es un preámbulo. Yo intento por todos los medios refrenar esta verborrea crónica que llevo padeciendo desde que era feto, pero no puedo, se me derraman las palabras por la comisura de los labios. ¿No os recuerda verborrea a la palabra diarrea? En realidad tiene su lógica, es como defecar palabras con gran ímpetu. A todo esto, no sé si existe el término verborrea, puede que incluso me lo haya inventado, lo cual no sería del todo descabellado, considerando esta friquez incurable mía). En primer lugar, los trenes no llegaban a la universidad esta mañana. Por lo visto se había caído ALGO (algo, un ente, no se sabe qué, una viga, un puente, una rodaja de autovía, es un misterio sin descifrar) sobre las vías del tren y estaba todo cortado. Yo ya me puse nerviosa y estuve a punto de convertirme en una mujer al borde de un ataque de nervios, porque encima de ser penca soy de provincias, y no sé cómo moverme en la gran urbe. Tenía la esperanza de que viniera la equis y me llevase, pero la tía se quedó dormida cual marmota, y no fue hasta más tarde. Bueno, tras una odisea homérica que no voy a detallar aquí (para no agudizar el aburrimiento de la población), llegué sana y salva a la facultad, pero sólo fui a una clase. Soy piardera por naturaleza. (Ver dialectología malagueña una vez más). Luego encima nos fuimos a imprimir unos papeles a la sala de ordenadores, y yo no me las apañaba para enviarlo del ordenador a la impresora correcta. (Una fatiga horrible). Pero es que luego, a la vuelta, ya me vine con la Equis en el autobús, y pasé por una experiencia sobremanera embarazosa. Primero, como no tenía abono ni dinero suelto, tuve que pagar el viaje en moneditas de 10 y 5 centímos hasta llegar a 1,30. (Lo han subido, ¿no? Esta vida es una ruina. Voy a acabar yo también en la inmundicia extrema). Y tras tirarme un buen rato recopliando la calderilla (mientras la gente me miraba, eso sí), pues entré ya en el cuerpo del autobús, y me choqué con un Don Limpio, y le tiré todas las monedas al suelo (sin querer, ¿eh?) Y como yo soy una persona cívica, pues me agaché y le ayudé a recogerlas. (Otro momento de fatiga). Y todo el mundo con los ojos clavados en mí. Y luego para colmo no encontraba a Equis, que se había sentado hacía ya un siglo y me había dejado sola ante el peligro, mientras se regocijaba observando mi penco espectáculo. Total, que cuando la hallé por fin, ella se encontraba ya en pleno ataque de risa. (Descojonándose de mí la tía, claro). Luego pasé unos trabajos horribles para quitarme el abrigo y los guantes de homo sapiens californiano (con pulgar oponible u opositor, no como los de la Equis, que son de chimpancé, o pero aun, de marsopa), y con la fatiga que pasé y todo, me entraron unos calores que ni en plena menopausia los tiene una. La Equis me tuvo que desencapuchar y arrancar los guantes aun en contra de mi voluntad. (Yo le intenté explicar que yo los llevo simplemente por vanidad, pero hizo caso omiso a mis palabras). Y el resto del viaje parece que transcurrió sin más contratiempos. Bueno, luego por la tarde tuve que coger otro autobús porque quedé con dos amigas mías (una de ellas, de Suiza, pero está aquí de Erasmus) para tomar un café cerca de Sol, y tuve que hacer frente con valentía a una situación similiar que puso nuevamente al descubierto mi penquez congénita. (Aunque esta vez no iba con la Equis y quedé libre de todo comentario vejatorio). Y pasé un resto de la tarde muy agradable. Luego mis amigas y yo nos dimos un paseo por la Plaza de Oriente, y nos pelamos un poco de frío (que a mí me encanta), y no volví a hacer ninguna payasada más. Y ya son las 2 .45 de la madrugada y estoy sopa, así que me voy a dormir. (Aparte de que he escrito un pedazo de artículo. Ya prometo para la próxima vez que no me enrollaré tanto).
Besos, abrazos, y carpe diem,
La Emperatriz Penca
Besos, abrazos, y carpe diem,
La Emperatriz Penca
Comentario:
ay penka que de risa me he pasado...
que risa que risa..
me gusta mucho el bloj ejte tuyo (dialecto madrileño, de aqui de mandril).. pero tia pon puntos y a parte o me ahogo de leerte
besos
pd: mis guantes no don de chimpance...grrr