Redecorar
Decidí luchar. Redecorar mi vida. Donde antes sólo había noche, oscuridad, un cuarto asfixiante y sucio, silencio, rencor, tristeza y desolación...me levanté de mi tumba aunque me extrañó que la luz del día se filtrara por las rendijas... Como puede ser? Los fantasmas, los zombies, los muertos vivimos de noche? Pero yo había decidido dejar de serlo, así que decidí enfrentar mis ojos a la luz de este ojo luminoso que le da a todo forma y color. Me dije “vete a errar por las calles” como recordaba algunas noches de invierno en que me perdía por las calles por no tener que enfrentarme al ojo negro de mi habitación que comunicaba con el abismo, con mi origen y mi destino y con lo que sentía, vacío, y quería que mi sentimiento se materializara, quería caer en el vacío, morir después de muerto. Y “erré” por las calles, o así lo nombraba yo porque no sabía otra manera de nombrarlo, porque había olvidado o no había conocido, lo que era pasear, con la calidez del sol en tu mejilla digno sucedáneo de las tibias lágrimas. Y vagué por las ramblas, y me perdí por el puerto y me olvidé entre la gente, entre rostros hermosos y llamé a la puerta de mi vieja memoria y me abrió una aroma dulce porque maquillada, peinada y vestida iba de tiempo y nostalgia y aunque en el fulgor húmedo de sus ojos ahogaba el dolor a un niño asustado y su ropa y los falsos colores, le daban un aire de sueño anhelado. Y anduve con pasos sobre aguas profundas, en la Barcelona de mis recuerdos. Salvé, reviví, recuperé del fondo del lago al pequeño monstruo llamado pasado. Decidí entrar al fondo del pozo para recuperar mi voz extraviada, mi voz desolada, perdida entre sombras de mis propios fantasmas, mi voz muda que sólo hablaba con ella misma, con su eco maldito, pegándole fuego para hacerlo cenizas. Sí, y la encontré y la utilicé y hablé y hablé con los que podía. Hasta con mis compañeros de piso quienes me provocaban tirria. Y decidí que no podía dejar deslizarla entre mis manos de agua y que volviera a perderse en un pozo ancestral. Decidí pulirla y cultivarla, y escucharla hablándome a mi mismo. Y así después de más de tres o cuatro años preparando mi novela pero sin atreverme a empezar a escribirla, al fin este día a la vuelta a mi tumba decidí empezar a narrarla, a narrar lo que sentía, a dejar hablar mi voz y a aprender a escucharla, porque ella sabe lo que dice y algo sé que me ha de contar. Entonces, me acerqué al ojo vacío que antes me miraba y me decía ven, y esta vez fui, y la abrí para que mi hasta ahora sepulcro se aireara. Abrí la ventana y de pronto al ponerme a dormir, cansado por los paseos –sí, me dije paseos y no mi errar o vagar-, y notando el airecillo que corría, sentí que ya no estaba en mi tumba durmiendo el sueño eterno, sino que estaba descansando en mi cama, para recobrar energías para al día siguiente volverme a levantar y salir y andar y enfrentarme al mundo, a la vida y a lo que ella me tuviera preparado. Y simplemente con este cambio de mirada, con este redecorar mi visión de las cosas todo dejo de ser tan fúnebre, espantoso y oscuro y se llenó de color esperanza.
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He hablado con mi morfoanalista lo de ir a los encuentros de las víctimas de abusos. También cree que me puede ir bien. Y ella también me ha propuesta una cosa que por un lado me produce curiosidad pero por el otro miedo. Dice que como que mi familia está llena de secretos –aparte de lo del abuso hay más- pues para descubrirlos me hará acudir a una cosa que se llama constelaciones familiares. Que es un grupo reducido de personas, donde tu escoges a una diferente para que haga de cada miembro de tu familia y de ti mismo. Y entonces ellos interpretan delante de ti y acaban saliendo muchas cosas a la luz. No sé, yo al principio no sabía si darle mucha credibilidad porque me decía ¡que coño sabrán los demás de mi familia!, pero parece un método intuitivo bastante interesante. Mi morfoanalista es psicoanálitica pero dice que a estas alturas, en pleno S.XXI que las teorías y métodos Freudianos que estaban enfocados al problemas principal de entonces que era la represión sexual, no tienen sentido hoy que el problema viene a ser el contrario. Más que la represión, el saber poner límites. Y por esto ahora están surgiendo, según ella, nuevos métodos que parecen ser muy efectivos y que dentro de poco, cogerán gran importancia.
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Y bueno mañana por la mañana marcho finalmente a la casa de reposo donde voy a estar una semana. No va a ser fácil. Allí van enfermos terminales y ha de ser duro. Y tengo miedo de no aguantar. De no abrirme. Porque allí todos hemos de contar nuestros problemas delante del grupo. Yo aun nunca he dicho a nadie cara a cara –excepto a mis padres- que soy gay por miedo al rechazo. Es un miedo muy arraigado. Y allí lo tendré de decir. Y no sé si podré. Y tendré que convivir con el grupo y quieras o no, el ambiente y la situación, hacen que hayas de intimar. Y yo con mis problemas de comunicación, y que cuando veo que no me puedo expresar me desespero y me deprimo, y esto que no acostumbro a estar expuesto a estas situaciones más de dos o tres horas. Y allí una semana entera...O lo supero como sea o no lo voy a soportar. No sé, no será fácil. Nada fácil. Pero sé que es lo que he de hacer. Lo que necesito. Me he pasado la vida huyendo. No enfrentándome a las cosas y a las personas. Huyendo de los demás y de mi mismo. Allí me tendré de enfrentar a mis problemas, a la fuerza. O hacer como siempre, y huir sin remedio. Intentaré enfrentarlo, luchar, sobrevivir. No sé si es una secta. No lo creo. Necesito huir de mi familia. Pero no creo que una secta sea una buena solución. Sea como sea, rober coge este camino porque quiere vivir, porque quiere luchar, porque quiere curarse, porque quiere ser feliz. No sé que me encontraré allí. Pero sé que cuando vuelva no seré del todo el mismo. Lo intuyo. O lo deseo. Así que hago lo que creo que debo hacer, andar, avanzar, adelante, siempre adelante. Lo que me encuentre ya no depende de mí. Al menos lo habré intentado.
Hasta pronto, espero...
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He hablado con mi morfoanalista lo de ir a los encuentros de las víctimas de abusos. También cree que me puede ir bien. Y ella también me ha propuesta una cosa que por un lado me produce curiosidad pero por el otro miedo. Dice que como que mi familia está llena de secretos –aparte de lo del abuso hay más- pues para descubrirlos me hará acudir a una cosa que se llama constelaciones familiares. Que es un grupo reducido de personas, donde tu escoges a una diferente para que haga de cada miembro de tu familia y de ti mismo. Y entonces ellos interpretan delante de ti y acaban saliendo muchas cosas a la luz. No sé, yo al principio no sabía si darle mucha credibilidad porque me decía ¡que coño sabrán los demás de mi familia!, pero parece un método intuitivo bastante interesante. Mi morfoanalista es psicoanálitica pero dice que a estas alturas, en pleno S.XXI que las teorías y métodos Freudianos que estaban enfocados al problemas principal de entonces que era la represión sexual, no tienen sentido hoy que el problema viene a ser el contrario. Más que la represión, el saber poner límites. Y por esto ahora están surgiendo, según ella, nuevos métodos que parecen ser muy efectivos y que dentro de poco, cogerán gran importancia.
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Y bueno mañana por la mañana marcho finalmente a la casa de reposo donde voy a estar una semana. No va a ser fácil. Allí van enfermos terminales y ha de ser duro. Y tengo miedo de no aguantar. De no abrirme. Porque allí todos hemos de contar nuestros problemas delante del grupo. Yo aun nunca he dicho a nadie cara a cara –excepto a mis padres- que soy gay por miedo al rechazo. Es un miedo muy arraigado. Y allí lo tendré de decir. Y no sé si podré. Y tendré que convivir con el grupo y quieras o no, el ambiente y la situación, hacen que hayas de intimar. Y yo con mis problemas de comunicación, y que cuando veo que no me puedo expresar me desespero y me deprimo, y esto que no acostumbro a estar expuesto a estas situaciones más de dos o tres horas. Y allí una semana entera...O lo supero como sea o no lo voy a soportar. No sé, no será fácil. Nada fácil. Pero sé que es lo que he de hacer. Lo que necesito. Me he pasado la vida huyendo. No enfrentándome a las cosas y a las personas. Huyendo de los demás y de mi mismo. Allí me tendré de enfrentar a mis problemas, a la fuerza. O hacer como siempre, y huir sin remedio. Intentaré enfrentarlo, luchar, sobrevivir. No sé si es una secta. No lo creo. Necesito huir de mi familia. Pero no creo que una secta sea una buena solución. Sea como sea, rober coge este camino porque quiere vivir, porque quiere luchar, porque quiere curarse, porque quiere ser feliz. No sé que me encontraré allí. Pero sé que cuando vuelva no seré del todo el mismo. Lo intuyo. O lo deseo. Así que hago lo que creo que debo hacer, andar, avanzar, adelante, siempre adelante. Lo que me encuentre ya no depende de mí. Al menos lo habré intentado.
Hasta pronto, espero...
Comentario:
Manda a la morfoanalista esa a tomarporculo !ya!. Deja de darle tu dinero, que engañe a otros menos inteligentes que tu!
Espero verte pronto.
Espero verte pronto.
Comentario:
Me sorprende la facilidad de expresión que has adquirido :)
Comentario:
Niño sigue así, se que lo vas a conseguir dando pequeños pasitos, al principio te costará pero lo importante es irse dando cuenta de la realidad que nos envuelve y tomar las medidas para sobrevivir en ella lo mejor que se pueda.
Sigue así y comienza a recuperarte por tí mismo y por los que te quieren.
Sigue así y comienza a recuperarte por tí mismo y por los que te quieren.
Comentario:
Hasta pronto, seguro...