Luchando con un fantasma
Vida nueva, blog nuevo. Cuando un fantasma te domina la vida, has de luchar y vencerlo
Sindicación
 
Volver
A la una de la madrugada, pocas horas después de que me levantara, he cerrado la tele al terminar los premios Goya –en que “Volver” ha ganado como mejor película- y en el silencio sepulcral de mi habitación en la que me esperaba una larga noche por delante, mi ventana me ha llamado intentándome seducir. Hacía días que no salía a la calle y la asfixiante atmósfera de la habitación en que me enclaustraba me hacía verlo todo más absurdo y triste. Y la enfermedad. Mi cuerpo había vuelto a caer abatido por la fiebre y el dolor. Mis ojos viciados de estar pegados solamente a la tres ventanas de mi habitación: la televisión, la pantalla del ordenador y la que queriendo ignorar inevitablemente no me podía mantener indiferente a su llamada, que era la ventana a la muerte y a la vida, al vacío y al aire fresco. Sí, mis pupilas estaban cansadas de dormir, cansadas de estar enganchadas a una pantalla, cansadas de llorar mientras ponía música y en la oscuridad me retaba en un duelo no consumado con el abismo que habitaba al otro lado y yo le clavaba los ojos y él me hechizaba hasta que los primeros rayos mortecinos de un sol apenas penetrable iluminaban tenuemente un rostro desencajado por una noche sin tregua. Así que al acabar los premios Goya, cuando la oscura me he susurrado “si yo te digo ven, déjalo todo”, no la he querido escuchar más y a pesar de estar enfermo y de que la noche era invernal, me he lanzado a la calle sin saber apenas donde iba. Dejándome guiar por el miedo que me hacía alejar de mi ventana. La ciudad estaba desolada. Iba perdido en mis pensamientos que iban brotando como brotaban las lágrimas de mis ojos. Y que más da? No había de quien esconderse, no había nadie en la ciudad, estaba solo, como siempre. Como siempre en soledad. Y pensaba que ahora volvía a estar como en mi adolescencia, como antes de que los tics me salvaran exteriorizando el dolor que escondía en las entrañas y que antes que ellos aparecieran, éste como un asesino silencioso me iba consumiendo poco. Y de no ser de mi cuerpo que me salvara a través de los tics, no habría pedido ayuda, nadie se habría percatado de mis problemas y hubiera buenamente aguantado como pudiese apagándome día a día hasta que un día no hubiera podido más y me hubieran encontrado muerto. Pero entonces –he pensado- mi cuerpo me salvó. Pero ahora mi cuerpo se ha rendido tras años de batallar sin pausa contra la insensatez. Ahora ya no tengo a quien pedir ayuda, porque he visto que nadie me puedo ayudar. A los 17 era un niño y confiaba que mis padres me podrían ayudar y también los médicos. Ahora he dejado de confiar en unos y otros. Las manos han ido desapareciendo. Estoy colgado del abismo y necesito de una mano que me suba. Pero una a una las manos se han ido esfumando. Y allí he quedado, colgado en el vacío. Ahora como hace 10 años voy consumiéndome a base de caídas y caídas. Apagándome poco a poco. Y esta vez no tendré quien me salve, o quien me haga creer que me puedo salvar. Y tengo miedo –me decía mientras andaba por la ciudad desolada y las lágrimas me calentaban mi cara helada- que se cumpla lo que pronostiqué que se cumpliría antaño: que la desesperación y la tristeza se fueran apoderando de mi hasta que me mataran.
Y de pronto mientras paseaba perdido por la calle y por mi alma me he percatado que he pasado por un sitio que hacía casi un cuarto de siglo, que hacía 24 años que no había vuelto. Sí, al primer sitio donde estuve en este mundo, y donde nunca jamás volvería a estar hasta hoy: a la clínica donde había nacido, la cual hace unos meses había oído que dejaría de existir, que la cambiarían de lugar pronto. Me he recalcado a la pared de enfrente y me he estado allí, ante mi primera casa, mirándola fijamente primero con cierto recelo y hostilidad y luego con ternura y mucha pena. Con las manos en los bolsillos del abrigo, en la ciudad de la soledad, en la noche fría, en el silencio de la calle muerta he ahogado el que había de ser un sentido sollozo como el que dentro de la clínica debía estar dando un niño acabado de nacer, como el que di yo hace 24 años en este mismo lugar.
He sentido que aquí seguro que fui feliz. Ni que fuera durante la noche que dormí aquí, antes de que se me llevaran mis padres a mi casa. Aquella noche dormí y lloré todo lo que me vino en gana, tranquilo, sin preocupaciones, siendo yo mismo. Pero pronto, muy pronto –según me contaron una vez, al morir mi abuela paterna cuando yo tenía dos años, en el lecho de muerte le dijo a mi padre que él me quería tanto que me acabaría destrozando- empecé a arrastrar cadenas que pesaban más que yo. Hasta el punto que hoy día, sí es que soy algo, soy un esclavo:
Esclavo del odio ya que seguramente todos mis bloqueos debidos al miedo a perder el control que me paralizan no dejándome disfrutar en el sexo, no pudiendo amar, no pudiendo comunicarme, no pudiendo oír ni sentir, no pudiéndome enfadar y por lo tanto estar siempre controlándome, siendo artificial, postizo, no pudiendo ser yo mismo, son causados porque si dejo de controlar, si decido que puedo perder el control y ser yo mismo saldría todo el odio que tengo hacía mi padre y lo acabaría matando.
Esclavo de la nostalgia ya que no puedo evitar pensar que el paso del tiempo comporta la vejez y muerte de mi madre que es lo único que tengo y que a pesar de que no puedo vivir con ella tampoco puedo vivir sin ella. Y aceptar que ha pasado el tiempo, que ya no es como entonces, como cuando era un niño, como cuando era como ella siempre ha deseado que fuera, es decir, un niño al que ella pudiera cuidar, es como aceptar su muerte, como aceptar que cada día está más mal y con menos facultades, como aceptar mi soledad. Y eso es algo que no puedo aceptar porque sería perder lo único que tengo.
Esclavo del miedo ya que la vida me dio traumas precoces y me hizo retraer en mi y ser asustadizo y temeroso y a la hora de salir del cascarón afrentarme a la vida con un terror tan mitificado que me hiciera fracasar y sufrir y temer cada vez más cosas. Hasta que el miedo se apoderó absolutamente de mí y aun probando cada día de volver a ganarle tierras que un día fueron mías y que él me arrebató sigo siendo hoy por hoy su esclavo.
Esclavo de mi cuerpo ya que éste se rebeló contra mi y me impuso su tiranía, su dominio. No era yo quien lo controlaba a él sino él quien me controlaba a mi a través de los tics, a través de mi sordera psicológica.
Esclavo de mis padres y de los demás: De mis padres por lo que ya he dicho y además porque como buenos vampiros emocionales decidieron pensar, decidir y hasta vivir por mí convirtiéndome en un inútil sin capacidad de decisión, sin criterio propio ni sensatez para enfrentarse a la vida que necesitase siempre de ellos o de alguien más que piense por él, decida por él.

Mientras mis lágrimas me acariciaban la cara, yo acariciaba con la mirada el edificio que me vio nacer y que pronto desaparecería. Como si fuera aquel niño que acabó de nacer, que no sabía de penas ni era esclavo de nada. “Lo siento mi niño –le he dicho- así es la vida. Cuando ya seas un hombre volverás una noche oscura a tu primera casa. Y entenderás cuando la lluvia de tus ojos riegue tu boca y bebas de esa melancolía, que a veces se debe volver. Para comprender. Para ver lo que eras y lo que eres. Y viendo que en esta vida, muchas cosas pueden ser insustanciales pero que aquello que realmente importa cuando estás ante ti mismo y ante el tiempo es aquella ilusión primera de ser tú mismo, de poder desarrollar tu naturaleza y no convertirte en un esclavo de esta sociedad. Entenderás que a veces se debe volver para rescatar el aroma de aquella ilusión que el olvido y el tiempo se tragaron. Y alimentado por la esperanza de ese olor recobrado volver a empezar para volver a intentarlo”

Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenan mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo lo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón.

Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.

He vuelto a salir por aquella puerta como hace casi un cuarto de siglo salí de allí a manos de mi madre y mi padre me condujo hasta casa, pero está vez saliendo por mi propio pie y llegando por mis propios medios a casa. Pensando por mi mismo el camino, decidiendo por que callejón torcer. “Sayonara baby” le he dicho al pequeño. Y completamente perdido en la ciudad, tiritando de frío y quizás de fiebre he decidido buscar mi camino. MI camino. Y hacerlo. Ha pasado un taxi. He pensado “Páralo y que te lleve a casa”. Pero enseguida me he dicho que no, que nada de llegar gracias a mi papa y su dinero, que había de llegar por mi mismo. Así que he penetrado en la ciudad helada. Estaba perdido, tenía frío y estaba triste y me sentía solo y tenía ganas de llorar. He fantaseado con cruzarme con algún chico guapo que me consolara y me abrazara bien fuerte. Pero desengañémonos, me he dicho, estoy solo en la ciudad. También de día lo estoy aunque haya gente. Sólo, y colgado en el abismo sin ninguna mano que me suba –he recordado-. Tal vez la única forma de subir y estar en tierra firme es haciendo yo un esfuerzo, poniendo toda la fuerza que pueda y conseguir subir por mis propias manos arriba.
Finalmente cansado de andar y de andar me ha parecido encontrar una plazuela conocida en esta extraña ciudad que me tengo de aprender a hacer mía. Guiado por la pista he seguido por calles y callejuelas hasta que finalmente he llegado por mi propio pie a mi casa.
Cuando hace casi un cuarto de siglo llegué por primera vez a Lloret con mis padres directo de la clínica de Barcelona, ya en casa me empezaron a cuidar y educar. No lo hicieron muy bien. Eso sí, lo mejor que supieron. Quizás ahora que yo he llegado a mi casa también es hora que me empiece a cuidar y a educar para lograr la libertad. Para ser y andar yo mismo, sin el peso de las cadenas que arrastro como un fantasma. Educarme para un día volver a ser como aquel niño recién nacido que aún desnudo llora sin pudor, ni prejuicios para decir al mundo con sus sollozos más sentidos: “Éste soy yo”.
*
A todos vosotros, con vuestros versos, con vuestros ofrecimientos, con vuestro estar aquí, con vuestros consejos, con vuestro ánimo, con vuestro apoyo, con vuestra comprensión, con vuestro afecto habéis conseguido pintarme la cara color esperanza. Aunque no se note, aunque de forma algo imperceptible, pero en el fondo de mis ojos brilla una pizca de este sentimiento. Gracias. Os dedico esta canción. Va por vosotros:


Bienvenido alvaro. Hairblue, que sepas que aunque intervengas poco tus comentarios siempre me son muy provechosos, de cara a mi novela. Tienes algo de precursor. O simplemente de observador y es que yo no me fijo en el mundo en el que vivo, pero tu filosofía de vida y los pensamientos con que nos deleitas hacen que le consiga dar un toque de actualidad y comprender mejor algunas cosas.;)
Etiquetas:       
 
Noche sin esperanza

Es tarde. Muy tarde. Demasiado tarde. El día ha sido duro. No puedo más. Estoy muy cansado. Cansado de golpes. De desengaños. De levantarme cada vez que me hundo con la ilusa esperanza de mantenerme en pie. Con la ilusa necesidad de mantenerme firme porque necesito, como la luz, salir de este constante desaliento, de este ir de batacazo en batacazo. Porque cada vez algo muere en ti y al final hay más muerte que vida, y la podredumbre te marea. Necesitas vida que como aire fresco se lleve la muerte y purifique tu ilusión. Pero no, caída tras caída, ostia tras ostia, fracaso tras fracaso martirizándote uno tras otro, como si sin parar te vejaran y dijeran que eres una mierda. Vivir a veces parece una broma pesada. Y a veces la vida parece un niño cruel que se dedica a despedazarte los sueños, disfrutando porque no tiene nada más que hacer y esperando pacientemente con la mirada brillante de expectación tu rendición, tu muerte, tu renuncia.

Hoy han venido mis padres y hemos ido los tres al psiquiatra. Yo ya estaba hecho una mierda cuando nos hemos encontrado porque vuelvo a estar enfermo, con fiebre, anginas y dolor muy fuerte de oídos –que quieras o no esto de cada dos semanas caer enfermo y tener que aguantar resignadamente el dolor persistente desgasta- con una ansiedad muy alta, haciendo muchos tics y arrancándome el pelo. Y después de horas sin saber ni que me hacía con los tics y el dolor desquiciándome, mutilándome arrancándome el cabello y haciéndome daño y sintiéndome una mierda enferma, destructiva y miserable el psiquiatra en contra de mis pronósticos no ha hecho daño a mis padres, pero me lo ha hecho a mí con su doble personalidad, hipocresía o lo que fuera. Después de poner a parir a mis padres los otros días diciéndoles que lo habían hecho todo mal, hoy parecía que hablaba de otros padres, y que a donde me dijo digo ha dicho diego. Y no sé puede jugar así con los sentimientos de las personas. Y además no creo que sea porque haya cambiado de opinión sino porque quiere quedar bien con todos, para cobrar y sacar dinero de unos y de otros. Y me ha dolido que mientras que otros días me decía que tenía de mirar de tomar distancia con mis padres hoy después de la gran farsa que han interpretado los tres –mis padres y el psiqui- en que parecía que éramos una familia feliz y que no nos pasaba nada, cuando ya nos despedía diciéndonos que si nos comunicábamos más ya veríamos lo bien que iría, yo frustado he dicho que lo que tenía de hacer era hacer la mía y como él dijo, distanciarme de ellos, y va él y me sale con que no, que hasta que no mejore la relación con mis padres no podré mejorar mi relación con los demás. Y yo la relación con mis padres ya la daba por imposible. Ya la doy por imposible. No cambiarán. No me inspiran confianza para hablar de según que cosas. No me puedo comunicar con ellos. Me bloqueo. Y no puedo hacer más. Me paralizo y no puedo. Ni quiero. Mi sitio no es con ellos. Nunca me comprenderán. Y tampoco quiero que me comprendan. Es una relación estancada, demasiado quemada y enfermiza. Y yo no podría dejar de tener éste tipo de relación con mis padres. Ni ellos lo quieren. Así que yo ya estaba asumiendo que cuanto menos relación mejor. Yo no soy feliz con ellos. No de forma sana. No sin invadirme por la nostalgia, por los miedos. Quiero mirar adelante. Y yo creía que el camino era tomar distancia. Me dolía. Pero era la única manera que consideraba que podía hacerlo. Porque era la única que dependía de mi voluntad. Si he de esperar que se arregle nuestra relación que es cosa de tres, sé que no hay nada que hacer. Mis padres aunque digan lo contrario no cambiarán, son irremediables, no hay nada que hacer con ellos. Y ahora este hombre va y me dice que hasta que nuestra relación no se arregle nada se solucionará. Y esto para mí es decir que no se encauzará hasta que las vacas vuelen. Estoy rabioso: por su hipocresía y su forma de manipularnos si es que ha actuado con mala fe, y sobre el futuro negro que me espera –en caso que haya sido honesto- si he de esperar que mis padres hagan parte del esfuerzo, y la desfachatez de cómo si deshojáramos una margarita, ahora sí, ahora no, ahora te tienes que desentender de tus padres, y ahora estrechar la relación, ahora tomaras medicación de por vida, ahora la sacaremos en tres días. Pero esto que es! Que trabajar con personas no es lo mismo que trabajar con cosas! Que cada vez que me dicen una de sus genialidades se me rompe el alma y sufro y me paso semanas llorando para aceptarlo, sufriendo, arrancándome el pelo, queriéndome tirar por la ventana y cuando se les antoja pues te dicen lo contrario y se quedan tan anchos!

Y sí tengo rabia, pero puede más la tristeza y el ver que éste mundo es una mierda y que no puedes confiar en nadie más que en uno mismo. Y cuando uno mismo es su peor enemigo esto resulta insoportable. Pero es que si no puedo confiar ni en mi psiquiatra, ni en quien me ha de ayudar, que hago? Salva me ha dicho que confíe en mi mismo. Pero yo estoy perdido. No confío en mi. Mis padres pensaron, decidieron y casi vivieron por mi, y me sacaron la capacidad de pensar, decidir o vivir por mi mismo. Soy incapaz de tener criterio propio. Siempre necesito engancharme a otros. Escucha tu corazón –me ha susurrado Salva. Pero mi corazón vacila, perdido, sólo late las campanadas a muerte de la vida que no vivo. No sé escucharme. Siempre he escuchado a los demás. Y no sé como escucharme a mi mismo. Mi corazón late a muerte por los sueños caídos a lo largo del camino. Y después de ahogar los sollozos en la almohada me he sentido tan vulnerable, tan solo, tan triste, y al ver como la ventana me miraba con deseo de que me lanzara a su boca, destrozado he decidido llamar al teléfono de la esperanza. Necesitaba alguien a quien decirle: “Estoy perdido. Tengo miedo. Ayúdame”. Necesitaba sentir la calidez de una voz que te comprende, que te calienta la noche helada con el calor de sus palabras. He buscado el teléfono de la esperanza en el google. He encontrado la página. Mucha información sobre quienes son, mucho fardar de que el príncipe Felipe ha ido personalmente, y demasiado patrocinio y hacerse propaganda pero no ha habido manera de encontrar el número de teléfono. Un negocio como todo en este mundo. Y una noche sin esperanza. Fría, helada.

Es tarde. Muy tarde. Demasiado tarde.
*
Tatojimi gracias por este comentario. Es de una gran lucidez. Y tienes mucha razón. Cuando lo leí vi que este era el camino a andar. Pero desgraciadamente caigo demasiadas veces como para tomar fuerzas y conservarlas para andar por ningún camino. Pero te agradezco este comentario de corazón. De verdad, me ha llegado al alma.

Chequebo, una amistad es cosa de dos. Y si uno no quiere, no le puedes obligar. Es jodido pero es así. Si ellos no quieren no puedo hacer nada. Yo lo he intentado y he insistido una y otra vez pero uno ha de saber ver cuando molesta y está de más. Un besazo

Salva, ai niño siento que lo hayas pasado tan mal durante tanto tiempo. Pero sabes, siento que la vida te indemnizará por todo el tiempo perdido. Bueno no, la vida no, tu mismo porque con tu forma de ser vas a conseguir lo que te propongas. Eres un cielo. Eres un extranjero en nuestra época. Y es que en un tiempo que todo el mundo va a la suya, que es egoísta y superficial – y aquí me incluyo yo- tu eres la excepción. Eres un tesoro! Y deslumbras. Brillas con luz propia y espero verte brillar mucho tiempo.

Sioux, besitos niña guapa. Gracias por pasarte por aquí.

 
La ventana mágica

En las tinieblas de un viernes noche invernal, en mi habitación sólo acompañado por la tenue luz de la pantalla en que escribo estos sollozos desgarrados y por la triste melodía de canciones que serpentean por entre mi piel erizándomela de temblor, lloro de incomprensión porque no entiendo nada. Molido por los latigazos mentales de la soledad, de desengaños que no comprendo –porque la gente que aprecias, a quien te sinceras, a quien llamas y cuidas y compartís complicidades te castigan ignorándote, pasando de ti. Hay tantos en la lista y se van añadiendo sin pausa. Ahora ya ni Jas, ni ricitos tampoco. Parece que la vida te enseñe que has de ser malo. Esa es la lección que me está mostrando últimamente. Que lo mejor es ser egoísta, pensar en uno mismo y no encariñarte con nadie- la noche parece tragárseme. Mi morfoanalista me recordó que mis padres están muy enfermos mentalmente y el próximo miércoles irán al psiquiatra y los pisará con el peso de la verdad de la que no son conscientes porque su vida no ha sido otra cosa que tapar, esconder, ignorar. Y les hará daño y yo no quiero que sufran, ellos no. Tampoco los cambiarán. Ni aspiro ya a mejorar mi relación con ellos. No quiero que padezcan con sufrimiento gratuito. Nuestro trato ya no tiene arreglo. Me dijo mi morfoanalista –y yo sé- que son muy infelices, que sufren mucho. Y yo a mi manera los quiero, mi madre mi inspira mucha ternura y se me parte el corazón sabiendo que desaprovecha su vida, que la malgasta, que lo pasa mal. No vive la vida que quiere. Le falta valor para vivirla. Está resignada. Y yo necesito que sea feliz. Su dolor me oprime el corazón. Si pudiera volver a empezar me hubiera gustado que nuestra relación fuera muy diferente. Pero ahora es demasiado tarde. Ellos prefieren no saber. Ignorar. El psiquiatra les quiere hacer abrir los ojos. Pero no creo que puedan aceptar.

Y la oscuridad me devora. Siento el dolor de cómo me come los miembros. Sólo veo mis manos. Mis dedos evanescentes bajo la pantalla, que me hace de espejo del alma que no veo, pues también las tinieblas la han hecho suya. Y giro la cabeza y miro hacía la ventana y envenenado por mis penas, tengo ganas de avanzar al ritmo de los latidos de la canción que suena y que me estremece el alma, hacía ella y abrirla y cerrar los ojos y entregarme a la noche. Dar un salto y que la oscuridad me desvirgara las penas. Y con las alas de la noche volar hacia las estrellas. Y así lo hago. Salto. Y vuelo. Y desde las estrellas veo el mundo como a mi me gusta. Me imagino con dos años más. Brindando como contó tatojimi con mis nuevos amigos por haber encontrado mi camino y alguien con quien recorrerlo. No. Demasiado bonito. Un novio con quien compartir la oscuridad de una noche de viernes invernal? No creo. Los compromisos me dan miedo. Porque aunque me lo proponga no me gusta crecer. Y aunque mis ojos de niño ya agonizan rotos ante una vida que les quiere mostrar el nuevo mundo adulto ¿qué puede competir con la mirada de felicidad de una madre ante su pequeño? Cuando siempre más a partir de entonces esta mirada maternal estará rota como el espejo en el que escribo ahora. Como estaré dentro de dos años? Va, hemos dicho que soñaría que para algo he huido de mi alcoba y he subido volando a las estrellas para ver entero el mundo en el que he de ser feliz. Tendré amigos en mi ciudad, amigos de verdad, que me quieran, que no me abandonen. Y saldremos de marcha y nos divertiremos. Y conoceré gente y podré hablar con ellos siendo yo mismo y expresando y comunicándome y pudiendo mostrar mi afecto y mi cariño. Y no estaré tan drogado por la medicación y estaré más despierto, más vivo. No aspiro a grandes metas, grandes trabajos, grandes notas, grandes éxitos. Siempre es bonito pensar que triunfarás en lo que te gusta y poder vivir de ello. Pero me conformaría con unos amigos, noches por delante a compartir con ellos y posibilidad de poder ser yo. Una vida donde el miedo no me paralizara, donde la nostalgia no me dominara. Ai que bonito es el mundo desde aquí arriba. Ya se han secado las lágrimas. Es hora de volver.
Abro los ojos. Desde mi habitación. Desde mi ventana. Desde la ventana que es el ordenador, que me ha permitido, asomarme a ella y saltar y volar e ir a las estrellas y soñar y imaginar y secar mis lágrimas. He de reconocer que cegado por la desolación he pensado en abrir la otra de ventana. Y entregarme a la oscuridad en cuerpo y alma. Pero con la ventana del ordenador, con la ventana de la escritura, del soñar, del desahogo, tras descargar el dolor puedo secarme las lágrimas y continuar adelante con la mirada más triste pero más curtida. En cambio cuando se seca la sangre...Por eso, por los sueños que aun me quedan, por la vida que necesita ser vivida, por la esperanza de un mañana donde las noches no sean descarnadas y frías, cuando desee morir me lanzaré por la ventana del ordenador. Me lanzaré con mi torbellino de palabras marchitas que desean salir de donde duelen, con mis ilusiones que me animan a seguir e intentarlo de nuevo. Ilusiones que esta ventana permitirá que vuelen y me roben una sonrisa. En vez de que desfallezcan y se caigan para siempre con la sangre que se esparce, que se pierde. Sí, y es que escribir también es importante para mí. Por eso entre los sueños que he osado soñar desde las estrellas también he deseado secretamente el de poder seguir siempre escribiendo. En mi novela, en mi blog. Porque cuando uno desea no vivir más, huir de la realidad, evadirse de la vida, lanzarse por la ventana no ha de dejar de hacerlo. No puede dejar de hacerlo. Sólo ha de buscar ventanas luminosas, aunque sea con la tenue luz del ordenador. Ventanas creativas, que salven, que resuciten. Ventanas mágicas, que te lleven a tus sueños. Aunque sólo sea a mirarlos desde lejos. Sin tocarlos. Pero allí están. Delante de ti. Y sonríes porque quizás un día bailarás con ellos el baile de la victoria.
*
Salva, podría comentar muchas cosas de tu comentario. Decirte que me ha encantado, que es sincero, sentido, afectuoso, que me transmites cariño, que tienes más razón que un santo etc. Pero sólo te diré que contigo todo es diferente. No sé, eres especial. Yo de hecho no acabo de creer que existas porque eres distinto a todos los que he conocido. Decía en el post que todo son relaciones de poder. Pero contigo es distinto. Tu no me impones nada. Ni directamente, ni con tu tono. No es una relación de dominio. No tengo miedo de decir algo que no debo. Digo lo que quiero porque sé que tu lo recibirás con una sonrisa. Y esto es poco común. Puedo ser yo mismo. Supongo que debe ser eso lo que es una relación de amistad. Por eso sólo te puedo dar las gracias por darme esta relación tan bonita. Ojalá te pudiera tener más cerca. Te añoro. Llevo demasiado sin oír tu voz. Así que mañana te llamo.

Chebequo bienvenido al blog. Estás en tu casa. Espero verte a menudo. Un beso.

Sí LuisM a eso aspiro, a ser yo mismo. Pero no es tan fácil. Sobretodo cuando estás lleno de miedos.

Jesús, jeje creo que tienes razón y no serviría para el cuero. Al primer latigazo que le diera si gritara/ gimiera iría corriendo a acariciarlo y a darle ternura. Y me parece que entonces sería el esclavo el que me zurraría por ser un amo tan poco digno. :D
 
Yo amo

El pasado viernes reemprendí el curso de novela. Soy incapaz de traer allí la mía para trabajarla. Soy un cobarde. Un fracasado. Sé que tengo que vencer mi miedo al rechazo. Sé que no me tengo de avergonzar de lo que escribo. Sé que necesito ser yo mismo y mostrarme tal como soy. Pero no puedo. Es superior a mí. Y me odio por esto. Por no hacer lo que me salvaría. Por saber lo que he de hacer y no hacerlo. Por miedo, por cobardía, por vergüenza. Mi novela es importante para mi y este curso también. Pero no puedo. No puedo. No puedo!!!! Y siento impotencia, rabia y asco hacia mi mismo. Y me digo que si me tuviera un poco de estima lo haría. Pero yo no me quiero, yo sólo quiero no sufrir, no estar ansioso, no sentirme avergonzado, humillado. Y es que en mi novela está mi alma. Cosas muy personales, muy íntimas. Y no soportaría desnudar mi alma allí delante de todos. Delante de gente con la que he de seguir teniendo trato y viendo semana tras semana. Supongo que me avergüenzo de mi mismo. Y no hablo de mi homosexualidad. Hablo del flujo de la conciencia, de los pensamientos, sentimientos, prejuicios, manías y obsesiones de forma pura. Supongo que en el fondo todos funcionamos de forma parecida, y que si se ríen o se burlan será por convención o porque se han escuchado muy poco. Al fin y al cabo aunque no lo hablemos porque no sea un tema interesante y porque está socialmente mal visto todos nos tiramos pedos, nos sacamos algún moco o observamos el papel de water tras defecar y lavarnos el culo hasta que vemos que sale limpio. Todos nos fijamos cuando hablamos con alguien en si tiene la cara grabada, si hace tics o si es excesivamente gordo. Es inevitable, nos llama la atención todo lo diferente o poco común. Todos nos enfadamos y decimos o pensamos cosas que no sentimos y a veces somos injustos y crueles. Todos podemos ser frívolos y vanidosos y estar un rato pensando que ponernos para lucir.

Tal vez es por esto, porque son temas poco novelescos y vergonzosos decir que hoy hago unos pedos muy pestilentes, que no sé si ponerme la camisa blanca o la camiseta negra valorándole en función de lo que disimule mejor los michelines o que alguien te produce una impresión desagradable porque con tanto tic te pone nervioso. Porque aunque lo intentamos cubrir todo con el decoro y lo políticamente correcto no dejamos de ser seres que tenemos unas necesidades, que nos gusta gustar, y que de entrada antes de pasarlo por el filtro de la razón y el sentido común hay cosas y personas que nos atraen y otras que nos repelen.

Y yo ni me tengo de avergonzar de mi homosexualidad, ni de las constantes referencias obscenas de mi personaje, ni de mostrarme –o mostrar al personaje, pero queda rápidamente claro a ojos de todos que el personaje soy yo y que soy claramente identificable- tal como soy. Necesito mostrarlo así. Y no obstante no tengo valor, para mostrarme desnudo ante el grupo de novela. Tengo miedo al rechazo. Y vergüenza. Llevo toda la vida diciendo lo que quieren escuchar de mí. Y no realmente lo que quiero decir. Y ahora tendría la oportunidad. Ahora tengo la necesidad. Pero no puedo. Soy incapaz de imponerme y conseguir ser yo mismo ante los demás. Y si no impongo, me imponen. Porque la vida es esto: una relación de poder. Y o te haces respetar o te dan por el culo. En todo de forma encubierta o descarnada hay dominio. También en el amor. O al menos en el sexo.

Os confesaré una cosa. Hace algunos años me metí en algún chat de estos en que se hace cibersexo y acudí a la llamada de algún esclavo en busca de un amo que lo dominara. Sí, hice de amo. Me gustaba mandar. Decirle lo que tenía que hacer. Sentirme poderoso. Ver que yo imponía. Aunque cuando le decía “Te mando que me des por el culo”, me decía extrañado “Un amo pasivo? Que cosa mas rara? De donde has salido tío! Yo lo que quiero es que me follen como a una perra. Así que adiós”.

No sé, un autor famoso de hace algunos siglos decía que todos permitíamos que nos mandasen porque a la vez nosotros también mandábamos y dominábamos sobre otros. Es decir que permitíamos la esclavitud y ser esclavos porque queríamos y necesitábamos ser amos, a la vez, de otros. Y me digo que ya que no me puedo imponer ante los demás, que soy y siempre seré un fracasado, incapaz de ser yo mismo, que me arrodillo ante los demás y la sociedad y les digo amén a todo negándome con eso a ser yo, tal vez para no aguantar y aguantar hasta que un día de forma catastrófica y trágica explote y provoque una desgracia, mejor buscar un espacio en el que de alguna manera pueda ser yo mismo, pueda imponerme. Porque ser uno mismo, es imponerse ante los demás. Así que ya que el sexo, y el juego sexual del sadomasoquismo y concretamente de los roles de amo y esclavo son una manera de ejercer la imposición de pleno acuerdo, sin hacer daño, ni pisar a nadie contra su voluntad, no sé quizás sea una buena idea que me meta en ese mundo. Aunque no estoy muy seguro que vaya conmigo. Quizás es que me he acostumbrado a ser tan sumiso que tengo el espíritu dominador atrofiado, pero no va conmigo esto de mandar, y más de forma desagradable y dura, según qué cosas. O quien sabe, tal vez sólo me he de soltar. Y descargar toda la mierda. Dejarse llevar por el juego...Soltarse...y ser...
*
Salva: me emocionas. Es impresionante ver como a través de los cuatro elementos que he utilizado y de la historia que he apuntado, tu puedes profundizar, embellecer y llegar hasta el fondo dándole nuevos sentidos, nuevas imágenes, nuevos matices. Dices cada cosa que me dejas alucinado. Yo también te quiero tesoro. Mil gracias.
Koeps, gracias guapo. Oye no puedo comentar en tu blog.
Enis, a ver si también lo cambias un poquito tú el estado de ánimo y te animas bien animado. Un beso.
Tatojimi tu comentario es el epílogo perfecto de mi post. Había de estar escrito por alguien que no fuera yo. Por un buen amigo. Por alguien que desde hace tiempo lleva haciéndome intentar ver lo que era importante. Y que yo me negaba a ver. Y que él como buen amigo pidió a los reyes que me iluminaran. Y así lo han hecho. Gracias a ti. Rey tato!
Paperboat, sí a veces nos hemos de escuchar un poco más a nosotros mismos y un poco menos a la tele. Aunque no podamos hacer zaping. Un beso.
Hairblue: Hombre chico cuanto tiempo sin pasarte por aquí. A ver si venimos más a menudo. Se te echa de menos.
Jesús: Tienes razón, no coincidimos nunca. Es extraño. Mira bien si me tienes admitido, porque sino no me lo explico. Un Kiss y a ver si convencemos al Salva.
 
Un regalo de reyes

Desde que empezó el año que mis ánimos han mejorado. He conseguido algo de harmonía interior, espiritual, o como lo queráis llamar. Pero mi cuerpo, ¡ai mi cuerpo! llevaba demasiados años luchando por mí, en mi lugar, haciendo de salvavidas de mi melancolía, batallando día tras día contra mi voluntad para ganar la guerra de mi bienestar. Ha sido mi héroe que no se ha cansado de salvarme una y otra vez mientras yo me empeñaba en maltratarlo. Y ahora...Ahora que mi espíritu ha logrado cierto bienestar momentánea, cierta ilusión que lo reta a seguir adelante, mi cuerpo exhausto ha caído rendido. Llevaba meses cogiendo infección tras infección, hongos tras ladillas, otitis tras conjuntivitis, gripe tras anginas. Llevaba semanas, casi meses sin ver el sol. Despertándome como mínimo a las 6 de la tarde que ya era oscuro y yendo a dormir cuando ya era de día pero como que sólo habito la parte interior de la casa y no voy para nada al comedor donde duermen mis compañeros y desde donde se ve la calle y la luz natural, pues como una bestia en su penumbroso escondrijo. Llevaba meses sin abrir las ventanas de mi habitación –que da a un patio interior- y el aire estaba viciado y irrespirable de todos los virus que iba cogiendo unos tras otros.
Y en la noche de reyes permanecía en la cama sudando y temblando. Sudando del calor del aire enclaustrado por donde no pasaba ni un hilo de aire renovado y temblando de la ausencia de luz, de sol, de vida que me estaba helando las entrañas. Era un frío interior, profundo, de no conocer más que la noche. Y entonces me imaginé por vez primera en mucho tiempo poniéndome delante del sol y recibiendo su chorro de calor que me mimaría mi piel y me haría sentir arropado del mejor oro que existe. Y comprendí lo errado que iba. Comprendí que para ser feliz y estar bien yo había buscado grandes objetivos, grandes metas, grandes sueños, tal vez los que nos venden en esta sociedad: enamorarse, o salir de marcha a ligar o un gran viaje. Y que cegado por estos grandes luceros me había olvidado de lo más sencillo, de lo más simple y a la vez más esencial, y más importante. Las pequeñas cosas, que están ahí, de las que nadie habla ni les da importancia, pero de las que no podríamos vivir sin ellas. Cosas tan sencillas como salir a la calle por la mañana y recibir la bienvenida del sol abrazándote en silencio. Cosas tan pequeñas como abrir la ventana y dejar que un aire nuevo te refresque la cara. Cosas tan simples como llevar a tu perro a pasear y jugar con él en la playa y estirarte en la arena en estos días de invierno en que está desolada y sentir su contacto con tu piel. Cosas insignificantes que no venden, que no están de moda, en las que no esperas encontrar nada y que sin embargo te hacen sentir bien contigo mismo.
Por eso en la noche de reyes tiritando y con la sombra de la noche reptando por mis entrañas heladas, con el dolor de todos los males mal curados, el sueño pesando en mis párpados, y el mareo de estar días sin salir de casa encerrado en mi escondrijo putrefacto, tome conciencia que mi cuerpo agonizaba. Dos semanas ya sin poder salir de marcha. Y es que en Navidad mi cuerpo se rindió, dejó de luchar, se dejó llevar por la desidia y la enfermedad. Y ya no se quiso enmendar. Y mientras la noche fría y larga me iba escarchando mis entrañas, recordé todo lo que él, mi cuerpo había hecho por mí. Me acordé como a los 17 años decidió parar mi proceso de lenta y secreta agonía hasta la muerte, haciéndola pública, gritándola a los cuatro vientos a través de mis tics para que contra mi voluntad, todo el mundo viera mi problema y me pudiera alguien ayudar. Me salvó. Haciéndome sufrir como un condenado. Pero me salvó. Y desde entonces cabreado con él no he parado de joderle, de tratarlo mal y no darle lo que necesitaba. Pero él ha aguantado como un campeón. Mis restricciones de alimento. Mis noches en vela. Mi mutilamiento. Todo. Estoicamente. Todos mis caprichos. Hasta que no ha podido más y ha caído molido.
Y pensé que tenía una deuda pendiente con él. Él antaño me había salvado a mi, a mi mente, a mi espíritu, de un lento pero implacable apagamiento. Y ahora había llegado el momento que yo, que mis ánimos algo mejores gracias en parte a la resistencia y la lucha del cuerpo, le ayudaran con esfuerzo y voluntad a salir del pozo. Se lo debía. Así que decidí que aunque me costara, aunque se me hiciera una montaña, un mundo, intentaría ahora que está enfermo mimarlo como se merece. Darle luz, darle aire nuevo, darle algo más de alimento. Y aprender la lección. Aprender que las pequeñas cosas también son importantes. Que sin ellas, que son los cimientos invisibles de la vida, las grandes metas desfallecen.
Y acabó la noche de reyes y amaneció el nuevo día. Y abrí los ojos, salí de la cama deseando esperanzado encontrar junto a ella un surtido de regalos. No había nada. Sólo suciedad. Me vestí y salí a la calle y mientras el sol me iluminaba la cara comprendí que mi regalo estaba ahí fuera: Era el mundo y yo me sentí dispuesto a estrenarlo y no cansarme nunca de este juguete tan especial.
*
Vuestros comentarios fueron también un gran regalo de reyes.
Gracias Jesús por estar ahí, por desearme lo mejor. Sabes que yo también deseo lo mejor para ti.
Gracias Paperboat porque tus palabras se ven sinceras y sentidas y porque es muy generoso de tu parte pedir ilusión por un casi desconocido que espero que el tiempo rompa esta condición.
Gracias Enis por pensar en el fantasmita a la hora de escribir tu carta a los reyes y por pedirles para mi lo que sabes que necesito. Yo espero que también te llevarán un buen puñado de estos polvos mágicos de la ilusión. Bueno y de los otros también eh!
Gracias Tatojimi porque tu ya me habías aconsejado infinidad de veces que fuera más benévolo con mi cuerpo. Por preocuparte de mi. Mil gracias.
Y Gracias, gracias y millones de gracias a Salva por estos comentarios que valen todo el oro del mundo, ¡que digo yo! Mucho más. Puedes estar seguro que me enriquecen mucho más que el oro y brillan como él. Y su fulgor me acaricia tiernamente y me hace mucho bien.
 
Queridos reyes magos
Este año es la primera vez que por reyes no estaré en casa con mi familia. Por esto estoy un poco triste.
Recuerdo con nostalgia mis primeros años de inocencia. La noche anterior estaba lleno de emoción, de nervios. Quería que mis padres fueran a dormir pronto no fuera caso que los reyes al venir a casa vieran luz y pasarán de largo. Y a la mañana siguiente despertaba a mis padres y a mi abuela diciendo que había llegado el momento. Y ya entonces el miedo asomaba desde mis adentros pues me daba miedo ir sólo al comedor donde estaban los regalos no fuera caso que aun estuvieran allí los reyes y se me llevaran para Oriente. Los reyes siempre eran generosos. Demasiado. Y es que yo era feliz con un par de muñecos y mi imaginación, haciéndolos perder por cuevas y montañas que eran los rincones de la casa. No necesitaba nada más. Ni billares, ni bicicletas, ni juegos de mesa. Era, sin duda, el día más mágico del año, el día de los niños, mi día. Y de alguna forma, aun habiendo crecido por fuera, seguía siendo un niño. El niño que no quería crecer. Para que sus padres tampoco no crecieran, ni envejecieran, ni murieran y todo siguiera siendo como entonces, como al principio. E iban pasando los años e iba cerrando los ojos a la realidad. Seguía comportándome como un niño cuando ya hacía tiempo que había dejado de serlo. Y seguía haciendo lo mismo que antaño, comportándome con mis padres de la misma manera y diciendo las mismas niñerías. Y mi cuerpo quiso avisarme, cerrando, como ya he dicho, los ojos a la realidad, pero ahora literalmente, a través de mis tics, de mis parpadeos, de mis párpados que no podía evitar cerrarlos constantemente contra mi voluntad, porque mi cuerpo más sabio que mi nostalgia y que mi miedo me estaba indicando lo que estaba haciendo. Me lo estaba indicando a mi mismo y al mundo entero ya que yo había decidido cerrarme y poner un abismo infranqueable con el resto del mundo. Y mi cuerpo decidió hacer de puente para ayudarme. Y me indicaba que era necesario que dejara de ser un niño. Pero en vez de escucharme, decidí acallar mi cuerpo a base de medicación muy agresiva. Silenciarlo a costa de mi salud con tal de mantener vivo el sueño, la pueril ilusión de seguir siendo un niño.

Así cumplí los 18, empastillado, drogado, muerto pero siguiendo quererme sentir el siempre niño, y más aún, a partir de entonces el adolescente eterno. Porque a pesar de haber cumplido la mayoría de edad, decidí seguir siendo dependiente, renunciando a mi libertad. A partir de entonces en la vida y con los hombres seguí siendo el adolescente inmaduro, inestable y asustadizo y en mi casa seguí siendo el pequeño rober de mi infancia, de antes que mi abuela enloqueciera cuando yo tenía 11 años. Aquel rober pequeño que cada mañana de reyes iba emocionado a despertar a su abuela para decirle que ya nos habían dejado los regalos. Y que mientras abría los innumerables paquetes veía de reojo como ella estaba satisfecha de ver a su nieto feliz.
Hoy, día de reyes, por primera vez no voy a estar en mi casa. Como he dicho, esto me entristece un poco, porque aunque con el tiempo, el número de regalos ha ido disminuyendo, en este día más que nunca me seguía sintiendo como un niño, acariciado por mi rosada ilusión. Pero tal vez para ser feliz ya es hora que deje de sentirme como este siempre niño, como este eterno adolescente. Y hoy es una buena ocasión para empezar a hacer este doloroso deseo realidad. Tengo medios para hacerlo. Ahora sí. Porque este año majestades, vosotros no habéis llegado hasta mi casa. Porque sé que vais a adorar al Salvador, al Salva, a Salva, a mi Salva, a mi Salvador. Vosotros reyes, traéis regalos, pero no hay mayor regalo que salvar a alguien. Y él, mi Salva me ha salvado. Me ha salvado de la desidia, de la tristeza, de la desesperanza, del vacío, de la soledad. Me ha salvado de la sequedad de corazón, haciéndome capaz de decirle a él de viva voz, y sentirlo, lo que no le he dicho nunca a mis padres, ni a ningún amigo: “Te quiero”. Y me ha dado las armas para que me salve de un obstáculo que sólo lo puedo superar yo sólo. Con su apoyo, su cariño y sus ánimos, pero que soy yo quien lo tengo de superar: el dejar de ser el siempre niño, el eterno adolescente. Aceptando mi auténtica edad, cumpliendo mi mayoría de edad y conseguir ser libre. Sí, mi Salvador me ha dado los medios para enfrentarme porque con su fe en mi y su empeñarse en que detrás de mis miedos se esconde una persona encantadora, me ha hecho ver que sea o no verdad esto, lo que está claro es que mientras siga viviendo sometido a mis miedos, esclavo de ellos no lograré ser yo mismo. Que no me conoceré hasta que no los supere. Porque mis miedos ahora me determinan, me configuran y escogen por mí, privándome de ser yo quien escoja y haga por mi mismo. Porque mientras tenga miedo a comunicarme no sabré si yo realmente soy con los demás ausente, distante, frío, calculador. Porqué mientras tenga miedo al rechazo no sabré si por naturaleza soy sumiso, obediente, entregado, correcto, sin personalidad. Porque mientras tenga miedo a tener novio debido al temor a sufrir, al rechazo o a la burla no sabré si es verdad que sólo me gusta follar con desconocidos y que nunca lo haría con alguien por el que sintiera afecto, o que lo mío es ir de flor en flor, o que no quiero compromisos ni parejas.
Y por todo esto y porque me anima y me acuna mis miedos a bajar la medicación con dulces palabras que los endormezcan, por salvarme, porque le quiero y porque es maravilloso, queridos reyes magos os pido que hoy os paséis por su casa o por su establo o por donde esté mi Salvador. Y que le traigáis lo que necesita y lo que desea. Que le traigáis ánimos, fuerzas y felicidad. Él lo necesito más que yo en estos momentos. Y aunque yo estoy algo triste porque es día de reyes y mis ojos susurran lágrimas de adiós al niño y al adolescente que tengo frente a mí y en mi corazón y que me suplican: “Quédate con nosotros en el país donde no existe el tiempo”. Pero los tics de cerrar los ojos me recuerdan que el precio a pagar para entrar a este país maravilloso de Nunca Jamás es demasiado caro y que me juego la vida y la salud. Y que ya es hora de salir de él. Por eso no me dejo seducir por el aparente fulgor de la mirada del siempre niño, del adolescente eterno y me dispongo a marchar. Y por esto estoy algo llorón, porque las partidas siempre son dolorosas y más tras una estancia tan larga. Pero como decía aunque estoy triste también estoy contento porque no hay mayor regalo de reyes que conocer al Salvador, a mi Salvador. A Salva.

Felices y mágicos reyes para todos.
*
Arturo, bienvenido al blog. Gracias por tus palabras. Espero que nos vayamos conociendo más.
Jesús, anda no te quejes que tu también tienes buenos amigos. Porque Salva y yo somos buenos amigos. Solamente. O creías que éramos algo más? :P
 
Nunca es demasiado tarde para volver a empezar
El día marchitaba la flor de su secreto. La noche la enterraba palada tras palada bajo un oscuro agujero. He dejado mi casa familiar –donde había venido a pasar la Nochevieja ya que estaba enfermo y no podía salir de marcha- y he cogido la maleta y con mis cuatro cosas he partido de mi tierra, de la tierra de mis padres, y mis abuelos, del pueblo en que crecí entre miedos y deseos y sueños que cumplir, y que un día descubrí que sólo lejos de allí podría hacer míos. Míos. Míos! Como mi piel. Piel blanca de noches de luna en emparedadas esperanzas, en estrelladas locuras. Noches profundas y oscuras como la de hoy en que abandono mi casa familiar con mi maleta y con corazón de poeta que parte lejos de su casa que nunca fue suya en busca de aquella que un día suya será, y quizás encontrará, si es que busca, busca y busca. Subo al bus. Dejo mi tierra. Y penetro como un cuchillo en vientre de niño, penetro en la noche, penetro en el frío, en la noche oscura. No hay casas, no hay luces. Todo es negro. Sólo sombras fantasmales. Sólo el cosmos. Estrellas escurredizas, nubes como velos que prueban de ahogar la luna. Dos de enero del 2007. Camino a Barcelona. Seguro? Todo parece tan leve, tan frágil. Sólo hay el universo, la noche y fantasmas. Que año? Que tiempo? Que más da? Un instante. Una lágrima. Un recuerdo. De antaño. Resbala. Y se pierde. En la noche del inconsciente.
Que me espera después de esta travesía? Dijo alguien “Año nuevo, vida nueva”. Tocaste fondo. Era tu segunda oportunidad. Seis años antes fue la primera. Entonces estabas asustado, enfermo. Tenías muchas expectativas. A un lado tiraba el deseo que se iba hinchando y cuanto más se hinchaba el deseo más al otro lado lo hacía el miedo. Dos caballos a un lado. Dos al otro. Y cuatro carros de fuego. Cien caballos por banda. Y yo en medio. Y el miedo tirando para un lado. Y para el otro el deseo. Y tiran con todas sus fuerzas, con la ira del viento, la furia del mar embravecido, el rugido del cielo. Tiran cada uno hacía un lado y yo me rompo en medio. En mil pedazos me rompo. Añicos se ha hecho mi sueño. Añicos se hizo esa vez. Y roto en mil pedazos tardaría años en volverme a recomponer. Y poder decir sí, yo voy a poder, lo voy a intentar y voy a vencer. Así que seis años después, a principio de agosto volví a volver. Volver a Barcelona. La ciudad que años antes me vio enmudecer, bajar la cabeza y el alma encoger. Era más fuerte está vez. Podría. Iba a poder. Y me lo repetía. Porque me lo quería creer. Necesitaba creerlo y el miedo vencer. No fue la salud en esta ocasión ni tampoco el ansia quien logró derrotarme. Fueron los ánimos quienes cayeron heridos de muerte. Porque no tenía a donde coguerme. Fallaron los amigos, los que en el últimos año había logrado y que me habían hecho sentir vivo, querido o apreciado. Fallaron los compañeros de piso, unos sinvergüenzas con los que me tenía de andar con cuidado. Me hicieron dudar de todo, de mis padres, de mis terapeutas, de mis comentaristas de blog. Probé de no rendirme. De hacer nuevas amistades. Nada a hacer. Con nadie encajo. Soy un bicho raro, soy un marciano. Expiraron las metas, me ahogué en mis baños de sombra, de años, de lucha tan vanos, para nada rematados con el cambio de pastillas y el retorno al pasado. A la salud decadente, a los tics pronunciados, a la ansia profunda, y depre y adormilado. Así que vencido, me entregué a la nada para que ya herido, me rematara. Balanceado por la amargura y la desidia me adormecí fumando viendo consumir mi vida. Luche por conseguirlo, luche por esperarlo pero perdí de nuevo, de nuevo fracasado. Y ahora yo que haría? Esperar otros seis años? O dejar que la muerte se me llevara al saco?
No sé muy bien como, pero mientras moría el año yo tuvo que escoger si seguir o acompañarlo. Opté por esta puta, esta jodía mala, esta llamada vida que es una condenada. Le di una nueva crema con la que ensalzarla y hacerla pasadera, hacerla más honrada. Un nuevo sentido con que regar el alma, conocer el rober auténtico que tras los miedos anda. Como está luna lunera que los velos de nube tapan para esconder su secreto de reina del cielo hasta el alba. Como estas sombras fantasmas que habitan el camino de la noche y me dan miedo y espantan, tranquilo chiquitito, no son más que árboles y montañas. No son fantasmas. Son vidas. Son vidas por las mañanas, lo que en la noches son fantasmas. Vivir de noche, vivir de día. Los frutos de arboledas que alimentan nuestros cuerpos, las sombras amenazantes que alimentan nuestros miedos. Vivir de noche, vivir de día.
“Que será de mi en este nuevo año?” me pregunto en la noche oscura y profunda rodeado de fantasmas. Cosas buenas, cosas malas. He conocido un ángel sin alas. No. Con alas. Invisibles. Pero ciertas. Se llama Salva. Escribe en el blog y habla a mi alma. Habla y le cuenta que me coja a sus espaldas y que juntos volemos a donde habita la esperanza. A donde veré crecer mis alas. Y podré volar. Como vuela Salva. Su cariño me enternece, su corazón me hace bueno, su fe en mi me enriquece. Demasiado bonito todo para ser verdad. Ahora que ya no florecían sueños en mi jardín desolado, una hermosa rosa ha surgido. Pero yo ya no creo en rosas. Y aunque la vea, y sea firme y suave y su aroma me estremezca, para mi no existen rosas ya sobre la faz de la tierra. Y aunque me pinchara con su espina y sangrara diría que no es sangre, que es vino y que yo estoy borracho y no se lo que me digo ni lo que me hago. He dejado de pensar que me podrían pasar cosas bonitas y cuando llega una súbitamente, crees que no es para ti, que no te la mereces, que no es real, que marchitará pronto antes que acabe la noche profunda y fría. O que es sólo la calma que anuncia la tempestad, una hecatombe peor que ha de venir en inmediato. Que queréis que os diga. Real o no, efímero o duradero, la verdad es que me ha vuelto a hacer sonreír. Y mientras este anochecer hacía mi travesía en bus hacía Barcelona reía y lloraba a la vez, porque se puede estar contento y triste al mismo tiempo. Pensaba que sólo habiendo bajado una pizca los antidepresivos ya me he desestabilizado y que todo parece volver a ser como antes, como el infierno de mis 18 años. Y me asusta presenciarlo sin poderlo evitar. Pero no se si es tanto por el cambio de medicación como por el miedo que tengo a cambiarla que me hace estar ansioso y soñoliento y depresivo. Y tenía en mente también a ricitos. Finalmente hablamos. Me dijo una canción. La letra decía “Tu recuerdo me hace bien y me hace mal”. Será eso lo que le hizo el recuerdo de nuestra noche? Me gustaría pensarlo. Me gustaría estar duro cuando hablo con él como antes. Pero no puedo. Porque deseo enternecerlo y acariciarlo con mis palabras y mis silencios. Me invitó a su cena de Nochevieja. No pude ir. Estaba enfermo. Aunque ni sano hubiera ido. Somos de dos mundos distintos. Él es sano y sin problemas, tiene muchos amigos es extrovertido y divertido. Yo no puedo ir en grupo, no puedo ir con sus amigos, ni tenemos nada que compartimos. Dos mundos distintos. Y él no sabe nada del mío. Y si lo supiera...Se asustaría? Se alejaría? O me aceptaría y me ayudaría? Una amiga hace tiempo me decía que las personas no quieren gente con problemas, quieren alguien con quien reírse, pasarlo bien y divertirse. Él parece buen tío, agradable y comprensivo. El otro día me dijo que yo era uno de los mejores tíos que había conocido. No dijo que era el que le gusta, el que desea, el que amaría si lo quisiera. Dijo “un buen tío”. En este mes de enero deja el trabajo en que estaba a fuera, y viene a vivir a nuestra tierra. Estará a Barcelona. Podremos vernos con más frecuencia. No sé como irán las cosas. Pero irán al menos de una manera. No se que me depara el nuevo año. Si será largo, si será mago. Sólo sé que tengo miedo. Y que no puedo evitarlo. Dos veces en mi lucha he fracasado, he caído y he llorado, me he hundido y me he enterrado como la noche sepulta el astro. Dice la dicha que a la tercera va la vencida, y ahora que empieza un nuevo año, que he caído y que me levanto, que habré de aprender a soñar de nuevo y a creer en mis sueños, y a enfrentarme a mis miedos a despojarlos y de sus restos nacer de nuevo. Dar nueva vida a mis sentimientos y encararlos todos sin la sombra del miedo, y descubrirlos, y bailar con ellos al son de sus destellos. Ahora que de nuevo llego a Barcelona, desde la noche oscura y fría, aún no sé lo que me espera, al salir del bus y coger la maleta. Sólo sé que un nuevo tiempo, un nuevo intento, un nuevo sueño llevo en mi equipaje juntamente con el bagaje de dos experiencias fallidas, de dos batallas no resistidas. Se abren las puertas y salgo a fuera y la ciudad engalanada me bien recibe, y una brisa me susurra al oído que esté tranquilo, y que adelante, que luche siempre, y no tenga miedo y que nunca es demasiado tarde.



Camins que ara s'esvaeixen, camins que hem de fer sols
(e)caminos que se desvancen, caminos que hemos de hacer solos
Camins vora les estrelles, camins que ara no hi són.
(e)Caminos cerca de las estrellas, caminos que ahora no están
Vam deixar-ho tot, el cor encès pel món,
(e)dejamos todo, el corazón encendido por el mundo
per les parets de l'amor, sobre la pel
(e)por las paredes del amor, sobre la piel
Érem dos ocells de foc sembrant tempestes
(e)eramos dos pájaros de fuego sembrando tempestades
ara som dos fills del sol en aquest desert
(e)ahora somos dos hijos del sol en este desierto
Mai no és massa tard per tornar a començar
(e)nunca es demasiado tarde para volver a empezar
per sortir a buscar el teu tresor.
(e)para salir a buscar tu tesoro
Camins, somnis i promeses
(e)caminos, sueños y promesas
camins que ja són nous.
(e)caminos que ya son nuevos
No és senzill saber cap a on has de marxar
(e)no es facil saber hacia donde ir
pren la direcció del teu cor
(e)tomo la dirección de tu corazon
Mai no és massa tard per tornar a començar
(e)nunca es demasiado tarde para volver a empezar
per sortir a buscar el teu tresor
(e)para salir en busca de tu tesoro
*
Gracias a todos por los mensajes. Salva chico, cada vez me sorprende más tu empatía. Tienes una sensibilidad extraordinaria, y tu comentario me ha encantado. Es duro ser amigo del tiempo, no sé si lo podré ser nunca. Pero si tiempo es sinónimo de autoconocimiento y por lo tanto mayor felicidad creo que podremos llegar a soportarnos y a tolerarnos. Un besazo guapetón y gracias.
Etiquetas: