Luchando con un fantasma
Vida nueva, blog nuevo. Cuando un fantasma te domina la vida, has de luchar y vencerlo
Sindicación
 
El día de los muertos
Tras pasar dos muy malas noches sin apenas poder dormir -lo de noches es un decir porque duermo de día-, lo cual era una extrañez porque desde que dormía en bcn en mi amplio y cómodo sofá-cama no había tenido problemas de insomnio, a la tercera me desperté súbitamente y una idea me golpeó la cabeza. Sin más, y después de dos años, pero me sentí culpable del suicidio de Lorena, mi compañera de piso. En ningún momento hasta entonces me lo había sentido. La verdad es que mi reacción ante su muerte fue un poco extraña. No la sentí. No pude. No me lo podía permitir. Hacía sólo 30 horas que acababa de saber que mi amigo de Madrid se había suicidado, que se había lanzado al vacío, desde el terrado de su edificio. Nunca nadie que conociera se había suicidado y de pronto, recordar aquel chaval, la última vez que lo había visto, dos años antes, por las vacaciones de verano, con 17 años, con ganas e ilusión por comerse toda la vida que tenía por delante. Estaba eufórico ante su porvenir, se le veía la luz en la cara. Hasta que un día la esquizofrenia lo sacudió sin piedad robándole todos sus sueños. La medicación lo dejó sin fuerzas, sin vida, sin posibilidad de sexo. Sé muy bien todos los síntomas. Porque es la medicación que tomo yo, que me dejó durante un año más muerto que vivo, no llegando a ser ni la sombra del fantasma del chico que un día fui. Cortó la comunicación con todos. Yo, que a él lo conocía a través de otro amigo que venía y sigue viniendo cada verano en Lloret, le dije que le diera mi msn para agregarlo. Nunca me agregó. Un día el suicida le dijo a su amigo, “creo que voy a lanzarme por el balcón” y el amigo le dijo “No seas burro, es un segundo, sólo te romperías una pierna, capullo”. Al día siguiente salió de su piso, subió al terrado y se lanzo al vacío. Me dejó muy tocado. No me podía sacar de la cabeza la vitalidad y las ganas de vivir de la última vez que le vi y el imaginarme el sentimiento de sus ojos al lanzarse al vacío y saber que segundos después sería un cadáver en un charco de sangre. No lo podía soportar. Y de pronto creí que a mi también me esperaba este fin. Y que era inminente. Él que parecía que se había de comer el mundo no había soportado que aquellas pastillas lo reducieran a un zombye. Como lo iba a soportar yo? Era demasiado sensible. Y entonces me llamó María, una de mis compañeras de piso, diciendo que tras oír el móvil de Lorena sonando repetidamente durante dos días y finalmente tras notar un olor extraño había entrado a su habitación y se la había encontrado al suelo, sin vida, descomponiéndose. Entonces no supe reaccionar. No saqué ni una lágrima más. No lo sentí. No me lo permití. El dolor cuando viene se ha de afrontar cara a cara. Pero siempre jode tenerse que afrontar a él y pasar un tiempo sufriendo y pasándolo mal, en vez de seguir tranquilo y bien como hasta entonces, con tus cosas y tu vida, sin que nada te la parta. Así que no sólo me negué a sufrir su muerte, sino que cuando hablaba con alguien al respecto de ésta, me entraban ganas de reír. No es que me burlara. Supongo que era una risa nerviosa o que me quería burlar del destino engañándolo. Quien sabe. Luego María me contó porque se había suicidado, me contó su historia personal, sus problemas familiares que yo desconocía completamente.
Y este miércoles tras dos días durmiendo muy mal, me sentí repentinamente culpable de la muerte de Lorena. Si hubiera salido de mi caparazón y me hubiera interesado por ella...Si le hubiera recomendado que fuera a un psicólogo...Si no me hubiera ido a Lloret antes de hora porque necesitaba apoyo por el suicidio de Martín, tal vez hubiera oído también su móvil sonar repetidamente, y tal vez entre María y yo habríamos decidido entrar a su habitación y la hubiéramos podido llevar al hospital a tiempo. Ya sé que no saco nada de hacerme estos reproches. No obstante tengo miedo de la lucidez abrumadora con que a pesar de sin razones, el miércoles sentí esta culpabilidad y la balbuceé entre mis labios y no la pude olvidar.
Mañana iré al psicólogo. Se lo comentaré. A ver si me ayuda. Y el jueves, el día de los muertos, llamaré al psiquiatra para que me cambie las pastillas. Me dijo que pasado el verano cuando ya estuviera bien establecido en Barcelona que cambiaríamos las pastillas. Aunque lo que tengo yo son tics, tengo que tomar las mismas que los esquizofrénicos para parar los movimientos involuntarios. Me quiere dar unas pastillas más actuales y con menos efectos secundarios. No reducen la concentración, ni dan tanto sueño, ni engordan, y quien sabe, tal vez tampoco bajen debajo de todo la lívido. Hace dos años Martín, tu fuiste la prueba que me hizo ver que me acabaría lanzando al vacío. Dos años más tarde, después de llover mucho, he comprendido que primero me refugié en la búsqueda de mis verdades, en el pensamiento, para huir del vacío. Que después de ver la entereza de la madre de Lorena cuando venía a nuestro piso a buscar las cosas de su hija muerta, me atreví a probar de vivir porque comprendí que la vida aún ante las cosas más horribles, no nos hundía en el desamparo sino que nos daba fuerzas. Y que en la VIDA, la social, la compartida, se podían derrumbar los sustentos y las metas y quedarme de nuevo solo, ante el vacío –ante la ventana de mi habitación con ganas de lanzarme- porque la vida no es más que una lucha con el vacío. Donde vayas te persigue. Siempre presente tentándote con su descanso eterno tras el salto. con el fin de una, de muchas luchas absurdas condenadas de antemano. Pero ahora sé, que iré tejiendo mi vida para poder andar sobre ella, y poder huir de esa mirada negra que desde la muerte y la desidia te dice: “Salta”.
Martín, el día de los muertos no te podré llevar flores al cementerio de Madrid, pero pensando en ti, llamaré al psiquiatra para que con el cambio de pastillas me haga sentir un poco más vivo. Y entonces perfumado por el aroma de una existencia más viva y más hermosa pensaré en ti, y en esta tumba donde no se está del todo muerto, que es la mente y los recuerdos, te rociaré con el olor de esta rosa que desde donde estés harás crecer.
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Vernos
De nuevo volví a quedar con un chico. Tampoco hubo feeling. Y yo me pregunto porque soy tan raro? Porque conecto con tan poca gente? Normalmente las personas se pueden llevar más o menos bien con unos o con otros, pero siempre encuentran seres con los que mantener una charla, con los que estar a gusto, con los que poder disfrutar con su compañía. Así ocurría en el cole. Todos entre la multitud tenían uno o varios amigos. Así ocurría a la universidad. Y en cambio yo, nunca me entiendo con nadie. O me es muchísimo más difícil. Supongo que por eso me había refugiado en mi mismo. Y por eso hace un año cuando encontré un amigo con el que había conexión me arriesgué a salir de mi caparazón. Pero 23 años había tardado en encontrar este amigo! Antes sólo desilusiones, o por mi parte, o por la parte contraria, o por ambas partes.
Yo soy una persona que apenas tengo curiosidad por las cosas del mundo, exceptuando un ámbito muy reducido. Vivo en mi propia galaxia. No miro las noticias. No sé lo que está ocurriendo en el mundo. No me interesan las modas. No sigo un horario de comidas, simplemente como cuando tengo hambre. Estoy toda la noche despierto hasta las 10:00 de la mañana, simplemente porque a la noche no hay ruido y estoy más tranquilo. Me despierto cuando ya casi es oscuro. No puedo ir en grupo porque no sé hablar de los temas que se hablan cuando no hay la intimidad de dos personas. No puedo, como me sugieren canalla y siouxie ir con heteros porque tengo miedo al rechazo porque necesito como respirar ser aceptado, debido al traumas de infancia que nunca me he sentido aceptado por nadie -empezando por mis propios padres- y necesito ante todo sentirme aceptado y para sentírmelo hago lo que sea, complazco a la gente en todo, me convierto en su voluntad, en su esclavo, en mi sombra. Hago lo que quieren aunque no sea lo que yo quiera. Porque necesito que me acepten. Y todo posible motivo de rechazo, de mi propio ser, me inquieta, me perturba contarlo a alguien que no esté seguro que me va a aceptar, porque mi razón de ser, mi necesidad es la de que no me rechacen más. Y por eso es duro para mí, ir conociendo gente e ir teniendo rechazo tras rechazo y desengaño tras desengaño. Y sí, j’a, supongo que no habría de depositar ilusiones en nada ni en nadie, y así nada ni nadie me desilusionará. Pero es que una vida sin ilusiones es algo tan triste, tan vacío, tan sin sentido y es que ya lo decía aquel, que qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción. Así que como dice hairblue uno se ha de agarrar a cualquier cosa. En mi caso, no en la carrera, pero sí en mi proyecto de novela, tal vez. Hace dos años que trabajo en ella, pensándola, probándolo de atar todo –tengo 20 libretas enteras con apuntes-, pero me cuesta ponerme a escribir, a plasmarla sobre el papel, porque tengo miedo de llevarme el desengaño definitivo, es decir, el fracaso de la última ilusión. Porque no es lo mismo, tenerlo todo en la mente como tu quieres que sea, que saber plasmarlo en un papel. Y me digo ¿y si no sé? Y si no puedo expresar lo que quería decir? Y si todo este castillo de cartón que he ido ingeniando durante dos años en mi mente, se viene abajo cuando lo pruebe de hacer realidad sobre el papel? Porque todos mis sueños al probarlos de hacer realidad han acabado esfumándose. Y si se esfuma éste, éste en que sustento mi cotidianidad, en que utilizo todas las vivencias, los aprendizajes, los estudios, las clases, las lágrimas y hasta los desengaños, todo para este fin –hacer una buena novela-, pero en el fondo para salvarme del vacío del día a día absurdo, para tener la cabeza ocupada en algo, para no flotar en la nada espantosa, si se hace añicos esta última ilusión, ya no habría por lo que luchar.
Pero es que además, yo antes vivía en mi mundo y en él era feliz porque no conocía los gozos de la vida, pero ahora que los he probado, como una droga me he enganchado a la vida. Quiero vivir, tengo mono de vida, y no quiero renunciar a ella. Y lo que busco no es sexo, ni como gianis comenta, pareja. Rectifico, sí que quiero sexo. Pero esto no me preocupa buscarlo porque sé como encontrarlo, y aunque a veces me pase meses sin comerme una rosca, no deja de ser porque soy bastante selectivo y no digo que sí al primero que me tira los tejos. Así que no busco sexo ni tampoco pareja. No quiero pareja, ni quiero ni puedo tenerla. Sólo busco amigos. No quiero pasarme el día encerrado en casa. O salir siempre solo. Necesito alguien con quien hablar, con quien haya complicidad, comprensión y aceptación mutua. Necesito vivir compartiendo. Por el blog como absolut Rubén y tatojimi dicen, he encontrado personas muy interesantes. Es tal vez uno de los pocos ámbitos de internet donde la gente puede buscar desinteresadamente. Pero yo necesito amistades reales. No me basta con amistades ante una pantalla. Y todo y que no os podéis imaginar la suerte que he tenido de conoceros, y el poderos contar cosas que nunca habría contado a un amigo real, necesito también, sin duda, sentir presencias – y ahora no os pensáis que me pongo esotérico-. Sentir la vida, tocarla, abrazarla, verla. Pero mientras no se pueda vivir, mientras, como dice Enis del mar, sobrevivir, siempre sobrevivir.

Hoy os quería proponer un juego. Un juego que creo que nos puede enriquecer a todos – pero no materialmente eh!-. Yo he descrito en este post como me veo a mi mismo. Me gustaría que vosotros, los seguidores del blog, y mejor aun si ya lo erais de mi blog anterior, contarais como me veis a mi, desde vuestra opinión o punto de vista. Alguien dijo que la verdad era un espejo que se había roto en mil pedazos del cual todos teníamos un trozito. Yo cuento como soy. Lo que siento. Tengo mi punto de vista interno. Pero estoy seguro que aun contándoos yo mi verdad, cada uno desde su perspectiva la verá de su manera particular. Maneras distintas, que todas ellas tienen su parte de razón y que pueden enriquecer. El juego consiste en que vosotros me decís como me veis a mí y yo, si vosotros queréis, os digo como os veo a vosotros. Jugamos?
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Levantarse
Hace un mes, algo desengañado de Barcelona, de mis compañeros de piso, de mis amigos y del sexo me propuse afrontarme a la Barcelona real, a mi vida real. Pero si algo es importante en esta lotería que nos ha tocado jugar es tener algo por lo que luchar, sentidos que sostengan nuestra vida. Así que no muy convencido, algo sombrío, apático y desesperanzado, intenté no obstante de buscar nuevos pilares con los que aguantar mi nueva vida. No es fácil, porque al ver la fragilidad de estas bases te acabas cuestionando si vale la pena poner de nuevas, o si es mejor dejar de construir tu vida. Finalmente, sin mucha confianza, no te queda más remedio que buscar estos nuevos sentidos, esos nuevos bloques que van a sostener tu felicidad. Así que te mueves, pones anuncios en asociaciones gays, en asociaciones universitarias, donde la gente se suponga que no busque en ti sólo sexo.
Quedé con uno. No hubo feeling. Ya no he sabido más de él. A otro cuando le propuse de intercambiarnos las fotos se asustó y dejó de escribirme. Lección aprendida. No pedirás fotos. Desengaño tras otro.
Por otro lado hace meses que estás mínimamente ilusionado a falta de mayores sueños en poder hablar y hacer amistad con el chico de la discoteca que me miraba y que ni él ni yo nos atrevíamos a decirnos nada. Me hice ilusiones de que pudiéramos ser amigos. Realmente parecía interesado en mí. Que tonto! Mi psicólogo gay que es gato viejo en esto, me advirtió que no me hiciera ilusiones, que lo más probable es que solamente buscara sexo, y que no le interesara mi amistad. Otro sueño perdido!
Finalmente te escribe otro de la asociación. Te dice para quedar ya. Pero estás con gripe y ansiedad y en Lloret y le tienes de pedir de aplazarlo. Se lo toma mal y ya no sabes más de él.
Y un chico del sinvergüenza, la asociación de gays y lesbianas universitarios, el único de este colectivo que parece interesado en ti, que te agrega al msn, que pasas días soñando como será hasta que consigues hablar con él. Cuando por fin hablas lo puedes hacer sólo cinco minutos. Os llamáis igual, vivís al mismo barrio, estáis a la misma universidad, tenéis la misma edad. Una buena intuición! Por fin he encontrado a alguien! me digo. Cinco días después consigo hablar con él más tiempo. Tras un rato de charla me confiesa que ya se acuerda porque me agregó al msn. Dice que fue por puro interés. Simplemente quería saber si me interesa integrarme y hacerme responsable de la asociación, asistiendo a las reuniones etc.
Me siento engañado, estafado. Ingenuo de mí, había creído que en esas clases de asociaciones a diferencia de las páginas de contacto no utilizaban a las personas, buscando sólo un buen polvo. Pues no, aquí no te usan para echar un polvo, pero te usan igualmente por otros intereses. Vaya mierda! Que asco de vida! Esto fue la gota que llenó el vaso. El último sentido por el que luchar se vino abajo. Ya no había a donde agarrarse. Y entonces sólo podía hacer dos cosas: hundirme o sobrevivir.
Sentí que no quería seguir como los últimos días. Que aunque ahora me tocara hundirme, no lo quería, no quería llorar más. Que había de vivir, como fuera! Sacar la ilusión de donde pudiera aunque todo fuera desolado, y levantarme. Sí, en esa ciudad sin piedad de altos edificios, levantar mi vida, de agua y sangre – a falta de otros sentidos, ya que ahogados todos los posibles sentidos humanos, no quedaba más que los sentidos animales, originales. Sobrevivir porque sí, por la vida misma, porque el agua y la sangre que nos corre por el cuerpo así lo desean. Porque es nuestra naturaleza-. Levantarme y empezar a andar, a tientas, adelante hacia un porvenir claroscuro como la noche que sueña que en sus entrañas puede nacer el sol. Construyendo la vida paso a paso, como si en nuestro andar hacia algún lado estuvieran los cimientos que construyen nuestra ilusión. Sea cual fuera, evanescente pero perceptible, destruible pero existente, necesaria pero fugaz.



PEREGRINO

¿Volver? Vuelva el que tenga
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope
Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto

L. Cernuda
 
Utilizar?
El último consejo de mi psicólogo: Utiliza a los hombres, úsalos de hombre objeto.
El sábado pasado, para variar, fui a Salvation. Vi la cara de Dios que vino a menear sus nalgas contra mi polla. Era tan hermoso! Se parecía a James Dean. Rubiazo y con ojos azules. También un tío musculoso con un cuerpo de infarto, se puso delante de mí, rozándome. Y hubo más y más. Un negro. Un guiri. Y yo uno tras otro perdiendo las oportunidades. No era yo quien empezaba, sino ellos quien me buscaban. Y yo me excitaba, ardía de deseos de coger el semidiós por la cintura y clavarle mi arpón mientras me le comía el cuello y le acariciaba su pelo de luz y con mis manos empezaba a recorrer todo su cuerpo. Seguramente hubiera sido así si yo hubiera dado un paso, o si simplemente no hubiera hecho nada, y hubiera seguido bailando como entonces, sólo que con su cuerpo delante del mío, levemente en contacto. Pero yo que no me creo que le pueda gustar, pienso que quizás está apretado y por eso el roce es sólo inevitable, porque no cabe. Y como que no quiero que piense que soy un salido que me estoy frotando con él, discretamente doy un paso para atrás. Pero él de nuevo retrocede y se vuelve pegar a mi cuerpo. Así que yo doy otro paso atrás. Hasta que al final se cansa y se va. Y luego me pasa lo mismo con el musculoso. Y así me va pasando toda la noche.
Hace unas semanas ligué con un rubito nórdico. Me lo llevé a casa. Nos estiramos en la cama. Nos empezamos a besar. Cuando pensé que ya era un poco aburrido tanto beso le fui quitando la ropa y sacándomela yo. Fuimos interrumpidos por mi compañera de arriba que nos bajo a espiar. Mientras yo estaba acariciando su espalda y besándole sus ojos azules el rubio se percató de su presencia, allí mirándonos descaradamente y queriéndose añadir a la urgía. La tuve que eliminar. Fue un poco bochornoso. Pero al final maté a la araña. Nos empezamos a masturbar. Estuvimos así, cinco minutos, diez. Y él venga dándole a mi zambomba, pero yo resignado pensaba “ Sí hijo, ya la puedes menear que de aquí no sale nada!”. Al final resultó algo muy tedioso. Yo no sentía placer. Estaba más bien incómodo viendo como mi hermoso rubio esperaba en vano que me corriera. Y podíamos estar así toda la noche... Al final empezó a bostezar. Así que le propuse que nos pusiéramos a dormir.
Por suerte este rubito no fue demasiado exigente, ni me pidió que le felara ni otras cosas que me asquean. Al contrario, llevé yo todo el rato la iniciativa guiándome más que por el deseo por el sentido del aburrimiento. Así cuando creía que ya debería estar cansado de tantos besos, le sacaba la camisa, al cabo de un rato los pantalones, cuando ya nos habíamos manoseando suficiente el cuerpo, le saqué los calzoncillos, y cuando me apiadé de que masturbara sin parar sin conseguir sacarme el jugo le propuse de dormir.

Siempre habían llevado la iniciativa mis parejas sexuales. Siempre querían que les felase. Algunas veces que les hiciera el beso negro. Y a mi todo esto más bien me daba repugnancia, pero cerraba los ojos y lo hacía para satisfacerlos.
Siempre que hago sexo con alguien pruebo de satisfacerlos aun haciendo cosas que no me gustan. Supongo que lo hago porque necesito sentirme aceptado, que estén contentos conmigo. Eso es algo que no sólo me ocurre en el ámbito sexual sino en todos los ámbitos. Si en realidad siempre me he buscado a mi mismo es porque me había perdido siendo un alargo de la voluntad de los demás. Me sometía a ellos negándome a mi mismo. Con mi familia. Con mis compañeros. No osaba a decirles nunca que no. Me horrorizaba la posibilidad que se enfadaran conmigo. Necesitaba que me aceptasen. Creo que hoy por hoy es uno de los principales problemas que me quedan por superar. Superar esta necesidad de ser aceptado por todos al precio que sea. Al precio de dejar de ser yo con tal de que estén contentos conmigo.
La propuesta de mi psicólogo me pareció un poco alocada. A mi me gusta que en el sexo haya cierta ternura y sentimiento y calidez humana. Pero tal vez tenga razón y sea una buena opción utilizar a los hombres, usarlos de hombre objeto. Y cuando esté follando con ellos no preocuparme de darles placer, sino simplemente como si fueran un consolador utilizarlos para sentirme bien.
No estoy seguro que sea una buena solución. No me gusta tratar a los hombres como cosas. Y no creo que sea de mi agrado comportarme en la vida utilizando a la gente egoístamente, como si fueran cosas. No me gusta. Y yo ya no sé, si debo confiar en los psicólogos o en quien diantre confiar.
Aunque supongo que en el fondo todos nos utilizamos de algún modo. Y más en el mundo gay. Mi padre el otro día cambiando de canal vio una peli gay donde salía una disco y un cuarto oscuro y se asustó. Se escandalizó que la gente pasara del uno al otro sin el menor pudor. “Parecían animales!” Yo le diría que no se olvide que nosotros también somos animales y aunque compartamos esta condición con la de hombres, yo sinceramente me siento más orgulloso de ser animal que no de pertenecer a la cultura humana, a la misma raza que Hitler, Jesús o Bush.
*
Aunque no lo lea dedico este post a Claudio que marcha un tiempo a vivir al extranjero. Te encontraré a faltar!
Bienvenido LuisM, Melegrand, nadamasqueyo y D4ni3Lo.
Gracias a todos por los comentarios, a Enis y a jag37 para compartir sus vivencias y Diego llevaba días sin actualizar porque no quería más post tristes pero chico si no estoy animado no me pondré a tocar las castañuelas.
Besos a tod@s

 
Despedirse
No esperé nada de mis dos citas. Con el chico de la discoteca ni tan solo me atreví a decirle nada. Y el chico con el que había de quedar le surgieron contratiempos y no hubo cita. No obstante decidí no quedarme llorando en casa, así que fui a llorar al cine. Fui a ver “Salvador”.

Hubo una cosa en la película que me hizo rabia. Y es que nunca, ni cuando se llevaban al personaje a ejecutar, no se despedían de él, ni él de sus hermanas ni de su abogado. Simplemente a irse le dijeron “Estamos en la cafetería. Hasta ahora”.

Yo tal vez porque en mi vida y en la relación que tengo con los míos hay mucho más que se calla que no que se dice; tal vez porque se silencia todo para no hacer sufrir, porque no te pueden comprender, por miedo, por vergüenza, por orgullo; tal vez por eso sé que necesitaré despedirme de ellos cuando llegue el momento. Sé que necesitaré descargar lo que llevo callando durante toda una vida. Y sé que tal vez no lo podré hacer. Que no siempre hay ocasión para despedirse. Y sé que si no puedo se me va a partir el alma y que me arrepentiré el resto de mis días de no haber podido compartir aquello con mis padres. Y sé que habría de ser sensato y contárselo ahora, antes de que sea demasiado tarde, ahora que puedo, ahora que están y me pueden escuchar. Pero no puedo. Tal vez porque no me veo capaz de seguir mi relación con ellos después de haberles contado ciertas cosas. Cosas que ni yo mismo sé claramente cuales son, pero que sé que tengo en lo más escondido de mí, y que necesitan ser contadas para quedarme en paz con ellos y conmigo mismo.

Algunas de estas cosas como he dicho ni yo mismo sé cuales son. Otras que seguro que les diría es: Os quiero. Gracias por amarme. Perdonadme por todo lo que os he hecho sufrir y por los disgustos que os he dado, y por ser injusto con vosotros, y llevaros siempre la contraria, y no daros satisfacciones. Por no ser el hijo que queríais, por no poder compartir mi vida con vosotros. Por haberos dado todo lo malo de tener un hijo y haberos privado de todo lo bueno. Por no ser agradecido. Pero quiero que sepáis os quiero mucho. Y que gracias por amarme, por importaros de verdad, por querer ante todo mi felicidad. Gracias por darme la vida, lo más importante que me han dado y que me darán jamás. Gracias papás.

Hace un mes, un amigo de nuestra familia que sufrió una enfermedad que también tuvo mi padre y que yo en ningún momento había tomado conciencia de lo grave que era, entró al hospital pensando que sería una cosa de nada y lo sedaron y quedó dormido durante semanas. La cosa fue de mal en peor. Vieron que moriría. En un par de ocasiones llamaron a sus familiares de noche porque veían que ya estaba en las últimas. Un día le quitaron los sedantes y se despertó. Estuvo unos días despierto. Lo volvieron a dormir. Y murió a las pocas horas. Hablando con mi padre de esto, él me dijo que vaya mala suerte que le hubieran despertado y que hubiera sabido que se moría. Que él en su lugar hubiera preferido no enterarse de nada. No ser consciente. Quedarse dormido al entrar al hospital creyendo que tenía algún resfriado y ya no despertar. Y no saber que se había de morir.

Yo pensé que en caso de que fuera yo el enfermo, sí quería haber despertado. Haber sabido que me moriría. Haberme podido despedir de los míos. Y poder saber como sentiría la vida, como cambiaría toda mi visión de ella –o no- ante la muerte. Es una fase de la vida que aunque sea dura creo que merece ser vivida en propia piel. Todos tenemos una sola vida y una sola muerte. Y merece la pena vivir hasta el final. Despierto. Lúcido. Vivo.
*
Bienvenido mafer. Y buenas de nuevo tatojimi. Gracias por los consejos
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Vacío
El miedo a veces domina nuestra vida. Nos sube por la espalda y nos susurra al oído. Y nos paraliza.

Mi nueva vida, mi vida tan temida y deseada, es ya una realidad. Y el temor ha desaparecido. Pero también el deseo. Mi nueva vida es insulsa, triste, deprimente.

He empezado a la universidad. Domino perfectamente mi ansiedad. Tendría de estar contento, ya lo sé. Pero es que todos los días son iguales, vacíos y oscuros como él. Ir a clase, sentarme, tomar apuntes, y irme. Sin intercambiar una sola palabra con nadie.

Mis amigos y la gente que conozco en Barcelona no quieren o no pueden quedar. Con mis compañeros de piso no me trato. La única charla que tengo al día es con mis padres, por teléfono. Y la verdad, aun me hacen sentir más solo de lo que estoy. Me lloran, me gritan, me echan en cara, me hablan como si no hubiera luchado, como si no me hubiera esforzado, como si cada día fuera a peor y como si lo hiciera todo mal. Me hacen sentir tan solo!

La vida ha sido un desengaño. Vives y vives de ilusiones pero se caen, siempre se caen. Y te levantas y te vuelves a ilusionar con cosas nuevas hasta que de nuevo se derriban. Hasta que llega un momento que ya no te crees nada, ni a nadie. Un día en que lo único que crees es que todo es un engaño, que la vida es un engaño. Un engaño sin fin. Y ya no quieres sufrir más. No quieres ilusionarte más porque sabes cual es el destino de esta ilusión: la caída.

Y yo desde que me he instalado a Barcelona, desde que he entrado en este eterno círculo de los días y las noches encerrado en la habitación, en el ordenador o en la cama, que noto que él me mira. Sí, me mira y no deja de mirarme con su oscura mirada. Me observa, me espera, me invita. Y yo le ignoro, pero él está allí, inquisitivo. Entonces lo miro, a él, al ojo de la muerte, con su mirada sensual y posesiva. En seguida vuelvo a mi rutina pero yo sé que él está allí mirándome, intimidándome.

A veces me asomo a él – a la ventana de mi habitación, de un sexto piso- y me pierdo en su vacío. No quiero ni pienso suicidarme. Tampoco estoy desesperado. Solamente estoy cansado, triste, vacío. Supongo que es una manera de evadirme. Una mirada mutua de desolación, de vacío, de verlo todo negro. Pero no me gusta esta pequeña obsesión. No me gusta estar cara a cara con la muerte, ni mirarla a los ojos, ni pensar en ella, ni sentirla dormir junto a mí. No obstante allí está aquel ojo acechándome.

Hoy seguramente saldré de marcha. Tal vez le diga algo al chico que hace meses que me mira. Mañana quedaré con otro chico – puse un anuncio a una asociación gay diciendo que buscaba nuevos amigos-. Y sabéis que? Ya no siento miedo.

El miedo a veces domina nuestra vida. Pero el miedo nos hace sentir vivos. Porque junto al miedo están la ilusión y el deseo. Y es que el temor y el anhelo son las dos caras del sueño, de la ilusión. Cuando tienes sueños, en mayor o menor medida, dos titanes batallan el uno contra el otro dentro de ti: el miedo y el deseo. Yo ante mis nuevas citas ya no siento miedo pero tampoco deseo. Porque ya no tengo ilusión, porque sé que al final todo cae, y siempre vuelve el vacío y rastrea tus ojos con su negra mirada y no encuentra más que dolor.

Nunca pensé que no estaría contento de ya no sentir miedo. Pero creedme, es peor sentir indiferencia.