Guerra y paz
El domingo de Pascua por la tarde, tras más de medio día de viaje, llegué a la casa de reposo en el corazón de Navarra. Siempre había sido un sueño para mi vivir unos días en medio de la naturaleza, en un lugar tranquilo, hermoso, paradisíaco. Y este se asemejaba mucho al paraje de mis fantasías. Así que me dispuse a pasar unos días en el cielo. Pero tardé pocos minutos en descubrir que si a fuera había verdes montañas, acogedores jardines floridos y pequeñas fuentes, el paisaje que nos marca es el interior. Y de mis adentros no tardaron en salir mis demonios internos al empezar a llegar la gente. Y lo que podía ser el paraíso se convirtió en un infierno. Porque no hay peor infierno que el quema en nuestro interior. Y mis demonios me llenaron de ansiedad, de tics, de miedo, de angustia. Y vi que no podría aguantar. Que yo no servía ni para estar pasivamente encerrado, que no servía ni para estar en un psiquiátrico. Es más, me di cuenta que si en vez de a la casa de reposo hubiera finalmente ido, como pensaba hacer, a un psiquiátrico, allí realmente me hubiera vuelto loco. Porque no me había querido acordar o lo había ignorado que yo no aguanto rodeado de gente. Y así llegué al lunes, dispuesto a irme. Triste viendo que una vez de vuelta a Barcelona sólo me quedaba dejarme morir, porque no tenía solución, porque estaba atrapado, porque no tenía cura, porque era incapaz de aguantar un solo día rodeado de gente en un lugar donde era atendido y respaldado por médicos y psiquiatras. Ya me podía olvidar de intentar trabajar, de intentar hacer amigos, de intentar vivir la vida, de querer ser feliz. Ya nada tenía sentido. Nada. Hablé aquella noche con Salva. Me dijo que luchara. Que lo intentara. Que si me rendía ya estaba todo perdido, y que en cambio ahora aun estaba allá y por mucho que me costara, por mucho que sufriera, era mi oportunidad y la había de aprovechar. Pero yo no podía. Es lo mismo que cuando pones la mano al fuego. Instintivamente la quitas aunque no quieras. Es un acto reflejo. Pues yo estaba tan ansioso y angustiado que aunque el futuro que me esperaba si huía fuera desolador, necesitaba huir. Como fuera. Porque me estaba quemando. Sí, me estaba quemando vivir en mi propio infierno. Sentía el fuego en mis manos, en mi cabeza y en mi corazón. Y no lo soportaba. Pero Salva me tranquilizó. Y vi que si conseguía enfrentarme a la gente y superar el miedo, si conseguía imponerme y superar la ansiedad a las relaciones sociales que todo sería mucho más fácil. Y que la única forma de superarlo era enfrentarme a ello, sufrir, quemarme vivo, y renacer de mis cenizas. Y con esta ilusión, con esta esperanza de un futuro mejor decidí aguantar, esperar un día más. El martes me desperté agotado. Nos hacían levantar cada día a las 8:30 de la mañana para estar listo a las 9 para hacer desde esta hora hasta las 11:00 gimnasia. A las 11:00 hacíamos ejercicios de relajación. A las 11:30 desayunábamos. A la 1 nos reuníamos todos y comentábamos lo que habíamos sentido, descubierto o aprendido a las actividades de la mañana. Acabábamos esto a las 3 y entonces comíamos. Comíamos sólo los que no hacíamos ayuno. De todas formas desde que llegamos a la casa, no sé si por arte de magia, por ser el campo, porque bebíamos una agua especial o quien sabe porqué, la cuestión es que todos habíamos perdido el hambre. Era lo normal. Comíamos muy poco. Sólo lo que el cuerpo necesitaba. Y ni carne ni pescado. Yo me alimentaba a base de ensaladas y frutas ya que la verdura tampoco me gusta. Después de comer teníamos libre hasta las 7 en que o bien nos daban una charla, o íbamos a hacer una caminata o hacíamos más ejercicios. Y esto duraba hasta las 9:30 en que cenábamos.
El martes pues como digo, me desperté agotado y lleno de agujetas y de ansiedad así que en vez de hacer la gimnasia continué durmiendo. El grupo éramos 18 y había desde un anciano de 80 años a una madre y una hija, a una niña que acababa de cumplir la mayoría de edad. Aunque la mayoría tenían más que 40 años. Y aparte de una chica andaluza muy dulce todos éramos o catalanes o vascos. La cuestión es que el lunes le pedí al médico algo para la ansiedad y me dio una gotas que me había de beber antes de cada comida. Y el martes le pedía algo para las agujetas. Pero exhausto como estaba vi que no aguantaría este ritmo más días y ansioso como me encontraba vi que no resistiría mucho. La gente hablaban entre ellos y yo pues como siempre aislado y al margen de todos. Y esto me hacía sentir mal. Yo quería hablar pero no podía. Después de cada comida todos se quedaban por allí hablando y yo ya iba corriendo a encerrarme a la habitación. Pero bueno, aguanté como pude pensando como dice Salva o tatojimi que en realidad soy yo que no estoy a gusto conmigo mismo pero que los demás me aceptan como soy y no ven que tenga problemas. Pero después de cenar intenté hacer el esfuerzo de quedarme con un grupito que charlaban cinco minutos y uno de ellos no tardó en responder a la frase de una chica que comentó que “En esta casa y en estos grupos cualquier persona encajaba”, pues le respondió diciendo que esto no era verdad, que había gente muy problemática que no encajaba en ningún sitio y diciendo eso, descaradamente me señaló con la cabeza. Y esto, juntamente con que el anciano de 80 años iba difundiendo que mi habitación era la mejor de todas, que tenía cama doble, vista espectacular, que estaba en el mejor sitio de la casa, que tenía ducha y baño etc lo cual propiciaba que alguno que otro me cogiera manía por el privilegio que me habían dado. Total, que acabé el martes hecho una mierda. Quería aguantar pero veía y temía que este infierno me sobrepasaba. Pero llegó el miércoles y en la gimnasia de la mañana no me sentí tan mal como en el lunes, y por la tarde fuimos a hacer una caminata por la naturaleza, donde todos iban a su bola, y conseguí abrirme algo y hablar con tres o cuatro personas por separado.
En grupo seguí sin poder hablar, seguí rehuyendo el contacto con todos fuera de las actividades, me emparanoié con que no caía bien a la gente, estaba agotado, no paraba de hacer tics pero la ansiedad había bajado un poco. Así que aguanté como pude jueves y viernes. Nos daban unas charlas muy interesantes y aunque lo que contaran al principio me parecía muy extraño poco a poco fui viendo que era muy posible que así fuera y que era una visión nueva y muy interesante de la enfermedad, de la medicina y de la vida. Algún día hablaré de ello. También aprendí que había de vivir en el aquí y el ahora, el instante que no hay otro momento, no hay otro lugar. Porque si pensamos la vida en vez de vivirla si huimos del momento que estamos viviendo pensando en otras cosas, en recuerdos o sueños, en el futuro o en el pasado, desaprovechamos el instante que estamos aconteciendo. Vi que yo con mi forma de ser había optado ante la vida y las emociones que todos experimentamos por la opción patológica. Todos tenemos miedo, y tristeza y rabia. Pero cuando también decidimos dejar de vivir estas emociones naturales, se tuercen en otras enfermizas. La ansiedad es el miedo no vivido. Yo siempre he tenido miedo pero no me enfrento a él, y entonces caigo ansioso. Y lo mismo con la tristeza, como siempre quiero estar bien cuando me pasa una desgracia en vez de permitirme estar triste, yo lo que quiero es seguir con mi vida de siempre, estar bien y ignoro esta tristeza y es entonces cuando aparece la depresión. Cuando no expresas la rabia acaba saliendo la violencia. Yo soy incapaz de enfadarme con nadie. Y después las consecuencias son peores.
Y llegó el sábado, día en que algunos ya empezaban a irse y como siempre –no tengo remedio- cuando algo se acaba, cuando sé que ya no veré más a aquella gente –cada año me pasaba lo mismo en fin de curso- cuando perdía el miedo a que me pudieran hacer daño porque no era físicamente posible porque ya me iría para siempre lejos de allí, entonces es cuando me abría, entonces fue cuando me abrí. Cuando acabando de comer decidí no esconderme en mi refugio sino sentarme allí con los demás. Y me senté y hablé y conté mis problemas. Y me apoyaron, y me escucharon, y me sentí bien, y por primera vez sentí este espíritu de grupo, tan curativo que los demás llevaban experimentando durante toda la semana. Y decidí no encerrarme en las horas que me quedaban de compartir. Y fue muy bonito. Todo el mundo estuvo encantador conmigo. Sólo había de abrirme. Y llegó el domingo y tras la relajación y el desayuno partí. El viaje de vuelta duró más de 12 horas, pero durante el tren noté como me invadía una extraña sensación de paz, de bienestar. Mientras me acercaba a casa, en la distancia la iba aireando para hacerla un lugar más habitable. Aunque me cuesta, me dije, aunque casi sea el único amigo que tengo en Barcelona, he de cortar el contacto con él, con ricitos. Sólo me hace sufrir. Me ha demostrado con creces que no puedo confiar en él. Lo único que puedo sacar de él es algún polvo y aunque me guste, seguro que hay a miles que están tan buenos o más que él. Tengo que vivir de día -abrí mi ventana con la imaginación. Como me ha dicho el médico de la casa de reposo parte de los tics se deben a problemas del sueño, de dormir mal, fuera de horas, de tener pesadillas. Así que con todo lo que él me ha recetado para los tics, la ansiedad, los miedos, el estar más comunicativo, el dormir bien, tengo que intentar poner de mi parte y levantarme por la mañana. Sí, cada día me levantaré pronto e iré a descubrir Barcelona. Un día iré al parque Güell, el otro a Collserola, el otro a mi antigua facultad, el otro a la vila olímpica, a Montjuïc, al barrio antiguo, de librerías, a comprar ropa, a la Ciutadella, a la Barceloneta. Y dentro de cuatro días a la playa a bañar. La barrí a golpe de deseos: intentaré hacer amigos, ir a clase, estudiar para acabar este año filosofía, continuar escribiendo mi novela, cambiar de piso.
“Próxima parada Barcelona, final de trayecto” anunciaron. Y se abrió la puerta y abrí mis ventanas visuales al mundo, a una Barcelona primaveral que había sido limpiada con mis lágrimas. Hacen falta las aguas tristes de invierno para que crezcan las flores en primavera. Y este invierno he llorado mucho.
El martes pues como digo, me desperté agotado y lleno de agujetas y de ansiedad así que en vez de hacer la gimnasia continué durmiendo. El grupo éramos 18 y había desde un anciano de 80 años a una madre y una hija, a una niña que acababa de cumplir la mayoría de edad. Aunque la mayoría tenían más que 40 años. Y aparte de una chica andaluza muy dulce todos éramos o catalanes o vascos. La cuestión es que el lunes le pedí al médico algo para la ansiedad y me dio una gotas que me había de beber antes de cada comida. Y el martes le pedía algo para las agujetas. Pero exhausto como estaba vi que no aguantaría este ritmo más días y ansioso como me encontraba vi que no resistiría mucho. La gente hablaban entre ellos y yo pues como siempre aislado y al margen de todos. Y esto me hacía sentir mal. Yo quería hablar pero no podía. Después de cada comida todos se quedaban por allí hablando y yo ya iba corriendo a encerrarme a la habitación. Pero bueno, aguanté como pude pensando como dice Salva o tatojimi que en realidad soy yo que no estoy a gusto conmigo mismo pero que los demás me aceptan como soy y no ven que tenga problemas. Pero después de cenar intenté hacer el esfuerzo de quedarme con un grupito que charlaban cinco minutos y uno de ellos no tardó en responder a la frase de una chica que comentó que “En esta casa y en estos grupos cualquier persona encajaba”, pues le respondió diciendo que esto no era verdad, que había gente muy problemática que no encajaba en ningún sitio y diciendo eso, descaradamente me señaló con la cabeza. Y esto, juntamente con que el anciano de 80 años iba difundiendo que mi habitación era la mejor de todas, que tenía cama doble, vista espectacular, que estaba en el mejor sitio de la casa, que tenía ducha y baño etc lo cual propiciaba que alguno que otro me cogiera manía por el privilegio que me habían dado. Total, que acabé el martes hecho una mierda. Quería aguantar pero veía y temía que este infierno me sobrepasaba. Pero llegó el miércoles y en la gimnasia de la mañana no me sentí tan mal como en el lunes, y por la tarde fuimos a hacer una caminata por la naturaleza, donde todos iban a su bola, y conseguí abrirme algo y hablar con tres o cuatro personas por separado.
En grupo seguí sin poder hablar, seguí rehuyendo el contacto con todos fuera de las actividades, me emparanoié con que no caía bien a la gente, estaba agotado, no paraba de hacer tics pero la ansiedad había bajado un poco. Así que aguanté como pude jueves y viernes. Nos daban unas charlas muy interesantes y aunque lo que contaran al principio me parecía muy extraño poco a poco fui viendo que era muy posible que así fuera y que era una visión nueva y muy interesante de la enfermedad, de la medicina y de la vida. Algún día hablaré de ello. También aprendí que había de vivir en el aquí y el ahora, el instante que no hay otro momento, no hay otro lugar. Porque si pensamos la vida en vez de vivirla si huimos del momento que estamos viviendo pensando en otras cosas, en recuerdos o sueños, en el futuro o en el pasado, desaprovechamos el instante que estamos aconteciendo. Vi que yo con mi forma de ser había optado ante la vida y las emociones que todos experimentamos por la opción patológica. Todos tenemos miedo, y tristeza y rabia. Pero cuando también decidimos dejar de vivir estas emociones naturales, se tuercen en otras enfermizas. La ansiedad es el miedo no vivido. Yo siempre he tenido miedo pero no me enfrento a él, y entonces caigo ansioso. Y lo mismo con la tristeza, como siempre quiero estar bien cuando me pasa una desgracia en vez de permitirme estar triste, yo lo que quiero es seguir con mi vida de siempre, estar bien y ignoro esta tristeza y es entonces cuando aparece la depresión. Cuando no expresas la rabia acaba saliendo la violencia. Yo soy incapaz de enfadarme con nadie. Y después las consecuencias son peores.
Y llegó el sábado, día en que algunos ya empezaban a irse y como siempre –no tengo remedio- cuando algo se acaba, cuando sé que ya no veré más a aquella gente –cada año me pasaba lo mismo en fin de curso- cuando perdía el miedo a que me pudieran hacer daño porque no era físicamente posible porque ya me iría para siempre lejos de allí, entonces es cuando me abría, entonces fue cuando me abrí. Cuando acabando de comer decidí no esconderme en mi refugio sino sentarme allí con los demás. Y me senté y hablé y conté mis problemas. Y me apoyaron, y me escucharon, y me sentí bien, y por primera vez sentí este espíritu de grupo, tan curativo que los demás llevaban experimentando durante toda la semana. Y decidí no encerrarme en las horas que me quedaban de compartir. Y fue muy bonito. Todo el mundo estuvo encantador conmigo. Sólo había de abrirme. Y llegó el domingo y tras la relajación y el desayuno partí. El viaje de vuelta duró más de 12 horas, pero durante el tren noté como me invadía una extraña sensación de paz, de bienestar. Mientras me acercaba a casa, en la distancia la iba aireando para hacerla un lugar más habitable. Aunque me cuesta, me dije, aunque casi sea el único amigo que tengo en Barcelona, he de cortar el contacto con él, con ricitos. Sólo me hace sufrir. Me ha demostrado con creces que no puedo confiar en él. Lo único que puedo sacar de él es algún polvo y aunque me guste, seguro que hay a miles que están tan buenos o más que él. Tengo que vivir de día -abrí mi ventana con la imaginación. Como me ha dicho el médico de la casa de reposo parte de los tics se deben a problemas del sueño, de dormir mal, fuera de horas, de tener pesadillas. Así que con todo lo que él me ha recetado para los tics, la ansiedad, los miedos, el estar más comunicativo, el dormir bien, tengo que intentar poner de mi parte y levantarme por la mañana. Sí, cada día me levantaré pronto e iré a descubrir Barcelona. Un día iré al parque Güell, el otro a Collserola, el otro a mi antigua facultad, el otro a la vila olímpica, a Montjuïc, al barrio antiguo, de librerías, a comprar ropa, a la Ciutadella, a la Barceloneta. Y dentro de cuatro días a la playa a bañar. La barrí a golpe de deseos: intentaré hacer amigos, ir a clase, estudiar para acabar este año filosofía, continuar escribiendo mi novela, cambiar de piso.
“Próxima parada Barcelona, final de trayecto” anunciaron. Y se abrió la puerta y abrí mis ventanas visuales al mundo, a una Barcelona primaveral que había sido limpiada con mis lágrimas. Hacen falta las aguas tristes de invierno para que crezcan las flores en primavera. Y este invierno he llorado mucho.
Comentario:
Ay, qué bien que todo ha salido idem; ahora te toca una racha buena de sol, de luz, amigos, amantes, trabajo, estudio, escribir, de vida, en definitiva. tira p`alante muschasho, un abrazo
Comentario:
Ahora solo tienes que mantener ese espíritu renovador en activo. Nada de crearte de nuevo fantasmas.
Comentario:
te preguntaras donde esta el canalla? a lo lejos, oculto ap q no me vean, pero siempre mirando, q soy muy miron y cotilla, ya uqn parezca q no estoy me sigues importando tanto...
nos parecemos, nuestras vidas son distintas, pero somos del tipo d epersonas q yo yamo "ikki":"fenix".
necesitamos hundirnos para poder levantarnos. necesitamos kemarnos vivos cada cierto tiempo, ciclicamnete, para poder volver a ser medio felices
somos asi,y no es malo creo
siempre te lo he dixo, pero supongo q decirlo muxas veces hace q las cosas arezcan menso importantes, q nso acostumbremos a ellas
tu uniko problema ers tu. tu miedo. creer q estas hundido del todo.
podias abalr con ellos y lo hiciste. ay tanats cosas q puedes hacer yq te esfuerzas en creer q no. ers poderoso, tieens fuerza rob, pero tienes q descubrirla.
tienes q viajar acia dentro, pero debes saber donde
rob sabes q las cosas las complikamos muxas veces nosotros mismos
aun asi, tu camino es tu camino, y tu debes elegir sus senderos
desde el infierno
seimpre tuyo
molaaaaaaaaaaaaaaa
nos parecemos, nuestras vidas son distintas, pero somos del tipo d epersonas q yo yamo "ikki":"fenix".
necesitamos hundirnos para poder levantarnos. necesitamos kemarnos vivos cada cierto tiempo, ciclicamnete, para poder volver a ser medio felices
somos asi,y no es malo creo
siempre te lo he dixo, pero supongo q decirlo muxas veces hace q las cosas arezcan menso importantes, q nso acostumbremos a ellas
tu uniko problema ers tu. tu miedo. creer q estas hundido del todo.
podias abalr con ellos y lo hiciste. ay tanats cosas q puedes hacer yq te esfuerzas en creer q no. ers poderoso, tieens fuerza rob, pero tienes q descubrirla.
tienes q viajar acia dentro, pero debes saber donde
rob sabes q las cosas las complikamos muxas veces nosotros mismos
aun asi, tu camino es tu camino, y tu debes elegir sus senderos
desde el infierno
seimpre tuyo
molaaaaaaaaaaaaaaa
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A mí siempre me sorprenden tus relatos... Si que creo que eres un superviviente.
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Niño es precioso, ahora tengo lágrimas en los ojos, me has emocionado, hay frases rotundas, verdaes evidentes como que la anisedad es el miedo no vivido, el plantearse los problemas antes de que se den, el creer que no vas a poder salir para adelante antes de intentarlo, hay que enfrentarse a los miedos, hay que luchar contra ellos para dejar de estar ansiosos, para vivir la vida en el momento, y en el espacio que nos ocupan, y decidiste hacerlo, en el último momento, te abriste, te expusiste al mundo y decidiste retar al fantasma, y te has dado cuenta de que la gente te ha apoyado, de que en vez de huir en vez de rechazarte te han acogido con los brazos abiertos, porque ven lo que tu ahora comienzas a ver, a una gran persona que se hace querer, y que se hace necesaria en mi vida, y en la de los demás.
Me alegro mucho, niño.
Te quiero no se te olvide nunca
Me alegro mucho, niño.
Te quiero no se te olvide nunca