Luchando con un fantasma
Vida nueva, blog nuevo. Cuando un fantasma te domina la vida, has de luchar y vencerlo
Sindicación
 
"Chiquitito sabes muy bien"

A veces vivimos nuestra propia vida y no somos conscientes de ella. Vivimos como dejados llevar por la corriente, pero somos incapaces de definir nuestra historia. Y aquello que hemos vivido en propia piel, puesto en palabras y pronunciado nos parece algo ajeno, extraño.
Hoy he ido de nuevo al psiquiatra. Me ha hecho daño con lo que me ha dicho. Me ha hecho daño interpretando mi propia historia. La verdad a menudo duele. Sí, hay tantas verdades como personas. Y no tiene porque tener razón. Pero me ha dolido lo que me ha dicho. Que mis padres no tienen ni han tenido demasiada salud mental. Que son inmaduros. Que mi desgracia ha sido tener unos padres que eran más niños que yo. Que no están preparados para ser padres. Que en el fondo soy un huérfano. Que eran incapaces de admitir un hijo que no fuera el que ellos querían. Ni de escuchar nada que no fuera lo que quisieran oír. Que con mi padre queriéndome curtir a golpes, mi madre deprimida y mi abuela loca y agresiva y mi amigo de infancia haciéndome bulling durante más de 10 años que era casi un milagro que hubiera aguantado estable hasta los 17 años y que lo haya podido llevar sin acabar muerto, enfermo o en la cárcel. Que eso sólo había sido posible porque yo a diferencia de lo que me creía, no era débil sino fuerte. Y que en realidad era la vida quien me había debilitado y quien me había hecho asustadizo y que llegado el momento de salir del cascarón estuviera en estado de choque, incapaz de actuar, paralizado, aturdido. Que yo no me podía fiar de mis padres.
Yo que me había negado hasta el punto de que ellos pensaran, decidieran y actuaran por mí, yo que me había entregado ciegamente a ellos, había hecho doblemente mal.
Y me ha hecho sentir más solo e incomprendido que nunca. Al salir he llamado a mis padres. Necesitaba escuchar su voz. Y los oía como me hablaban y como hablaban entre ellos y era como si no fueran mis padres, sino unos extraños. Y he andado y andado por esta gran ciudad, lejana de mi hogar, donde estoy solo. Y perdido en mi interior, las lucecitas navideñas me decían que en mi casa no estaba mucho más acompañado.
Entonces he encontrado una parada de metro y he penetrado a las profundidades de la tierra. Algo me atraía hacia ella. Y al subir en el vagón he visto que este era el tren que cogía a los 18 años para volver de la facultad donde empecé a estudiar psicología. Y de pronto era como si no hubiera pasado el tiempo, como si yo volviera tener 18 años y volviera de mi facultad. Un estudiante joven y tierno se ha sentado en el suelo frente de mi porque ya no quedaban sillas vacías. A la siguiente parada ha subido un grupo de adolescentes extranjeras y las chicas se han sentado también al suelo, unas apoyadas en las otras. El joven estudiante le has preguntado algo y han empezado a hablar y reír en inglés. Yo no podía dejar de mirarlos y durante un instante una de las chicas también se ha fijado en mí. Le he esbozado una leve sonrisa de complicidad. De una complicidad fantasma. Y es que aquel ambiente distendido de jovencitos acomodados por el suelo me ha llevado un torrente de sensaciones. Estaba reviviendo el pasado que nunca viví. He tenido la sensación que aquel tren me estaba llevando hacía atrás. Hacia la nada. Hacia el país de Nunca Jamás. Que yo era el estudiante que acababa de superar la selectividad y que venía a estudiar a la capital. Pero que no era el infierno que yo viví entonces, del que los ojos bajos y la mirada rota de la vuelta en metro de la facultad eran sólo la coda de una música fúnebre y descarnada al mismo tiempo. No. Sino que yo era un joven feliz ilusionado con su nueva carrera y su nueva vida en Barcelona que día a día descubría, y que contento y partícipe de un entorno al que se integraba, con otros jóvenes estudiantes cambiaba sonrisas y miradas cómplices. Como lo estaba haciendo ahora para huir del dolor, para olvidar, para perderme lejos de mí, en el yo que quise haber sido y no fue. Entonces no sé muy bien de donde, ha empezado a sonar la canción “Chiquitita”. “chiquitita dime porqué, tu dolor hoy te encadena, en tus ojos hay una sombra de gran pena. No quisiera verte así aunque quieras disimularlo si es que tan triste estás, porque quieres callarlo. Chiquitita sabes muy bien que las penas vienen y van y desaparecen, otra vez vas a bailar y serás feliz como flores que florecen” Y no he podido evitar que una lágrima regara mi flor. No sé si para hacerla florecer o para ahogarla. Y me he preguntado que sería de mi? Si las penas vienen y van y desaparecen? Si encontraría mi hogar y mi gente? Si conseguiría acercarme a las personas. Dejar de tenerles miedo y dar un paso hacía ellas. Ni que fuera como hoy, con la leve sonrisa de una complicidad fantasma con la chica del metro, porque necesitaba como fuera huir de mi realidad. A otra vida. Pero la cálida voz maternal y musical, como por obra del destino o la misericordia me ha devuelto a la mía. Con la ternura y la comprensión que necesitaba para enfrentarla de nuevo, con el peso de las nuevas verdades. Para enfrentarla y no quedarme indefinidamente en este tren de ensueño bajo tierra. En estos 18 otoños fantásticos e imaginarios. Para ser capaz de volver a subir a la superficie de la tierra y asumir lo que tenga de ser, que ahora es, desde esta misma noche, bajar la medicación. Para emprender el camino que un día quizás me lleve a la tumba que una vez cave para el chico derrotado y muerto alimentado a partir de entonces por estados anímicos artificiales a la merced de los médicos. A una tumba que si llego algún día, profanaré para besar al cadáver, hacerle el amor y susurrarle al oído que es posible luchar y sobrevivir y conseguir ser uno mismo en este puto mundo a pesar de todo. Y nos amaremos hasta ser uno de nuevo y partiremos a luchar y a vivir y allí se quedará la tumba vacía, solamente con un pequeño señal de apoyo para los viajantes que la crucen: una flor que florezca. Feliz Navidad.
*
Enis, no puedo más que darte las gracias. Gracias por no considerarme ningún bicho raro, gracias por ser un sol y gracias por dedicarme un quien es quien, que me haría mucha ilusión leer y que te rogaría que me enviaras por correo o que me lo pusieras en un comentario en mi blog. A mi también me caíste bien, aunque apenas hablamos. Un abrazo
Betulo, anda pues yo creía que en el primer blog, exceptuando los dos primeros meses estaba más contento que unas castañuelas. No sé. Quizás había más alegría pero menos esperanza.
Porvosmuero, si es bonito creer que hay alguien que te quiere echándote un cable desde el otro barrio.
Salva me encantan tus comentarios. Me gusta que compartas recuerdos conmigo y con todos. Lo de tu abuela muy jodido. Siempre es penoso después de perder un ser querido, ver como la gente saca su parte más baja peleándose por el dinero. Como si el amor hubiera sido una comedia. Ha de ser un desengaño terrible. En mi caso había también culpabilidad porque yo creo que alguna vez había deseado que se muriera. Yo la quería pero como estaba agresiva y teníamos miedo que nos matara, es duro querer y temer a la vez a una persona. Y yo la única vez que he llorado ante alguien también fue el día que mi abuela enloqueció. Cuando murió ya no. No lloré ni ante alguien ni solo. Ni una sola lágrima. Pero fue peor porque se me quedó a dentro y me pudrió y hizo que no lo pudiera olvidar. Seguiré esperando con ganas tus comentarios.
JuanSe no seas tonto, si te llevaste genial conmigo. Yo estaba cortado y tu no parabas de animarme y de bailar conmigo. No era momento para hacer cafés tranquilos, que éramos un grupo y tu eres un grandísimo anfitrión. A mi también me encantó conocerte. Me dejaste perplejo con tu soltura y desparpajo y me alegré mucho de ver que finalmente habías encontrado un peazo novio que te cuide y te mime como te mereces. Un besazo y gracias por tus palabras.
 
Comentario:
felices fiestas rober, t deseo un 2007 cargado de felicidad y de nada de medicacion.
un abrazo
 
Comentario:
Me alegro muchísimo de leer lo que has escrito y de comprobar la clarividencia con la que afrontas, no sólo tu situación actual, sino tu vida entera. Lleva razón tu psicóloga: No eres débil, sino todo lo contrario. ¿Te das cuenta de cuantas veces a lo largo de tu vida, has salido del caos, flotando como un corcho? :). Feliz navidad a tí también :).
 
Comentario:
Y la escena que describes volviendo a tus dieciocho años cuando iniciabas la universidad, cuando conocías a gente nueva es muy tierna, olvidarse del presente para centrarse en un pasado en el que fuimos felices, y la canción chiquitita de fondo mitigando nuestro dolor, emocionándonos y desgarrándonos al mismo tiempo por dentro y materialándose en una lágrima que nos resbala por la mejilla me ha conmovido sinceramente, me ha hecho recordar y sentir al mismo tiempo esa necesidad desesperada que a veces tenemos de encontrarnos a nosotros mismos en otro tiempo y lugar.

Y me sigues emocionando cuando describes que a pesar de todo cada día que pasa es una batalla ganada, que hay que intentar vencer los miedos, que hay que intentar no darles la razón a los que no creen en nosotros, que hay que quitarse los miedos, es un proceso lento y díficil pero tú lo has comenzado.

Y por ello, por el valor que demuestras cada día al enfrentarte a tus miedos, al fantasma que anida en tu interior, sé que algún día lograrás ir más allá de unas miradas cómplices, de una sonrisa de asentimientos, sé que hay algo en tí que se rebela contra tus miedos.
tal vez algunos comentaristas opinen que es más de lo mismo, pero a mí me encanta leerte, escribirte, aunque lo que lea sea triste, me dé rabia.

A veces pienso que las palabras sobran, me gustaría tenerte delante mirarte a los ojos y darte un abrazo en el que sin palabras te animara a seguir adelante, porque creo que eres un luchador y aunque algunos sólo vean en tus post derrotas y miedos, yo veo pequeños triunfos, logros y victorias personales que sólo sabe uno el valor que tienen cuando ha tocado fondo.

MUCHAS GRACIAS POR DARME EL INMENSO PLACER DE LEERTE, comentarte es una manera de decirte que aunque no te conozca de nada me importas, estoy contigo, y tu lucha en parte es mía.

Cuídate, de verdad......
 
Comentario:
COMENTARIO 3 DE 4

A mí me pasa algo similar con mi padre, es alguien que ha marcado mi vida para bien o para mal, es una persona con unos cambios de humor terribles que pasa de la alegría más absoluta a la más profunda indiferencia, de una generosidad que te desconcierta por la proximidad y el desinterés a una malicia premeditada que destila veneno.

Soy una persona de talante alegre, cariñosa y me gusta mostrarme tal y como soy, dicen que mi targeta de presentación es la sonrisa, pero cuando llego a casa a veces, no siempre, me lo encuentro cabreado, amargado, sin venir a cuento, sin ningún tipo de explicación, le pregunto con voz triste que si le pasa algo y te dice con odio, de malas maneras que le deje en paz y que lo único que deseamos es que se muera, tiene manía persecutoria y hay momentos en los que se cree que todo el mundo se alía contra él y que le odiamos. He discutido con mi padre hasta la saciedad, incluso hemos estado a punto en más de una ocasión de llegar a las manos, le he dicho de todo que es un hijo de puta´que solo vive para jodernos la vida, que le odio profundamente y que cuando sea viejo se morirá solo como un perro porque nadie le querrá, le he dicho que cuando se muera celebraré una fiesta.
Es un jodido maltratador psicológico que consigue derribar todas tus defensas y sacar lo peor de tí, el odio que llevas dentro, y cuando comienzas no paras, es como prender una mecha.
Cuando no puedo más con un portazo cierro la habitación y me pongo la música a toda hostia, para no oír como continúa la discusión con otro miembro de la familia, para no sentir su amargura y su odio, y a veces me da por llorar y no puedo parar porque en el fondo le sigo queriendo. Me gustaría que fuera otra persona, que su lado bueno siempre estuviera ahí, pero eso es imposible y me duele.

Por eso te comprendo cuando describes lo que te pasaba con tu abuela, esa mezcla entre temor y afecto, porque cada noche cuando regreso a casa tengo miedo de encontrarme con su cara de odio, de desprecio, cada noche cuando abro la puerta no sé a quién me encontraré....
Al día siguiente de discutir se levanta por la mañana y te da los buenos días con una sonrisa radiante, haciendo bromas, como si nada hubiera pasado, como si se le hubiera olvidado y eso me jode mucho, me deja echo polvo, echo una mierda porque a mí me sigue doliendo mucho.

Dicen que soy fuerte, pero reconozco que consigue alterar mi carácter, por eso te entiendo, porque yo también he llegado a aborrecer, he odiado pertenecer a una familia en la que muchas veces me encontraba solo navegando a la deriva, no entendía qué coño había hecho para merecer tanto dolor, tanta indiferencia, tanto desprecio, incluso a veces he llegado a fantasear con la idea de suicidarme dejando una nota en la que le decía claramente cuánto le odiaba y alegrándome por culparle de mi muerte, a veces me daba por pensar que mi vida estaba mejor en otra parte. Por eso entiendo tus crisis depresivas, la sensación de derrota, los miedos que vienen de antes, que no es que seas así pero que los tienes ahí....
 
Comentario:
COMENTARIO 2 DE 4

En tu post hay una gran verdad: y aunque pueda parecer reiterativo las verdades son subjetivas, y lo mismo sucede con los consejos u opiniones por mucho que provengan de profesionales, según mi punto de vista, según mi verdad (que no porque provenga de mí es menos válida que la de un profesional)el psiquiatra fue excesivamente duro contigo, que tenga un título no significa que todo lo que diga vaya a misa, que cree un axioma o una premisa irrefutable que no admite argumentos en contra; recordarte el comportamiento infantil de tus padres, su crueldad hacía tí, recordarte su perplejidad (profesional claro está) por que aún sigas en pie y no te hayas pegado un tiro está cuanto menos fuera de tono, no considero que ese sea el camino a tomar, y encima por si fuera poco con lo que te acaba de soltar te ordena que salgas del cascarón y que afrontes tus miedos, de verdad (y perdona por lo que voy a decir) no entiendo como semejante gilopollas puede pretender que extraigas una lección positiva de todo eso, después de lo que te ha dicho pretende que te quedes como si nada y que encima te animes.
Personalmente a mí lo único que me conseguiría hacer es deprimirme aún más, porque me daría por pensar que mi vida es una puta mierda y que aunque quiera no voy a salir nunca de ese mundo porque no hay nada que merezca la pena, no sé la familia son personas que lo han podido hacer mejor o peor pero que forman parte de tí, de tu vida, que en mayor o menor grado, para bien o para mal, te afecta lo que digan de ella, y demonizarlas hasta ese extremo por mucho mal que te hayan hecho es algo que te duele.
Por eso te entiendo cuando dices que después de la visita con el psiquiatra necesitaste llamarles, oír su voz, para saber que están ahí, para ver si en realidad lo que acabas de vivir, lo que te acaba de decir el pisquiatra era real o solo fruto de tu imaginación, no sé yo me sentiría derrotado, te dicen que eres fuerte, que tienes que salir del cascarón pero también te dicen (¡putas verdades de doble filo sujetas a interpretaciones) que el que hayas sobrevivido durante tanto tiempo con tantas cosas en tu contra es soprendente, por tanto a sensu contrario, te están diciendo que no les extrañaría que cualquier día cayeras en el abismo, es más estaría plenamente justificado, no sé me parece una muy mala forma de ejercer la profesión.

Y luego en el dolor que te produce remover tus miserias, tus miedos, les llamas y les oyes, y te das cuenta de que no han cambiado, los ves como unos extraños que están pero que no están, que son fantasmas en tu vida a pesar de encontrarse cerca, sientes que no pertenceces a nada, que estás solo con más gente pero estás solo, cada uno se centra en sus propios problemas, creen que el mundo gira a través de ellos, y que los demás que le rodean son tan injustos porque no les comprenden, porque les fastidian la vida con una presencia que se les hace incómoda, pero se olvidan (putos egoístas) de que hay más gente alrededor que pide a gritos su ayuda, que necesita un abrazo, que les diga que le quieren a pesar de todo, se centran en su mierda y no quieren ver más allá es una pena. Piensan que enviándote a un psiquiatra ya han hecho todo lo que podían por tí ¡qué magnánimos!, qué eres afortunado porque se preocupan por tí ¡y una mierda! ¿Dónde queda la calidez de un abrazo, de unas palabras dichas a tiempo, de un lo siento he cometido errores?, no se parece que eso no les importa ellos ya tienen sus propios problemas.
 
Comentario:
COMENTARIO 1 DE 4

Rober (de nuevo) y no me canso felicitarte por un post magnífico, que como siempre consigue emocionarme, convulsionarme por dentro removiendo emociones que guardo en mí y que necesito expresar al contestarte.

Antes de nada te tengo que decir que un amigo me comentó (a mi juicio muy acertadamente) que escribir es una manera de desahogarse, de vencer a los miedos nombrándolos, retándolos para tratar de disminuirlos y decirles aunque sea tan sólo a través de las palabras que no son tan importantes , pero que hacerlo en abstracto para no se sabe quién no le convencía, necesitaba sentir que alguien le leía, que alguien estaba ahí y que no estaba solo, tal vez esa persona podría censurarle, tal vez podría sentirse totalmente identificada con lo que lee o simplemente tal vez se limitara a darle un apoyo moral sin más porque no sabé qué decir, supongo que ese es el espíritu de los blogs, como decía Hairblue son una especie de "vomitorio personal", un lugar donde desahogarse, donde contar lo que os pasa, vuestras experiencias tanto positivas como negativas, una manera de no estar solos.
Y por eso te contesto para que sepas que no estás solo y que hay gente que te comprende y está contigo, que te aprecia y te valora por ello.

Darte las gracias de nuevo por expresar que te gustan mis mensajes y que esperas con ganas mis próximos comentarios, viniendo de alguién que admiro por cómo escribe y por cómo siente es todo un halago.
No