Adelante 2007!
Vivir anestesiado, olvidando amaneceres, despidiendo noches frías, durmiendo días soleados, recluido en paredes sin tarde y sin luz. Primaveras que florecen sólo en sueños, veranos culminantes apenas en el moreno de tus ojos, otoños decadentes en lágrimas yermas, inviernos helados en palabras frías. No más. Tiempo muerto, tiempo esquivo, tiempo dormido. Ignorar las nuevas olas que surcan el rostro de tus padres, las nuevas nieves que congelan su cabello, ignorar que les queda poco recorrido. Tiempo doliente como navaja con su brillo de augurio, su punta que clava. Tiempo doliente como sangre que sangra que deja las venas y que cae a la nada. Olvidarlo. Saberlo. En el fondo. Pero ignorarlo. Hasta que en una velada, un anuncio que mata, doce campanadas de trueno, doce espejos al alma. Y entonces mientras esos espejos te van reflejando el alma, miras lo que hay en ella, y si vale la pena salvarla. Otro año. Nuevas penas, nuevas armas disparando sus silencios a tus entrañas. Tiene sentido esta farsa? Día tras día, hacha tras hacha. Seguir andando camino sin saber a que destino, por inercia por olvido a saber parar y decir basta. El pasado pesa, el futuro arde y el presente duele y necesito justificarle. Algo que me ate a la vida, que equilibre la balanza en la que hay el envejecer, la muerte y la desesperanza. Algo que la sostenga, necesito como boca para gritar mi rabia, a un motivo que me ate a esta condenada. Lo necesito como los ojos necesitan mirada, como los sueños soñador o las noches algo que ocultar. Y año tras año lo busco con mis manos y con mis dedos escurriéndose por los rincones como serpientes sin veneno, sin más veneno que el fuego que los quema de deseo de encontrar este sentido que coger entre esos dedos. Y los dedos, y las manos y el deseo desesperados se sumergen a la búsqueda que les dé el cielo. Pero no tienen alas y tienen miedo y no encuentran a más que el tiempo, que con sus ojos y sus espejos les sumerge en el desierto y un nuevo año, un nuevo peso cargan al alma, cargan al cuello. Porque no ha sabido decir “me planto” y acabar el calendario. Y así la inercia fluye y gana y pasa el tiempo y olvidas su cara, las primaveras y las mañanas hasta que el año vuelve acabarse y todo el mundo a reencontrarse, ante la tele, ante su miedo con este mozo llamado Tiempo. Y hoy necesito verlo y mirarlo, plantarle cara y desafiarlo. Decirle que aunque él vaya muy bien armado, yo tengo armas con que enfrentarlo. Pero la realidad no es esa, en este año él me ha vencido, me ha desnudado y me ha violado y dejado solo con mis suspiros, me ha sacado sueños y amistades, ilusiones, seguridades...Y ahora él vuelve para anunciarme que a un nuevo año hay que afincarse. Y yo siempre, siempre, siempre me quedaría en el pasado porque el futuro me hace daño y no encuentro con que endulzarlo. Muerto primero, antes que vivir siempre en un sinsentido. Y ahora él viene, como un galante me abre la puerta y dice “Adelante”. Y no puedo y no quiero cruzar la puerta y entrar al año yendo desnudo y desarrapado. Ni siquiera podré celebrarlo a contrapecho pero bailando. Porque estoy enfermo y malo, enfebrecido y adormilado, ansioso y angustiado y con unas anginas de caballo, con pus, con tics y otitis y dolores varios, hecho una mierda, un estropajo. Y no sé lo que me espera en este año que nos alberga. Habrá tristeza, habrá alegría, lo que me asusta es en que medida. Pero puestos a ir sin ropa, intentaré sacarla toda. Sacar el miedo, sacar el ansia que me hace frío y poner distancia. Quitarme el temor a que me dañen, a que se burlen o a que me engañen, sacar el miedo al sufrimiento, al rechazo y ser valiente. Porque estos miedos me hacen lejano, ausente y muy extraño. Y yo en cambio a veces siento que en el fondo yo soy muy tierno, que como todos yo necesito algo de amor y de cariño y que si pudiera ser yo mismo sin la vana ropa que me tapase y me protegiera de mis traumas y mis tristezas, de mis complejos y de mis penas, otro gallo cantaría y la canción sería bonita. Así que ya que este año que ya ha acabado me he saqueado y desarrapado, y me sacado lo bueno y dejado lo malo. No sé si tendría sentido volver vestirse con los vestidos de desengaños y falsos amigos. Así que para el 2007 habrán cambiado mis objetivos, y un nuevo sueño ya me he hecho mío desde este instante en que lo escribo. Quiero encontrarme y ser yo mismo, no aquel que actúa asustadizo, presa de miedos que lo hacen frío, que lo hacen seco y lo hacen esquivo. Quiero descubrir quien se esconda tras el ropaje que es mi traje. Va a ser difícil, será muy duro, pero este sueño es sólo mío y nadie me podrá hundirlo. Así que mientras veo este nuevo año que aquí viene, le doy la mano y feliz le digo “Adelante 2007”
Esta canción que oyéndola me la he sentido muy mía os la dedico con todo mi amor a todos los que me habéis ayudado, animado y apoyado. Y muy especialmente a Tatojimi y Salva que habéis sido los “culpables” de que empieza a creer que tras de mí puede llegar a haber algo bonito. Va por vosotros. Adelante 2007!
FELIZ AÑO NUEVO A TODO EL MUNDO
Esta canción que oyéndola me la he sentido muy mía os la dedico con todo mi amor a todos los que me habéis ayudado, animado y apoyado. Y muy especialmente a Tatojimi y Salva que habéis sido los “culpables” de que empieza a creer que tras de mí puede llegar a haber algo bonito. Va por vosotros. Adelante 2007!
FELIZ AÑO NUEVO A TODO EL MUNDO
A veces es mejor estar muerto

Un día de abril de cuando estaba apunto de cumplir 18 años renuncie a mi vida, a mi libertad venidera. Me dolía en el alma dejar de ser yo, dejar de sentir mis propias emociones y pasar a ser una prolongación de la voluntad de los médicos. Pasar a sentir una falsa alegría, un falso bienestar ya no personales sino ajenos. Esclavo de pastillas, de estados de ánimo predeterminados que borraran las huellas de mi auténtica realidad, de la vida que me tocaba, por la que había luchado como había podido y la cual había perdido fracasando en mi intento de ser yo, enterraba al cumplir la mayoría de edad al rober que había vivido y muerto a la antesala de una libertad para él inalcanzable. Recuerdo bien aquel día de primavera en la que la vida florecía, como a las tres de la madrugada cuando mis padres ya dormían y yo acababa de llorar las últimas lágrimas entre sollozos y ahogos, como tome la primera pastilla con la plena conciencia que los ojos que verían el próximo amanecer, serían ya los de un muerto en vida. Por eso no quisieron ver lo que ya no le pertenecía y fue a su tumba y siguió llorando por la pérdida entre las sábanas en las que se escondería como un fantasma cuando por la persiana entreabierta tímidamente despertaran los rayos de un nuevo día del que ya no formaba parte.
Hasta que las pastillas hicieron su efecto y me medio estabilicé pasó más de un año que fue el peor de mi vida. No podía hacer nada, ni ir a clase, ni relacionarme, ni salir de casa, ni escribir, ni pensar. Era desesperante, estaba tan bloqueado que vivía en un vacío cósmico, en una oscura noche eterna. Las horas no acababan de pasar nunca y la somnolencia me mantenía en un estado lamentable. Y la tristeza y la depresión y la soledad...
Poco a poco la medicación hizo su efecto y pude empezar a hacer pequeñas cosas como salir a la calle o ir alguna hora a clase. Y así estuve muchos años, ampliando mi espacio físico aunque encerrado en mi cárcel emocional y comunicativa. Pude de nuevo pensar y hasta escribir. Y esto mantuvo mi existencia.
Hace algo más de un año pude hacer un pequeño túnel en mi prisión que comunicara con un par o tres más de celdas y así logré una prisión a ratos compartida. Aunque cuando definitivamente íbamos a tirar las paredes de por medio, no sólo nos impidieron este propósito sino que nos descubrieron y tapiaron los túneles volviéndome a mi soledad.
A veces soñamos. Y yo dentro de mi esclavitud aprendí a soñar con la vida que quería: Ir de flor en flor y si algún día lograba querer, no renunciar por eso a la tan anhelada por tan inalcanzable libertad de mis fantasías, teniendo una pareja abierta. También poder escribir y tal vez algún día publicar algo. Y sobretodo tener amigos de verdad con quienes poder compartir, apoyarnos y reír y llorar juntos.
Algunos sueños fueron cayendo por si solos. El resto han caído después, cuando obedeciendo a mi nuevo psiquiatra -que a diferencia de lo que opinaba el anterior el cual decía que necesitaba la dosis de medicamentos que ahora tomaba para toda la vida- me ha empezado a reducir la dosis de antidepresivos porque él cree y aspira a que vuelva a ser otra vez yo, el que enterré al cumplir los 18, y que ahora no sólo sea yo, sino que cumpla la mayoría de edad y sea al fin libre.
Hace ya más de una semana que he bajado la dosis y ha vuelto la pesadilla. Ha sido como si los últimos 6 años hubieran sido en realidad una ficción, una película, una alucinación conseguida con las pastillas. Y ahora se ha acabado la película y vuelvo a mi realidad, a reemprender los sentimientos donde los había dejado a mis 17 años. Sí, me estoy empezando a volver a sentir como entonces. Por un lado como en los primeros tiempos de tomar las pastillas, zombie perdido, vencido por la somnolencia, muerto de sueño no pudiendo hacer más que dormir y dormir. Y por otro lado con los mismos sentimientos destructivos, negativos, espantosos, deprimentes de mis 17 años. Y siento rabia, tristeza, desolación, amargura e impotencia de ver como la historia se vuelve a repetir, de como en realidad toda mi lucha ha sido absurda, vana, estúpida porque a pesar del aparente esfuerzo que me ha costado ir ganando parcelas al miedo y a la desesperanza, batallas de las cuales yo me creía vencedor – y tal vez de lo único que me podía sentir orgulloso en esta vida- he visto que estos triunfos no han sido míos, sino fruto de unas pastillas que al dejarlas de tomar me han vuelto a mi verdad.
El día de Navidad me sentía tan desgraciado, lleno de tanta energía negativa y pensamientos destructivos, que fue difícil tanto por mí como por mi madre que me había visto con lágrimas en los ojos, mantener la falsa sonrisa mientras comíamos ante mi tía y su entusiasta alegría navideña.
Empiezo a tener dudas de si mi morfoanalista y el psiquiatra al que ella me ha enviado tienen buenas intenciones. No sé, quizás sólo es una forma desesperada de negar todo lo negativo que me dijeron sobre mis padres, aunque en el fondo siento que tienen razón y que no puedo confiar en mis progenitores. No obstante, mis terapeutas me han dicho que los tengo que coger a ellos –a mi morfoanalista y mi psiquiatra- como modelos con los cuales me pueda identificar y crear una concepción y visión del mundo sana. Pero y si lo que quieren es distanciarme aun más de lo que estoy de mis padres, hacerme sentir completamente sólo para que me agarre a ellos y me puedan manipular? Yo siempre he necesitado de alguien que me aconsejara y me animara y me hiciera un poco de guía. Quizás porque como me dijeron ellos nunca he tenido ningún modelo con el que identificarme. Pero ahora estoy débil, vulnerable, sin apenas gente con la que relacionarme ni apoyarme, con mi salud en las manos de este psiquiatra. Podrían hacer conmigo lo que quisieran. Y más de una persona me ha advertido que vaya con cuidado que esta terapia no sea sectaria. Además uno de mis amigos y comentaristas del blog, Jas, que me ha ayudado mucho, desde que él, unos meses antes que yo, empezó esta terapia que nuestra relación ha cambiado. Ya no hemos quedado más, apenas nos comunicamos y en el blog, ya veis, ha pasado de comentarme en todos los posts a apenas hacerlo. No sé, quizás es casualidad o sea por otra cosa, pero quien me dice que estos terapeutas no son una secta que prueban de alejar a los pacientes de su círculo de amistades y familiares para poder manipularlo más fácilmente? Al fin y al cabo, algunos de sus métodos, como la astrología, no dejan de parecerme un tanto estrambóticos. Pero son tan agradables y cariñosos y sobretodo mi morfoanalista me hace sentir tan bien y arropado cuando estoy con ella, que yo necesito confiar en alguien. Pero me temo que en esta vida no se puede confiar en nadie, más que en uno mismo. Y estoy apañado porque yo mismo soy mi peor enemigo.
Creo que estoy perdido lo mire por donde lo mire. Todo empieza a ser como la primavera de mis 17 años. Aquella en que me quería suicidar porque no podía más. Y lo podía haber hecho. Seguramente hubiera sido lo mejor. Pero por miedo o por ingenuidad opté por vencer mi muro interior y ponerme en manos de loqueros y en alma de pastillas. Y morí. Pero de otra manera. Y ahora me han probado de resucitar, pero cuando la vida es sólo dolor, se piensa que a veces es mejor estar muerto. Bajo el sueño de unas substancias. O bajo tierra. Bajo una sábana. O bajo una losa. Bajo una falsa felicidad. O Bajo una eterna noche de paz. He intentado renacer. Pero no he podido. Sólo quiero dejar de estar vivo. Dejar de sufrir. Dejar de vivir muriendo. Y en estas noches de invierno o volver a mi sueño o dejar para siempre el sufrimiento. Cualquier cosa, antes que soñoliento, deprimido, vacío como un viento que aúlla, un viento de invierno, sin alma y sin cuerpo, errar por la vida, sin más guarida que el propio infierno. Por eso aunque duela y dé mucho miedo a veces yo siento que es mejor estar muerto.
*
Salva es que estoy viendo como vuelven todos los síntomas que tuve entonces. Ahora es el sueño y la tristeza, pero volverán los tics y la ansiedad y no podré salir a la calle. Volverá el bloqueo y no podré pensar, ni escribir más en el blog y sin escribir, sin palabras estoy muerto. No quiero pasar por eso. No lo soportaría. Sí quizás no pase. Pero ahora estoy en el momento en que estoy empezando a comprobar como la historia se vuelve a repetir. Y yo no pienso vivir lo mismo otra vez. Lo sufrí una vez. Y lo aguanté. No sé como, pero lo logré. Pero no soportaría volver a vivirlo. No soportaría que la historia se volviera a repetir. De todas formas me has hecho sentir un pequeño gran gozo cuando me has dicho que te ha gustado haberme conocido y que te gustaría seguir leyéndome. Saber que importas un poquito ni que sea a alguien te da fuerzas. Yo te he de decir que tus comentarios me animan y gustan mucho, que tienes mucha empatía y sensibilidad y que te agradezco enormemente el tiempo que me dedicas comentando.
Tatojimi no es sólo este amigo quien me llevó a este estado. Es todo en general. El llamar al ricitos diciéndole que lo encuentro a faltar y que tengo ganas de saber de él y que a ver si como habíamos dicho, quedábamos el sábado, y su total pasotismo, no dignándose ni a contestarme. El haber acabado el semestre y saber que ahora estaré más de un mes sin ir a clase, sin poder distraerme y sin tener obligaciones lo cual siempre me hace sentir mal. El creer que no tenía ningún amigo. Y que se acercaba la Navidad. Y que me bajarían la medicación y posiblemente me encontraría mal otra vez. Y la desolación que sentí cuando primero mi psiqui y luego mi morfoanalista me dijeron que no podía confiar en mis padres, que ellos no sabían hacer de padres, que no escuchaban ni comprendían, que era un huérfano y que a su lado no sería feliz y que tendría que alejarme de ellos.
Bienvenido de nuevo Koeps, gracias por el consejo paperboat y diego no pasa nada, feliz año a ti también.
Sombra

Desde hace un par de semanas que mi cuerpo se ha rendido, ha tirado la toalla. Mi cuerpo o yo, no lo sé. La cuestión es que paso de cuidarlo. Y esto que está enfermo, con una otitis extrema, con una gripe que no se va, con dolor de cabeza, arcadas. Habría de cuidarlo, ponerme el antibiótico que me recetaron, ya lo sé. Pero es que me he dejado llevar por la espiral de la desidia, del desencanto o simplemente mi cuerpo se ha cansado de luchar. Ahora ya ni siquiera hago los horarios intempestivos de ir a dormir a las dos del mediodía. Ahora me puedo estar dos días seguidos a la cama y luego dos días sin dormir. Todo y que cada vez me paso más horas durmiendo. Ya paso de regímenes, y simplemente como cuando me apetece. Pero debo comer aun menos porque mi terapeuta me ha dicho esta semana que me ha encontrado mucho más delgado. He dejado de hacer las pequeñas cosas de la higiene diaria y la medicación la tomo solamente cuando me acuerdo. Me acabo de levantar pero no tengo fuerzas ni ánimos para escribir el post que quería hacer. Estoy muy cansado. Ya sólo soy una sombra que se quiere fundir en la oscuridad de la noche, del sueño, del olvido. De verdad que quería escribir. Pero no puedo. No puedo! Mierda, no puedo...
"Chiquitito sabes muy bien"

A veces vivimos nuestra propia vida y no somos conscientes de ella. Vivimos como dejados llevar por la corriente, pero somos incapaces de definir nuestra historia. Y aquello que hemos vivido en propia piel, puesto en palabras y pronunciado nos parece algo ajeno, extraño.
Hoy he ido de nuevo al psiquiatra. Me ha hecho daño con lo que me ha dicho. Me ha hecho daño interpretando mi propia historia. La verdad a menudo duele. Sí, hay tantas verdades como personas. Y no tiene porque tener razón. Pero me ha dolido lo que me ha dicho. Que mis padres no tienen ni han tenido demasiada salud mental. Que son inmaduros. Que mi desgracia ha sido tener unos padres que eran más niños que yo. Que no están preparados para ser padres. Que en el fondo soy un huérfano. Que eran incapaces de admitir un hijo que no fuera el que ellos querían. Ni de escuchar nada que no fuera lo que quisieran oír. Que con mi padre queriéndome curtir a golpes, mi madre deprimida y mi abuela loca y agresiva y mi amigo de infancia haciéndome bulling durante más de 10 años que era casi un milagro que hubiera aguantado estable hasta los 17 años y que lo haya podido llevar sin acabar muerto, enfermo o en la cárcel. Que eso sólo había sido posible porque yo a diferencia de lo que me creía, no era débil sino fuerte. Y que en realidad era la vida quien me había debilitado y quien me había hecho asustadizo y que llegado el momento de salir del cascarón estuviera en estado de choque, incapaz de actuar, paralizado, aturdido. Que yo no me podía fiar de mis padres.
Yo que me había negado hasta el punto de que ellos pensaran, decidieran y actuaran por mí, yo que me había entregado ciegamente a ellos, había hecho doblemente mal.
Y me ha hecho sentir más solo e incomprendido que nunca. Al salir he llamado a mis padres. Necesitaba escuchar su voz. Y los oía como me hablaban y como hablaban entre ellos y era como si no fueran mis padres, sino unos extraños. Y he andado y andado por esta gran ciudad, lejana de mi hogar, donde estoy solo. Y perdido en mi interior, las lucecitas navideñas me decían que en mi casa no estaba mucho más acompañado.
Entonces he encontrado una parada de metro y he penetrado a las profundidades de la tierra. Algo me atraía hacia ella. Y al subir en el vagón he visto que este era el tren que cogía a los 18 años para volver de la facultad donde empecé a estudiar psicología. Y de pronto era como si no hubiera pasado el tiempo, como si yo volviera tener 18 años y volviera de mi facultad. Un estudiante joven y tierno se ha sentado en el suelo frente de mi porque ya no quedaban sillas vacías. A la siguiente parada ha subido un grupo de adolescentes extranjeras y las chicas se han sentado también al suelo, unas apoyadas en las otras. El joven estudiante le has preguntado algo y han empezado a hablar y reír en inglés. Yo no podía dejar de mirarlos y durante un instante una de las chicas también se ha fijado en mí. Le he esbozado una leve sonrisa de complicidad. De una complicidad fantasma. Y es que aquel ambiente distendido de jovencitos acomodados por el suelo me ha llevado un torrente de sensaciones. Estaba reviviendo el pasado que nunca viví. He tenido la sensación que aquel tren me estaba llevando hacía atrás. Hacia la nada. Hacia el país de Nunca Jamás. Que yo era el estudiante que acababa de superar la selectividad y que venía a estudiar a la capital. Pero que no era el infierno que yo viví entonces, del que los ojos bajos y la mirada rota de la vuelta en metro de la facultad eran sólo la coda de una música fúnebre y descarnada al mismo tiempo. No. Sino que yo era un joven feliz ilusionado con su nueva carrera y su nueva vida en Barcelona que día a día descubría, y que contento y partícipe de un entorno al que se integraba, con otros jóvenes estudiantes cambiaba sonrisas y miradas cómplices. Como lo estaba haciendo ahora para huir del dolor, para olvidar, para perderme lejos de mí, en el yo que quise haber sido y no fue. Entonces no sé muy bien de donde, ha empezado a sonar la canción “Chiquitita”. “chiquitita dime porqué, tu dolor hoy te encadena, en tus ojos hay una sombra de gran pena. No quisiera verte así aunque quieras disimularlo si es que tan triste estás, porque quieres callarlo. Chiquitita sabes muy bien que las penas vienen y van y desaparecen, otra vez vas a bailar y serás feliz como flores que florecen” Y no he podido evitar que una lágrima regara mi flor. No sé si para hacerla florecer o para ahogarla. Y me he preguntado que sería de mi? Si las penas vienen y van y desaparecen? Si encontraría mi hogar y mi gente? Si conseguiría acercarme a las personas. Dejar de tenerles miedo y dar un paso hacía ellas. Ni que fuera como hoy, con la leve sonrisa de una complicidad fantasma con la chica del metro, porque necesitaba como fuera huir de mi realidad. A otra vida. Pero la cálida voz maternal y musical, como por obra del destino o la misericordia me ha devuelto a la mía. Con la ternura y la comprensión que necesitaba para enfrentarla de nuevo, con el peso de las nuevas verdades. Para enfrentarla y no quedarme indefinidamente en este tren de ensueño bajo tierra. En estos 18 otoños fantásticos e imaginarios. Para ser capaz de volver a subir a la superficie de la tierra y asumir lo que tenga de ser, que ahora es, desde esta misma noche, bajar la medicación. Para emprender el camino que un día quizás me lleve a la tumba que una vez cave para el chico derrotado y muerto alimentado a partir de entonces por estados anímicos artificiales a la merced de los médicos. A una tumba que si llego algún día, profanaré para besar al cadáver, hacerle el amor y susurrarle al oído que es posible luchar y sobrevivir y conseguir ser uno mismo en este puto mundo a pesar de todo. Y nos amaremos hasta ser uno de nuevo y partiremos a luchar y a vivir y allí se quedará la tumba vacía, solamente con un pequeño señal de apoyo para los viajantes que la crucen: una flor que florezca. Feliz Navidad.
*
Enis, no puedo más que darte las gracias. Gracias por no considerarme ningún bicho raro, gracias por ser un sol y gracias por dedicarme un quien es quien, que me haría mucha ilusión leer y que te rogaría que me enviaras por correo o que me lo pusieras en un comentario en mi blog. A mi también me caíste bien, aunque apenas hablamos. Un abrazo
Betulo, anda pues yo creía que en el primer blog, exceptuando los dos primeros meses estaba más contento que unas castañuelas. No sé. Quizás había más alegría pero menos esperanza.
Porvosmuero, si es bonito creer que hay alguien que te quiere echándote un cable desde el otro barrio.
Salva me encantan tus comentarios. Me gusta que compartas recuerdos conmigo y con todos. Lo de tu abuela muy jodido. Siempre es penoso después de perder un ser querido, ver como la gente saca su parte más baja peleándose por el dinero. Como si el amor hubiera sido una comedia. Ha de ser un desengaño terrible. En mi caso había también culpabilidad porque yo creo que alguna vez había deseado que se muriera. Yo la quería pero como estaba agresiva y teníamos miedo que nos matara, es duro querer y temer a la vez a una persona. Y yo la única vez que he llorado ante alguien también fue el día que mi abuela enloqueció. Cuando murió ya no. No lloré ni ante alguien ni solo. Ni una sola lágrima. Pero fue peor porque se me quedó a dentro y me pudrió y hizo que no lo pudiera olvidar. Seguiré esperando con ganas tus comentarios.
JuanSe no seas tonto, si te llevaste genial conmigo. Yo estaba cortado y tu no parabas de animarme y de bailar conmigo. No era momento para hacer cafés tranquilos, que éramos un grupo y tu eres un grandísimo anfitrión. A mi también me encantó conocerte. Me dejaste perplejo con tu soltura y desparpajo y me alegré mucho de ver que finalmente habías encontrado un peazo novio que te cuide y te mime como te mereces. Un besazo y gracias por tus palabras.
Fantasmas del pasado

Aviso: Esto no es ninguna historia ni ningún cuento. Es real.
Cada noche cuando estoy leyendo se me aparece mi abuela muerta. Pasa por mi habitación o se sienta en una silla a ver la tele o hacer ganchillo. Y yo a veces estoy tranquilo, pero a veces muy asustado. Porque sé que está muerta, porque sé que es un fantasma y los fantasmas me asustan, vosotros lo sabéis bien...O peor aún, pienso que estoy loco, que soy esquizofrénico, y que mi mente me está atormentado. Sea como sea, cada noche allí está ella. Yo sé que no es real, que se fue, que me dejó solo en una familia de locos, donde ella era la loca más cuerda. Se fue cuando más la necesitaba. Y no existe. Pero está aquí, conmigo, cada noche, acariciando mi soledad. A veces es espantoso, y la temo como la temía en vida, en los últimos años cuando loca y agresiva, esperaba desquiciado, interrogante que me dijera palabras tiernas o que me clavara el cuchillo, que mis padres decían que un día nos hundiría en el vientre. Y a veces vuelve con su cuchillo y me persigue y huyo despavorido de un fantasma que existe y no existe a la vez. Porque está allí, delante de mí, puedo ver sus ojos y oír su voz. Y cuando me atrapa, tengo de cerrar los párpados para no morir de miedo. Los abro de nuevo. Y ya no está. Me vuelvo sentar a leer. Y al cabo de un rato se vuelve abrir la puerta y vuelve entrar a ella. Sólo mirándola a los ojos ya sé si es mi abuela querida o mi abuela temida. Si es la primera, respiro tranquilo, y con una extraña apacibilidad sigo leyendo y de vez en cuando la miro de reojo para asegurarme que sigue allí conmigo, callada pero presente, arropándome desde una locura compasiva. A veces me hace algún comentario y empezamos a hablar.
Cuando estoy en casa de mis padres comiendo, hay una silla vacía. La suya. Pero a veces ella está con nosotros. Evidentemente mi padre no lo ve. Ni su hija tampoco. Como en silencio. Alguna vez pierdo el sentido del lugar y no acordándome que están mis padres allá le haga algún comentario a mi abuela. Mis padres extrañados me preguntan que estoy diciendo. “Nada” respondo.
Por Navidades cuando estábamos toda la familia reunida, es decir mis padres, la hermana de mi padre, el hermano de mi madre –e hijo juntamente con ella de mi abuela-, su esposa y mis tres primos perfectos, después de la sobremesa nos dispusimos a tirar unas fotos. La hermana de mi padre que es la que siempre las tira, nos hizo hacer una foto de familia y ponernos todos allí. Se pusieron mis primos. Mis tíos. Mis padres. Mi otra tía me llamó. Solamente faltaba ponerme yo para ser todos. Y yo que estaba despistado y ansioso, no me di cuenta, y al ver a mi abuela al otro lado sola, mientras todos esperaban que me pusiera en situación, dije: “Y la abuela, que no sale en la foto?”. Se hizo un silencio sepulcral. Como si todos hubieran penetrado en este más allá. Mis propios padres me miraban con una mezcla de miedo y condescendencia. Nadie osaba romper el silencio. Yo me di cuenta que había metido la pata y dicho lo impronunciable. Por todos lados veía ojos que se clavaban en mí, implacables, como los cuchillos de la abuela. No podía soportar sus miradas asesinas. Juzgadoras. Cada vez más intensas. Me oprimían. Como si en realidad todos fueran espectros y mi abuela la única real. Espectros, zombis silenciosos con miradas de plomo. Estaba acorralado. Sin escapatoria. “Abuela, vayámonos! Llévame contigo donde quiera que habites!”. Pero la abuela ya no estaba. Y mi familia zombye me tenía atrapado. “Noooo!!!”grité horrorizado víctima de aquella familiar orgía carnicera en que todos me devoraban.
Cuando mi abuela murió, hace 10 años, yo no lloré. Ni una lágrima. Ni la quise ver muerta. Porque no podía soportar la idea de que hubiera muerto. Había sido mi segunda madre. Vivimos siempre juntos. Aguantado por sus manos di mis primeros pasos. Sus manos me bañaron por primera vez. Y todas las tardes de mi infancia. Después de llevarme al parque, después de jugar juntos, o después de ver la tele sentado entre sus brazos. Para mi no se podía ir y dejarme en manos de unos padres que me hacían daño. No podía. Así que se fue sólo una parte de ella. Porque desde aquel mismo día hasta el día de hoy todas las noches me ha hecho compañía. Ha estado aquí conmigo. En mis sueños sí. Pero ha estado. Ni una sola noche he dejado de soñar con ella. La mayor parte de las noches son pesadillas. Porque yo sé que está muerta y no obstante se me aparece. Y yo sé que esto no puede ser y me asusto. Y sufro y lo paso mal. Y chillo y revivo mis miedos. Pero estoy con ella. Y eso es lo importante. Sufrir con ella. Temerla. Pero saber que está aquí conmigo. Haciéndome compañía. Velando por mis sueños. Y por mis despertares. Viva y muerta. Loca y cuerda. Querida y temida. Pero allí está ella. Tan lejos y tan cerca. Ésta o aquella. ¿Qué más da como? Allí estás, abuela.
*
Otro día os hablo de otro fantasma del pasado que sueño cada día.
Y quijote gracias por comprenderme.
Melengrand, a ver si un día charlamos por el msn, que tengo ganas.
Salva: primero de todo, gracias por molestarte a volverlo a escribir después de que este puto servidor te borrara el mensaje. Yo cuando acostumbro a escribir un comentario largo antes de publicarlo pongo copiar por si las moscas. Después, decirte que muchas gracias por interesarte por mí. De verdad, los mensajes entusiastas como el tuyo que se ve que están escritos con interés y con sinceridad me dan fuerza. Tal vez sí estoy falto de cariño. Sabes, antes tenía otro blog. No siempre he sido tan pesimista ni me he rendido a la primera. De hecho durante el año y pico que duró el otro blog- y que brevemente volveré a publicar fragmentado- y en parte gracias a Jas, un comentarista que me ayudó mucho, hice grandes avances. A veces pienso que yo necesito de alguien que me apoye, y que me diga que puedo, como lo has hecho tú, y como lo hacía él, con este convencimiento. Sea como sea, luché, gané y fui feliz pero luego perdí y me desengañé y vi que las cosas no eran como parecían. Y tras un desengaño, tras tantos desengaños no es fácil ilusionarse de nuevo. Otra cosa: que no tenga muy buena concepción de mi, no quiere decir que sea cierto todo lo contrario que he dicho debido a la falta de autoestima. Es decir, me sigo considerando un egoísta –tal vez sea porque tampoco tengo por quien preocuparme y me preocupo por mí, pero eso es sólo la explicación al hecho-. Respecto a tu mensaje general de que deje de autocompadecerme y que luche. Bueno fui a Madrid no? Y luché pero perdí. Choqué con mis límites y es lógico que este choque me duela. Y más sabiendo que siempre es y ha sido así. Nunca me he podido relacionar en grupos. Ya estoy temblando de hecho pensando en Nochebuena que me reúno con mi familia. Y me volverá a pasar lo mismo. Lleva 24 años pasándome. Y no sé como cambiarlo. No lo sé. No puedo. Sé que soy mi propio enemigo. Sé que lo es mi miedo. El miedo sirve para protegerse. Yo tuve una infancia y adolescencia traumática y me tuve que proteger. Pero cuando el miedo cala hondo, también paraliza. Y no es fácil sacarlo cuando has vivido toda la vida con él. Lucho para conseguirlo. Pero a veces él es más fuerte. Mis nuevos terapeutas me han dicho que yo no soy débil, que si lo fuera ya estaría muerto o en la cárcel –hablaré de ello más extensamente en otro post- pero que la vida me ha debilitado. Seguramente no he caído en las drogas o en la delincuencia – como me dijeron que era probable que hubiera pasado- pero he caído en un pozo de autodefensas. Estoy probando de salir de él. Pero se tienen sus días buenos y sus días no tan buenos. Y sus recaídas. Gracias, Salva, por tu mensaje, ya ves que te he contestado. Me alegro que te guste como escribo. De hecho mi sueño sería ser escritor. Pero ya sabes que he perdido la fe en los sueños últimamente. Un abrazo.
LuisM: Anda, estabas cabreado?! Y porque?
Canalla: Sí, aun tengo algo que puedo perder. La salud...Pero intentaré hacerte caso y ser activo en el sexo como en la vida y devolverle a esta canalla todo lo que me he dado por el culo.
Paperboat: Sí, que tonto, yo como que veía que todos hablabais menos yo, pensé que era el único que tenía miedo y en el fondo deberíamos estar todos acojonaditos, aunque cada uno lo disimula a su manera.
Diegodelmar: Que quieres, que cuente lo que no sentí? Yo lo intenté que ya es mucho.
Varshak: Sí, poco a poco supongo. No se puede hacer todo de golpe.
Tatojimi: He estado pensando mucho en tu comentario. Dices que me empeño en interpretar un papel, en querer ser lo que no soy. No sé, tal vez tengas razón y yo sea callado. Y quisiera ser hablador. Y no me sale porque no soy así. Es algo que no había pensado. Pero no me gusta. Yo quisiera hablar, quisiera comunicarme. Y dices quieres ser lo que no eres. Pero yo considero que esto no es como ser alto o bajo. Que no digo que quiera ser un parlanchin. Pero pienso que me gustaría charlar un rato con este o el otro. Y no puedo. Y me frustro. Y quiero y quiero. Y me lo digo y me voy chinchando hasta que me ansio. No sé.
Porvosmuero: Por mi encantado. Cuando quieras amigo J
Jesús: Felices 30 chato! Ya te felicité por móvil y postal pero lo vuelvo hacer por aquí. Espero que fuera bien el día. Muacks
J’a: Pues a ver si hacemos una en Barcelona y así sí puedes ir. Aunque visto lo visto me temo que el que no iría sería yo.
Tan cerca, tan lejos...

Podría contar lo que hicimos en la quedada pero como que seguramente esto ya lo contarán otros, yo contaré mi experiencia, como me sentí.
Yo en el fondo sabía que no estaría bien, pero como muchas veces mis miedos son infundados y al enfrentarme a ellos los supero, quise creer que esta vez también sería así, me quise ilusionar con este encuentro porque necesitaba como respirar encontrar algo con lo que ilusionarme. Todos se llevaron fenomenal y intentaron hacerme las cosas fáciles, pero la situación me superó. No sólo estuve callado y cerrado y bloqueado y paralizado y lleno de miedo y de ansiedad sino que ni tan siquiera pude estar agradable o correcto. Desde que canalla y tatojimi me vinieron a buscar al aeropuerto, que noté como me quedé paralizado. Como en realidad no sabía que decirles, como no podía mostrar mi ilusión y mi alegría por conocer al primero y reencontrarme con el segundo. Me quedé sin palabras. Canalla intentó romper el hielo interesándose por mi, pero yo sólo podía contestar con monosílabos.
Sensaciones muy extrañas se han mezclado en mí en estos dos días. La ilusión, curiosidad y sorpresa de conocer a gente que llevaba leyendo y chateando desde hace algún tiempo, y la impotencia, frustración, tristeza, ansiedad, angustia y soledad de sentir que no podía acercarme a ellos, que por mucho que me tendieran la mano yo seguía solo, como lo estoy cada vez que me reúno con mi familia por Navidad, como lo estaba a la pubertad con mi grupo de amigos heteros que no tardé en abandonar por sentir constantemente esta impotencia de estar tan cerca y tan lejos a la vez. Y me ha dolido ver que con personas de mi misma condición sexual, con personas que me conocen, saben lo que pienso, lo que siento, que me leen, me comprenden y me aceptan, con personas que no podía estar íntimamente más cerca, que me haya sido imposible salir de mi prisión. Porque me he dado cuenta que no hay manera de salir de ella, que nadie puede atravesar la barrera.
La primera noche la pasé con todos. Aunque absente en las charlas primero, y huyendo del grupo constantemente en la disco donde fuimos después, porque me sentía mal estando allí como un pasmarote sin poder decir nada.
El segundo día, sin embargo fue el peor. Cuando me levanté me noté tan ansioso y angustiado y con tantos tics que me lloraban los ojos que decidí que no podía salir con el grupo. Era una pena porque los que dormían en mi pensión me llamaron para que fuera a tomar algo con todo el grupo. Y es lo que yo hubiera querido. Estar con todos. Pero no de esta manera. Sintiéndome mal. Ansioso. Sin hablar. Sin poder participar de la complicidad que reinaba. Así que enfurecido conmigo mismo, impotente y sintiéndome más solo que nunca me dispuse a pasar el día solo. Fui de tiendas, a comprar mandarinas –que llevaba día y medio sin beber ningún líquido-, probé de ir al teatro a ver una obra que me hacía ilusión pero llegué tarde y no pude entrar, me perdí, decidí ir a dormir y pasar de salir con el grupo a cenar y de bares. Apenas pude dormir –llevaba tres días que apenas dormía- pero me calmé lo suficiente como para llamar al grupo para saber donde estaban para salir unas horas de marcha con ellos. Yendo hacia chueca encontré la concentración de osos. Luego llegué a la disco donde habíamos quedado. Muerto de frío. Porque había ido a Madrid sin abrigo! Allí de nuevo, iba por mi cuenta porque lo pasaba mal estando con el grupo sin decir nada. Casi con los únicos que hablé fue con Alex y su novio que eran dos soles. Y también con JuanSe que era el anfitrión que probaba de estar por todo el mundo. No entiendo muy bien porqué, pero estaba terriblemente agotado. Tal vez porque llevaba días sin dormir, muchas horas sin comer, por el desanimo o quien sabe porqué, pero casi ni me aguantaba en pie. Ligue con un chico. Pero estaba tan rendido que no tenía ganas de sexo. Pero me dije que no podía ser ir de viaje a Madrid y no llevarme un buen polvo de recuerdo. Así que todo y que el chico parecía algo arrogante y poco mimoso –en la disco no me daba besos y medio pasaba de mí pero cada vez que yo me iba corría a venirme a buscar- accedí de ir a su casa ya que dado que dentro de pocas horas tenía que prepararme para coger el avión tampoco podía ir a dormir. Así que dejé que me diera por el culo, como me habían dado mi confianza en que todo iría bien, mi miedo y mi ansiedad. El resultado, como en todo lo anterior, fue dolor. Aunque se ha de reconocer que el tío –que era venezolano y tenía 27 años- tenía un cuerpazo exquisito que me puso a cien. No obstante decidí que a partir de ahora, basta ya de dolor, basta ya de que me den, que iba a ser yo quien iba a dar por el culo. En el sexo, claro. En la vida, por mucho que te empeñes en enfrentarla de cara, ella no tarda en ponerte mirando para cuenca y en darte una y otra vez. Y por mucho que te asqueé es ella la que manda, la que impone y dispone y la que sin piedad te viola, porque no se puede decir hacer el amor a la fuerza que te ata a veces a la vida. Porque en este mundo sólo o te dan por el culo o das tu. Nunca se folla. Siempre se fuerza. Y creer que haces el amor es engañarse a uno mismo, creer que deseas lo que en realidad repeles. Creerte tus propias mentiras.
Al salir de su casa, desorientado me fui en dirección contraria. Pero la fortuna hizo que por aquellas calles solitarias erraran dando tumbos tres muchachas borrachas que me acompañaron mientras nos contábamos mutuamente los ligues nocturnos. Ya sé que no es un gran mérito salir del armario – por primera vez- en chueca, pero me sentí bien explicándoles a aquellas chicas heteros como se la había mamado al venezolano mientras errábamos abrazados pero perdidos por calles desoladas y soñolientas.
Fui a la pensión y me estiré en mi cama con la luz apagada y los ojos abiertos. Pensé. Lo había pasado mal. Pero también lo había pasado bien. Me había gustado conocerlos a todos. Me había gustado saber como le iba todo a Koeps. Me había gustado la conversación inconclusa que habría querido terminar con Melengrand porque me pareció descubrir un chico extraordinario. Lo cariñosísimos que eran Alex y su novio. Me había gustado el poder conocer al fin a Juanse. El poder darle dos besos a ekiots. Las palabras de LuisM. La amabilidad de Pau. La hospitalidad de Rubén. El lapsus con la llamada. La cena tranquila descubriendo el Kebak con Enis, Judah y el otro Rubén. El saludar de nuevo a hairblue, y a bofr. Las facilidades que me había puesto Quijote para poder comunicarme con él. Y por supuesto me habían gustado el poder abrazar a canalla, las atenciones de tatojimi para que estuviera lo más a gusto posible y el poder ponerles cara a Jubal, paperboat, blue, porvosmuero y arrierita. Así que había sido duro. Había sufrido. Había comprobado mis límites de fuego. Había seguramente perdido amistades porque estuve tan esquivo y frío que muchos seguramente no querrán saber más de mí. Me había sentido tremendamente solo por no poder salir de mi cárcel y saber que siempre me habré de estar en ella. El miedo me había vencido una batalla haciéndome más vulnerable. Pero estos pequeños momentos con cada uno de los bloggers, el salir del armario, el caer por haber osado andar, han hecho que a pesar de todo, esté contento de haber ido a Madrid. Y que haya aprendido que cuando perdemos, no nos quedamos con las manos vacías porque siempre que se pierde algo también se gana otra cosa. Ni que sea que al perder y quedarte con las manos vacías ganas saber para que sirven y servirán siempre estas manos: para poder secarte las lágrimas.
*
Salva me alegra que te haya gustado mi post. Y lo de la madurez es sólo aparente.
Diego el sexo ya lo he tenido, las pastillas las tendría que dejar hoy, tal como quedamos en el médico pero tal como estoy no me veo capaz. Esperaré al menos unos días. Sí, siempre encuentro una excusa...
Los comienzos siempre fueron duros

( antes de empezar el post decir que antes de escribirlo me había bajado "la fuerza del destino" y se me quedó un poco el ritmo de la canción pegada. Así que sepáis que una de las lecturas posibles es con este ritmo. De todas formas ya no os torturaré más con post en verso o musicales)
El sábado fui a la disco/ Era un sábado especial/ La noche no tuvo nada/ de particular:
Chicos guapos/ miradas e inseguridad/ ¿Me miraba este chico / o miraba algo más?
Sea como sea/ no me atreví a actuar/ Otro sábado de baile/ otro sábado más/ Pero para mi tenía / un valor especial.
Y es que tras seis años/ y entonces sólo una vez/ lucí una camiseta ajustada/ que no me volvería a ir bien.
Y es que desde entonces/ empecé a engordar/ mi cuerpo se iba hinchando/ al ritmo de la infelicidad.
Y es que desde los 18/ la mayoría de edad/ en que uno ya es libre/ yo perdí la libertad.
Sobreviviendo a pastillazos/ dejé de ser yo/ me volví un zombye apático/ y también mi cuerpo cambió.
Y a base de pastillas/ empecé a engordar/ al monstruo de mi miedo/ y de mi soledad.
Me mató la libido/ y sueño me dio/ me saco los reflejos/ y la concentración.
Y al ritmo de estas desdichas/ que no podía evitar/ luché por las que al menos/ yo sí podía cambiar.
Y mi cuerpo gordo y fofo/ y sin ninguna atracción/ a base de abstinencia y de plancha/ le he vuelto la ilusión/ de un sábado noche/ volver a lucir/ enfundado en una prenda/ que ya no pensaba vestir.
Fui a dormir tarde/ y la aurora pasé/ chateando con ricitos/ que a aquella hora encontré.
Así que el domingo/ cuando desperté/ ya era de noche/ y en vela la pasé.
Y cuando una nueva albada/ yo vi despuntar/ me lancé a la calle/ y me eché a andar.
Y perdido en el tiempo/ me subí a mi tren/ sin saber que día era/ sin saber que mes.
Soñolientos madrugones/ que iban a trabajar/ también de sueño era mi cara/ y de complicidad.
Y el tren me llevaba/ a una pequeña ciudad/ que había sido cuna/ de mi inocente soñar.
Y es que en Girona soñaba/ con un futuro feliz/ a mi nueva Barcelona/ que no tardé en descubrir.
Y dejé la cuna/ y tocó despertar/ enfrentarse a Barcelona/ y a la realidad.
No fue lo que esperaba/ me desengañó/ ¡que duro es despertarse/ de lo que uno soñó!
Y ahora aunque vuelva/ a la pequeña ciudad/ mi ingenua inocencia/ ya no volverá.
Y no obstante el tren llega/ a la pequeña ciudad/ ella sigue como entonces/ pero ya nada es igual.
Y medio adormilado/ me dejo guiar/ por las piernas y el instinto/ que saben donde van.
Paseo por las ramblas/ puestas de navidad/ y me acuerdo de mis sueños/ y me aguanto el llorar.
Y paso por mi ex casa/ y veo en mi balcón/ a mi ex compañera/ bajo un rayo de sol.
Me cuenta que ahora/ ya no viven aquí/ hoy recoge sus últimas cosas/ y ya la echan de allí.
Y es que el piso ya se vende/ ya no hay vuelta atrás/ un mundo desaparece/ sin poderse recuperar.
Un poco entristecido/ por nuestro último adiós/ tomo el camino/ que cada mañana me vio.
Y finalmente llego/ a la facultad/ y una compañera encuentro/ de tiempos atrás.
Me abraza y me da besos/ ¡que casualidad!/ coincidir con la persona/ que hice más amistad.
Yo que creía que en Girona/ no tenía nada de verdad/ y que diferencia/ con la gran ciudad!
Y de nuevo me he embarcado / arriba del tren/ y por primera vez he añorado/ lo que he dejado en el andén.
Y de vuelta hacia casa/ me he vuelto a preguntar/ ¿Habré acertado viviendo en barna/ o lo he vuelto a cagar?
Y entonces yo me he dicho/ que aun pudiendo volver atrás/ mi destino es Barcelona/ y no lo iba a cambiar.
A pesar de la tristeza/ y la soledad/ aquí estoy con aventuras/ pudiendo zorrear.
Los comienzos son duros/ y siempre lo serán/ pero espero que algún día/ barna será mi hogar/ construido con la lucha/ del no rendirse jamás/ con lágrimas y tristezas/ que florecerán.
Hoy no tengo mucho/ y me tengo de enfrentar/ a algo que me horroriza/ y me hace temblar/ Cambiarme las pastillas/ arriesgarme a apostar/ lanzarse al vacío/ para tocar la libertad.
Cuando no hay mucho/ a lo que poderse coger/ hay que entregarse al destino/ y hay que tener fe.
Y es que si quiero sonreír/ solo hay una posibilidad/ olvidarse de los miedos/ y sobretodo confiar.
Confiar en el destino/ y en su bondad/ y esperar que el futuro/ me de una oportunidad.
Una oportunidad/ una oportunidad/ una oportunidad/ una oportunidad...
*
Bienvenido al blog Salva, gracias por contar la experiencia. Al menos compartidas vemos que no somos los únicos a los que nos ocurre. Jesús pasa tu también un buen puente. Y lo mismo os digo a todos. Me voy para Madrid acojonaito perdío y diciéndome ¡que sea lo que haya de ser!
Quien juega con fuego...

Si es que soy tonto! Y me está bien empleado. Yo que quería jugar a hacer de amante bandido, que me hacía gracia probar de ser por una vez el otro –siempre que fuera una pareja abierta claro, que no soy un enfant terrible-... Yo que no sentía nada profundo hacia ricitos por el contrario de él que parecía medio enamorado de mí...Yo que por el msn lo trataba de forma un tanto caradura y despiadada –aunque siempre tiernamente-... Yo que simplemente jugaba porque era incapaz de sentir nada ... Y yo que creía tenerlo todo controlado y que me parecía tener mis sentimientos y a todo mi ser, inmunes a cualquier estímulo externo, persona y por supuesto a ricitos...Ha resultado que jugando a hacer de amante, entre miradas y sonrisas, y besazos y caricias el juego se ha perdido y el otro me he sentido. Ha resultado que él que estaba medio enamorado de mí, después de la cita le ha pasado la mitificación y que yo que nada sentía, algo en mi despertó. Ha resultado que ayer lo encontré por el msn a las siete de la mañana volviendo del Salvation –él venía de acompañar a su novio a la estación ya que lo había venido a ver a la ciudad de la España profunda donde trabaja ahora, para hablar de lo que había pasado el sábado conmigo, porque su consigna es ser una pareja abierta pero contárselo todo- y que soy incapaz de tratarlo con aquella adorable desvergüenza e impiedad habitual en nuestras charlas. Soy incapaz de tratarlo con aquella indiferencia, con aquella caradura porque me derrito, porque me cae la baba y me sale de dentro de tratarlo con cariño y dulzura. Ha resultado que jugaba porque era incapaz de sentir nada, pero que jugando con los sentimientos y los afectos si corre el riesgo de convertirte en víctima de tu propio juego. Y finalmente ha resultado que yo, el chico que necesita tener todas y cada una de las cosas de la vida controladas, por primera vez se ha dejado relajar, se ha dejado fluir, se ha dejado sentir. ¿Y sabéis qué? Que aunque no vaya a ir bien, no me arrepiento. Al contrario estoy contento que no quepo en mí. Contento porque ahora que me tengo de afrontar a algo que me horroriza de verdad, y no sabéis hasta que punto, ni desde el martes cuantas horas oscuras llorando mirando la ventana que me invitaba a acabar con mi sufrimiento, con el horror y la incertidumbre de un cambio de medicación que temo y que debo dejar de controlar y someterme al médico y entregarme al destino. Estoy contento porque hasta ahora necesitaba como respirar controlar mi vida para no caer en el abismo del miedo y la duda permanente y ahora he comprendido que hay vida más allá del abismo. Que tal vez aunque no las veamos, tengamos unas alas invisibles que nos permiten sostenernos en el vacío. Y que tal vez la vida sea volar. Y aunque el miedo me sigue mortificando, una esperanza brilla ya en el fondo de mis miradas.
Como he dicho, ayer a la madrugada hablé con ricitos y parece que no quiere cortar el contacto conmigo. Eso sí, me citó constantemente a su novio, por lo que me parece que quiere que seamos amigos y nada más. Y yo por primera vez, no quiero ser su amigo, quiero ser su amante. No quiero su amistad, quiero sus besos y sus labios. Y como soy un bocazas y le dije que quería conocer a su novio, pues me ha propuesto de salir este martes con sus amigos y su novio por Salvation. Y no sé si ir. Tengo ganas de verlo y de hablar y reír con él. Pero no lo quiero pasar mal, y si está su novio no lo podré besar ni magrear. Es más, habré de presenciar celoso como una perra como no se paran de dar besitos. Y además que si no podemos tontear, me sentiría muy extraño. Así que me temo que no iré. Si es que... Yo que iba de deborahombres y me los quería comer a los dos, primero al ricitos y luego a su novio, a la vez o por separado, y ahora, ya me veis, no permitiéndome salir con ellos para no sufrir por amor! Si es que hasta mi novela la empiezo a encontrar demasiado racional y a todo le empiezo a ver nuevos sentidos! De todas formas ya sé que para bien o para mal, pero yo no estoy hecho para vivir en pareja. Así que me conformaría en que me diera momentos inolvidables para guardarlos en el corazón. Los roces de la convivencia, el ajuste de horarios y las noche con ronquidos ya se las dejo para su novio. Pero me temo que ni una cosa ni la otra. Que le vamos a hacer! Así es la vida y así es el amor, y el que juega con fuego...Se acaba quemando!
Entregarse al destino

El martes fui a un psiquiatra nuevo, uno que me recomendó mi morfoanalista. Me quería cambiar el mismo martes la medicación. Una medicación que llevo 6 años tomando y me la quería cambiar toda de un día para otro –bueno en realidad en tres días-. Sin apenas conocerme y con cuatro cosas que le dije ya se hizo su propio diagnóstico. Y yo lo veo todo muy precipitado. Lo vi todo muy súbito y algo ingenuo. Pero en realidad lo que pasa es que estoy muerto de miedo. Estos días lo he visto claro. Mi mayor miedo, el más grande de todo, es el miedo a perder el control, y por esto necesito controlarlo todo. Necesito controlar el tiempo –por eso me era tan desesperante que éste esté fuera de mi alcance-, necesito controlar la situación –por eso me cuesta tanto conocer gente porque en una charla siempre hay algo de espontaneidad, nunca sabes con que te saldrá el otro y eso a mi me asusta-, necesito estar siempre bajo control –por eso me aterroriza que se enfaden conmigo, por eso yo no me enfado nunca con nadie o lo disimulo, por eso no puedo llegar al orgasmo ni a correrme porque el orgasmo es perder el control-. Pero ironías del destino, la vida me quiso dar una lección y yo que necesitaba controlarlo todo a los 18 años con los tics hizo que no pudiera controlar ni mi propio cuerpo. Y esto era algo que me desesperaba, que me anulaba y me ansiaba mucho. No sé exactamente a que es debido esa necesidad de no perder el control, tal vez porque mis experiencias pasadas de falta de control fueron nefastas tanto las vividas en mí como en mi entorno. La única vez que perdí el control con el amigo que me humillaba, pegaba e insultaba desde los tres años hasta los quince, después de años y años chinchándome resignadamente, dejándome maltratar, poniendo buena cara y no defendiéndome fue una ira tan inmensa que sólo sentía que lo quería matar, destruir, y cogí lo primero que encontré que fueron unas tijeras –pero igual podía haber sido de estar a mi alcance un cuchillo o una pistola- y se las quise clavar una y otra vez hasta descargar toda mi rabia. Afortunadamente me esquivo y no sucedió nada. Sólo que me asuste de mi mismo. También temblaba de miedo cada vez que mi padre perdía el control y empezaba a enfurecerse, a excitarse, a pegarme o a gritarme como un loco. Y de hecho, aun hoy enseguida pierde los papeles. Y también el enloquecer furioso de mi abuela me dejó muy tocado. Y el odio hacia mi padre. Supongo que tengo miedo de matarlo si me dejo ir, y llevar por mis impulsos y si me permito perder el control. Sea como sea, mi miedo a no poder controlar la situación me paraliza, y hoy por hoy tengo tanto miedo a que con el cambio súbito de la medicación vuelva a perder el control de mi cuerpo y que vuelva al infierno que pasé y que no podría volver a pasar, que me veo incapaz de enfrontarlo.
Llevo años huyendo de mi destino. Transgrediendo los mandatos de mis psiquiatras que me querían sacar o cambiar la medicación. Huyendo, asustado como siempre, ante la tormenta que se me venía encima. Y así seguiría huyendo toda la vida, tomándome contra lo que me han dicho, pastillas por mi cuenta, con tal de no volver al infierno de mis 18 años. Siempre huyendo, pero supongo que esto no puede seguir así. Y es que no puedo estar cambiando de psiquiatra cada dos meses no? Así que se ha acabado todo. Le pedí de esperar a hacer el cambio a la vuelta de Madrid para pasar mis últimos días de paz y felicidad. Aunque precisamente los últimos meses no han sido muy felices. Pero las cosas siempre pueden ir peor. Pasaré mi última semana lo mejor posible. Hoy iré a Lloret y haré feliz a mi madre que es su cumpleaños. Intentaré disfrutar al máximo de mi última semana de relativo sosiego. Probaré de follar lo máximo posible, probaré de conocer gente –me da igual que me usen, que sólo quieran aprovecharse- si me dicen algo –un hombre al Salvation siempre me dice que estoy más guapo cuando sonrío. Hay también quien te mira y pasas de él simplemente porque no te gusta- les pondré la mejor de mis sonrisas y les diré que como va todo. Vendré a Madrid a pasar mis últimos días entre personas amigas donde espero pasar instantes inolvidables. Y después se acabó. Me entregaré a mi destino para que me fulmine, para que me hunda la vida o para que me haga un milagro. Tarde o temprano me había de entregar a él. Y ante él me entregaré solo. Y que sea lo que haya de ser. Me duele que ahora que me había ¿enamorado? –no, yo no me puedo enamorar, pero bueno encaprichado, o tenido alguien que me había vuelto la ilusión- del ricitos, ya no lo podré ver más. Me lo habré de sacar de la cabeza. Porque seguramente todo se habrá acabado. El salir, el probar de relacionarme, el ir a clase, el escribir, el follar y las ilusiones. Si mi vida ya era mísera, ahora se volverá inhumana.
Ya sé que hay por pequeña que sea la posibilidad de que todo vaya bien. Pero sea como sea ya no estará en mis manos. Ya no seré yo quien lo dominaré. Porque sometiéndome a los cambios de medicación de mi psiqui, fuera de mi voluntad, dejar de controlar algo de lo que para mí depende todo lo demás, es lanzarse al vacío. Y es hacerlo contra mi voluntad. Pero a veces hemos de saltar aún creyendo que nos estallaremos.
Y quisiera pasar esta última semana de certeza disfrutando de lo que puedo brevemente perder. Pero mis ojos tristean y no beben de la vida sino que la arrojan con sus lágrimas infinitas y se ahogan en sus aguas muertas.
Supongo que para salir a flote he de recordar lo que he aprendido en el último año. Que yo creía que era un inútil que no podía hacer nada, sólamente estar solo y triste lamentando su pena. Y lo que en realidad ocurría era que me había dejado invadir por el miedo. Había dejado que me ganará la guerra. Que a través de la mitificación del mundo te habías empequeñecido y habías creído que el mundo no estaba hecho a tu medida. Y que no podrías con él ni con los retos que en él se te marcaran. Y debido a esta creencia, la ansiedad ante algo que te creías incapaz de hacer, te domino y hizo que cuando te enfrentaras a los primeros retos de la vida, el malestar de esta ansia no te dejara lograrlos. Y entonces el miedo ya había ganado una batalla porque ya habías visto que eras incapaz de lograr este reto, que podría ser el de acabada la selectividad venir a estudiar a Barcelona. Y como sufriste con el fracaso, te sentiste un fracasado y otros retos menores al alcance de cualquiera también te parecieron infranqueables para ti. La ansiedad se preocupo de garantizarlo. Te atormentó, te martirizó cada noche repitiéndote “No podrás, sufrirás” y cada vez te daba más pánico enfrontarte a aquello. Y al final si te enfrontabas el miedo te paralizaba. Y así primero te hizo incapaz de vivir a la capital, después de ir a clase, después de tener una charla de más de 10 minutos con alguien, hasta que te fue ganando tierras y mares y montañas, hasta que te acabaste creyendo incapaz de todo, un completo inútil. En realidad el miedo te había vencido la guerra y te había hecho prisionero. Pero luego aprendiste a luchar, a enfrontarte a él, a crearte tus propias armas para combatirlo, a aprender a vencer sus tácticas. Y fuiste ganando tus bienes perdidos. Lograste poder salir de casa, y relacionarte, e ir a clase y hasta volver a Barcelona. Aprendiste que para vencer al miedo, no habías de temerlo, ni atormentarte repitiéndote “No podré, sufriré, lo pasaré mal, me vencerá”. No! Todo esto prohibido. Alejar estos pensamientos de la mente. No dejar que te domine antes de enfrontarte a la situación, no imaginarte negativamente como será la situación, porque lo único que consigues es que la ansiedad te invada y te debilite. Poco a poco he ido ganando batallas. Unas más fáciles y otras más difíciles. No siempre a la primera. Pero siempre, si no te rindes. Así que aunque está sea de las más peligrosas, supongo que voy a necesitar el espíritu de guerrero, para luchar en ella. Es fácil decirlo, pero difícil hacerlo, cuando es tu punto débil y sobretodo cuando el miedo es más real que otras veces. Pero supongo que no tengo otra opción. Sólo puedo luchar. Aunque me pese. Aunque me asuste. Aunque me paralice. Aunque sufra. Aunque pierda. Entregarme al destino con el corazón en un puño, con el alma en vilo.
*
Por cierto, una duda práctica. Con la nueva normativa de poner en bolsas de plástico transparentes todos los líquidos que llevemos. Esto incluye lubricante y condones? Es que cuando fue a Madrid en abril se pensarían que me iba a cepillar a la comunidad entera. Me pitó el asunto y venga sacar condones, lubricante, pastillas y de todo de los bolsillos.