Ultimátum o en busca de sentido
A los 17 años mi cuerpo me intentó salvar de mi depresión llevada a solas y en silencio exteriorizando a través de los tics mi malestar. Desde entonces me ha ayudado mucho. Ahora me ha dado un ultimátum: o luchas, o te esfuerzas, o haces un esfuerzo para comer y para tomar lo que has de tomar o morirás.
Hoy tengo hora a un psiquiatra especialista en alimentación que me ha proporcionado una buena amiga (quizás la mejor, que a pesar de que no me he llevado bien con ella, que le he dicho de gordas, que le he defraudado ha seguido allí a mi lado). Él decidirá si se me ha de ingresar o no. A pesar de que estuve un día en casa de mis padres y que me hicieron hacer dos comidas, con lo cual ya habré engordado mucho, tengo miedo de que me ingresen. Hasta hace un rato pensaba que yo le hablaría clarito y franco y le diría que no quería que me ingresaran, ni quería comer. Que para ser sinceros ni yo mismo tenía claro si me quería curar y tirar adelante o dejar que la vida acabara conmigo –porque me dijeron que en pocos días podía acabar fatal-. Que prefería ser honesto y no jugar más con los médicos y conmigo mismo, dejándome llevar por la vida pero viviendo a contracorazón. Que le diría que necesitaba unos días. No muchos. Hasta el martes que mi morfoanalista me había de decir su decisión final: si querer seguir tratándome o no, aunque yo la vi muy convencida de que no, y después de leer lo que le llevé escrito está clarísimo que “Sayonara Baby”. Que necesitaba unos días para intentar encontrar un motivo de peso que me ayude a tirar adelante, que me de fuerzas para esforzarme y vencer mis miedos y mis perezas. Que pensaba, no sé, intentar levantarme pronto estos días, ir a la playa, relacionarme ahora que me es más fácil. No sé, ir en esta ciudad de acero en busca de un sentido que me enterneciera el corazón. Y que si lo encontraba entonces no hacía falta que me ingresaran, que yo mismo me comprometería a comer, a luchar. Y si no lo encontraba tampoco quisiera que me ingresarán porque habría decidido poner fin al sufrimiento y dejar que la enfermedad hiciera su rápido y letal proceso. Pero la verdad me encuentro muy mal. Son tantas cosas: mucho dolor de cabeza y la tengo floja, me duele la boca, me duelen mucho los oídos, me duele la garganta, tengo mucha tos, arcadas, estoy débil, estoy perdiendo muchas facultades mentales, no me acuerdo de nada y no puedo con mi alma. Y no sé si en este estado podría hacer muchas cosas. No sé que debo hacer. No sé que tengo que hacer. Sólo sé que no quiero seguir viviendo como hasta ahora. Y que no tengo, aun no tengo fuerzas para tirar adelante.
Esta noche que pasé en casa de mis padres soplaron palabras duras como la ciudad en la que habito. Mi madre me preguntó –y no de broma- si los quería matar –y no como una metáfora- sino literalmente. Me lo dijo porque yo le dije que sabía que explotaría pero me pensaba que de otra forma.
Y mis padres me dijeron con lágrimas en los ojos: harás todo lo que te digan, lucharás, verdad? Y yo no les quise mentir. “Es que no sé si quiero seguir adelante”.
No sé que haré, si esta noche o mañana no escribo por aquí para decir como ha ido con el psiquiatra es que me han ingresado. Aunque no sé si es lo que quiero, no sé si es lo que necesito. Primero necesito encontrar un sentido a mi vida. Pero no me queda tiempo, ni fuerzas. La única fuerza que me queda es la fuerza del destino: desconozco su rostro, si es el de un ángel o el de la muerte, pero pienso des-cubrir (lo), sacarle el mantón que le tapa la cara y ver el rostro de la muerte o el rostro de la vida. El que haya de ser. El que el destino decida. Sí, el destino y no yo. Porque en mi no encuentro motivos para vivir. Y los que tenía se han ido a la mierda.
Un beso. Cuidaos. Y hacedme un favor: sed felices.
Hoy tengo hora a un psiquiatra especialista en alimentación que me ha proporcionado una buena amiga (quizás la mejor, que a pesar de que no me he llevado bien con ella, que le he dicho de gordas, que le he defraudado ha seguido allí a mi lado). Él decidirá si se me ha de ingresar o no. A pesar de que estuve un día en casa de mis padres y que me hicieron hacer dos comidas, con lo cual ya habré engordado mucho, tengo miedo de que me ingresen. Hasta hace un rato pensaba que yo le hablaría clarito y franco y le diría que no quería que me ingresaran, ni quería comer. Que para ser sinceros ni yo mismo tenía claro si me quería curar y tirar adelante o dejar que la vida acabara conmigo –porque me dijeron que en pocos días podía acabar fatal-. Que prefería ser honesto y no jugar más con los médicos y conmigo mismo, dejándome llevar por la vida pero viviendo a contracorazón. Que le diría que necesitaba unos días. No muchos. Hasta el martes que mi morfoanalista me había de decir su decisión final: si querer seguir tratándome o no, aunque yo la vi muy convencida de que no, y después de leer lo que le llevé escrito está clarísimo que “Sayonara Baby”. Que necesitaba unos días para intentar encontrar un motivo de peso que me ayude a tirar adelante, que me de fuerzas para esforzarme y vencer mis miedos y mis perezas. Que pensaba, no sé, intentar levantarme pronto estos días, ir a la playa, relacionarme ahora que me es más fácil. No sé, ir en esta ciudad de acero en busca de un sentido que me enterneciera el corazón. Y que si lo encontraba entonces no hacía falta que me ingresaran, que yo mismo me comprometería a comer, a luchar. Y si no lo encontraba tampoco quisiera que me ingresarán porque habría decidido poner fin al sufrimiento y dejar que la enfermedad hiciera su rápido y letal proceso. Pero la verdad me encuentro muy mal. Son tantas cosas: mucho dolor de cabeza y la tengo floja, me duele la boca, me duelen mucho los oídos, me duele la garganta, tengo mucha tos, arcadas, estoy débil, estoy perdiendo muchas facultades mentales, no me acuerdo de nada y no puedo con mi alma. Y no sé si en este estado podría hacer muchas cosas. No sé que debo hacer. No sé que tengo que hacer. Sólo sé que no quiero seguir viviendo como hasta ahora. Y que no tengo, aun no tengo fuerzas para tirar adelante.
Esta noche que pasé en casa de mis padres soplaron palabras duras como la ciudad en la que habito. Mi madre me preguntó –y no de broma- si los quería matar –y no como una metáfora- sino literalmente. Me lo dijo porque yo le dije que sabía que explotaría pero me pensaba que de otra forma.
Y mis padres me dijeron con lágrimas en los ojos: harás todo lo que te digan, lucharás, verdad? Y yo no les quise mentir. “Es que no sé si quiero seguir adelante”.
No sé que haré, si esta noche o mañana no escribo por aquí para decir como ha ido con el psiquiatra es que me han ingresado. Aunque no sé si es lo que quiero, no sé si es lo que necesito. Primero necesito encontrar un sentido a mi vida. Pero no me queda tiempo, ni fuerzas. La única fuerza que me queda es la fuerza del destino: desconozco su rostro, si es el de un ángel o el de la muerte, pero pienso des-cubrir (lo), sacarle el mantón que le tapa la cara y ver el rostro de la muerte o el rostro de la vida. El que haya de ser. El que el destino decida. Sí, el destino y no yo. Porque en mi no encuentro motivos para vivir. Y los que tenía se han ido a la mierda.
Un beso. Cuidaos. Y hacedme un favor: sed felices.
Comentario:
Supongo que a estas horas ya estaras durmiendo, asi que como no puedo desearte buenas noches, te deseo que amanezcas pensando que todo va a cambiar, porque te apetece, porque quieres disfrutar y ¿quien sabe? a lo mejor te apetece leer mi próximo comentario. Un beso.
Comentario:
Una duda que me ha surgido, ¿como te gusta que te llamen? rober o joan, ¿o es que te llamas de las dos formas?. Es que he entrado por joan, pero cuando he visto rober, me que quedado pelin descolocada.
En realidad me da igual como te llames o te quieras llamar, lo que importas eres tú. Otro beso.
En realidad me da igual como te llames o te quieras llamar, lo que importas eres tú. Otro beso.
Comentario:
¿Como vamos a ser felices sabiendo que estas sufriendo?
No seas vago, claro que te duele, pero si empiezas a comer y a cuidarte el dolor remitirá.
Si esa chica sigue a tu lado, es porque sabe que mereces la pena.
Esto es como subir una cuesta arriba, no mires donde termina, simplemente empieza paso a paso. La gente que esta a tu alrededor te dejara que te apoyes cuando te canses, pero sólo para descansar y coger mas fuerzas.
Niño, no te rindas, quitate el no de la cabeza y cuelgate el si puedo.
¿De verdad, no quieres ver mas a tus amigos, a tu familia?
Intentalo aunque sea solo por una desconocida, a la que le importas. Si dudas, es porque sabes que puedes conseguirlo y que en el fondo quieres, quedate con eso. Un beso
No seas vago, claro que te duele, pero si empiezas a comer y a cuidarte el dolor remitirá.
Si esa chica sigue a tu lado, es porque sabe que mereces la pena.
Esto es como subir una cuesta arriba, no mires donde termina, simplemente empieza paso a paso. La gente que esta a tu alrededor te dejara que te apoyes cuando te canses, pero sólo para descansar y coger mas fuerzas.
Niño, no te rindas, quitate el no de la cabeza y cuelgate el si puedo.
¿De verdad, no quieres ver mas a tus amigos, a tu familia?
Intentalo aunque sea solo por una desconocida, a la que le importas. Si dudas, es porque sabes que puedes conseguirlo y que en el fondo quieres, quedate con eso. Un beso