Volver
A la una de la madrugada, pocas horas después de que me levantara, he cerrado la tele al terminar los premios Goya –en que “Volver” ha ganado como mejor película- y en el silencio sepulcral de mi habitación en la que me esperaba una larga noche por delante, mi ventana me ha llamado intentándome seducir. Hacía días que no salía a la calle y la asfixiante atmósfera de la habitación en que me enclaustraba me hacía verlo todo más absurdo y triste. Y la enfermedad. Mi cuerpo había vuelto a caer abatido por la fiebre y el dolor. Mis ojos viciados de estar pegados solamente a la tres ventanas de mi habitación: la televisión, la pantalla del ordenador y la que queriendo ignorar inevitablemente no me podía mantener indiferente a su llamada, que era la ventana a la muerte y a la vida, al vacío y al aire fresco. Sí, mis pupilas estaban cansadas de dormir, cansadas de estar enganchadas a una pantalla, cansadas de llorar mientras ponía música y en la oscuridad me retaba en un duelo no consumado con el abismo que habitaba al otro lado y yo le clavaba los ojos y él me hechizaba hasta que los primeros rayos mortecinos de un sol apenas penetrable iluminaban tenuemente un rostro desencajado por una noche sin tregua. Así que al acabar los premios Goya, cuando la oscura me he susurrado “si yo te digo ven, déjalo todo”, no la he querido escuchar más y a pesar de estar enfermo y de que la noche era invernal, me he lanzado a la calle sin saber apenas donde iba. Dejándome guiar por el miedo que me hacía alejar de mi ventana. La ciudad estaba desolada. Iba perdido en mis pensamientos que iban brotando como brotaban las lágrimas de mis ojos. Y que más da? No había de quien esconderse, no había nadie en la ciudad, estaba solo, como siempre. Como siempre en soledad. Y pensaba que ahora volvía a estar como en mi adolescencia, como antes de que los tics me salvaran exteriorizando el dolor que escondía en las entrañas y que antes que ellos aparecieran, éste como un asesino silencioso me iba consumiendo poco. Y de no ser de mi cuerpo que me salvara a través de los tics, no habría pedido ayuda, nadie se habría percatado de mis problemas y hubiera buenamente aguantado como pudiese apagándome día a día hasta que un día no hubiera podido más y me hubieran encontrado muerto. Pero entonces –he pensado- mi cuerpo me salvó. Pero ahora mi cuerpo se ha rendido tras años de batallar sin pausa contra la insensatez. Ahora ya no tengo a quien pedir ayuda, porque he visto que nadie me puedo ayudar. A los 17 era un niño y confiaba que mis padres me podrían ayudar y también los médicos. Ahora he dejado de confiar en unos y otros. Las manos han ido desapareciendo. Estoy colgado del abismo y necesito de una mano que me suba. Pero una a una las manos se han ido esfumando. Y allí he quedado, colgado en el vacío. Ahora como hace 10 años voy consumiéndome a base de caídas y caídas. Apagándome poco a poco. Y esta vez no tendré quien me salve, o quien me haga creer que me puedo salvar. Y tengo miedo –me decía mientras andaba por la ciudad desolada y las lágrimas me calentaban mi cara helada- que se cumpla lo que pronostiqué que se cumpliría antaño: que la desesperación y la tristeza se fueran apoderando de mi hasta que me mataran.
Y de pronto mientras paseaba perdido por la calle y por mi alma me he percatado que he pasado por un sitio que hacía casi un cuarto de siglo, que hacía 24 años que no había vuelto. Sí, al primer sitio donde estuve en este mundo, y donde nunca jamás volvería a estar hasta hoy: a la clínica donde había nacido, la cual hace unos meses había oído que dejaría de existir, que la cambiarían de lugar pronto. Me he recalcado a la pared de enfrente y me he estado allí, ante mi primera casa, mirándola fijamente primero con cierto recelo y hostilidad y luego con ternura y mucha pena. Con las manos en los bolsillos del abrigo, en la ciudad de la soledad, en la noche fría, en el silencio de la calle muerta he ahogado el que había de ser un sentido sollozo como el que dentro de la clínica debía estar dando un niño acabado de nacer, como el que di yo hace 24 años en este mismo lugar.
He sentido que aquí seguro que fui feliz. Ni que fuera durante la noche que dormí aquí, antes de que se me llevaran mis padres a mi casa. Aquella noche dormí y lloré todo lo que me vino en gana, tranquilo, sin preocupaciones, siendo yo mismo. Pero pronto, muy pronto –según me contaron una vez, al morir mi abuela paterna cuando yo tenía dos años, en el lecho de muerte le dijo a mi padre que él me quería tanto que me acabaría destrozando- empecé a arrastrar cadenas que pesaban más que yo. Hasta el punto que hoy día, sí es que soy algo, soy un esclavo:
Esclavo del odio ya que seguramente todos mis bloqueos debidos al miedo a perder el control que me paralizan no dejándome disfrutar en el sexo, no pudiendo amar, no pudiendo comunicarme, no pudiendo oír ni sentir, no pudiéndome enfadar y por lo tanto estar siempre controlándome, siendo artificial, postizo, no pudiendo ser yo mismo, son causados porque si dejo de controlar, si decido que puedo perder el control y ser yo mismo saldría todo el odio que tengo hacía mi padre y lo acabaría matando.
Esclavo de la nostalgia ya que no puedo evitar pensar que el paso del tiempo comporta la vejez y muerte de mi madre que es lo único que tengo y que a pesar de que no puedo vivir con ella tampoco puedo vivir sin ella. Y aceptar que ha pasado el tiempo, que ya no es como entonces, como cuando era un niño, como cuando era como ella siempre ha deseado que fuera, es decir, un niño al que ella pudiera cuidar, es como aceptar su muerte, como aceptar que cada día está más mal y con menos facultades, como aceptar mi soledad. Y eso es algo que no puedo aceptar porque sería perder lo único que tengo.
Esclavo del miedo ya que la vida me dio traumas precoces y me hizo retraer en mi y ser asustadizo y temeroso y a la hora de salir del cascarón afrentarme a la vida con un terror tan mitificado que me hiciera fracasar y sufrir y temer cada vez más cosas. Hasta que el miedo se apoderó absolutamente de mí y aun probando cada día de volver a ganarle tierras que un día fueron mías y que él me arrebató sigo siendo hoy por hoy su esclavo.
Esclavo de mi cuerpo ya que éste se rebeló contra mi y me impuso su tiranía, su dominio. No era yo quien lo controlaba a él sino él quien me controlaba a mi a través de los tics, a través de mi sordera psicológica.
Esclavo de mis padres y de los demás: De mis padres por lo que ya he dicho y además porque como buenos vampiros emocionales decidieron pensar, decidir y hasta vivir por mí convirtiéndome en un inútil sin capacidad de decisión, sin criterio propio ni sensatez para enfrentarse a la vida que necesitase siempre de ellos o de alguien más que piense por él, decida por él.
Mientras mis lágrimas me acariciaban la cara, yo acariciaba con la mirada el edificio que me vio nacer y que pronto desaparecería. Como si fuera aquel niño que acabó de nacer, que no sabía de penas ni era esclavo de nada. “Lo siento mi niño –le he dicho- así es la vida. Cuando ya seas un hombre volverás una noche oscura a tu primera casa. Y entenderás cuando la lluvia de tus ojos riegue tu boca y bebas de esa melancolía, que a veces se debe volver. Para comprender. Para ver lo que eras y lo que eres. Y viendo que en esta vida, muchas cosas pueden ser insustanciales pero que aquello que realmente importa cuando estás ante ti mismo y ante el tiempo es aquella ilusión primera de ser tú mismo, de poder desarrollar tu naturaleza y no convertirte en un esclavo de esta sociedad. Entenderás que a veces se debe volver para rescatar el aroma de aquella ilusión que el olvido y el tiempo se tragaron. Y alimentado por la esperanza de ese olor recobrado volver a empezar para volver a intentarlo”
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenan mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo lo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón.
Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
He vuelto a salir por aquella puerta como hace casi un cuarto de siglo salí de allí a manos de mi madre y mi padre me condujo hasta casa, pero está vez saliendo por mi propio pie y llegando por mis propios medios a casa. Pensando por mi mismo el camino, decidiendo por que callejón torcer. “Sayonara baby” le he dicho al pequeño. Y completamente perdido en la ciudad, tiritando de frío y quizás de fiebre he decidido buscar mi camino. MI camino. Y hacerlo. Ha pasado un taxi. He pensado “Páralo y que te lleve a casa”. Pero enseguida me he dicho que no, que nada de llegar gracias a mi papa y su dinero, que había de llegar por mi mismo. Así que he penetrado en la ciudad helada. Estaba perdido, tenía frío y estaba triste y me sentía solo y tenía ganas de llorar. He fantaseado con cruzarme con algún chico guapo que me consolara y me abrazara bien fuerte. Pero desengañémonos, me he dicho, estoy solo en la ciudad. También de día lo estoy aunque haya gente. Sólo, y colgado en el abismo sin ninguna mano que me suba –he recordado-. Tal vez la única forma de subir y estar en tierra firme es haciendo yo un esfuerzo, poniendo toda la fuerza que pueda y conseguir subir por mis propias manos arriba.
Finalmente cansado de andar y de andar me ha parecido encontrar una plazuela conocida en esta extraña ciudad que me tengo de aprender a hacer mía. Guiado por la pista he seguido por calles y callejuelas hasta que finalmente he llegado por mi propio pie a mi casa.
Cuando hace casi un cuarto de siglo llegué por primera vez a Lloret con mis padres directo de la clínica de Barcelona, ya en casa me empezaron a cuidar y educar. No lo hicieron muy bien. Eso sí, lo mejor que supieron. Quizás ahora que yo he llegado a mi casa también es hora que me empiece a cuidar y a educar para lograr la libertad. Para ser y andar yo mismo, sin el peso de las cadenas que arrastro como un fantasma. Educarme para un día volver a ser como aquel niño recién nacido que aún desnudo llora sin pudor, ni prejuicios para decir al mundo con sus sollozos más sentidos: “Éste soy yo”.
*
A todos vosotros, con vuestros versos, con vuestros ofrecimientos, con vuestro estar aquí, con vuestros consejos, con vuestro ánimo, con vuestro apoyo, con vuestra comprensión, con vuestro afecto habéis conseguido pintarme la cara color esperanza. Aunque no se note, aunque de forma algo imperceptible, pero en el fondo de mis ojos brilla una pizca de este sentimiento. Gracias. Os dedico esta canción. Va por vosotros:
Bienvenido alvaro. Hairblue, que sepas que aunque intervengas poco tus comentarios siempre me son muy provechosos, de cara a mi novela. Tienes algo de precursor. O simplemente de observador y es que yo no me fijo en el mundo en el que vivo, pero tu filosofía de vida y los pensamientos con que nos deleitas hacen que le consiga dar un toque de actualidad y comprender mejor algunas cosas.;)
Y de pronto mientras paseaba perdido por la calle y por mi alma me he percatado que he pasado por un sitio que hacía casi un cuarto de siglo, que hacía 24 años que no había vuelto. Sí, al primer sitio donde estuve en este mundo, y donde nunca jamás volvería a estar hasta hoy: a la clínica donde había nacido, la cual hace unos meses había oído que dejaría de existir, que la cambiarían de lugar pronto. Me he recalcado a la pared de enfrente y me he estado allí, ante mi primera casa, mirándola fijamente primero con cierto recelo y hostilidad y luego con ternura y mucha pena. Con las manos en los bolsillos del abrigo, en la ciudad de la soledad, en la noche fría, en el silencio de la calle muerta he ahogado el que había de ser un sentido sollozo como el que dentro de la clínica debía estar dando un niño acabado de nacer, como el que di yo hace 24 años en este mismo lugar.
He sentido que aquí seguro que fui feliz. Ni que fuera durante la noche que dormí aquí, antes de que se me llevaran mis padres a mi casa. Aquella noche dormí y lloré todo lo que me vino en gana, tranquilo, sin preocupaciones, siendo yo mismo. Pero pronto, muy pronto –según me contaron una vez, al morir mi abuela paterna cuando yo tenía dos años, en el lecho de muerte le dijo a mi padre que él me quería tanto que me acabaría destrozando- empecé a arrastrar cadenas que pesaban más que yo. Hasta el punto que hoy día, sí es que soy algo, soy un esclavo:
Esclavo del odio ya que seguramente todos mis bloqueos debidos al miedo a perder el control que me paralizan no dejándome disfrutar en el sexo, no pudiendo amar, no pudiendo comunicarme, no pudiendo oír ni sentir, no pudiéndome enfadar y por lo tanto estar siempre controlándome, siendo artificial, postizo, no pudiendo ser yo mismo, son causados porque si dejo de controlar, si decido que puedo perder el control y ser yo mismo saldría todo el odio que tengo hacía mi padre y lo acabaría matando.
Esclavo de la nostalgia ya que no puedo evitar pensar que el paso del tiempo comporta la vejez y muerte de mi madre que es lo único que tengo y que a pesar de que no puedo vivir con ella tampoco puedo vivir sin ella. Y aceptar que ha pasado el tiempo, que ya no es como entonces, como cuando era un niño, como cuando era como ella siempre ha deseado que fuera, es decir, un niño al que ella pudiera cuidar, es como aceptar su muerte, como aceptar que cada día está más mal y con menos facultades, como aceptar mi soledad. Y eso es algo que no puedo aceptar porque sería perder lo único que tengo.
Esclavo del miedo ya que la vida me dio traumas precoces y me hizo retraer en mi y ser asustadizo y temeroso y a la hora de salir del cascarón afrentarme a la vida con un terror tan mitificado que me hiciera fracasar y sufrir y temer cada vez más cosas. Hasta que el miedo se apoderó absolutamente de mí y aun probando cada día de volver a ganarle tierras que un día fueron mías y que él me arrebató sigo siendo hoy por hoy su esclavo.
Esclavo de mi cuerpo ya que éste se rebeló contra mi y me impuso su tiranía, su dominio. No era yo quien lo controlaba a él sino él quien me controlaba a mi a través de los tics, a través de mi sordera psicológica.
Esclavo de mis padres y de los demás: De mis padres por lo que ya he dicho y además porque como buenos vampiros emocionales decidieron pensar, decidir y hasta vivir por mí convirtiéndome en un inútil sin capacidad de decisión, sin criterio propio ni sensatez para enfrentarse a la vida que necesitase siempre de ellos o de alguien más que piense por él, decida por él.
Mientras mis lágrimas me acariciaban la cara, yo acariciaba con la mirada el edificio que me vio nacer y que pronto desaparecería. Como si fuera aquel niño que acabó de nacer, que no sabía de penas ni era esclavo de nada. “Lo siento mi niño –le he dicho- así es la vida. Cuando ya seas un hombre volverás una noche oscura a tu primera casa. Y entenderás cuando la lluvia de tus ojos riegue tu boca y bebas de esa melancolía, que a veces se debe volver. Para comprender. Para ver lo que eras y lo que eres. Y viendo que en esta vida, muchas cosas pueden ser insustanciales pero que aquello que realmente importa cuando estás ante ti mismo y ante el tiempo es aquella ilusión primera de ser tú mismo, de poder desarrollar tu naturaleza y no convertirte en un esclavo de esta sociedad. Entenderás que a veces se debe volver para rescatar el aroma de aquella ilusión que el olvido y el tiempo se tragaron. Y alimentado por la esperanza de ese olor recobrado volver a empezar para volver a intentarlo”
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenan mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo lo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón.
Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.
He vuelto a salir por aquella puerta como hace casi un cuarto de siglo salí de allí a manos de mi madre y mi padre me condujo hasta casa, pero está vez saliendo por mi propio pie y llegando por mis propios medios a casa. Pensando por mi mismo el camino, decidiendo por que callejón torcer. “Sayonara baby” le he dicho al pequeño. Y completamente perdido en la ciudad, tiritando de frío y quizás de fiebre he decidido buscar mi camino. MI camino. Y hacerlo. Ha pasado un taxi. He pensado “Páralo y que te lleve a casa”. Pero enseguida me he dicho que no, que nada de llegar gracias a mi papa y su dinero, que había de llegar por mi mismo. Así que he penetrado en la ciudad helada. Estaba perdido, tenía frío y estaba triste y me sentía solo y tenía ganas de llorar. He fantaseado con cruzarme con algún chico guapo que me consolara y me abrazara bien fuerte. Pero desengañémonos, me he dicho, estoy solo en la ciudad. También de día lo estoy aunque haya gente. Sólo, y colgado en el abismo sin ninguna mano que me suba –he recordado-. Tal vez la única forma de subir y estar en tierra firme es haciendo yo un esfuerzo, poniendo toda la fuerza que pueda y conseguir subir por mis propias manos arriba.
Finalmente cansado de andar y de andar me ha parecido encontrar una plazuela conocida en esta extraña ciudad que me tengo de aprender a hacer mía. Guiado por la pista he seguido por calles y callejuelas hasta que finalmente he llegado por mi propio pie a mi casa.
Cuando hace casi un cuarto de siglo llegué por primera vez a Lloret con mis padres directo de la clínica de Barcelona, ya en casa me empezaron a cuidar y educar. No lo hicieron muy bien. Eso sí, lo mejor que supieron. Quizás ahora que yo he llegado a mi casa también es hora que me empiece a cuidar y a educar para lograr la libertad. Para ser y andar yo mismo, sin el peso de las cadenas que arrastro como un fantasma. Educarme para un día volver a ser como aquel niño recién nacido que aún desnudo llora sin pudor, ni prejuicios para decir al mundo con sus sollozos más sentidos: “Éste soy yo”.
*
A todos vosotros, con vuestros versos, con vuestros ofrecimientos, con vuestro estar aquí, con vuestros consejos, con vuestro ánimo, con vuestro apoyo, con vuestra comprensión, con vuestro afecto habéis conseguido pintarme la cara color esperanza. Aunque no se note, aunque de forma algo imperceptible, pero en el fondo de mis ojos brilla una pizca de este sentimiento. Gracias. Os dedico esta canción. Va por vosotros:
Bienvenido alvaro. Hairblue, que sepas que aunque intervengas poco tus comentarios siempre me son muy provechosos, de cara a mi novela. Tienes algo de precursor. O simplemente de observador y es que yo no me fijo en el mundo en el que vivo, pero tu filosofía de vida y los pensamientos con que nos deleitas hacen que le consiga dar un toque de actualidad y comprender mejor algunas cosas.;)
Comentario:
COMENTARIO 4 DE 4
VOLVER a ese Rober al que quiero, que me dedica su tiempo, que tiene una paciencia infinita conmigo, al que no puedo evitar dedicarle mensajes de voz salpicados de ternuras y de afectos. Volver a ese Rober que quiero, que admiro, que lucha contra el fantasma.
Volver a las cosas que están en tí y que te empeñas en negar.
Y no estás solo, la gente te quiere. No voy a dejar que estés solo, aunque no pueda darte el abrazo que necesitas, aunque no pueda mirarte a los ojos y decirte que tengo FE, que CREO EN TÍ, siempre estoy ahí para tí.
Cada pequeño momento que paso contigo es un pequeño tesoro que guardo en mi interior, y te lo pueden decir Enis, te lo puede decir Paper cada vez que hablo de tí estoy muy orgulloso, y no puedo dejar de alabarte porque LO MERECES, eres una gran persona y me aportas mucho, y por eso tienes que VOLVER a luchar, a reemprender la lucha contra el fantasma.
Te quiero, y no lo olvides nunza, porque aunque a veces te des por vencido, aunque a veces pienses que no vas a poder con todo sigo creyendo en tí, sigo tendiéndote mi mano, porque hay mucha luz dentro de la oscuridad, solo tienes que comenzar a correr las cortinas.
VOLVER a ese Rober al que quiero, que me dedica su tiempo, que tiene una paciencia infinita conmigo, al que no puedo evitar dedicarle mensajes de voz salpicados de ternuras y de afectos. Volver a ese Rober que quiero, que admiro, que lucha contra el fantasma.
Volver a las cosas que están en tí y que te empeñas en negar.
Y no estás solo, la gente te quiere. No voy a dejar que estés solo, aunque no pueda darte el abrazo que necesitas, aunque no pueda mirarte a los ojos y decirte que tengo FE, que CREO EN TÍ, siempre estoy ahí para tí.
Cada pequeño momento que paso contigo es un pequeño tesoro que guardo en mi interior, y te lo pueden decir Enis, te lo puede decir Paper cada vez que hablo de tí estoy muy orgulloso, y no puedo dejar de alabarte porque LO MERECES, eres una gran persona y me aportas mucho, y por eso tienes que VOLVER a luchar, a reemprender la lucha contra el fantasma.
Te quiero, y no lo olvides nunza, porque aunque a veces te des por vencido, aunque a veces pienses que no vas a poder con todo sigo creyendo en tí, sigo tendiéndote mi mano, porque hay mucha luz dentro de la oscuridad, solo tienes que comenzar a correr las cortinas.
Comentario:
COMENTARIO 3 DE 4
Y no dejas de sorprenderte por el dolor que te produce la felicidad perdida, la conciencia cierta de que SIGUES VIVO, de que no estás muerto, y sientes que NECESITAS escapar, huír de tu fantasma para encontrarla, para volverla a hacer tu amiga, para no olvidarla.
Y esa vuelta a ese sentimiento que ESTÁ EN TÍ, que PUEDES SEGUIR SINTIENDO, HACIÉNDOLO TUYO, AMPLIFICÁNDOLO uniendo fuerzas con el enemigo del fantasma para vencerlo definitivamente.
VOLVER para mejorar, para ser más fuerte y retar a tu fantasma hasta aniquilarlo, volver para disfrutar de una vida que merece la pena aunque no lo creamos, volver para disfrutar de otro tipo de esclavitud: la esclavitud hacía otra persona que te necesita, que te quiere en su vida, y que te dá tantas cosass que necesitas someterte y someterla a ella para que siempre esté cerca de tí y que no se aleje.
SEr esclavo del placer que supone desahogarse a través de las palabras, gritarle al mundo a través de tu blog que sigues VIVO y que no te vas a hundir. Volver para sentir que el sexo es algo más que un desahogo cuando estás enamorado y quieres a la persona. Volver a la ternura, volver a la capacidad de darlo todo por los demás, volver a brillar como cuando hablas conmigo por teléfono, porque brillas, porque me fascina tu conversación, porque me encanta el sonido de tu sonrisa pícara, porque me emociona tu inteligencia aguda, y porque aunque pueda parecer sorprendente TIENES LAS SOLUCIONES, eres capaz de verlas claramente, y NO NECESITAS CONSEJOS, porque tienes que hacerle caso a esa otra voz que hay en tí.
Tienes que admitir que la solución está en tí, y comenzar a luchar ¿No te das cuenta de ello?. Escucha la voz que se rebela, que no acepta lo evidente, que manda sobre tu cuerpo y le incita a sublevarse a través de sus tics, que te paraliza y te impide avanzar hacía la ventana, escuchala NO LA SILENCIES, no la ahogues, no la vacíes, grita a tu dolor, grita tus miedos, echalos por la boca y lucha contra ellos.
Y no dejas de sorprenderte por el dolor que te produce la felicidad perdida, la conciencia cierta de que SIGUES VIVO, de que no estás muerto, y sientes que NECESITAS escapar, huír de tu fantasma para encontrarla, para volverla a hacer tu amiga, para no olvidarla.
Y esa vuelta a ese sentimiento que ESTÁ EN TÍ, que PUEDES SEGUIR SINTIENDO, HACIÉNDOLO TUYO, AMPLIFICÁNDOLO uniendo fuerzas con el enemigo del fantasma para vencerlo definitivamente.
VOLVER para mejorar, para ser más fuerte y retar a tu fantasma hasta aniquilarlo, volver para disfrutar de una vida que merece la pena aunque no lo creamos, volver para disfrutar de otro tipo de esclavitud: la esclavitud hacía otra persona que te necesita, que te quiere en su vida, y que te dá tantas cosass que necesitas someterte y someterla a ella para que siempre esté cerca de tí y que no se aleje.
SEr esclavo del placer que supone desahogarse a través de las palabras, gritarle al mundo a través de tu blog que sigues VIVO y que no te vas a hundir. Volver para sentir que el sexo es algo más que un desahogo cuando estás enamorado y quieres a la persona. Volver a la ternura, volver a la capacidad de darlo todo por los demás, volver a brillar como cuando hablas conmigo por teléfono, porque brillas, porque me fascina tu conversación, porque me encanta el sonido de tu sonrisa pícara, porque me emociona tu inteligencia aguda, y porque aunque pueda parecer sorprendente TIENES LAS SOLUCIONES, eres capaz de verlas claramente, y NO NECESITAS CONSEJOS, porque tienes que hacerle caso a esa otra voz que hay en tí.
Tienes que admitir que la solución está en tí, y comenzar a luchar ¿No te das cuenta de ello?. Escucha la voz que se rebela, que no acepta lo evidente, que manda sobre tu cuerpo y le incita a sublevarse a través de sus tics, que te paraliza y te impide avanzar hacía la ventana, escuchala NO LA SILENCIES, no la ahogues, no la vacíes, grita a tu dolor, grita tus miedos, echalos por la boca y lucha contra ellos.
Comentario:
COMENTARIO 2 DE 4
Sólo tengo que dar unos pasos, unos segundos no son nada si suponen el fin. Me acerco un poquito más pero de repente cuando estoy a punto de lanzarme al vacío, de recurrir al vacío para huír del mío propio algo en mi cuerpo se rebela, algo me paraliza, recuerdos que asaltan mi mente, caras, momentos de mi vida en los que fui feliz, cuando era un niño, sin tics, sin inseguridades, sin nervios, recuerdo la sonrisa, la calidez de una madre cariñosa, afectiva, recuerdo a mi abuela en sus momentos de lucidez, su mirada vivaz e inteligente, y eso me desconcierta, no lo entiendo, no lo comprendo, estaba muy cerca, siento el aliento del viento helado en mi cara, no comprendo porque no puedo dar un paso, el fantasma me dice que no haga caso de esa sensación, que lo único verdadero, la única solución posible, el único remedio para mis males está en seguirle, solo un paso más me dice y todo habrá acabado, pero no le hago caso, su voz me produce escalofríos, me repele, tengo miedo, y huyo, le suelto la mano con asco, vuelvo a la cama y continúo llorando sin entender nada.
Me alejo y me remuevo en la cama inquieto, siento que no pertenezco a ningún sitio, que me ahoga la habitación, que necesito salir, perderme en la noche, mirar la luna y encontrar en su resplandor la calidez que me hace falta para seguir sintiéndome vivo, necesito salir de la cárcel que me consume, necesito huír del fantasma que me fascina y me aterra a partes iguales. Necesito hacer algo, no pensar, me visto, salgo a la calle y me pierdo en la noche, no sé donde voy sólo que necesito encontrar respuestas que no tengo, necesito tener un motivo por el que tirar para adelante, respuestas, señales que no llegan.
Busco algo entre calles que me parecen iguales, no puedo dejar de caminar ¿quién sabe hacía donde?, fantaseo con la posibilidad de perderme, que nunca más se sepa de mí, desaparecer del mapa, de la vida.
Me escondo de todo, de lo que siento, de lo que no siento, de los problemas, de los remedios que no tengo el valor de afrontar, y sigo caminando destrozado por dentro, llorando por fuera. La noche es la espectadura muda de mi desolación.
Y sin saberlo, sin intuirlo siquiera los pasos aparentemente sin sentido, me llevan a un lugar conocido, al hospital donde nací y vuelvo a través del tiempo a mis orígenes, a un tiempo en el que no era consciente, me limitaba a sentir, a sonreír, a llorar, a vivir sin más preocupaciones que satisfacer mi egoísmo.
Y ese sentimiento, la vuelta a los orígenes me trae a otro, un sentimiento enterrado que aparece cuando menos lo espera y que va a asociado a la nostalgia: la nostalgia de tiempos felices, de cosquilleos en el estómago cuando te sorprenden para bien, de complicidad con los amigos con los que te sientes a gusto limitándote a ser tú mismo y no esperando nada de ellos más que te permitan serlo, y la nostalgia de la felicidad me traslada a la certidumbre de su pérdida, de que he estado tanto tiempo centrándome en mis miedos, ahogándome en inseguridades y dudando continuamente de mí que la perdí, que sólo podía pensar en tirar la toalla, en acabar con todo.
La felicidad, la ilusión, la luz que había en mí quedó sepultada en los recuerdos que no salen a flote; en la memoria olvidada porque solo existía sitio para lo negativo, como en una cinta de video en la que graban encima, el fantasma apretó la tecla REC y me hizo olvidar que existen, me HIZO OLVIDARME DE MÍ, y reencontrarme con esa parte de mí es nuevo, no estoy acostumbrado.
Sólo tengo que dar unos pasos, unos segundos no son nada si suponen el fin. Me acerco un poquito más pero de repente cuando estoy a punto de lanzarme al vacío, de recurrir al vacío para huír del mío propio algo en mi cuerpo se rebela, algo me paraliza, recuerdos que asaltan mi mente, caras, momentos de mi vida en los que fui feliz, cuando era un niño, sin tics, sin inseguridades, sin nervios, recuerdo la sonrisa, la calidez de una madre cariñosa, afectiva, recuerdo a mi abuela en sus momentos de lucidez, su mirada vivaz e inteligente, y eso me desconcierta, no lo entiendo, no lo comprendo, estaba muy cerca, siento el aliento del viento helado en mi cara, no comprendo porque no puedo dar un paso, el fantasma me dice que no haga caso de esa sensación, que lo único verdadero, la única solución posible, el único remedio para mis males está en seguirle, solo un paso más me dice y todo habrá acabado, pero no le hago caso, su voz me produce escalofríos, me repele, tengo miedo, y huyo, le suelto la mano con asco, vuelvo a la cama y continúo llorando sin entender nada.
Me alejo y me remuevo en la cama inquieto, siento que no pertenezco a ningún sitio, que me ahoga la habitación, que necesito salir, perderme en la noche, mirar la luna y encontrar en su resplandor la calidez que me hace falta para seguir sintiéndome vivo, necesito salir de la cárcel que me consume, necesito huír del fantasma que me fascina y me aterra a partes iguales. Necesito hacer algo, no pensar, me visto, salgo a la calle y me pierdo en la noche, no sé donde voy sólo que necesito encontrar respuestas que no tengo, necesito tener un motivo por el que tirar para adelante, respuestas, señales que no llegan.
Busco algo entre calles que me parecen iguales, no puedo dejar de caminar ¿quién sabe hacía donde?, fantaseo con la posibilidad de perderme, que nunca más se sepa de mí, desaparecer del mapa, de la vida.
Me escondo de todo, de lo que siento, de lo que no siento, de los problemas, de los remedios que no tengo el valor de afrontar, y sigo caminando destrozado por dentro, llorando por fuera. La noche es la espectadura muda de mi desolación.
Y sin saberlo, sin intuirlo siquiera los pasos aparentemente sin sentido, me llevan a un lugar conocido, al hospital donde nací y vuelvo a través del tiempo a mis orígenes, a un tiempo en el que no era consciente, me limitaba a sentir, a sonreír, a llorar, a vivir sin más preocupaciones que satisfacer mi egoísmo.
Y ese sentimiento, la vuelta a los orígenes me trae a otro, un sentimiento enterrado que aparece cuando menos lo espera y que va a asociado a la nostalgia: la nostalgia de tiempos felices, de cosquilleos en el estómago cuando te sorprenden para bien, de complicidad con los amigos con los que te sientes a gusto limitándote a ser tú mismo y no esperando nada de ellos más que te permitan serlo, y la nostalgia de la felicidad me traslada a la certidumbre de su pérdida, de que he estado tanto tiempo centrándome en mis miedos, ahogándome en inseguridades y dudando continuamente de mí que la perdí, que sólo podía pensar en tirar la toalla, en acabar con todo.
La felicidad, la ilusión, la luz que había en mí quedó sepultada en los recuerdos que no salen a flote; en la memoria olvidada porque solo existía sitio para lo negativo, como en una cinta de video en la que graban encima, el fantasma apretó la tecla REC y me hizo olvidar que existen, me HIZO OLVIDARME DE MÍ, y reencontrarme con esa parte de mí es nuevo, no estoy acostumbrado.
Comentario:
comentario 1 de 4
Sólo, escondido en la oscuridad de la noche, nadie me vé. Nadie me oye. Lloro y las lágrimas calientes resbalan por mis mejillas, ahora que he comenzado después de tanto tiempo siento que no puedo parar.
Sólo, sin nadie con quién hablar, sin ganas de nada, sin ilusiones, sin alegrías, solo: vacío por dentro y por fuera, vacío que me ahoga y me impide respirar. Oscuridad perpetua, tiempo que me aplasta como una cucaracha.
Solo, con las ventanas abiertas contemplo hipnotizado como se balancean las cortinas en una danza macabra con el viento, a la que tal vez me pueda unir para acabar de una vez con esta puta mierda de vida.
Solo, sin nadie con quien hablar llorando de impotencia espero inmóvil desnudo en la cama a que el frío me anestesie con su abrazo y que mis lágrimas se congelen. Quiero morirme, acabar de una puta vez con todo esto, dejar de vivir este sinsentido.
Ya no quiero luchar, ya no PUEDO luchar, no soy yo sólo la marioneta de un fantasma, movida por sus hilos, que habla sólo para decir lo que él quiere que diga. Ya no quiero pensar ÉL lo hace por mí, YA no quiero levantarme ÉL ha decidido que permanezca inmóvil, no tengo a nadie más que a ÉL, dice que es mi amigo que sabe lo que necesito, que hay remedio para el dolor, no lo creo pero NO TENGO A NADIE MÁS.
Me invita a reunirme con él en su mundo, en LO INVISIBLE, lo que no se vé, allí me dice que no me juzgarán porque no pueden verme, allí no hay tics, allí no existe la presión, no existen padres, no existen falsos amigos, es tan fácil me dice, y me señala la ventana.
En lo invisible tengo una voz que me escucha, que decide por mí.
Me dejo guiar por sus consejos y me acerco a la ventana, me reincorporo , siento el frío pero me da igual, allá afuera está el camino hacía la libertad, está el fin de todo, de una vida absurda. La noche está oscura y no hay nadie, me acerco cada vez más, palpo con mis dedos el aire, solo un paso más. Nadie me verá, nadie sabrá de mí, sólo verán un cuerpo en medio de la calle en un charco de sangre, después de todo es tan fácil como dice el fantasma. Noto su mano helada que me guía, que me arrastra, hacía mi destino, hacía el único posible.
Sólo, escondido en la oscuridad de la noche, nadie me vé. Nadie me oye. Lloro y las lágrimas calientes resbalan por mis mejillas, ahora que he comenzado después de tanto tiempo siento que no puedo parar.
Sólo, sin nadie con quién hablar, sin ganas de nada, sin ilusiones, sin alegrías, solo: vacío por dentro y por fuera, vacío que me ahoga y me impide respirar. Oscuridad perpetua, tiempo que me aplasta como una cucaracha.
Solo, con las ventanas abiertas contemplo hipnotizado como se balancean las cortinas en una danza macabra con el viento, a la que tal vez me pueda unir para acabar de una vez con esta puta mierda de vida.
Solo, sin nadie con quien hablar llorando de impotencia espero inmóvil desnudo en la cama a que el frío me anestesie con su abrazo y que mis lágrimas se congelen. Quiero morirme, acabar de una puta vez con todo esto, dejar de vivir este sinsentido.
Ya no quiero luchar, ya no PUEDO luchar, no soy yo sólo la marioneta de un fantasma, movida por sus hilos, que habla sólo para decir lo que él quiere que diga. Ya no quiero pensar ÉL lo hace por mí, YA no quiero levantarme ÉL ha decidido que permanezca inmóvil, no tengo a nadie más que a ÉL, dice que es mi amigo que sabe lo que necesito, que hay remedio para el dolor, no lo creo pero NO TENGO A NADIE MÁS.
Me invita a reunirme con él en su mundo, en LO INVISIBLE, lo que no se vé, allí me dice que no me juzgarán porque no pueden verme, allí no hay tics, allí no existe la presión, no existen padres, no existen falsos amigos, es tan fácil me dice, y me señala la ventana.
En lo invisible tengo una voz que me escucha, que decide por mí.
Me dejo guiar por sus consejos y me acerco a la ventana, me reincorporo , siento el frío pero me da igual, allá afuera está el camino hacía la libertad, está el fin de todo, de una vida absurda. La noche está oscura y no hay nadie, me acerco cada vez más, palpo con mis dedos el aire, solo un paso más. Nadie me verá, nadie sabrá de mí, sólo verán un cuerpo en medio de la calle en un charco de sangre, después de todo es tan fácil como dice el fantasma. Noto su mano helada que me guía, que me arrastra, hacía mi destino, hacía el único posible.
Comentario:
SI SI SI
Todos te acompañaremos por este nuevo camino que labras tu hacía la libertad tan ansiada y que tanta falta te hace.
UN FUERTE ABRAZO
Todos te acompañaremos por este nuevo camino que labras tu hacía la libertad tan ansiada y que tanta falta te hace.
UN FUERTE ABRAZO
Comentario:
“Volver”.
O empezar. Pero volver... no es tanto mirar al pasado como mirar al futuro. Es recoger las enseñanzas que hemos recogido durante los años pasados y tenerlas presentes para hacer un futuro de color y aire puro.
“con la frente marchita”
No, con la frente muy alta. Porque has tenido muchas dificultades. Porque has sufrido lo indecible. Y estás ahí. No badas un duro por ti. Pero estás ahí, Enseñándonos a todos a luchar, a levantarse después de caer.
“las nieves del tiempo... platearon mi sien”
Experiencia. No volverán los 17... ni los 18. Ya es historia. Y libor de texto. Para no caer en lo mismo. Tu cuerpo se rindió, pero te hizo reaccionar. Te hizo aceptarte y conocerte. Ahora solo tienes que quitarte ese velo negro que tienes sobre tus ojos, y que muchas veces hace que el color esperanza no esté en tu arco iris.
“sentir”
Estás aprendiendo a sentir, a querer, a amar. No creías que era posible. Paro ya salen esas palabras de vez en cuando de tu boca... “te quiero”. Eso quiere decir que sabes ya sentir... sólo hace falta de que te convenzas de que es posible, y de que es posible que la gente te sienta a ti. Y que tú tienes que sentirte, que amarte...
“que es un soplo la vida”
Un soplo de aire fresco, con sus aromas de rosas y alhelíes, con sus aromas de bizcocho recién horneado, con el aroma de la lucha, de caerse y levantarse, de la sonrisa, de la risa, de la felicidad... con el aroma de la...vida.
“que veinte años no es nada”
es el aprendizaje, es el conocerse, es un principio... nunca un final.
“que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra”... la vida
Y te llama. Y te busca. Y quieres vivir. Y vivirás... porque lo quieres, porque lo deseas. Esa ventana... no es para poner fin, es para renovar el aire, para dejar entra la luz, para que puedas ver la luz del sol, la claridad, que todo eso es... vida. Porque...
“Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo, que lloro otra vez”
Lloras... recuerdas... te obsesiona lo pasado. Eso ya está ahí. No hay nada que hacer. Pero son los cimientos sobre los que construimos el fututo. Y sobre los que hemos aprendido, nos hemos equivocado., hemos tropezado... y hemos seguido adelante. Lloramos... y con esas lágrimas limpiamos nuestro dolor, y regadas también por ellas, hagamos que la esperanza, la vida, la ilusión... nazcan con fuerza, y nos eleven hacia una vida nueva, llena de felicidad, de plenitud.
Eres tú el que vive. Y por tanto, eres tú el que decide. Eres tú el que debe andar, el que debe respirar aire puro, el que debe dejar que los rayos del sol den calidez, den vitalidad a tu piel. El que decide decir hola al que se cruza en tu camino, el que decide cuidarse ese cuerpo que tanto te quiere... sí, sí... te quiere. Acaba de quererle un poco a él y cuidarle como se merece. Dale de comer, como si fuera un bebé, comidas sanas y a unas horas adecuadas. Dale aire puro que respirar. Dale un poco de ejercicio para que los músculos no se entumezcan. Dale los rayos del sol para que tome color... color esperanza, color de vida. Dale la compañía de otros cuerpos... para que hablen con palabras y con gestos... pero también con palabras.
Yo por mi parte, contribuyo hoy, como todos los días, con un cesto lleno de besos y de abrazos.... color esperanza.
O empezar. Pero volver... no es tanto mirar al pasado como mirar al futuro. Es recoger las enseñanzas que hemos recogido durante los años pasados y tenerlas presentes para hacer un futuro de color y aire puro.
“con la frente marchita”
No, con la frente muy alta. Porque has tenido muchas dificultades. Porque has sufrido lo indecible. Y estás ahí. No badas un duro por ti. Pero estás ahí, Enseñándonos a todos a luchar, a levantarse después de caer.
“las nieves del tiempo... platearon mi sien”
Experiencia. No volverán los 17... ni los 18. Ya es historia. Y libor de texto. Para no caer en lo mismo. Tu cuerpo se rindió, pero te hizo reaccionar. Te hizo aceptarte y conocerte. Ahora solo tienes que quitarte ese velo negro que tienes sobre tus ojos, y que muchas veces hace que el color esperanza no esté en tu arco iris.
“sentir”
Estás aprendiendo a sentir, a querer, a amar. No creías que era posible. Paro ya salen esas palabras de vez en cuando de tu boca... “te quiero”. Eso quiere decir que sabes ya sentir... sólo hace falta de que te convenzas de que es posible, y de que es posible que la gente te sienta a ti. Y que tú tienes que sentirte, que amarte...
“que es un soplo la vida”
Un soplo de aire fresco, con sus aromas de rosas y alhelíes, con sus aromas de bizcocho recién horneado, con el aroma de la lucha, de caerse y levantarse, de la sonrisa, de la risa, de la felicidad... con el aroma de la...vida.
“que veinte años no es nada”
es el aprendizaje, es el conocerse, es un principio... nunca un final.
“que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra”... la vida
Y te llama. Y te busca. Y quieres vivir. Y vivirás... porque lo quieres, porque lo deseas. Esa ventana... no es para poner fin, es para renovar el aire, para dejar entra la luz, para que puedas ver la luz del sol, la claridad, que todo eso es... vida. Porque...
“Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo, que lloro otra vez”
Lloras... recuerdas... te obsesiona lo pasado. Eso ya está ahí. No hay nada que hacer. Pero son los cimientos sobre los que construimos el fututo. Y sobre los que hemos aprendido, nos hemos equivocado., hemos tropezado... y hemos seguido adelante. Lloramos... y con esas lágrimas limpiamos nuestro dolor, y regadas también por ellas, hagamos que la esperanza, la vida, la ilusión... nazcan con fuerza, y nos eleven hacia una vida nueva, llena de felicidad, de plenitud.
Eres tú el que vive. Y por tanto, eres tú el que decide. Eres tú el que debe andar, el que debe respirar aire puro, el que debe dejar que los rayos del sol den calidez, den vitalidad a tu piel. El que decide decir hola al que se cruza en tu camino, el que decide cuidarse ese cuerpo que tanto te quiere... sí, sí... te quiere. Acaba de quererle un poco a él y cuidarle como se merece. Dale de comer, como si fuera un bebé, comidas sanas y a unas horas adecuadas. Dale aire puro que respirar. Dale un poco de ejercicio para que los músculos no se entumezcan. Dale los rayos del sol para que tome color... color esperanza, color de vida. Dale la compañía de otros cuerpos... para que hablen con palabras y con gestos... pero también con palabras.
Yo por mi parte, contribuyo hoy, como todos los días, con un cesto lleno de besos y de abrazos.... color esperanza.
Comentario:
Menuda siesta te vas a echar con las nanas de Alvaro. Gracias a ti, por ser como eres, por hacernos participes de tu vida, por pedirnos ayuda, y ayudarnos, por confiar en quien no conoces fisicamente, pero si sus almas, gacias por ser tu, por ser especial, gracias por ser persona, humana, gracias. Besos
Comentario:
Te acuno abrazandote, mientras Serrat nos canta esta nana:
NANAS DE LA CEBOLLA
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
Miguel Hernández, 1939
NANAS DE LA CEBOLLA
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
Miguel Hernández, 1939
Comentario:
Te acuno abrazandote, mientras Serrat nos cantaria esta nana:
Nanas de la cebolla
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre su cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pones alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño;
nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
Miguel Hernandez
Nanas de la cebolla
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre su cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.
Tu risa me hace libre,
me pones alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
Desperté de ser niño;
nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma.
Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
Al octavo mes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
Miguel Hernandez